Cómo acelerar la copia de archivos en Windows con trucos y herramientas

Última actualización: 18 de febrero de 2026
  • Mejora la velocidad de copia combinando atajos de teclado y una buena organización de archivos.
  • Aprovecha el hardware adecuado: SSD, puertos USB 3.0 y unidades formateadas en NTFS.
  • Refuerza el rendimiento con herramientas avanzadas como Robocopy, FastCopy, TeraCopy y Ultracopier.
  • Verifica la integridad y automatiza copias grandes para trabajar con más seguridad y eficiencia.

Copia de archivos rápida en Windows

Si alguna vez has tenido que mover o copiar una carpeta enorme en Windows, seguro que sabes lo desesperante que puede ser ver la barra de progreso avanzar a paso de tortuga. Ya sea para pasar fotos, documentos del trabajo o hacer una copia de seguridad, el tiempo que tardan las transferencias puede romperte el ritmo.

La buena noticia es que, aunque Windows hace muchas cosas bien, la copia de archivos se puede acelerar bastante si sabes qué tocar: desde usar los atajos adecuados y elegir bien el hardware, hasta apoyarte en herramientas avanzadas como FastCopy, TeraCopy o el mítico Robocopy. Aquí tienes una guía completa, pensada para usuarios de todos los niveles, para que le saques el máximo partido a cada copia de archivos.

Atajos de teclado para copiar y mover archivos a toda pastilla

Uno de los trucos más sencillos y efectivos es dominar los atajos de teclado de copiar, cortar y pegar, porque evitas estar haciendo clic derecho y navegando por menús todo el rato. Son los mismos de siempre, pero usarlos de forma sistemática marca una diferencia enorme en comodidad.

En el Explorador de archivos, en el escritorio o incluso en aplicaciones como Word o tu navegador, basta con seleccionar el archivo, carpeta o texto y usar estas combinaciones de teclas:

  • Ctrl + C: copia el elemento seleccionado y lo deja en el portapapeles. El original permanece en su sitio y, al pegar, obtienes una copia adicional en la carpeta de destino.
  • Ctrl + X: corta el archivo. También lo guarda en el portapapeles, pero cuando lo pegas, el fichero se mueve a la nueva ubicación y desaparece de la carpeta original.
  • Ctrl + V: pega el contenido del portapapeles donde estés. Es la combinación que completa la operación de copiado o movimiento.

Estos atajos no solo sirven para ficheros: también funcionan con texto, imágenes y enlaces en casi cualquier programa. Si te acostumbras a usarlos siempre y repasas una guía de atajos de teclado, notarás que organizar archivos, copiar textos o mover documentos entre carpetas es mucho más ágil.

Otro detalle que viene muy bien en el día a día es combinar estos atajos con el buscador del Explorador o del menú Inicio para encontrar rápido un archivo, seleccionarlo y copiarlo sin apenas usar el ratón. Parece una tontería, pero cuando lo interiorizas, tu forma de trabajar cambia por completo.

Selección rápida de archivos con el ratón y teclas modificadoras

Cuando tienes que copiar o mover muchos ficheros a la vez, no basta con saber copiar y pegar: es clave dominar los trucos de selección múltiple con el ratón, sobre todo cuando en una misma carpeta hay cosas que quieres y cosas que no.

En Windows puedes combinar el ratón con ciertas teclas para elegir con precisión qué archivos incluir en la copia sin volverte loco:

  • Control (Ctrl) + clic izquierdo: te permite seleccionar varios archivos salteados. Pulsas Ctrl, haces clic en cada archivo o carpeta que te interese, y todos se irán marcando sin perder la selección anterior.
  • Mayúsculas (Shift) + clic: sirve para seleccionar un rango. Haces clic en el primer archivo, mantienes pulsada Mayúsculas y haces clic en el último; Windows selecciona también todo lo que hay entre medias.

Una vez que tengas marcada la selección que quieres, ya puedes usarla con los atajos Ctrl + C, Ctrl + X y Ctrl + V, o arrastrar y soltar a otra carpeta o unidad. Este tipo de selección mixta es una forma muy sencilla de ganar tiempo cuando gestionas muchas fotos, música o documentos.

Además, conviene recordar que el Explorador de archivos permite cambiar el tipo de vista (iconos grandes, lista, detalles, etc.), lo que te puede facilitar mucho distinguir qué quieres copiar y evitar errores al seleccionar grandes cantidades de archivos; si necesitas más ideas para mantener el orden, consulta cómo organizar archivos en tu PC.

Mejora la velocidad con USB 3.0 en discos y memorias externas

Puertos USB rápidos para copiar archivos

Si sueles mover archivos entre tu PC y memorias USB o discos externos, el factor que más notarás es el tipo de puerto: no es lo mismo usar USB 2.0 que USB 3.0. Aunque Windows haga lo que puede, el límite físico lo marca el hardware.

Los pendrives y discos externos con USB 3.0 (o superior) se reconocen enseguida porque la parte interna del conector suele ser de color azul o porque llevan el símbolo “SS” de SuperSpeed. Estos dispositivos permiten velocidades de transferencia muy superiores a los antiguos USB 2.0, algo que se nota especialmente al copiar varios gigas de datos.

Para aprovecharlo de verdad, necesitas que tanto el dispositivo como el puerto del ordenador sean 3.0 o superior. De poco sirve enchufar un pendrive 3.0 en un puerto viejo 2.0, porque todo irá a la velocidad del más lento. Del mismo modo, si tienes un disco externo con electrónica interna antigua, cambiar solo el cable por uno 3.0 no hará milagros.

Hoy en día los USB 3.0 y muchos discos externos rápidos son bastante asequibles, así que actualizar esos pendrives prehistóricos que llevas años usando puede darte un salto enorme de velocidad sin gastar demasiado; otra opción es elegir un buen disco duro externo que aproveche mejor las conexiones modernas.

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También conviene procurar que el dispositivo esté conectado directamente al PC y no a través de hubs baratos o alargadores dudosos, ya que eso puede introducir cuellos de botella y cortes en la transferencia.

Pásate a unidades SSD para copias dentro del propio PC

Cuando las copias se hacen entre carpetas del mismo ordenador, el protagonista absoluto es el tipo de disco. Los HDD mecánicos de toda la vida tienen piezas móviles y su velocidad de lectura/escritura suele moverse entre 50 y 150 MB/s, mientras que los SSD modernos suelen llegar fácilmente a 200-550 MB/s e incluso más en el caso de los NVMe.

Esto significa que, si sigues teniendo un disco duro tradicional como unidad principal, cambiarte a un SSD es probablemente la mejor inversión que puedes hacer para acelerar Windows, no solo en la copia de archivos, sino en todo: arranque del sistema, apertura de programas, carga de juegos, etc. Si notas que el equipo va lento antes de migrar, pasa por un diagnóstico de un PC lento para confirmar cuellos de botella.

Lo ideal es instalar el sistema operativo en un SSD y usarlo como disco principal para los archivos y carpetas que más utilizas. De esta forma, cuando copies o muevas datos dentro de esa unidad, las transferencias serán sensiblemente más rápidas que en un HDD.

Si tienes un SSD y un HDD a la vez, una buena estrategia es guardar en el SSD los proyectos activos, documentos importantes o bibliotecas que mueves a menudo, y reservar el HDD para almacenamiento masivo de cosas que apenas tocas (copias antiguas, películas, etc.), asumiendo que lo que esté en el disco mecánico siempre se moverá más despacio.

Además de la velocidad, los SSD son más resistentes a golpes al no tener partes móviles, lo que aumenta la seguridad de tus datos. Y si combinas un SSD interno rápido con un buen USB 3.0 externo, las copias entre ambos pueden ir francamente fluidas.

Cambia el sistema de archivos a NTFS para evitar límites y cuellos de botella

Otro factor menos visible, pero muy importante, es el sistema de archivos de tus unidades. Muchas memorias USB y discos externos vienen formateados en FAT32, un formato antiguo con una gran pega: no admite archivos individuales de más de 4 GB.

Si sueles manejar vídeos grandes, copias de seguridad o archivos muy pesados, conviene usar NTFS en lugar de FAT32. NTFS es el sistema de archivos moderno de Windows y permite ficheros de mucho mayor tamaño, mejor gestión de permisos, mayor fiabilidad y opciones de recuperación.

Al convertir una unidad a NTFS, evitas el clásico error que aparece cuando intentas copiar un archivo grande y Windows te dice que no cabe aunque tengas espacio libre de sobra. Además, NTFS maneja mejor grandes cantidades de archivos y carpetas, algo muy útil en discos externos que uses a diario.

Antes de cambiar el sistema de archivos, es importante hacer copia de seguridad de todo, ya sea porque vas a reformatear o por si algo va mal durante la conversión. Si te interesa el proceso desde la línea de comandos, consulta comandos para CMD. Una vez todo esté en NTFS, las transferencias de datos suelen ser más fluidas y menos problemáticas.

Si trabajas en varios sistemas operativos (por ejemplo, Windows y macOS o Linux), debes tener en cuenta la compatibilidad. Aun así, si tu entorno es principalmente Windows, apostar por NTFS es casi obligado para trabajar con archivos grandes sin dolores de cabeza.

Usa compresión de archivos para mover grandes volúmenes más rápido

Cuando tienes que transferir miles de archivos pequeños o un montón de carpetas desordenadas, una técnica muy útil es comprimir todo en uno o varios ficheros y copiar solo esos. No siempre reduce el tiempo de copia de manera brutal, pero sí puede hacer la operación mucho más manejable.

Windows incluye la opción de crear carpetas comprimidas en formato ZIP desde el menú “Enviar a > Carpeta comprimida (zip)”. Esto permite agrupar muchos archivos en uno solo y, en muchos casos, reducir el tamaño total, lo que puede agilizar la transferencia, especialmente si hay que subirlos a la nube o enviarlos por red.

Si quieres algo más avanzado, programas como WinRAR o 7-Zip añaden opciones para elegir el nivel de compresión, dividir un archivo grande en varias partes, proteger con contraseña o usar formatos como RAR o 7z, que pueden comprimir más que ZIP en ciertos casos.

La idea es sencilla: en lugar de copiar miles de ficheros uno a uno (lo que genera muchas operaciones de lectura y escritura), comprimes primero, copias el archivo comprimido y luego descomprimes en destino. Eso puede ahorrar tiempo y, desde luego, reduce el caos.

Es importante tener en cuenta que la compresión también consume CPU y tiempo, así que no siempre es la opción más rápida para archivos ya muy comprimidos (como vídeos o música). Aun así, para documentos, imágenes sin comprimir o estructuras de carpetas enormes, suele dar muy buen resultado.

Organiza tus archivos y evita saturar el sistema durante las copias

Más allá del hardware y las herramientas, una buena organización interna hace que todo vaya más rápido. Si tienes tus datos clasificados en carpetas lógicas por tipo o proyecto, localizar lo que quieres copiar es mucho más fácil y evitas mover cosas innecesarias.

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Una práctica recomendable es dividir tus contenidos entre distintas unidades según su uso: por ejemplo, SSD para trabajo diario y HDD para archivo, o incluso tener varias particiones para separar datos personales de datos profesionales. Así las copias entre unidades también pueden estar más controladas.

Otro consejo sencillo es no forzar el sistema mientras está copiando grandes cantidades de información. Si lanzas varias copias simultáneas o te pones a hacer tareas pesadas al mismo tiempo, Windows tiene que repartir recursos y las velocidades se pueden venir abajo, especialmente en discos mecánicos.

Cuando tengas una transferencia importante, intenta cerrar programas que estén haciendo uso intensivo del disco (descargas, editores de vídeo, máquinas virtuales, etc.) y evita iniciar otras copias en paralelo. Si dudas de qué procesos están consumiendo recursos, abre el Administrador de tareas para identificarlos y cerrarlos.

Por último, mantener los discos con suficiente espacio libre y realizar tareas básicas de mantenimiento (como revisar el estado del hardware y comprobar errores de sistema de archivos) ayuda a que las operaciones de lectura y escritura no se vuelvan excesivamente lentas con el paso del tiempo. Si te falta espacio, aprende a liberar espacio en Windows antes de grandes transferencias.

Robocopy: el comando potente para copias grandes y complejas

Para usuarios que no le tienen miedo a la consola, Windows incluye una herramienta nativa muy potente llamada Robocopy (Robust File Copy). Está pensada para copiar grandes cantidades de datos, ya sea en local o a través de la red, con un control muy fino sobre cómo se realiza la operación.

Robocopy se ejecuta desde el Símbolo del sistema o PowerShell. Si escribes simplemente robocopy, verás un listado de parámetros disponibles. Para ver toda la ayuda detallada y sus opciones, puedes usar el comando:

robocopy /?

Un ejemplo típico para copiar todo el contenido de una ruta a otra, saltando carpetas vacías, permitiendo reanudar en caso de corte y usando varios subprocesos en paralelo podría ser:

Robocopy "RUTA_ORIGEN" "RUTA_DESTINO" /s /b /v /R:1 /W:1 /MT:4

En este comando, /s copia subcarpetas pero omite las vacías, /b utiliza el modo de copia de seguridad (útil para reanudar si se interrumpe la conexión), /v muestra detalles de la transferencia, /R:1 indica que solo reintentará una vez en caso de error, /W:1 marca que esperará un segundo entre reintentos y /MT:4 activa 4 hilos en paralelo para enviar varios archivos a la vez.

Si quieres profundizar en los comandos de consola y trucos para automatizar estos procesos, revisa esta guía de .

Este tipo de comandos es especialmente útil para copias de seguridad programadas, sincronización de carpetas grandes o traspasos de datos entre servidores o equipos de red. Además, puedes guardar el comando en un archivo por lotes (.bat) y ejecutarlo con doble clic cuando lo necesites.

Robocopy no es la opción más amigable para usuarios muy novatos, pero si tienes cierto manejo con la consola, te permite hacer cosas que el Explorador de Windows no ofrece, todo ello sin instalar programas adicionales.

FastCopy: acelerando copias al máximo dentro de Windows

Entre las herramientas de terceros, una de las más valoradas para Windows es FastCopy, un programa gratuito (con versión Pro de pago) que lleva años siendo una referencia para acelerar la copia y el movimiento de ficheros.

FastCopy ha sido diseñado para aprovechar cada milisegundo de rendimiento del SSD, HDD o unidad externa. Mientras el Explorador de Windows usa un sistema de copia bastante básico, FastCopy aplica técnicas avanzadas como I/O multihilo, I/O solapado (Overlapped I/O) y acceso directo (Direct I/O), evitando el uso innecesario de la caché del sistema.

En la práctica, esto se traduce en que, mientras Windows está escribiendo un bloque de datos en el destino, FastCopy ya está leyendo el siguiente bloque del origen, lo que acerca la velocidad de copia al límite real del dispositivo. En pruebas reales, puede conseguir incrementos de entre un 20 y un 30% de velocidad frente al Explorador, algo que se nota muchísimo cuando hablamos de gigas y gigas de información.

Otra ventaja es que está programado directamente sobre la API Win32 sin componentes pesados de Microsoft, por lo que es muy ligero y apenas consume recursos. Su ejecutable de 64 bits apenas ocupa alrededor de un mega y poco, ideal incluso para equipos modestos.

FastCopy no se limita al clásico copiar/pegar: ofrece varios modos de operación como Diff, Overwrite, Move, Delete, Sync o Backup, además de verificación de integridad tras la copia. Esta verificación compara byte a byte el archivo original con el copiado para asegurarse de que no ha habido errores, algo clave en copias de seguridad importantes.

El programa también incluye un gestor de tareas que evita que varias copias simultáneas se pisen entre sí. En lugar de ralentizarlo todo cuando copias desde varios orígenes, FastCopy pone los trabajos en cola y los ejecuta de forma secuencial, manteniendo velocidades más estables y tiempos de finalización más predecibles.

FastCopy gratis vs FastCopy Pro: qué aporta cada versión

La versión básica de FastCopy es gratuita para uso personal y suele ser más que suficiente para la mayoría de usuarios domésticos. Permite copiar y mover archivos más rápido, verificar integridad, gestionar colas y se integra con el menú contextual de Windows (clic derecho) para que puedas lanzarlo sin ni siquiera abrir la interfaz.

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Para entornos más exigentes, sobre todo a nivel profesional o empresarial, existe FastCopy Pro, una edición de pago con funciones adicionales. Entre ellas destaca “Perfect Verify”, un modo de verificación más exhaustivo que busca no solo coincidencia de datos, sino posibles casos de “Silent Data Corruption”, es decir, errores silenciosos que el sistema operativo podría no detectar.

FastCopy Pro también incluye modos adicionales de operación como “Exist (Size/date)” y “Exist (Newer)”, muy útiles para sincronizaciones avanzadas o copias incrementales, donde solo quieres copiar lo que ha cambiado. Este tipo de funciones son especialmente interesantse cuando cada bit cuenta y no puedes permitirte pérdidas de datos.

Ambas versiones pueden descargarse desde la página oficial del proyecto. Si eres un usuario doméstico que solo quiere acelerar sus copias pesadas, la edición gratuita te va a ir sobrada. La Pro tiene más sentido en empresas o en escenarios donde la integridad absoluta es crítica.

En cualquier caso, si estás acostumbrado al rendimiento del Explorador de Windows, probar FastCopy es casi obligatorio: es de esas utilidades que, una vez las pruebas, se quedan instaladas para siempre en tu sistema.

TeraCopy, Ultracopier y otras alternativas para copiar más rápido

Aunque FastCopy es una opción muy popular, no es la única. Existen otras herramientas como TeraCopy y Ultracopier que también están pensadas para mejorar la experiencia de copia frente a la función estándar de Windows.

TeraCopy se integra casi de forma transparente con el sistema. Una vez instalado, cuando seleccionas archivos en el Explorador, eliges copiar y vas a pegarlos, puede aparecer una ventana preguntando si quieres usar TeraCopy o el Explorador de Windows. Si eliges TeraCopy, seleccionas la carpeta de destino, confirmas y la herramienta se encarga de gestionar la operación.

Su principal atractivo es su interfaz amigable y la capacidad de reanudar copias interrumpidas, gestionar errores y verificar archivos de manera bastante cómoda para el usuario medio. Además, se puede configurar para reemplazar por completo al sistema de copia de Windows.

Ultracopier funciona de forma similar, colocándose en la barra de tareas cerca del reloj del sistema. Desde su icono puedes abrir un menú para agregar nuevas operaciones de copiar o mover, eligiendo directorio de origen y carpeta de destino. Al iniciar la copia, controlas desde una ventana dedicada todo el proceso, con opciones para pausar, reanudar y gestionar colisiones de archivos.

Ambas herramientas incluyen prestaciones orientadas a usuarios que copian y mueven grandes volúmenes de datos con frecuencia, y que quieren tener un control más fino sobre la transferencia que el que ofrece el Explorador. Eso sí, lo ideal es no tenerlas todas instaladas a la vez, porque pueden entrar en conflicto; lo recomendable es probar una, y si no te convence, desinstalarla y probar otra.

Cómo integrar y configurar FastCopy para usarlo con el menú contextual

Aunque FastCopy se puede ejecutar directamente desde su archivo .exe, para hacerlo realmente cómodo conviene integrarlo con el menú contextual de Windows, de modo que puedas lanzarlo con un clic derecho sobre cualquier archivo o carpeta.

Tras descargar y abrir FastCopy (preferiblemente con “Ejecutar como administrador”), puedes ir al menú “Extensiones > Extensión de Shell” y marcar las casillas correspondientes a las acciones que quieres ver al hacer clic derecho: Copiar, Mover, Eliminar, etc. De este modo, al seleccionar uno o varios archivos en el Explorador y pulsar el botón derecho, aparecerán nuevas opciones como “Copiar (FastCopy)”.

Cuando eliges una de estas opciones, se abre la ventana principal de FastCopy con la fuente ya configurada con la ruta completa de los elementos seleccionados. Solo tienes que indicar el directorio de destino, escoger el modo deseado (copiar, sincronizar, etc.) y pulsar para iniciar la operación.

Este flujo es muy ágil porque no necesitas arrastrar ni buscar rutas a mano: todo se integra con el Explorador de Windows. Además, como FastCopy permite pausar, reanudar y limitar la velocidad de la copia, puedes adaptarlo a lo que estés haciendo en cada momento, reduciendo el impacto sobre el rendimiento general del sistema.

Una vez te acostumbras a tener estas opciones extra en el menú contextual, es bastante probable que uses cada vez menos la función de copia estándar de Windows, sobre todo en tareas de gran volumen o de cierta importancia.

En conjunto, con buenos atajos de teclado, una correcta selección de archivos, hardware moderno (SSD y USB 3.0), un sistema de archivos adecuado y herramientas como Robocopy, FastCopy, TeraCopy o Ultracopier, copiar y mover archivos en Windows deja de ser una espera eterna y se convierte en un proceso mucho más llevadero y eficiente.

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