- La lentitud de Ubuntu suele ser la suma de procesos en segundo plano, falta de limpieza y configuraciones poco optimizadas.
- Ajustar arranque, memoria (swap, zram, swappiness) y entorno gráfico aporta grandes mejoras incluso en hardware antiguo.
- Limpiezas periódicas, control del navegador y monitorización de procesos son clave para mantener el rendimiento a largo plazo.
Si tu equipo con Ubuntu tarda una eternidad en arrancar, se atasca al abrir el navegador o parece que arrastra los pies al cambiar de ventana, no es solo un capricho técnico: estás perdiendo tiempo real de tu vida esperando a que el sistema responda. Esa sensación de “Ubuntu va lento” es, en el fondo, una pérdida de control sobre tu propio hardware.
Optimizar Ubuntu para que deje de ir lento no es una tarea opcional reservada a frikis de la terminal, es una forma muy práctica de exprimir al máximo el ordenador que ya tienes y de plantarle cara a la obsolescencia programada sin gastarte un euro en hardware nuevo. Con unos cuantos ajustes bien pensados puedes transformar un Ubuntu perezoso en una máquina ágil, incluso en equipos con varios años encima.
Por qué Ubuntu se vuelve lento con el tiempo

La mayoría de las veces, un Ubuntu lento no se debe a una única causa concreta, sino a la suma de pequeños factores que se van acumulando: programas que se cargan al inicio sin que te des cuenta, servicios en segundo plano, archivos residuales, configuraciones poco optimizadas… Todo eso va erosionando el rendimiento día a día.
Cada aplicación que instalas deja rastro en el sistema y muchas añaden procesos en segundo plano que se quedan funcionando incluso cuando no tienes la ventana abierta. Clientes de sincronización en la nube, actualizadores automáticos, servicios de impresión, demonios varios… En una instalación fresca puedes rondar los 150-200 procesos; tras meses de uso, esa cifra puede duplicarse sin problema.
Cuantos más procesos activos haya, menos memoria RAM queda libre para lo que de verdad usas y más trabajo tiene la CPU cambiando de contexto entre tareas. Si a eso le sumas un navegador con 15 pestañas, alguna aplicación pesada y un escritorio exigente, el resultado es un sistema a trompicones.
También influyen los archivos y paquetes que se acumulan con el tiempo: cachés antiguas de APT, paquetes huérfanos que ya no son necesarios, configuraciones de programas que desinstalaste hace meses, miniaturas de imágenes que nunca se limpian… Todo eso ocupa espacio y complica las lecturas y escrituras en disco, algo especialmente crítico en discos mecánicos y equipos con poca RAM.
Cuando la memoria se queda corta, Ubuntu recurre más a la swap (memoria de intercambio en disco), que es muchísimo más lenta que la RAM física. En hardware antiguo o con 2-4 GB de RAM, este efecto se nota enseguida: el sistema empieza a “pensar” antes de abrir cada ventana.
Top 3 acciones rápidas si tu Ubuntu va muy lento
Si vas justo de tiempo y solo quieres un chute rápido de rendimiento, hay tres maniobras muy sencillas que suelen dar un impacto inmediato en la mayoría de equipos con Ubuntu:
1. Limpieza profunda del sistema con APT
Abre una terminal y ejecuta:
sudo apt autoremove && sudo apt autoclean && sudo apt clean
Con este combo eliminas paquetes huérfanos, versiones antiguas de paquetes descargados y limpias por completo la caché de APT. En sistemas que llevan meses sin mantenimiento puedes recuperar fácilmente varios gigas de espacio y aligerar las operaciones de lectura/escritura.
2. Quitar programas del arranque automático
Desde el menú de Ubuntu, entra en Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones al inicio (o busca “Aplicaciones al inicio” en el Dash). Revisa una a una las entradas y desactiva todo lo que no necesites desde el primer momento: clientes de correo, sincronización en la nube, suites ofimáticas, etc. Menos cosas cargando al principio significa un arranque mucho más rápido y menos RAM consumida de base.
3. Desinstalar bloatware y software que no usas
Abre el Centro de software de Ubuntu o Synaptic y localiza programas que nunca usas: juegos que venían de serie, herramientas duplicadas, clientes de mensajería que no necesitas… Para eliminarlos con todo su rastro puedes usar:
sudo apt remove --purge nombre-del-paquete
La opción –purge borra también archivos de configuración. Cada aplicación que quitas supone algo menos de espacio en disco y menos procesos potenciales en segundo plano, lo que ayuda a que el conjunto vaya más suelto.
Ajustes de arranque y servicios: controlando qué se carga
Más allá del pequeño repaso rápido, conviene dedicar unos minutos a revisar de forma crítica qué se lanza exactamente cuando enciendes el equipo. El tiempo de arranque es una métrica muy clara del estado de tu sistema.
En entornos GNOME puedes abrir de nuevo las Aplicaciones al inicio (también desde gnome-session-properties si usas Alt + F2) y analizar cada entrada. Muchos programas afines a la nube, sincronizadores de archivos, gestores de notas o de contraseñas se añaden al inicio sin pedir permiso. Pregúntate en cada caso si necesitas tenerlo abierto nada más arrancar o si lo puedes abrir manualmente cuando te haga falta.
Desactivar un servicio del arranque no significa desinstalarlo, simplemente dejas de regalarle memoria y CPU desde el minuto uno. En portátiles algo veteranos el recorte puede suponer varios segundos menos de arranque y una sensación de fluidez inmediata al llegar al escritorio.
En sistemas con Ubuntu 22.04 y derivadas se ha documentado también un problema de rendimiento ligado a la opción iommu en el arranque del kernel, especialmente en equipos Intel. Si notas cuelgues raros o un comportamiento muy torpe desde la llegada de esa versión, puedes probar a desactivar IOMMU para la CPU Intel desde GRUB.
Para ello, edita la configuración:
sudo nano /etc/default/grub
Localiza la línea donde aparece GRUB_CMDLINE_LINUX_DEFAULT y añade al final el parámetro:
intel_iommu=off
La línea quedaría algo así:
GRUB_CMDLINE_LINUX_DEFAULT="quiet splash intel_iommu=off"
Guarda los cambios, sal de nano y aplica la nueva configuración con:
sudo update-grub
sudo reboot
Tras reiniciar, en muchos equipos con esta combinación de hardware y versión del sistema se nota un comportamiento más fluido al gestionar periféricos y dispositivos.
Limpieza avanzada: cachés, temporales y BleachBit
Además de los comandos básicos de APT, hay herramientas y trucos extra para limpiar a fondo Ubuntu cuando va cada vez más pesado por culpa de archivos basura y residuos varios.
Una utilidad muy popular es BleachBit, disponible en los repositorios oficiales. Sirve para liberar caché de aplicaciones, borrar cookies, limpiar historiales del navegador, temporales, registros antiguos y más, con una interfaz sencilla.
Para instalarla abre la terminal y ejecuta:
sudo apt install bleachbit
BleachBit está disponible tanto para Linux como para Windows, no incluye adware ni spyware, admite más de 60 idiomas y permite incluso sobrescribir espacio libre en disco para que los archivos borrados no se puedan recuperar fácilmente. Dispone tanto de interfaz gráfica como de línea de comandos, de forma que puedes integrar limpiezas automáticas en scripts si te apetece afinar más.
Al abrir BleachBit por primera vez, verás una ventana de configuración inicial y una lista de categorías (navegadores, sistema, APT, etc.). Marca solo aquello que tengas claro que quieres limpiar y pulsa en “Limpiar”. Algunas opciones son muy agresivas (por ejemplo, ciertas entradas de configuración), así que lee bien cada descripción antes de activar casillas.
Además de BleachBit, hay acciones de limpieza manual que conviene conocer. Por ejemplo, puedes eliminar la caché local de usuario y las miniaturas antiguas desde la terminal:
sudo rm -rf ~/.cache
sudo rm -rf ~/.thumbs (en muchas distros modernas es ~/.thumbnails)
Ten en cuenta que al borrar la caché algunas aplicaciones tardarán un poco más en abrir la primera vez mientras regeneran esa información, pero a cambio eliminas datos viejos que ya no aportan nada. Combina esta limpieza con:
sudo apt autoclean && sudo apt clean && sudo apt autoremove
y tendrás el sistema bastante más despejado, reduciendo así la carga de disco y los posibles cuellos de botella.
Gestionar el espacio en disco: Analizador de discos y paquetes instalados
Cuando Ubuntu va lento y el disco está casi lleno, lo primero es entender qué está ocupando realmente el espacio. Para eso, la herramienta integrada “Analizador de discos” (a veces llamada “Uso de disco”) viene de lujo.
Búscala en el menú de aplicaciones y ejecútala. Selecciona el disco o la carpeta que quieras revisar y espera a que complete el análisis. Verás una representación gráfica donde se muestra qué directorios y archivos están acaparando más gigas. Esto permite localizar rápidamente copias de seguridad olvidadas, carpetas de descargas gigantes, máquinas virtuales y otros “monstruos” del almacenamiento.
Una vez sepas dónde está el problema, puedes borrar archivos manualmente desde el gestor de archivos o desde la terminal. Si sospechas que tienes demasiados paquetes instalados que ya no utilizas, puedes listar todo lo que hay en el sistema con:
apt list --installed | less
Navega con las flechas y busca nombres concretos con la tecla /. Cuando identifiques paquetes innecesarios, elimínalos con:
sudo apt remove --purge nombre-del-paquete
De nuevo, lo ideal es tomárselo con calma y no borrar a lo loco componentes del sistema. Céntrate en programas de usuario, juegos que no tocas, herramientas de prueba, etc. Con eso ya ganarás bastante.
Cómo reducir el peso visual de Ubuntu y ajustar GNOME
El entorno de escritorio tiene un impacto enorme en la fluidez percibida. GNOME ofrece un aspecto moderno y pulido, pero sus animaciones y efectos gráficos pueden resultar pesados en ordenadores antiguos o con gráficas modestas.
Un primer paso muy efectivo es instalar GNOME Tweaks (Retoques), disponible en la tienda de aplicaciones de Ubuntu:
sudo apt install gnome-tweaks
Al abrirlo, ve a la sección de Animaciones y desactívalas. También puedes ajustar la escala de la interfaz, reducir efectos de transparencia y modificar detalles visuales para que el entorno sea menos exigente. El escritorio quedará algo más “plano”, pero a cambio las ventanas se abrirán y moverán con mucha más soltura.
Si te animas a personalizar un poco más GNOME sin tocar la terminal, puedes tirar de la tienda de apps y de extensiones gráficas. En la App Store de Ubuntu (Ubuntu Software) tienes la herramienta Extension Manager, que centraliza todas las extensiones de GNOME de forma visual.
Instálala buscando “Extension Manager” (la app con icono de pieza de puzle azul creada por Matthew Jakeman). Una vez dentro podrás ver las extensiones preinstaladas y buscar nuevas. Algunas muy útiles para mejorar tu flujo de trabajo y la sensación de agilidad del sistema son:
- Dash to Panel: combina dock y barra superior en un único panel personalizable, similar a Windows.
- Workspace Indicator: muestra claramente el escritorio de trabajo activo y facilita saltar entre espacios.
- ArcMenu: añade un menú de aplicaciones al estilo Windows o clásico, más directo que el dock estándar.
- Tray Icons: Reloaded: recupera iconos de bandeja para apps que trabajan en segundo plano.
- Just Perfection: permite ocultar, modificar o desactivar elementos de la interfaz GNOME que no necesitas.
- GSConnect: integra el móvil con el escritorio (notificaciones, envío de archivos, control multimedia, etc.).
Activar solo las extensiones que realmente te aportan valor permite ajustar GNOME a tu gusto sin sobrecargarlo de adornos. Si notas que algo va peor tras instalar una extensión, basta con desactivarla desde el propio gestor.
Uso de memoria: swap, zram, zswap y ajustes de swappiness
La forma en que Ubuntu gestiona la memoria marca la diferencia, sobre todo si sueles abrir muchas pestañas del navegador, trabajar con IDEs pesados o hacer desarrollo de videojuegos. Aquí entran en juego conceptos como swap tradicional, zram y zswap.
La swap clásica es un archivo o partición en disco donde se vuelca parte de la memoria cuando la RAM se llena. Funciona, pero es lenta. Para mejorar esto existen técnicas como zram, que reserva una parte de la RAM como dispositivo de swap comprimida: cuando el sistema “satura”, en lugar de tirar directamente de disco, comprime datos en memoria, lo que suele ser más rápido que escribir en un HDD o incluso en muchas SSD.
En Ubuntu puedes activar zram con:
sudo apt install zram-config
Tras reiniciar, el sistema creará automáticamente dispositivos de zram para alivianar la carga. Muchos usuarios que hacen programación intensiva o desarrollo de juegos usan una combinación de, por ejemplo, 4 GB de zram con compresión lz4 (rápida) y una swap en disco más grande (8 GB o similar) como respaldo. Con esto, mientras la presión de memoria sea moderada, el sistema seguirá yendo fluido.
Otro parámetro clave es el swappiness, que indica cuán pronto el kernel empieza a usar swap en lugar de mantenerlo todo en RAM. El valor por defecto suele ser 60, pensado para servidores, pero para un escritorio es demasiado agresivo.
Para ver tu valor actual, ejecuta:
cat /proc/sys/vm/swappiness
Si es 60, probablemente te interese bajarlo a 10 o 15. De forma temporal puedes hacerlo con:
sudo sysctl vm.swappiness=10
Si quieres que sea permanente, edita el archivo de configuración del sistema:
sudo nano /etc/sysctl.conf
Añade al final:
vm.swappiness=10
Guarda y cierra. Para curarte en salud, es recomendable hacer antes una copia de seguridad:
sudo cp /etc/sysctl.conf /etc/sysctl.conf.backup
Si algo sale mal siempre podrás recuperar el archivo original con:
sudo mv /etc/sysctl.conf.backup /etc/sysctl.conf
Al reducir swappiness, Ubuntu intentará mantener los datos en RAM el mayor tiempo posible y solo tirará de swap cuando ya esté muy justa, lo cual suele traducirse en un escritorio mucho más ágil.
SSD, GRUB y pequeños ajustes que suman
Si usas una unidad SSD, es importante comprobar que el mantenimiento TRIM automático esté activado. TRIM ayuda a que la unidad gestione mejor los bloques marcados para borrado y mantenga el rendimiento a lo largo del tiempo.
Para ver el estado del temporizador de TRIM, ejecuta:
systemctl status fstrim.timer
Si aparece inactivo o deshabilitado, puedes activarlo con:
sudo systemctl enable fstrim.timer
Con esto, Ubuntu programará una tarea semanal para optimizar el SSD en segundo plano. Si tu equipo aún lleva un disco duro mecánico (HDD), este ajuste no es relevante.
Otro punto donde se puede rascar algo de agilidad es en GRUB, el gestor de arranque. Por defecto suele mostrar el menú unos segundos antes de iniciar el sistema. Si sueles arrancar siempre la misma instalación de Ubuntu, puedes reducir o incluso eliminar esa espera.
Edita el archivo de configuración:
sudo nano /etc/default/grub
Busca la línea GRUB_TIMEOUT y ajusta el valor:
- 5 (o el que prefieras) para dar unos pocos segundos de margen.
- 0 para iniciar directamente Ubuntu sin mostrar el menú.
- -1 para dejar el menú en espera indefinidamente hasta que elijas entrada.
Guarda, cierra y actualiza GRUB con:
sudo update-grub
No vas a ganar minutos de vida con esto, pero sí recortas un pelín el tiempo total desde que pulsas el botón de encendido hasta que puedes empezar a trabajar, que nunca viene mal.
Cambiar de entorno de escritorio para ganar velocidad
Por mucho que optimices servicios, cachés y memoria, hay equipos en los que el entorno de escritorio principal (GNOME, Unity en versiones antiguas, etc.) pesa demasiado. Si tu ordenador tiene más de 6-8 años o menos de 4 GB de RAM, puede que lo más efectivo sea cambiar a un entorno más ligero.
Las opciones más recomendables dentro del ecosistema Ubuntu son:
- Xubuntu (XFCE): entorno completo, moderno, pero muy ligero. Suele consumir entre 400 y 500 MB de RAM en reposo.
- Lubuntu (LXQt): todavía más ligero, ideal para equipos con 2 GB de RAM o muy antiguos, con consumos de 300-350 MB en reposo.
Para añadir XFCE en un Ubuntu ya instalado:
sudo apt install xubuntu-desktop
Para LXQt:
sudo apt install lubuntu-desktop
Durante la instalación es posible que se te pregunte qué gestor de sesión quieres usar; elige el que prefieras. Una vez termine, cierra la sesión y en la pantalla de inicio selecciona el nuevo entorno desde el icono habitual (rueda dentada o similar junto al usuario).
Puedes mantener varios entornos instalados a la vez y cambiar según te convenga, aunque cada uno ocupa entre 1 y 2 GB de espacio en disco. Cuando veas claro que te quedas con uno, desinstalar el entorno anterior libera disco y reduce paquetes residuales.
Si no quieres cambiar de sabor completo, siempre puedes optar solo por un gestor de ventanas más ligero (como OpenBox o Fluxbox) desde tu instalación actual, aunque la experiencia será algo menos pulida visualmente.
Drivers gráficos y rendimiento visual
Los efectos del escritorio y el rendimiento en juegos y apps 3D dependen muchísimo de qué controlador gráfico estés utilizando. Si el sistema no está usando el driver adecuado, puedes notar tirones, consumo excesivo de CPU o lentitud general en la interfaz.
Para comprobarlo, ve a Ajustes > Software y actualizaciones > Controladores adicionales. Allí Ubuntu te mostrará las opciones disponibles para tu tarjeta:
- En gráficas Intel, lo habitual es que ya esté en uso el driver correcto del kernel y no tengas que tocar nada.
- En tarjetas AMD/ATI, muchas veces conviene seleccionar el controlador privativo recomendado, si aparece, para mejorar la aceleración 3D.
- En gráficas NVIDIA, casi siempre es preferible elegir el driver propietario con la numeración más alta disponible (el más reciente) para obtener el mejor rendimiento posible.
Tras aplicar el cambio, reinicia el sistema. Con los drivers adecuados el escritorio se mueve más suave y las aplicaciones que tiran de GPU responden mejor, lo que en conjunto reduce esa sensación de pesadez.
En la práctica, el programa que más recursos devora en casi cualquier sistema es el navegador web. Firefox, Chrome o Chromium pueden tragarse fácilmente 2-4 GB de RAM si acumulas pestañas, extensiones y webs pesadas.
Para aligerarlos, hay algunos hábitos y ajustes sencillos:
- Controla el número de pestañas: a partir de 10-12 pestañas abiertas en paralelo el consumo se dispara. Cierra lo que no estés usando y apóyate en marcadores o sesiones guardadas.
- Desactiva extensiones que no necesites: cada extensión es un pequeño programa residente. En Firefox, revisa
about:addons; en Chrome/Chromium, entra enchrome://extensions. - Usa un bloqueador de anuncios ligero, como uBlock Origin, que evita cargar scripts y banners pesados. Ahorra más recursos de los que consume.
- Si tu uso es sencillo, plantéate alternativas más ligeras como Midori o Falkon, que suelen consumir bastante menos memoria.
En Firefox, si quieres hilar fino, puedes abrir about:config y ajustar algunos parámetros avanzados:
- browser.sessionhistory.max_entries: reduce de 50 a 10 para que no guarde un historial tan largo por pestaña.
- browser.cache.memory.capacity: limita el tamaño de la caché en RAM (por ejemplo, 51200 para unos 50 MB).
Recuerda que estos cambios requieren reiniciar el navegador para que tengan efecto. Si te pasas de agresivo, siempre puedes volver a los valores por defecto.
Fuera del navegador, conviene también elegir aplicaciones ligeras cuando no necesitas toda la artillería. Algunos ejemplos:
- AbiWord en lugar de LibreOffice Writer para textos sencillos.
- Gnumeric en vez de LibreOffice Calc si solo trabajas con hojas de cálculo básicas.
- Geany o Mousepad frente a IDEs pesados para ediciones rápidas de código o texto.
- Mirage o Geeqie para ver imágenes, que consumen menos que gestores tipo Shotwell.
- Clementine o Audacious como reproductores de música más frugales que otras alternativas.
Cambiar varias herramientas por estas alternativas puede ahorrarte cientos de megas de RAM en uso real, lo cual es oro puro en máquinas ajustadas.
Prioridades de procesos y daemon Ananicy
Si te gusta afinar al máximo y sueles tener muchas aplicaciones abiertas a la vez, puedes mejorar el comportamiento global del sistema ajustando las prioridades de CPU e I/O de los procesos. Una forma bastante automatizada de hacerlo es usando Ananicy (ANother Auto NICe daemon).
Ananicy es un demonio que se ejecuta en segundo plano y aplica reglas predefinidas a los procesos según su tipo (multimedia, juegos, terminales, etc.), para que los más importantes tengan prioridad sin que tengas que toquetear cada vez el comando nice o renice.
Para instalarlo, primero necesitas algunas herramientas:
sudo apt install git make schedtool
Después clona el repositorio oficial:
git clone https://github.com/Nefelim4ag/Ananicy.git
cd Ananicy
Comprueba el contenido del directorio y genera el paquete para Debian/Ubuntu:
sudo ./package.sh debian
Cuando termine, instala el paquete resultante:
sudo dpkg -i ./ananicy-*.deb
Reinicia el sistema y, a partir de ahí, Ananicy se encargará de reajustar prioridades de forma inteligente, mejorando la respuesta de las aplicaciones que estás usando de verdad frente a tareas menos críticas.
Monitoreo: no optimices a ciegas
Antes de lanzarte a cambiar cosas por cambiar, es fundamental tener claro qué está consumiendo recursos en cada momento. Monitorear te ahorra tiempo y evita “arreglar” lo que no está roto.
Ubuntu incluye de serie el Monitor del sistema, accesible desde el buscador de aplicaciones o pulsando Ctrl + Alt + Supr en muchos escritorios. Con él puedes ver, en tiempo real:
- Qué procesos están usando más CPU.
- Cuánta memoria RAM ocupa cada programa.
- La actividad de disco y red.
Ordena por uso de CPU o memoria y fíjate si hay algún proceso desconocido que se dispare constantemente. Podría ser un servicio que no necesitas y que conviene desactivar, o, en casos raros, incluso software malicioso.
Si quieres algo más avanzado, puedes instalar htop:
sudo apt install htop
htop
Es una versión mejorada de top, con colores, columnas configurables y atajos prácticos. Por ejemplo:
- F6: cambiar la columna por la que ordenas (CPU, memoria, tiempo, etc.).
- F9: enviar señal para terminar un proceso seleccionado.
- F10 o q: salir.
Ojo con matar procesos del sistema ejecutados por root sin saber qué son: puedes dejar Ubuntu inestable. Si dudas, mejor busca primero el nombre del proceso en Internet.
Mantenimiento periódico: una disciplina, no un parche puntual
Todo lo anterior funciona mucho mejor si lo conviertes en rutina de mantenimiento en lugar de un atracón cuando el sistema ya va a pedales. Con unos pocos hábitos regulares, Ubuntu se mantiene ágil durante años.
Un esquema razonable podría ser:
Mantenimiento mensual (unos 10 minutos)
- Ejecutar limpieza rápida de APT:
sudo apt autoremove && sudo apt autoclean. - Echar un vistazo al Monitor del sistema para detectar procesos nuevos sospechosos.
- Vaciar cachés del navegador desde sus opciones de privacidad.
- Comprobar el espacio disponible en disco con
df -h.
Mantenimiento trimestral (unos 30 minutos)
- Revisar las aplicaciones al inicio y quitar lo que se haya colado últimamente.
- Auditar el software instalado y desinstalar lo que no hayas usado en los últimos tres meses (
sudo apt remove paquete). - Verificar el estado de
fstrim.timersi usas SSD. - Actualizar el sistema completo con
sudo apt update && sudo apt upgrade.
Mantenimiento anual (2-4 horas)
- Plantearte una instalación limpia si el sistema arrastra demasiados parches, pruebas y cambios.
- Reevaluar si el entorno de escritorio actual sigue siendo adecuado para tu hardware.
- Hacer una copia de seguridad completa del sistema con herramientas como Timeshift o Clonezilla.
- Revisar aspectos de seguridad: contraseñas, accesos SSH, firewall, etc.
Si te pones recordatorios en tu calendario, evitarás llegar a una situación extrema en la que Ubuntu va tan mal que te obliga a perder horas arreglando desaguisados.
En paralelo, hay consejos de sentido común que también ayudan: actualizar el sistema con regularidad, limpiar el historial y la caché de Firefox si lo usas mucho, evitar apps monstruosas cuando tu RAM y tu CPU van justas y, si el presupuesto lo permite, plantearte ampliar memoria o pasar a SSD cuando todavía sigues con disco mecánico.
Con todos estos ajustes y costumbres, un equipo con unos años encima puede seguir rindiendo sorprendentemente bien, y tu Ubuntu dejará de ser ese sistema “lento y pesado” para convertirse de nuevo en una herramienta rápida, eficiente y, sobre todo, bajo tu control. Al final, el rendimiento no es un estado mágico, es la consecuencia directa de cómo mantienes y dominas tu sistema.
Tabla de Contenidos
- Por qué Ubuntu se vuelve lento con el tiempo
- Top 3 acciones rápidas si tu Ubuntu va muy lento
- Ajustes de arranque y servicios: controlando qué se carga
- Limpieza avanzada: cachés, temporales y BleachBit
- Gestionar el espacio en disco: Analizador de discos y paquetes instalados
- Cómo reducir el peso visual de Ubuntu y ajustar GNOME
- Uso de memoria: swap, zram, zswap y ajustes de swappiness
- SSD, GRUB y pequeños ajustes que suman
- Cambiar de entorno de escritorio para ganar velocidad
- Drivers gráficos y rendimiento visual
- Optimizar el navegador y otras aplicaciones pesadas
- Prioridades de procesos y daemon Ananicy
- Monitoreo: no optimices a ciegas
- Mantenimiento periódico: una disciplina, no un parche puntual