All in One vs portátil: cuál te conviene según tu uso real

Última actualización: 10 de enero de 2026
  • Los All in One priorizan estética y ahorro de espacio a costa de rendimiento, ampliación y reparabilidad.
  • Los portátiles ofrecen movilidad y versatilidad, pero sacrifican ergonomía y suelen ser menos actualizables.
  • Las torres y algunos miniPC siguen siendo la mejor opción para potencia, refrigeración y vida útil larga.
  • La elección correcta depende de si valoras más portabilidad, pantalla grande fija, apariencia o capacidad de expansión.

Comparativa All in One vs portátil

Elegir entre un ordenador All in One, un portátil o incluso un miniPC ya no es una decisión trivial. Teletrabajo, clases online, gaming casual, creación de contenido o simplemente navegar y hacer gestiones… cada perfil necesita cosas distintas, y el mercado está lleno de formatos pensados para ahorrar espacio y cables sin renunciar a la potencia.

En las siguientes líneas vas a encontrar una guía muy completa y en lenguaje claro donde se recopila y reordena toda la información que aparece en las mejores guías de compra del sector: qué es exactamente un All in One, en qué se diferencia de un portátil y de un miniPC, sus ventajas, sus muchas pegas, qué usos tienen más sentido para cada formato, ejemplos de configuraciones reales y recomendaciones según el tipo de usuario y de oficina.

Qué es un ordenador All in One (AIO) y de dónde sale este formato

Ordenador All in One frente a portátil

Un ordenador All in One, o PC “todo en uno” sin torre, es un sobremesa que integra todos los componentes del ordenador en la misma carcasa que la pantalla: placa base, procesador, memoria RAM, almacenamiento, conectores, sistema de refrigeración e incluso, en la mayoría de modelos, altavoces y webcam.

A simple vista parece un monitor grande y poco más, pero en la parte trasera o en la base está todo el hardware que encontrarías en un portátil. Y esto no es casualidad: muchos AIO usan directamente componentes pensados para laptops (CPUs de bajo consumo, gráficas integradas, módulos SO-DIMM de RAM, etc.) para poder encajarlo todo en un espacio tan fino.

El concepto no es nuevo: el primer gran exponente fue el Macintosh original de Apple, que aprovechaba el enorme volumen de las pantallas CRT para meter dentro la circuitería. Con la llegada de los iMac a finales de los 90 el formato se refinó con paneles planos, diseños minimalistas y una integración de hardware muy cuidada, y desde entonces se ha extendido a muchos fabricantes de PC con Windows.

En comparación con un sobremesa clásico, la gran diferencia es que en un All in One no existe una torre independiente con bahías y ranuras de expansión. Frente a un portátil, el AIO sacrifica batería y portabilidad a cambio de diagonales de pantalla mucho mayores y un puesto de trabajo más cómodo y limpio.

Ventajas reales de un All in One: dónde brillan estos “PC sin torre”

Ventajas de los ordenadores All in One

Los equipos AIO no son para todo el mundo, pero cuando encajan, lo hacen muy bien. Sus puntos fuertes tienen que ver sobre todo con espacio, estética y sencillez de uso.

Ahorro de espacio en el escritorio

La principal baza de un All in One es el ahorro brutal de espacio frente a un PC de torre. Solo tienes la pantalla, el teclado y el ratón sobre la mesa, sin una caja ocupando sitio ni debajo ni encima, y sin ese nido de cables típico de los sobremesa.

Esto los hace especialmente interesantes en despachos pequeños, recepciones, mostradores de cara al público o escritorios domésticos donde el hueco es muy limitado y se busca una mesa despejada. El cableado se reduce muchas veces al de corriente, ya que la red se puede usar por WiFi y los periféricos pueden ser inalámbricos.

Menos cables y conexiones simplificadas

Al tener todo integrado, las conexiones externas se reducen al mínimo. Un AIO típico necesita solo el cable de alimentación y, como mucho, el brillo de uno o dos cables más si usas teclado y ratón con cable. No hay cable de vídeo, no hay cables de audio externos; todo eso va interno.

La mayoría de modelos actuales incorporan WiFi y Bluetooth, por lo que puedes olvidarte incluso del cable de red y conectar periféricos inalámbricos sin problemas. Para muchos usuarios, este punto de “enchufar y listo” es clave.

Fácil de mover (aunque no sea un portátil)

Aunque un All in One no está pensado para ir de ruta contigo, sí que es mucho más sencillo de trasladar que un sobremesa clásico. En la práctica es como mover un monitor algo más pesado: desconectas el cable de corriente y lo cambias de habitación sin más ciencia.

Eso resulta cómodo en oficinas donde se reorganizan puestos a menudo, en hogares donde el PC pasa del despacho al salón, o si simplemente necesitas cambiarlo de ubicación para una presentación o una formación puntual.

Puesto de trabajo visualmente impecable

En negocios donde la imagen importa (consultas, hoteles, tiendas, recepción de empresas, academias…) el All in One ofrece un aspecto mucho más limpio y moderno que una torre y un monitor con un manojo de cables.

En estos escenarios, el rendimiento extremo o la posibilidad de ampliación importan menos que la sensación de orden y profesionalidad que transmite el espacio de trabajo. Ahí un AIO juega claramente a favor.

Webcam, audio y otros extras integrados

Muchos modelos incluyen webcam integrada, micrófonos y altavoces, igual que un portátil. Para teletrabajo, videollamadas o clases online es muy práctico no tener que ir añadiendo accesorios.

Además, en gamas medias y altas es habitual encontrar pantallas Full HD o superiores con buenos ángulos de visión, algo clave cuando pasas muchas horas frente a la máquina.

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Desventajas y limitaciones de los All in One: lo que casi nunca te cuentan

El reverso de un diseño tan compacto y bonito es que hay muchos compromisos. Un AIO tiene más inconvenientes de los que parece a simple vista, sobre todo si lo comparas con un sobremesa clásico bien montado.

Acceso difícil al interior y ampliaciones muy limitadas

El gran problema de este formato es que acceder al hardware interno suele ser complicado. En algunos modelos solo puedes retirar pequeñas tapas para cambiar la RAM o la unidad de almacenamiento; en otros directamente ni eso, y todo va soldado.

Olvídate en la mayoría de casos de añadir una tarjeta gráfica dedicada, más bahías de disco, tarjetas PCIe extra o similares. El diseño está completamente cerrado, lo que acerca la experiencia a la de un portátil: lo que compres es prácticamente lo que te vas a quedar hasta que muera el equipo.

Rendimiento inferior y refrigeración muy justa

Como la carcasa es tan fina y el espacio interno tan justo, la inmensa mayoría de All in One montan hardware de portátil de bajo consumo: procesadores U o similares, y gráficos integrados (Intel UHD, Iris Xe, AMD Radeon integrada, etc.).

Eso está bien para ofimática, navegación, gestión de negocio, vídeo en streaming o incluso algo de edición ligera, pero se queda corto en tareas pesadas (edición de vídeo seria, 3D, gaming exigente). Además, los sistemas de refrigeración son pequeños y, cuando la CPU se calienta, suelen entrar en thermal throttling: el procesador baja frecuencia para no pasar de temperatura, lo que implica caídas de rendimiento cuando más lo necesitas.

Precio más alto que un sobremesa equivalente

Ingenierizar y fabricar un PC metido detrás de una pantalla no es barato. Por eso, a igualdad de potencia, un All in One suele ser bastante más caro que un sobremesa con torre y monitor aparte.

En la práctica, estás pagando más por un equipo con peor rendimiento, menos opciones de ampliación y una refrigeración más floja, a cambio de menos cables y una estética más limpia. Además, pagas también por el panel integrado, que suele ser de buen tamaño (23-27 pulgadas o más) y encarece el conjunto.

Conectividad y puertos por debajo de una torre

Otro punto flaco es la conectividad. Aunque los AIO modernos incluyen lo básico (USB, HDMI o DisplayPort de salida, jack de audio, lector de tarjetas en algunos casos), lo normal es que traigan menos puertos que una torre.

Si necesitas conectar muchos periféricos o monitores adicionales, acabarás tirando de hubs USB o estaciones dock, lo que añade coste y, de paso, más cacharros y cables sobre la mesa.

Fragilidad y reparaciones más caras

Al ir todos los componentes comprimidos detrás de la pantalla, un golpe fuerte o una caída que afecte al panel puede dañar a la vez la pantalla y el hardware interno. Reparar un AIO no se parece en nada a cambiar una pieza suelta en una torre.

En un sobremesa clásico, si se fastidia la gráfica, la fuente o el disco, se sustituye ese componente y listo; en un portátil, aún puedes cambiar la pantalla. En muchos All in One, una rotura de pantalla o una avería de placa base puede suponer dar por perdido el equipo completo por coste o por pura imposibilidad de conseguir piezas.

MiniPC, All in One y sobremesa: dónde encaja cada formato

Cuando uno busca “PC sin torre” no solo aparecen AIO, también miniPC y torres pequeñas (Micro ATX, Mini ITX) que ofrecen alternativas interesantes.

Qué aporta un miniPC frente a un AIO y a una torre

Un miniPC es básicamente una torre en miniatura: una caja muy pequeña donde va la placa (ITX o similar), CPU, RAM, almacenamiento y puertos. No incorpora pantalla ni periféricos, pero el espacio que ocupa es mínimo y se puede dejar en el escritorio, colgar detrás del monitor o meter en el mueble de la TV como HTPC.

Sus ventajas clave son el tamaño y el peso reducidos, la posibilidad de elegir el monitor y periféricos que quieras, y en muchos modelos cierta opción de actualización interna (RAM y SSD suelen ser accesibles). Los más potentes se acercan al rendimiento de sobremesas compactos y pueden servir incluso para gaming o edición, aunque las gráficas dedicadas grandes siguen siendo complicadas de montar en formatos muy pequeños.

Sus pegas se parecen a las de los AIO: rendimiento condicionado por el espacio, gráficas dedicadas limitadas o inexistentes en muchos casos y números de puertos algo menores que una torre grande. Aun así, suelen ofrecer más flexibilidad que un All in One porque la pantalla va por separado.

Sobremesa de torre: el rey del rendimiento y la ampliación

El clásico PC de torre sigue siendo imbatible cuando se priorizan rendimiento, refrigeración y capacidad de expansión. Desde cajas ATX grandes hasta chasis Micro ATX o Mini ITX bien diseñados, hay opciones que no ocupan demasiado y permiten montar hardware muy potente con buen flujo de aire.

En formato torre puedes añadir gráficas dedicadas de gama alta, varias unidades de almacenamiento, tarjetas adicionales, cambiar la fuente, mejorar la refrigeración y alargar muchísimos años la vida útil del equipo a base de actualizaciones puntuales.

¿El precio? A igualdad de rendimiento, suele salir más barato que un All in One, aunque tendrás que sumar monitor, teclado y ratón. El principal inconveniente sigue siendo el espacio físico y el cableado, menos “instagramable” pero muchísimo más flexible.

Portátil vs All in One: portabilidad frente a pantalla grande

La gran duda para muchos usuarios no es torre vs AIO, sino All in One vs portátil. Sobre todo para oficinas, autónomos y estudiantes que dudan entre poder mover el equipo o tener un puesto fijo más cómodo.

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Ventajas clave del portátil

El portátil tiene su gran carta en el nombre: portabilidad. Funciona con batería, no depende de un enchufe constante y es sencillo llevarlo de casa a la oficina, a clase, a un viaje o a una cafetería.

Los modelos actuales combinan diseños finos y ligeros con procesadores muy eficientes, pantallas de buena calidad y autonomía que, en gamas medias decentes, puede irse a muchas horas lejos del enchufe. Y si necesitas más flexibilidad, los 2 en 1 y convertibles permiten usar el equipo como tablet, modo tienda de campaña, etc.

Otra ventaja es la enorme variedad de gamas y configuraciones: desde equipos básicos de 15,6″ para ofimática y web, hasta estaciones móviles con CPUs potentes, GPUs dedicadas y pantallas de 16-17″ pensadas para creación de contenido o gaming.

Puntos flacos del portátil frente a un puesto fijo

La contrapartida de un portátil es que, si trabajas muchas horas seguidas, su formato no es el más ergonómico. La relación fija entre teclado y pantalla obliga a posturas poco saludables para cuello, espalda y muñecas, a menos que uses un soporte y un teclado externo y sigas la guía para configurar la altura ergonómica del monitor.

También suelen ser más complicados y caros de actualizar: en muchos casos solo podrás ampliar RAM y SSD, y cada vez hay más modelos con esos componentes soldados. Además, aunque hay portátiles muy potentes, el calor y la gestión de energía limitan su rendimiento sostenido comparado con un sobremesa bien refrigerado.

Ventajas y pegas del AIO frente al portátil

Un All in One, frente a una laptop, ofrece sobre todo una pantalla más grande y cómoda para trabajar, estudiar o consumir contenido, así como una mejor postura al poder colocar el monitor a la altura correcta y usar un teclado y ratón completos.

Si no sueles moverte con el ordenador y siempre trabajas en el mismo sitio, un AIO se siente como un sobremesa muy ordenado: pones la pantalla, conectas el cable y listo. Eso sí, pierdes totalmente la posibilidad de trabajar sin enchufe y de llevártelo con facilidad a reuniones, clase o viajes.

Casos de uso: quién debería apostar por cada tipo de equipo

Teniendo claras las características de cada formato, toca bajarlo a tierra según tu caso. No es lo mismo un despacho cara al público que un estudio de diseño o un estudiante que vive entre casa, biblioteca y universidad.

Cuándo tiene sentido comprar un All in One

Un AIO suele ser la opción lógica cuando se busca un equipo fijo, visualmente limpio y de uso sencillo y no se prioriza la ampliación futura ni el máximo rendimiento bruto.

Encaja especialmente bien en:

  • Oficinas y negocios de cara al público: recepción de hoteles, clínicas, tiendas, academias, despachos donde el cliente ve el puesto de trabajo y se valora una estética cuidada y sin cables.
  • Teletrabajo y ofimática doméstica: gestión de correos, paquetes Office, CRM, ERP, navegación web, videollamadas, aplicaciones de negocio que no son especialmente pesadas.
  • Estudiantes a distancia o clases online que pasan muchas horas frente al equipo y agradecen una pantalla grande, una webcam integrada y menos cacharros sueltos.
  • Hogares con poco espacio o donde no se quiere una torre visible ni un cableado complejo, pero se prefiere un puesto fijo a un portátil.

En todos estos casos conviene elegir un AIO con procesador actual de gama media (Core i5/Ryzen 5), al menos 8-16 GB de RAM y SSD de 512 GB o 1 TB, para que el equipo no se quede corto en pocos años, teniendo en cuenta lo limitadas que son las ampliaciones.

Cuándo es mejor un portátil

El portátil gana por goleada en cualquier contexto donde necesites movilidad real:

  • Profesionales que viajan, trabajan en diferentes sedes, asisten a reuniones externas o alternan constantemente entre casa y oficina.
  • Universitarios y estudiantes que hacen vida entre casa, biblioteca, universidad, coworkings, etc.
  • Usuarios que valoran poder trabajar desde un sofá, una cafetería, el tren o cualquier sitio con un enchufe cerca.

Si este es tu caso, probablemente te compensa un portátil decente acompañado, si quieres comodidad en casa, de un monitor externo y un teclado/ratón. Así tienes lo mejor de los dos mundos: portabilidad cuando toca moverse y ergonomía cuando trabajas en tu escritorio.

Cuándo apostar por torre o miniPC

Si tu prioridad es la potencia, la estabilidad térmica y poder actualizar el equipo durante años, lo sensato sigue siendo un sobremesa de torre (aunque sea en formato compacto) o un miniPC algo más “serio”.

Es la opción clara para:

  • Gaming exigente con gráficas dedicadas potentes y monitores de alta tasa de refresco.
  • Edición de vídeo, 3D, CAD, render, IA y en general cargas de trabajo pesadas que se benefician de GPUs potentes, mucha RAM y buen flujo de aire.
  • Usuarios que quieren alargar la vida de su inversión actualizando piezas sueltas cada cierto tiempo en lugar de cambiar el equipo entero.

En estos escenarios, un All in One suele ser más un capricho estético que una decisión racional: pagarás más por algo que hará más ruido, se calentará más, rendirá menos y te dejará encerrado en la configuración original.

Ejemplos de configuraciones típicas: aterrizando los números

Para poner todo esto en contexto, conviene ver configuraciones reales que se encuentran ahora mismo en el mercado y qué tipo de uso permiten.

All in One de entrada para ofimática y uso general

Un ejemplo típico en la gama asequible sería un AIO con procesador AMD Ryzen 3 o Intel Core i3 de última generación, 8 GB de RAM y SSD de 256 GB-512 GB, pantalla Full HD de 22-24 pulgadas y gráfica integrada.

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Equipos con perfiles como Ryzen 3 3250U, 8 GB de RAM y SSD de 256 GB en 22″ FHD encajan muy bien para navegar, hacer gestiones online, ofimática, videollamadas y reproducción de contenido. No son máquinas para editar vídeo 4K ni para jugar a lo último, pero sí para el uso de oficina clásico.

Portátil ligero de gama media para trabajo diario

En el mundo portátil, algo muy extendido es la combinación de Intel Core i3/i5 de 11.ª generación o Ryzen 5, 8 GB de RAM, SSD de 256-512 GB y pantalla de 15,6″ HD o Full HD con peso por debajo de 2 kg.

Con perfiles similares a un Core i3-1125G4, 8 GB de RAM (ampliables), SSD de 256 GB y 1,6-1,8 kg de peso tienes equipos perfectos para trabajo cotidiano, navegación, ofimática, gestiones online y algo de ocio, con la ventaja de llevártelos debajo del brazo y conectarlos a un monitor externo cuando estés en casa.

All in One de gama media para un despacho o negocio

Si subimos un escalón, aparecen AIO con Ryzen 5 o Core i5 modernos, 16 GB de RAM y SSD de 512 GB, pantallas de 23,8-27″ Full HD y diseños más cuidados. Estos equipos ya permiten multitarea más intensa, aplicaciones de gestión más pesadas y cierta edición de imagen o vídeo ligera sin sufrir demasiado.

En entornos de negocio que quieren un puesto fijo potente, duradero y con buena presencia, estas configuraciones de gama media son el punto dulce, siempre que se asuma la limitación de ampliación futura.

All in One premium para creativos… y su cara B

En la franja alta del mercado hay AIO extremadamente capaces, con pantallas 4K o 5K de gran calidad, procesadores Core i7/i9 o chips como los M3 de Apple, 16-32 GB de RAM y gráficas dedicadas o integradas muy potentes.

Son equipos pensados para creadores de contenido, diseño, edición de vídeo y trabajos visuales que valoran una pantalla excelente y un diseño muy pulido. Sin embargo, incluso aquí sigues teniendo la misma limitación de base: poca o ninguna capacidad real de expansión interna y una dependencia absoluta del fabricante si algo se rompe fuera de garantía.

Cómo decidir: preguntas clave antes de pasar por caja

Cuando dudas entre All in One y portátil (o entre AIO y torre), lo más útil es hacerse unas cuantas preguntas francas sobre tu día a día.

  • ¿Voy a mover el equipo a menudo? Si la respuesta es sí (oficina/casa, universidad, viajes…), un portátil manda. Si va a vivir anclado al escritorio, puedes valorar AIO o sobremesa.
  • ¿Cuánto espacio real tengo en la mesa o el despacho? Si vas muy justo o quieres un entorno visualmente impecable de cara al público, el AIO tiene mucho sentido.
  • ¿Necesito mucha potencia y poder actualizar? Para gaming serio, edición de vídeo intensa, 3D, IA, etc., lo más sensato es torre o algún miniPC potente, nunca un AIO.
  • ¿Cuánto me importa la estética frente a la flexibilidad? Si la estética manda y el uso es ligero, un All in One brilla. Si necesitas flexibilidad total, la torre gana.
  • ¿Qué presupuesto tengo y qué espero que dure el equipo? A igualdad de presupuesto, un sobremesa suele ofrecer más rendimiento y más años de vida útil actualizable que un AIO. El portátil añade el plus de movilidad.

Responder con honestidad a estas cuestiones te va a guiar mejor que cualquier lista genérica de “pros y contras”, porque te obliga a alinear la compra con tu forma real de trabajar o estudiar.

Al final, All in One, portátil, miniPC o torre no son ni mejores ni peores de forma absoluta: son herramientas distintas para necesidades distintas. Si tienes claro qué priorizas (portabilidad, pantalla grande, estética, rendimiento, ampliaciones futuras), encontrar el formato ideal se convierte en un simple ejercicio de descarte y ajuste de presupuesto.

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