- Las cajas se diseñan alrededor del formato de placa base, por lo que elegir bien entre E-ATX, ATX, Micro-ATX y Mini-ITX condiciona expansión y ventilación.
- ATX ofrece el mejor equilibrio entre tamaño, precio y prestaciones, mientras que Micro-ATX prioriza la compacidad y el ahorro con pocas renuncias reales.
- E-ATX solo compensa en estaciones de trabajo o configuraciones con muchas ranuras PCIe y RAM, ya que su mayor ancho se orienta a expansión profesional.
- Combinar caja y formato según el uso (gaming, ofimática, workstation o PC compacto) es clave para no pagar de más ni quedarse corto en espacio o refrigeración.

Cuando empiezas a mirar cajas y placas base para montar tu PC, es fácil perderse entre siglas como E-ATX, ATX, Micro-ATX o Mini-ITX. Y la cosa se complica todavía más cuando ves torres enormes que aceptan E-ATX y te preguntas si “llenarlas” con una placa más grande merece realmente la pena.
En este artículo vamos a desgranar con calma las diferencias entre cajas E-ATX y Micro-ATX, pero también entre todos los factores de forma habituales de placas base, para que tengas claro qué combina con qué, qué limitaciones tiene cada formato y, sobre todo, qué te conviene según el uso que le vas a dar a tu PC.
Cajas y factores de forma: cómo encaja todo
Antes de hablar de E-ATX vs Micro-ATX a nivel de cajas, hay que entender que las torres se diseñan alrededor de los tamaños de las placas base. La placa es la que manda, y la caja es básicamente el “contenedor” que le da espacio, ventilación y puntos de anclaje; saber configurar componentes de PC ayuda a aprovechar mejor esa relación.
Las cajas suelen describirse como Full Tower, Mid Tower, Micro-ATX o Mini-ITX, pero muchas veces también especifican directamente qué formato de placa soportan: ATX, Micro-ATX, Mini-ITX e incluso Extended ATX (E-ATX). Esa compatibilidad es clave porque determina qué tamaño máximo de placa puedes montar y cuántas bahías de expansión tendrás disponibles.
Los formatos de placa base más habituales en PCs de sobremesa son Mini-ITX, Micro-ATX, ATX y E-ATX. Todos derivan, directa o indirectamente, del estándar ATX definido por Intel, que también fija cosas como la forma de las fuentes de alimentación ATX o la distancia entre ranuras de expansión.
A partir de ese estándar, los fabricantes han ido estirando o recortando la placa para añadir más componentes o reducir el tamaño, apareciendo variantes como Deep Mini-ITX, FlexATX, Nano-ITX o Pico-ITX, que se usan en equipos muy específicos, desde PCs ofimáticos muy compactos hasta dispositivos multimedia o IoT.
Medidas de las placas base más importantes
Para entender qué caja necesitas, lo primero es tener claras las dimensiones de cada factor de forma y cómo afectan a la expansión, la memoria y el espacio disponible para la refrigeración.
Mini-ITX
El formato Mini-ITX mide 170 x 170 mm, y es el tamaño más pequeño que se usa de forma relativamente habitual en PCs de escritorio. Al ser tan compacto, solo dispone de una ranura PCIe y normalmente dos slots de RAM, lo que limita bastante la ampliación futura.
Este tamaño está pensado para equipos muy compactos: HTPC, mini PCs gaming ligeros, PCs de oficina donde el espacio manda o pequeños servidores caseros. A cambio, suele suponer más quebraderos de cabeza con la refrigeración, ya que todo queda muy apretado y los disipadores o radiadores grandes no siempre encajan bien.
Micro-ATX (mATX)
El salto natural desde Mini-ITX es el formato Micro-ATX, también llamado mATX o MicroATX, con unas dimensiones de 244 x 244 mm. Es bastante más cuadrado que ATX y se ha asociado durante años a configuraciones económicas o “low cost”.
Una placa Micro-ATX suele ofrecer entre 2 y 4 ranuras de RAM, hasta 2 ranuras PCIe x16 y 1 o 2 slots M.2, dependiendo de la gama. Aunque tradicionalmente se veía como algo básico y poco vistoso, hoy en día hay modelos Micro-ATX de gama media y alta muy serios, con buenos VRM y prestaciones que dejan atrás a muchas ATX baratas.
Aun así, por pura superficie de PCB, renuncias a parte de la expansión: menos espacio para slots M.2 adicionales, menos margen físico para VRM muy masivos y, en general, menos hueco entre componentes, lo que puede penalizar un poco la refrigeración en equipos muy potentes.
ATX estándar
La placa base ATX de toda la vida mide 305 x 244 mm (12 x 9,6 pulgadas) y es el formato más común desde mediados de los 90, cuando Intel lo lanzó como sucesor de las viejas placas AT. Este tamaño se ha convertido en el estándar de facto para PCs gaming y de sobremesa potentes.
Un diseño ATX típico ofrece hasta 7 ranuras PCIe, 4 sockets de memoria RAM y varias conexiones M.2 y SATA, todo bien distribuido para dejar espacio a disipadores, tarjetas gráficas grandes y sistemas de refrigeración más avanzados. El margen físico extra frente a mATX permite VRM de mayor calidad, mejores disipadores y más posibilidades de overclock.
En algunos modelos ATX muy concretos se pueden ver 8 ranuras de RAM, pero lo normal en equipos domésticos y gaming es seguir con 4, más que suficientes para la inmensa mayoría de usuarios, incluso con configuraciones de gran capacidad.
E-ATX o Extended ATX
Cuando se habla de E-ATX (Extended ATX) entramos en terreno “grande de verdad”. Aquí hablamos de placas que se van típicamente a 305 x 330 mm, aunque hay un problema: E-ATX no está tan estandarizado como ATX, y distintos fabricantes juegan con el ancho a su antojo.
La única regla común es que todas las E-ATX son más anchas que ATX (más de 244 mm), pero el valor exacto puede variar. Esa anchura extra se aprovecha para montar más componentes: hasta 8 ranuras de RAM, más ranuras PCIe, más conexiones M.2, VRM más desahogados y, en algunos modelos, incluso doble socket de CPU.
Este formato se ve sobre todo en estaciones de trabajo, servidores pequeños y plataformas HEDT, aunque durante años hubo placas gaming muy tochas en E-ATX. Hoy en día, para jugar, ya casi no se usan E-ATX; tienen mucho más sentido en entornos profesionales donde se aprovechan esas 8 ranuras de RAM o las configuraciones multi-GPU/expansión.
Otros factores de forma menos habituales
Más allá de los formatos típicos que se usan en PCs gaming o de escritorio, existen otros factores de forma que conviene conocer, aunque sea por encima, porque comparten compatibilidad con muchas cajas o con fuentes ATX.
FlexATX
El formato FlexATX es un derivado compacto de ATX, pensado para PCs de sobremesa muy pequeños pero todavía con cierta modularidad. Sus placas miden alrededor de 229 x 101 mm, quedando a medio camino entre Micro-ATX y Mini-ITX en cuanto a superficie.
Su objetivo es ofrecer una solución económica y de poco tamaño para oficinas, equipos multimedia o PCs sencillos, sacrificando buena parte de las opciones de expansión. Suelen montar pocas ranuras PCIe, menos RAM y un número muy contenido de puertos, pero siguen siendo compatibles con fuentes ATX estándar o formatos más compactos como SFX.
Nano-ITX
Las placas Nano-ITX reducen aún más el tamaño hasta los 120 x 120 mm. Están pensadas para dispositivos multimedia, set-top boxes, pequeños sistemas embebidos o proyectos IoT, no tanto para el típico PC que montamos en casa para jugar o trabajar.
Su capacidad de expansión es mínima, ya que no necesitan crecer a futuro: se diseñan específicamente para un uso concreto. Aunque en teoría se pueden cambiar algunos componentes, las limitaciones físicas y térmicas hacen que no sea lo habitual.
Pico-ITX
Si bajamos un escalón más tenemos Pico-ITX, con unas dimensiones de apenas 100 x 72 mm. En estas placas, CPU y RAM suelen venir soldados a la placa, igual que en muchos portátiles o mini PCs, precisamente para ahorrar espacio y consumo.
Son perfectas para dispositivos domóticos, pequeños servidores de descargas o proyectos muy compactos, con consumos ínfimos que muchas veces no superan los 8 W y con refrigeración pasiva o casi pasiva. También integran pines GPIO, como las Raspberry Pi, que permiten añadir sensores, pantallas y otros módulos externos.
Cómo afectan estos formatos al tamaño de la caja
La relación entre el factor de forma de la placa y la caja es directa: no todas las cajas aceptan todos los formatos. Cada chasis especifica qué tamaños de placa base admite, y eso determina tanto su volumen como su distribución interna.
De forma general, una caja ATX grande o una Full Tower suele poder montar placas ATX, Micro-ATX y Mini-ITX, e incluso muchas anuncian compatibilidad con E-ATX. Las cajas Micro-ATX suelen aceptar placas Micro-ATX y Mini-ITX, mientras que las torres Mini-ITX son exclusivas de ese formato.
El detalle está en que una caja puede ser compatible con varios formatos, pero eso no significa que todos vayan igual de bien. Una Micro-ATX dentro de una caja enorme ATX, por ejemplo, aprovecha peor el flujo de aire y el espacio, y visualmente se queda “perdida” dentro del chasis.
Por otro lado, muchas semitorres ATX modernas declaran compatibilidad con ATX, Micro-ATX e incluso Mini-ITX. Esto permite que un mismo chasis sirva para distintas configuraciones, aunque su punto óptimo de uso suela ser precisamente con placas ATX o mATX bien proporcionadas.
E-ATX vs ATX: qué cambia realmente
La gran diferencia objetiva entre ATX y E-ATX es el ancho: la E-ATX es más ancha que una ATX estándar. Esa anchura adicional permite a los fabricantes colocar más componentes o dar más margen para reforzar ciertos elementos.
En la práctica, esto se traduce en más ranuras de RAM (hasta 8), espacio para sockets de CPU más grandes o dobles, más ranuras PCIe y hueco extra para circuitería de alimentación. Todo ello orientado a configuraciones muy exigentes, como estaciones de trabajo que necesitan muchísima memoria o muchas tarjetas de expansión.
Sin embargo, hay que matizar que E-ATX no está normalizado con la misma precisión que ATX. Cada fabricante interpreta el “Extended” a su manera, y el ancho final puede variar varios milímetros, de modo que una caja “compatible con E-ATX” puede no acomodar todas las placas E-ATX del mercado.
Por eso, si vas a montar una E-ATX concreta, es obligatorio mirar la ficha técnica de la placa (ancho exacto) y cruzarla con el ancho máximo soportado que indica la caja. Confiar solo en la etiqueta “E-ATX compatible” es arriesgado y puede llevar a sustos a la hora de atornillar o de colocar cables y radiadores.
¿Cuándo tiene sentido elegir una placa ATX?
En un PC doméstico o gaming, la opción más equilibrada casi siempre es una placa ATX estándar. Ofrece el mejor compromiso entre precio, tamaño, capacidad de expansión y facilidad de montaje, sin exigir cajas gigantes ni presupuestos desorbitados.
Una ATX es ideal si quieres un estándar ampliamente soportado, con buena oferta de modelos en todas las gamas. Las placas más baratas del mercado suelen ser ATX o Micro-ATX, y a igualdad de prestaciones, una ATX rara vez es mucho más cara que una mATX equivalente.
Si no necesitas 8 ranuras de RAM ni doble socket de CPU, 4 DIMM y varias ranuras PCIe son más que suficientes para cualquier equipo gaming potente o estación de trabajo de un solo procesador. Además, las mejores opciones en cuanto a VRM, overclock y refrigeración integrada suelen estar precisamente en el territorio ATX.
¿Y cuándo compensa ir a E-ATX?
Una placa E-ATX tiene sentido cuando tu uso exige claramente más de lo que ofrece ATX. Por ejemplo, si necesitas 8 ranuras de memoria RAM para configuraciones de gran capacidad, o si tu plataforma profesional utiliza CPUs con más canales de memoria o doble socket.
También se justifica en montajes donde vas a utilizar muchas ranuras PCIe: varias GPUs profesionales, tarjetas de captura, controladoras de almacenamiento, etc. Para encajar tanto hardware, los fabricantes mueven componentes hacia la derecha y acaban necesitando ese ancho extra que define a las E-ATX.
En el terreno puramente gaming, sin embargo, la E-ATX casi siempre es más capricho que necesidad. No vas a conseguir más FPS por el hecho de que la placa sea más ancha, y la mayoría de mejoras (VRM, puertos extra, estética) las puedes conseguir con una buena ATX sin complicarte la vida con compatibilidades de caja.
Micro-ATX vs ATX: potencia frente a tamaño
La eterna duda de muchos montadores es si realmente merece la pena gastar más en una ATX en lugar de una Micro-ATX, sobre todo cuando el presupuesto es ajustado y cada euro cuenta.
Micro-ATX ha sido durante años sinónimo de placa barata y sencilla, pero la realidad actual es más matizada. Hay mATX de gama alta con buenos VRM, varios slots M.2, conectividad moderna y hasta diseños estéticamente muy cuidados, que dejan por detrás a ATX sencillas de gama baja.
Sin embargo, si miramos el mercado en conjunto, las ATX siguen ofreciendo mayor catálogo y más modelos en gama media y alta. Eso significa más opciones con mejor refrigeración de VRM, más ranuras PCIe, más slots M.2 y mejores prestaciones para overclock o configuraciones de alto rendimiento.
De cara a la refrigeración general del sistema, las ATX suelen salir ganando, porque dejan más hueco entre componentes y permiten flujos de aire más despejados. En una Micro-ATX todo queda más junto, y aunque no es un drama si no vas al límite, sí puede notarse en equipos muy potentes o con cajas más cerradas.
Ventajas de Micro-ATX
El formato Micro-ATX brilla cuando quieres un PC competente sin gastar de más, con una caja algo más compacta y sin grandes pretensiones de expansión futura. Para un usuario que no va a montar varias GPUs ni hardware exótico, mATX ofrece prácticamente todo lo necesario.
Es buena elección si tu prioridad es ahorrar en la placa y/o en la caja para invertir ese dinero en la gráfica, el procesador o el almacenamiento. Además, si buscas montar un PC de tamaño contenido, muchas cajas Micro-ATX permiten configuraciones muy apañadas con un volumen más reducido que una semitorre ATX típica.
Eso sí, visualmente, una Micro-ATX en una caja ATX grande puede quedar algo “perdida” y menos estética, y tampoco aprovecha igual el flujo de aire que un chasis diseñado en torno a ese formato. Siempre que sea posible, lo ideal es emparejar una mATX con una caja pensada para Micro-ATX.
Ventajas de ATX
Si quieres un equipo más versátil y preparado para crecer, ATX sigue siendo la opción estrella. El espacio extra se traduce en más posibilidades de refrigeración, más ranuras PCIe, más M.2 y, en general, una experiencia de montaje más cómoda, con menos cables apretados o conectores en zonas imposibles.
Para quien tenga en mente hacer overclock serio a la CPU o montar GPUs muy exigentes, una buena ATX con VRM sobredimensionados y buena disipación es casi obligatoria. También es el formato con más modelos “tope de gama”, con bloque de agua integrado, refuerzos metálicos y todo tipo de extras.
En resumen, si tu perfil es más entusiasta, quieres margen para añadir tarjetas o unidades en el futuro y tu presupuesto lo permite, ATX es la elección lógica. Si buscas algo más modesto, funcional y ajustado de precio, Micro-ATX cumple de sobra.
ATX, Micro-ATX y Mini-ITX: comparación rápida de características
Para tener una visión clara entre los tres grandes formatos presentes en la mayoría de cajas, conviene comparar de forma directa tamaño, capacidad de expansión y usos típicos.
| Factor de forma | Dimensiones |
| ATX | 305 x 244 mm |
| Micro-ATX | 244 x 244 mm |
| Mini-ITX | 170 x 170 mm |
| Factor | Ranuras PCIe | Slots RAM | Almacenamiento |
| ATX | Hasta 7 | Hasta 4 (ocasionalmente 8) | Alta capacidad SATA y M.2 |
| Micro-ATX | Hasta 4 | Hasta 4 | Buen equilibrio |
| Mini-ITX | 1 | 2 | Capacidad limitada |
Las cajas ATX suelen poder alojar placas de los tres formatos, lo que da mucha libertad si más adelante quieres cambiar a algo más grande o más pequeño sin cambiar de torre. En cambio, las cajas Micro-ATX se limitan a mATX o Mini-ITX, y las cajas Mini-ITX solo aceptan ese formato, con el sacrificio en espacio interno y ventilación que eso implica.
En cuanto a usos, ATX domina en PCs gaming de alto nivel y estaciones de trabajo, Micro-ATX se mueve en el terreno de PCs de uso general y gaming medio, y Mini-ITX se reserva para equipos donde el tamaño es la prioridad absoluta, aunque cada vez se ven menos modelos en el mercado.
Refrigeración y flujo de aire según el formato
La gestión térmica es un punto clave cuando hablamos de cajas y formatos de placa. Cuanto más grande es la caja y la placa, más espacio tienes para ventilar y separar componentes calientes, y conviene saber cómo cambiar la pasta térmica para mantener la eficiencia del sistema.
Las cajas diseñadas para ATX y E-ATX permiten montar más ventiladores y radiadores de mayor tamaño, incluso sistemas de refrigeración líquida complejos. Esto se traduce en temperaturas más bajas y, en muchos casos, menos ruido, ya que los ventiladores no necesitan girar tan rápido para mover el mismo volumen de aire.
En formatos más compactos como Micro-ATX o Mini-ITX, los componentes quedan más agrupados, lo que puede hacer que el calor se acumule alrededor de la gráfica y la CPU. Si la caja es pequeña y no tiene una buena entrada y salida de aire, es fácil que las temperaturas suban más de la cuenta.
Por eso, si planeas usar gráficas grandes, overclock y varios SSDs M.2, una caja ATX con buena ventilación interna suele ser una apuesta segura. Si tu objetivo es un PC sencillo, de bajo consumo o para oficina, una Micro-ATX bien diseñada será suficiente siempre que cuente con un par de ventiladores bien colocados.
¿Importa el rendimiento por el tamaño de la placa?
Una duda habitual es si una placa E-ATX rinde mejor que una ATX simplemente por ser físicamente más grande. En términos de FPS o potencia bruta de CPU/GPU, la respuesta es que no: el tamaño por sí mismo no da rendimiento.
La clave está en lo que el fabricante hace con ese espacio adicional: más fases de alimentación, mejores disipadores, más ranuras RAM o PCIe, etc. Esos elementos sí pueden mejorar la estabilidad en overclock, la capacidad de expansión y la durabilidad, pero no hacen que la gráfica o el procesador trabajen “más rápido” solo por ir montados en E-ATX.
Respecto a la longitud de las pistas PCIe o de memoria, aunque en teoría trayectos más largos podrían ser menos ideales, los fabricantes diseñan las placas cumpliendo las especificaciones eléctricas de PCIe 4.0 o 5.0, así que no vas a notar una penalización real de rendimiento por usar E-ATX frente a ATX en ese sentido.
Elección práctica de caja y formato según el uso
A la hora de la verdad, la decisión entre caja E-ATX y caja Micro-ATX (o entre ATX, mATX y Mini-ITX en general) depende del tipo de PC que quieras montar y de tu presupuesto.
Si tu objetivo es un PC gaming de gama alta, con gráfica potente, quizá AIO, varios SSD M.2, mucho RGB y buena ventilación, lo más sensato es decantarse por una caja ATX de tamaño medio o grande. No estás obligado a montar una placa E-ATX solo porque la caja la soporte; una buena ATX llenará perfectamente el espacio y será más que suficiente.
Si quieres un PC discreto, más compacto y con presupuesto contenido, pero capaz de mover juegos actuales en 1080p sin problema, una caja Micro-ATX con una buena mATX te sirve de sobra. Tendrás alguna limitación en ranuras, pero difícilmente echarás en falta nada para un uso normal.
Para alguien que busca un punto intermedio reutilizable a largo plazo, una semitorre ATX compatible con ATX y Micro-ATX es probablemente la opción más sensata. De hecho, es lo que elige la mayoría de jugadores: ni demasiado grande, ni demasiado pequeña, con espacio para futuras ampliaciones.
Respecto a E-ATX, solo merece la pena optar por una caja específicamente pensada para este formato si realmente vas a montar una placa que lo aproveche de verdad: estaciones de trabajo con muchos módulos de memoria, varias tarjetas PCIe, o configuraciones profesionales donde esos extras no se quedan infrautilizados.
Elegir bien la combinación caja-placa base te ahorra problemas, dinero y dolores de cabeza. Si priorizas espacio, ventilación y expansión, apunta a ATX (o E-ATX si tu caso es muy específico). Si prefieres ahorrar y compactar sin renunciar a un PC muy capaz, Micro-ATX es tu mejor aliada. Y para equipos mínimos o proyectos muy concretos, Mini-ITX y formatos aún más pequeños siguen teniendo su hueco, aunque ya en terrenos bastante más nicho.
La clave está en tener claro qué vas a hacer con tu PC los próximos años y no dejarte llevar solo por el tamaño de la caja o por lo “llena” que parezca: una buena configuración ATX o Micro-ATX bien equilibrada suele dar mucho más juego que una E-ATX sobredimensionada que nunca llegas a aprovechar.
Tabla de Contenidos
- Cajas y factores de forma: cómo encaja todo
- Medidas de las placas base más importantes
- Otros factores de forma menos habituales
- Cómo afectan estos formatos al tamaño de la caja
- E-ATX vs ATX: qué cambia realmente
- Micro-ATX vs ATX: potencia frente a tamaño
- ATX, Micro-ATX y Mini-ITX: comparación rápida de características
- Refrigeración y flujo de aire según el formato
- ¿Importa el rendimiento por el tamaño de la placa?
- Elección práctica de caja y formato según el uso