Cómo acelerar el inicio de Windows a fondo y sin riesgos

Última actualización: 16 de febrero de 2026
  • Reducir el tiempo de arranque pasa por controlar programas y servicios que se inician con Windows y eliminar bloatware innecesario.
  • Funciones como Inicio rápido, ajustes en el registro y optimización de disco ayudan a recortar segundos en el encendido.
  • Actualizar drivers, comprobar malware y ajustar efectos visuales mejora tanto el arranque como la fluidez general del sistema.
  • El mayor salto de velocidad llega al migrar Windows a un SSD y ajustar la BIOS/UEFI para un arranque más directo.

Optimizar y acelerar el inicio de Windows

Cuando un PC con Windows tarda una eternidad en encenderse, la sensación de que el ordenador está hecho polvo es inevitable. El arranque lento no solo desespera, también reduce la productividad y hace que usar el equipo sea un suplicio. La buena noticia es que en la mayoría de casos no hace falta ser técnico ni gastarse un dineral para mejorar de forma muy notable el tiempo que tarda en arrancar Windows.

A lo largo de los años, con cada actualización, programa instalado y servicio que se queda en segundo plano, Windows se va «cargando de peso» y sumando segundos al inicio. En esta guía completa vas a ver, paso a paso, cómo detectar qué está lastrando tu equipo, qué ajustes del sistema conviene tocar y cuándo merece la pena meter mano al hardware. Todo con explicaciones claras, trucos reales y avisos de lo que sí puedes desactivar sin miedo y de lo que es mejor no tocar.

Por qué Windows arranca cada vez más lento

Antes de ponerse a desactivar cosas como loco viene bien entender qué pasa por debajo del capó. Con el tiempo se acumulan programas de arranque, servicios en segundo plano, restos en el registro y hasta malware, y todo eso tiene que cargarse cada vez que enciendes el PC.

Muchos programas, al instalarse, activan sin preguntarte módulos que se inician con Windows: clientes de juegos, apps de chat, sincronización en la nube, utilidades de impresoras, RGB, editores pesados o gestores de fotos. No los ves en pantalla, pero están chupando RAM y CPU desde el primer segundo.

También hay que contar con los servicios: copias de seguridad tipo Acronis, accesos remotos como AnyDesk o herramientas de telemetría y monitorización ponen en marcha procesos de sistema que no ves en el escritorio, pero que suman tiempo al arranque y carga al procesador.

Por si fuera poco, las nuevas versiones de Windows traen cada vez más funciones y aplicaciones integradas (OneDrive, Teams, apps UWP, asistentes, notificaciones «inteligentes»…) que arrancan por defecto, aunque tú no las uses jamás.

Y, cómo no, un disco duro mecánico antiguo, drivers viejos o un posible virus pueden rematar la jugada y convertir el arranque en una espera de varios minutos hasta que el sistema responde con cierta fluidez.

Medir el tiempo de arranque y localizar cuellos de botella

Si quieres saber si tus cambios funcionan, lo ideal es medir. Existen utilidades muy simples como Startup Timer que cronometra cuánto tarda tu Windows en estar operativo y qué elementos contribuyen más a ese retraso.

El proceso es tan sencillo como ejecutar la herramienta, reiniciar y ver el resultado. No es raro encontrar equipos que tardan más de dos minutos en estar «listos», sobre todo si llevan años como máquina principal de trabajo o juego y nadie ha hecho limpieza seria.

La primera ronda de optimización debería centrarse en lo más evidente: programas de inicio y servicios innecesarios. Es lo que más se nota con menos riesgo, y se hace desde herramientas integradas en Windows.

Controlar qué programas se inician con Windows

El primer sitio donde meter mano sin miedo es el Administrador de tareas. Desde ahí puedes ver y deshabilitar casi todo el software que arranca automáticamente con el sistema sin tocar procesos críticos.

Para abrirlo, tienes varias opciones: Ctrl + Mayús + Esc, clic derecho en el botón Inicio y “Administrador de tareas”, o Ctrl + Alt + Supr y elegir la opción correspondiente. Si ves la versión simple, pulsa en «Más detalles».

Una vez ampliado, ve a la pestaña «Inicio». Ahí aparece la lista de aplicaciones Win32 configuradas para arrancar con Windows, su estado (Habilitado/Deshabilitado) y el impacto en el arranque (bajo, medio, alto).

La idea es sencilla: todo lo que no sea estrictamente necesario al encender el PC se puede deshabilitar. Por ejemplo, suelen sobrar cosas como:

  • Clientes de edición pesados (Adobe Creative Cloud, Photoshop, Lightroom, etc.).
  • Apps de mensajería y chat (Skype, Slack, Messenger…).
  • Lanzadores de juegos (Steam, Epic, Origin, Ubisoft Connect, GOG…).
  • Clientes de nube no esenciales (Dropbox, Google Drive, pCloud, Amazon Drive, etc.).
  • Clientes torrent, que a menudo se configuran para continuar descargas al iniciar.
  • Utilidades de Apple (iTunes, iCloud) si no las usas a diario.

Para desactivar cualquier entrada, clic derecho sobre el programa y pulsa «Deshabilitar». No se desinstala, sólo deja de arrancar con Windows; cuando quieras usarlo, lo abres tú a mano.

Recuerda: no toques antivirus, drivers de gráficos, utilidades críticas de hardware o componentes de Windows que no tengas claros. Lo que no reconozcas, mejor lo dejas como está o lo investigas primero.

Gestionar servicios de inicio y msconfig

Además de aplicaciones visibles, muchos programas cargan servicios que se ejecutan por debajo sin ventana. Estos también pueden ralentizar el arranque aunque no veas nada en la barra de tareas.

Para gestionar todo esto de un plumazo, puedes usar la herramienta de configuración del sistema:

  • Pulsa Windows + R, escribe msconfig y confirma.
  • Ve a la pestaña «Servicios».
  • Marca la casilla «Ocultar todos los servicios de Microsoft» para no liarla con cosas críticas del sistema.
  • Con la lista limpia, desmarca servicios de programas que no sean esenciales en tu uso diario.

Así puedes quitar de en medio servicios de suites de copia de seguridad, utilidades de impresoras, herramientas de captura, programas de RGB o actualizadores innecesarios que se cuelan en el arranque.

En la pestaña «Arranque» de msconfig (o redirigiendo al Administrador de tareas en versiones recientes) encontrarás también el ajuste «Sin arranque de GUI» (No GUI Boot). Si lo marcas, Windows elimina la animación gráfica de arranque, ahorrando unos segundos. No es una revolución, pero sumado al resto se nota.

  Kernel Liquorix en Linux: núcleo optimizado para escritorio y juegos

Ten en mente que lo ideal sería revisar programa por programa qué usas realmente y desinstalar lo que sobra, pero como experimento rápido, deshabilitar servicios de terceros y aplicaciones de inicio da un buen chute de velocidad con poco esfuerzo.

Inicio rápido de Windows: Fast Startup

Para activarlo (si no lo tienes ya):

  • Abre el Panel de control > Hardware y sonido > Opciones de energía.
  • Haz clic en «Elegir el comportamiento de los botones de inicio/apagado».
  • Pulsa en «Cambiar la configuración actualmente no disponible» si las opciones de abajo salen en gris.
  • Marca la casilla «Activar inicio rápido (recomendado)» y guarda los cambios.

De esta forma, apagar y encender el PC será más rápido. Ojo: si eliges «Reiniciar» en lugar de «Apagar», Windows hace un arranque completo, sin Fast Startup. También conviene, de vez en cuando, hacer un reinicio normal para vaciar la sesión y evitar que se queden arrastrando problemas.

Suspender e hibernar como atajos de velocidad

Si sueles usar el PC varias veces al día, puede ser más práctico dejarlo en suspensión o hibernación que apagarlo del todo. No arregla el problema de fondo, pero reduce brutalmente el tiempo hasta que lo tienes operativo.

En modo Suspender, el equipo baja el consumo al mínimo pero mantiene tu sesión en la memoria RAM. Reanuda casi al instante con sólo mover el ratón o tocar el teclado. Ideal si vas a dejar el ordenador parado un rato.

En modo Hibernar, el sistema guarda el contenido de la RAM en el disco y apaga el equipo. Al encender, restaura todo tal y como lo dejaste, aunque suele tardar un poco más que la suspensión, pero menos que un arranque en frío completo.

Eso sí, abusar de la suspensión eternamente sin reiniciar acaba pasando factura: la memoria no se vacía, los procesos se acumulan y tarde o temprano notarás que todo va más pesado. Úsalo como atajo cómodo, pero no como sustituto de reiniciar de vez en cuando.

Aplicaciones y procesos en segundo plano

Otra fuente clásica de lentitud son las aplicaciones que se ejecutan en segundo plano. Windows 10 y 11 traen una buena colección de apps UWP que se mantienen activas solo para mostrarte notificaciones o actualizaciones que muchas veces ni te importan.

Para dejar de alimentar tanto proceso inútil:

  • Abre Configuración > Aplicaciones > Inicio y revisa qué apps universales y programas normales arrancan con el sistema.
  • Desactiva las que no quieras tener siempre corriendo. Junto a cada una verás también el impacto en el arranque.
  • En versiones que lo permiten, entra en Configuración > Privacidad > Aplicaciones en segundo plano y deshabilita las que no necesitas que estén activas constantemente.

Además de ganar velocidad de arranque, reducirás consumo de RAM, CPU y, en portátiles, batería. Es un ajuste especialmente recomendable en equipos modestos.

Eliminar bloatware y apps UWP que no usas

Muchos PCs traen de serie programas de relleno del fabricante, pruebas de antivirus, juegos basura y mil utilidades que jamás vas a usar. Todo eso ocupa espacio, a veces se cuela en el inicio y suele actualizarse en segundo plano.

Para limpiar bien:

  • Abre Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones y características.
  • Revisa la lista completa de software instalado (Win32 y UWP).
  • Desinstala sin piedad todo lo que no uses o ni recuerdes haber abierto, salvo que sospeches que puede ser algo crítico de tu hardware.

Algunas apps nativas de Windows no se dejan borrar con el método normal porque están atadas a servicios del sistema y Microsoft las protege para no comprometer la estabilidad. En esos casos, como mucho podrás desactivarlas del inicio y esconder sus notificaciones.

Si quieres ir más a fondo, existen herramientas como Bloatware Removal Tool o desinstaladores avanzados de terceros. Úsalos con cabeza: cuanto menos software sobrante quede en el equipo, más ligero será el arranque y mejor responderá el sistema en general.

Ajustes avanzados en el registro para el retardo de inicio

Windows aplica por diseño un retardo al ejecutar algunos programas al iniciar, para repartir la carga. Podemos tocar ese comportamiento en el registro y dejar el retardo a cero, de forma que el sistema arranque más directo.

Es un ajuste para usuarios con un mínimo de cuidado: si haces algo raro en el registro puedes provocar fallos o inestabilidad, así que antes de nada exporta una copia (Archivo > Exportar en regedit, seleccionando “Todo”).

Los pasos básicos son:

  • Pulsa Windows + R, escribe regedit y confirma.
  • Navega hasta HKEY_LOCAL_MACHINE\SOFTWARE\Microsoft\Windows\CurrentVersion\Explorer\Serialize.
  • Si la clave Serialize no existe, créala con Nuevo > Clave.
  • Dentro, crea un Valor de DWORD (32 bits) llamado StartupDelayInMSec.
  • Ponle valor 0.

Con este cambio, el sistema reducirá el retraso artificial antes de lanzar ciertas aplicaciones de inicio, lo que en algunos equipos recorta unos buenos segundos. Tras aplicar la modificación, reinicia para comprobar resultados.

Actualizar controladores gráficos y sistema

Puede sonar raro, pero unos drivers de tarjeta gráfica corruptos o muy desfasados pueden afectar incluso al arranque. Desde pantallas en negro eternas hasta bloqueos justo después de poner la contraseña.

Para poner orden:

  • Clic derecho en el botón Inicio y entra en Administrador de dispositivos.
  • Busca el apartado Adaptadores de pantalla, clic derecho en tu gráfica y elige Actualizar controlador.
  • También puedes ir directamente a la web de tu fabricante (NVIDIA, AMD, Intel) y descargar la última versión estable.

Además, conviene revisar Windows Update desde Configuración > Actualización y seguridad > Windows Update para instalar parches de rendimiento y actualizaciones opcionales como drivers no críticos. Un sistema al día suele arrancar y funcionar mejor que uno con años de parches atrasados.

Comprobar si hay virus o malware

Si el PC se ha vuelto lento de repente al arrancar, no descartes una infección de malware. Hay códigos maliciosos que se enganchan al inicio para ejecutarse cada vez que enciendes el equipo, y eso puede bloquearlo todo.

  Cómo acceder al Panel de Control en Windows 10 de todas las formas posibles

Pasa un análisis completo, no solo rápido, con tu antivirus habitual o con Windows Defender si no tienes otro. Indica que revise todas las unidades y, si es posible, ejecuta también un análisis offline para cazar amenazas difíciles.

Si encuentras algo y lo eliminas, vuelve a medir el tiempo de arranque y comprueba si mejora. Muchas veces, simplemente limpiar el sistema de basura y virus devuelve una parte importante de la velocidad perdida.

Optimizar disco: desfragmentar HDD y liberar espacio

El tipo y estado de la unidad donde está instalado Windows influye muchísimo en el arranque. En discos duros mecánicos (HDD), la fragmentación de archivos hace que el cabezal tenga que saltar de un lado a otro para leer datos dispersos, algo que penaliza bastante la velocidad.

Si tu unidad del sistema es un HDD clásico:

  • Abre el Explorador de archivos y ve a «Este equipo».
  • Clic derecho sobre el disco del sistema (normalmente C:) y entra en Propiedades.
  • En la pestaña Herramientas, pulsa en Optimizar.
  • Selecciona el disco y dale a Optimizar para iniciar la desfragmentación.

El proceso puede tardar bastante según el tamaño y nivel de fragmentación, pero suele mejorar la velocidad de lectura y, por extensión, el inicio de Windows. También puedes programar la optimización automática.

Importante: si tu disco principal es un SSD, no desfragmentes. Windows ya aplica su propia optimización TRIM cuando toca, y forzar desfragmentaciones sólo consume ciclos de escritura y puede acortar la vida útil de la unidad.

Otro punto clave es el espacio libre. Windows necesita gigas de margen para usar memoria virtual y gestionar correctamente archivos temporales. Si el disco está prácticamente lleno, tanto el arranque como el rendimiento general se hunden.

Para ganar espacio:

  • Elimina programas que no uses.
  • Mueve fotos, vídeos y juegos pesados a un disco secundario, externo o a la nube.
  • Usa el Limpieza de disco o el liberador de espacio de Windows para quitar archivos temporales.

Cambiar el disco duro por un SSD

Si tu ordenador sigue con un disco duro mecánico como unidad principal, estás perdiendo muchísimo rendimiento. Pasar Windows a un SSD es probablemente el cambio que más se nota en el día a día, especialmente en el arranque.

En muchos casos, puedes pasar de arranques de casi un minuto a apenas 10 segundos, incluso menos, sin tocar nada más de la configuración. Hoy en día hay SSD SATA de 240-256 GB muy baratos que son más que suficientes para el sistema y tus programas habituales.

La operativa básica sería:

  • Instalar físicamente el SSD (mismo conector SATA y alimentación que un HDD en sobremesa o bahía en portátil).
  • Clonar el disco antiguo al nuevo con herramientas como Macrium Reflect, o aprovechar para instalar Windows desde cero y empezar limpio.
  • Configurar en la BIOS/UEFI el SSD como primer dispositivo de arranque.

Si tu placa y tu equipo lo soportan, un SSD NVMe multiplicará aún más las velocidades, aunque para notar la mejora en el arranque con uno SATA ya vas sobrado. El viejo HDD puedes reutilizarlo como disco secundario para datos o copias de seguridad.

Configurar el firmware BIOS/UEFI para arrancar más rápido

El arranque de Windows no empieza hasta que la BIOS o la UEFI ha hecho sus comprobaciones. Si el firmware se tira 20 o 30 segundos haciendo tests que no necesitas, estás perdiendo tiempo antes incluso de que aparezca el logo de Windows.

En placas modernas con UEFI suele haber una opción llamada Fast Boot o Arranque rápido. Al activarla, el sistema omite ciertas pruebas de memoria y dispositivos que son redundantes en un equipo estable.

Los pasos, en general, son:

  • Reiniciar y entrar en la BIOS/UEFI (tecla Supr, F2, F10… depende del fabricante).
  • Buscar en las opciones avanzadas la función Fast Boot / Arranque rápido y activarla.
  • Aprovechar para revisar el orden de arranque y poner primero el disco o SSD donde está Windows.

Ten en cuenta que, si alguna vez el equipo empieza a dar errores raros al iniciar, quizá tengas que desactivar Fast Boot temporalmente o resetear la UEFI para ver qué está fallando. Pero en un PC normal, esto te rasca unos segundos de arranque «gratis».

Reducir el tiempo del menú de arranque

Si tienes varios sistemas operativos instalados o has reinstalado Windows sin formatear, puede que veas un menú que te deja elegir sistema durante unos segundos. Ese retardo también se puede ajustar.

Para reducir ese tiempo o quitarlo:

  • Clic derecho en Inicio y entra en Sistema.
  • En la parte derecha, pulsa en Información del sistema (si procede) y luego en Configuración avanzada del sistema.
  • En la pestaña Opciones avanzadas, dentro de «Inicio y recuperación», pulsa en Configuración.
  • Ajusta el tiempo de «Mostrar la lista de sistemas operativos» (mínimo 3 segundos) o desmarca la opción si no necesitas ver ese menú.

Con esto, Windows no se quedará esperando más de la cuenta en esa pantalla y saltará antes al sistema por defecto.

Ajustes del sistema: aspecto, notificaciones y Cortana

En equipos con recursos justitos, la apariencia también cuenta. Las animaciones, transparencias y efectos visuales consumen RAM y CPU, y aunque no afectan brutalmente al arranque, sí ayudan a que todo se sienta más fluido nada más entrar al escritorio.

Puedes recortar efectos desde:

  • Panel de control > Sistema > Configuración avanzada del sistema.
  • Pestaña Opciones avanzadas, sección Rendimiento, botón Configuración.
  • Marca «Ajustar para obtener el mejor rendimiento» o personaliza quitando animaciones y transparencias.

También es buena idea desactivar los «consejos» y notificaciones de Windows que analizan el sistema en segundo plano. Desde Configuración > Sistema > Notificaciones puedes desmarcar mensajes de bienvenida, trucos y sugerencias que no aportan nada y sí consumen recursos.

En cuanto a Cortana, el viejo asistente de voz de Microsoft, en muchas versiones domésticas ya está discontinuado. Si aún te aparece y no lo usas, desactiva su ejecución al iniciar desde la configuración de su propia app para ahorrar algo de carga.

  Seguridad tecnológica en empresas: guía completa para proteger tu negocio

Por último, si eres el único usuario del PC de sobremesa y no te preocupa la seguridad local, puedes configurar que Windows entre directamente sin pedir contraseña usando netplwiz y quitando la obligación de escribir usuario y clave al arrancar. Menos pasos, menos tiempo, aunque con la lógica pérdida de seguridad.

Gestionar cuentas de usuario y recursos del sistema

Tener varias cuentas locales o de Microsoft en la misma máquina es útil en entornos compartidos, pero cada perfil ocupa espacio, añade configuraciones y puede influir en la carga inicial. Si hay usuarios que ya no se usan, puedes eliminarlos desde Configuración > Cuentas (siendo administrador).

Además, te interesa revisar software como OneDrive u otros clientes de sincronización. Si no los usas, deshabilítalos del inicio o incluso bloquea su uso desde el Editor de directivas de grupo local (gpedit.msc en ediciones que lo traen) para evitar que se enlacen al arranque y a cada sesión.

En equipos antiguos, cualquier proceso que se coma un trozo de CPU o varios cientos de MB de RAM desde el principio se nota. Cuanto más limpio esté el inicio, más holgado estará el sistema para cargar lo que sí necesitas nada más encender.

Herramientas de terceros para acelerar el arranque

Si no te apetece ir menú por menú, o quieres un control más fino sin bucear en mil ventanas, hay utilidades pensadas justo para gestionar el arranque y optimizar ciertos parámetros de rendimiento.

Algunas de las más conocidas son:

  • Autorun Organizer: muy centrada en el inicio de Windows, muestra todos los programas y servicios que se ejecutan al arrancar, permite deshabilitar, eliminar o retrasar su ejecución y ofrece estadísticas de cuánto tiempo añaden al arranque. Incluso puede aplicar retrasos para que los programas pesados no se abran todos a la vez.
  • Ashampoo WinOptimizer: suite de mantenimiento con múltiples módulos, entre ellos «StartUp Tuner», que facilita limpiar aplicaciones de inicio, eliminar restos, ajustar opciones de rendimiento y dejar el sistema más ligero.
  • Advanced SystemCare (IObit): paquete de optimización general que incluye una función de «Optimizar inicio». Analiza servicios y procesos, recomienda qué desactivar e incorpora mejoras en tiempo real, aunque suele residir en segundo plano para darte consejos.
  • Glarysoft Startup Manager, Argente Autorun, Starter: herramientas especializadas en listas de arranque, miden el impacto de cada entrada, permiten activar/desactivar y retrasar procesos y en algunos casos muestran tareas programadas y servicios junto con recomendaciones.

Úsalas como apoyo, sabiendo que ninguna hace magia más allá de lo que ya se puede hacer desde Windows. Evita «aceleradores» milagro que prometen duplicar la velocidad con un clic y desconfía de cualquier programa que se dedique a tocar el registro sin explicarte qué cambia.

Acelerar también el apagado de Windows

Tener un buen arranque está muy bien, pero si al apagar el equipo te pasas medio minuto mirando la pantalla de «Apagando…», la sensación de lentitud vuelve. Hay ajustes para recortar ese tiempo sin tener que desenchufar el PC a lo bruto.

Una forma rápida es crear un acceso directo con un comando de apagado inmediato:

  • Clic derecho en el escritorio > Nuevo > Acceso directo.
  • En la ubicación, escribe: %windir%\System32\shutdown.exe /s /t 0.
  • Ponle nombre (por ejemplo, «Apagar rápido»).

Al hacer doble clic, el sistema se apagará sin esperas adicionales. Úsalo cuando sepas que no tienes documentos sin guardar, porque no pregunta.

Otro foco de retrasos son las actualizaciones automáticas. Windows a veces decide instalar parches justo cuando apagas, y eso alarga el proceso. Puedes desactivar temporalmente las actualizaciones automáticas desde el servicio Windows Update (services.msc) o pausar las actualizaciones desde la propia configuración. Eso sí, no dejes el sistema eternamente sin actualizar por seguridad.

También hay pequeños retoques en el registro que hacen que Windows cierre automáticamente aplicaciones colgadas o reduzca el tiempo de espera de los servicios al apagar, como:

  • Crear el valor de cadena AutoEndTask = 1 en HKEY_USERS\.DEFAULT\Control Panel\Desktop para forzar el cierre de programas.
  • Ajustar el valor WaitToKillServiceTimeout en HKEY_LOCAL_MACHINE\SYSTEM\CurrentControlSet\Control a un número menor (en milisegundos) para que no se eternice esperando a servicios que no responden.

Y, por supuesto, cierra manualmente las aplicaciones pesadas antes de apagar. Ayudas al sistema, evitas perder trabajo sin guardar y acortas el apagado sin necesidad de trucos.

Combinando la limpieza de programas de inicio, el control de servicios, el uso inteligente de Fast Startup, la eliminación de bloatware, el ajuste de efectos visuales, la optimización o sustitución del disco por un SSD y, cuando toque, un buen formateo y reinstalación limpia, un PC que parecía condenado a arrancar a pedales puede volver a encenderse en cuestión de segundos y funcionar de forma mucho más fluida, alargando su vida útil sin tener que correr a por un ordenador nuevo.

como acelerar Windows lento desactivando efectos visuales y programas de inicio
Artículo relacionado:
Cómo acelerar Windows lento desactivando efectos visuales y programas de inicio