Cómo saber mi IP pública y entender todo lo que implica

Última actualización: 26 de diciembre de 2025
  • Qué es una dirección IP, diferencias entre IP pública y privada y cómo se estructuran IPv4 e IPv6.
  • Formas sencillas de saber tu IP pública y para qué es útil conocerla en redes domésticas y profesionales.
  • Diferencias entre IP dinámica y estática, relación con el router, MAC y configuración de servicios.
  • Impacto de tu IP en la geolocalización, privacidad, seguridad y cómo proteger tu conexión.

Ilustración sobre cómo saber mi IP pública

Si alguna vez te has preguntado “cómo saber mi IP pública” seguramente ha sido porque estabas intentando configurar un router, abrir puertos para un juego online, montar una VPN o simplemente por curiosidad. Aunque parezca algo muy técnico, tu IP es tan cotidiana como tu dirección postal o tu número de teléfono: está ahí, se usa todo el rato y dice más de ti de lo que suele parecer.

En el día a día, tu conexión a Internet funciona sin que tengas que pensar en direcciones IP, routers o protocolos raros. Pero cuando te metes en temas como acceso remoto, cámaras IP, servidores caseros o servicios de teletrabajo, conocer bien qué es tu IP pública, en qué se diferencia de la privada y cómo comprobarla deja de ser un capricho y pasa a ser casi obligatorio. Vamos a verlo todo con calma y con palabras claras.

Qué es la IP y qué significa exactamente

Concepto de dirección IP en Internet

Cuando hablamos de IP nos referimos al Internet Protocol (Protocolo de Internet), que es el conjunto de reglas que se encarga de que los datos viajen por las redes en forma de pequeños paquetes. Este protocolo define cómo se numeran los dispositivos, cómo se encaminan los paquetes desde un punto A hasta un punto B y cómo se asegura que la información llegue a su destino correcto.

Dentro de este protocolo, cada aparato conectado a una red que use IP tiene asignado un identificador único llamado dirección IP. Esta dirección no es más que un número, pero un número muy bien estructurado, que permite que los routers y demás equipos de red sepan dónde debe ir cada paquete de datos, del mismo modo que una carta llega a una casa concreta gracias a la dirección postal escrita en el sobre.

La dirección IP pertenece a la capa de red del modelo TCP/IP, que es el conjunto de protocolos en el que se basa prácticamente todo Internet y la mayoría de redes locales. Esta capa es la responsable de llevar los datos de una red a otra, más allá del cable o del WiFi que estés usando, decidiendo la ruta que siguen los paquetes hasta el destinatario.

Para aterrizarlo un poco más, puedes imaginar que el protocolo IP es el sistema de carreteras y señales de tráfico de Internet, y que la dirección IP es la matrícula de cada vehículo que circula por esas carreteras. Sin esa matrícula, sería imposible saber quién es quién y a dónde deben llegar los datos.

Dirección IP pública vs IP privada: diferencias claras

Diferencia entre IP pública e IP privada

En cualquier casa u oficina con conexión a Internet vas a encontrarte, como mínimo, con dos tipos de direcciones IP: la IP pública y las IPs privadas. Aunque comparten formato, su función y su alcance son muy distintos.

La dirección IP pública es el número que identifica tu red hacia el exterior, es decir, frente a Internet. Normalmente esa IP la tiene tu router o dispositivo que hace de puerta de enlace, y es la que ven los servidores, webs y servicios online cuando te conectas. Es una dirección única a nivel global: no puede haber dos redes diferentes usando la misma IP pública simultáneamente en Internet.

La dirección IP privada, en cambio, solo existe dentro de tu red local. Es la que se asigna a tu ordenador, tu móvil, la Smart TV, la impresora o cualquier otro cacharro que se conecte al router por cable o WiFi. Estas direcciones no son visibles desde fuera, únicamente tienen sentido dentro de tu red doméstica, de oficina o de la red interna de una empresa.

Para que todo encaje, el router hace de intermediario: se conecta a tu proveedor de Internet con una IP pública y, al mismo tiempo, reparte IPs privadas a los dispositivos internos. Cuando alguno de esos dispositivos accede a una web, el router traduce ese tráfico usando una técnica llamada NAT para que desde fuera solo se vea la misma IP pública para todos los equipos.

Un detalle importante es que muchas redes domésticas usan rangos de IP privada muy típicos, como 192.168.0.x o 192.168.1.x. Por ejemplo, podrías tener una IP privada 192.168.0.15 para tu ordenador, mientras que tu IP pública, la que ve Internet, podría ser algo como 237.82.125.15. A efectos prácticos, tu IP pública sería como el portal y la calle de tu edificio, y la IP privada sería el número de piso y puerta de tu vivienda concreta.

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Cómo se estructuran las direcciones IPv4 e IPv6

Hoy en día conviven principalmente dos versiones del protocolo IP: IPv4 e IPv6. Ambas sirven para lo mismo (identificar dispositivos en la red), pero su forma y su capacidad son muy diferentes.

Las direcciones IPv4 son las más conocidas y extendidas. Se escriben como cuatro bloques de números separados por puntos, por ejemplo: 237.82.125.15. Cada bloque se llama octeto y puede tomar valores del 0 al 255. En total, un IPv4 tiene 32 bits, lo que se traduce en aproximadamente 4.294 millones de direcciones posibles (2^32). A día de hoy, este espacio de direcciones se ha quedado pequeño para el número de dispositivos conectados.

En el ámbito de las IPv4 se habla tanto de direcciones IP públicas como privadas. Una IP como 192.168.0.15 sería privada y solo se utilizaría dentro de una red local, mientras que algo del estilo 178.255.231.254 sería pública y representaría una conexión visible en Internet, normalmente la de tu router.

Para solucionar la escasez de direcciones, se definió la versión más moderna del protocolo, llamada IPv6. En IPv6 las direcciones tienen 128 bits y se escriben como ocho grupos de números y letras en hexadecimal separados por dos puntos, por ejemplo: 2001:db8:85a3:0:0:8a2e:370:7334. El número de direcciones posibles es descomunal (2^128), tanto que permitiría asignar una IP única a cada dispositivo sin necesidad de recurrir a la separación pública/privada actual.

Una diferencia curiosa es que, mientras en IPv4 solo se usan cifras y puntos, en IPv6 se combinan números, letras (de la A a la F) y dos puntos. Eso puede hacer que de primeras parezcan más complicadas, pero en realidad el funcionamiento para el usuario medio es transparente: la mayoría de sistemas operativos se encargan de todo sin que tengas que hacer nada.

Hoy por hoy, Internet funciona en una especie de modo mixto: muchos servicios siguen usando IPv4, pero cada vez más proveedores y webs están activando también IPv6 para asegurar el crecimiento futuro. En tu casa puedes estar usando las dos a la vez sin darte cuenta.

Cómo saber mi IP pública de forma sencilla

La forma más directa de conocer tu IP pública pasa por dejar que un servicio externo la “vea” y te la muestre. Cuando te conectas a una web, esa página puede leer la dirección desde la que llega tu petición, y es así como muchas páginas de “cuál es mi IP” funcionan.

En esos servicios, nada más entrar, ya se ve algo como “Tu IP pública es: 172.68.134.68” o “Ésta es la dirección IP pública desde la que te conectas… 178.255.231.254”. La web simplemente está mostrando la IP que recibe en variables como REMOTE_ADDR o, en algunos casos, consultando cabeceras adicionales que añaden ciertos proxies o servicios intermedios.

Estos datos suelen presentarse acompañados de información técnica adicional como el USER_AGENT (el navegador y sistema operativo que usas), la cabecera HTTP_REFERER (desde qué página has llegado) o direcciones intermedias como HTTP_X_FORWARDED_FOR, que se utilizan cuando hay proxies o balanceadores de carga de por medio.

Otra opción, algo más “friki”, es mirar la configuración de tu router. En el panel de administración, normalmente en la sección de estado WAN o Internet, suele aparecer la dirección IP que el proveedor te ha asignado. En algunos routers verás claramente algo como “IP Pública” y en otros puede aparecer como “Dirección IP WAN”.

En algunos casos, al acceder a la interfaz de ciertos routers o dispositivos de viaje (como un router portátil tipo Opal con WireGuard) puede que veas la puerta de enlace predeterminada en vez de la IP real asignada por el ISP. Esto puede llevar a confusiones, sobre todo si tu proveedor asegura que tienes IP pública pero tú solo ves una IP que parece interna. En esos casos, verificar con una página externa de “cuál es mi IP” ayuda a confirmar qué dirección está viendo realmente Internet.

Para qué sirve conocer mi IP pública

Puede que pienses que esto de la IP pública es un detalle técnico sin mucha importancia, pero en realidad es clave en muchas situaciones. Saberla te permite diagnosticar problemas de conexión, configurar servicios y mejorar la seguridad de tu red.

Uno de los usos más habituales es la configuración de servicios alojados en tu propia red: servidores de juegos, FTP, páginas web caseras, cámaras de videovigilancia, sistemas domóticos o accesos de escritorio remoto. Para que alguien desde fuera pueda conectar con tu red, necesitará saber tu IP pública y, normalmente, un puerto concreto.

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También es muy útil cuando quieres conectarte desde fuera a tu casa u oficina usando una VPN. En ese escenario, tu router o servidor VPN actúa como puerta de entrada, y tú, desde otro lugar, te conectas utilizando la IP pública que te ha dado el proveedor de Internet (o un nombre de dominio dinámico que apunte a esa IP).

En entornos más técnicos, conocer tu IP pública ayuda a localizar problemas de red: si un servicio remoto tiene bloqueada tu IP, si algún cortafuegos externo está filtrando el tráfico o si tu proveedor está usando técnicas de CGNAT (traduciendo varias conexiones internas a una misma IP pública compartida).

Además, desde el punto de vista de seguridad, tu IP pública es uno de los datos que utilizan muchos servicios online para detectar comportamientos sospechosos, limitar accesos o aplicar filtros geográficos. Por ejemplo, una plataforma puede bloquear direcciones procedentes de ciertos países o restringir conexiones múltiples desde una misma IP.

IP dinámica vs IP estática: qué cambia realmente

En la mayoría de conexiones domésticas, la IP pública que te asigna tu proveedor no es siempre la misma. A esto se le llama IP dinámica, y significa que el servidor DHCP del ISP va cambiando la dirección según sus necesidades: al reiniciar el router, tras cierto tiempo desconectado o simplemente por la propia gestión interna de su red.

Una IP estática, en cambio, es una dirección fija que no cambia con el tiempo. Suele contratarse como un servicio adicional (normalmente pagando un extra) y está pensada para empresas o usuarios que necesitan que su conexión tenga siempre el mismo punto de entrada, por ejemplo para alojar servicios accesibles desde cualquier lugar sin depender de sistemas intermedios.

Las operadoras no tienen suficientes IP públicas para asignar una a cada dispositivo del planeta, ni siquiera a cada línea de forma permanente. Por eso utilizan IPs dinámicas y rotan esas direcciones entre los clientes que se van conectando. Muchos routers se apagan por las noches o fuera de horario laboral, liberando la IP para que pueda asignarse a otro usuario cuando vuelva a conectarse.

En el caso de que tu IP pública sea dinámica, herramientas como los servicios de DNS dinámico pueden ayudarte: asocian un nombre de dominio (por ejemplo, midominio.dyndns.org) a la IP que tengas en cada momento, actualizando automáticamente ese registro cuando la dirección cambia.

Este baile de direcciones hace que algunos usuarios se sorprendan al ver que su IP pública cambia cada vez que reinician el router o cada ciertos días. Es algo normal en conexiones residenciales, y forma parte del modelo que usan los ISPs para aprovechar mejor los rangos de IP que les asigna la ICANN, que es el organismo que administra a nivel mundial los bloques de direcciones públicas.

Diferencia entre dirección IP y dirección MAC

Otro concepto que suele aparecer cuando se habla de redes es la dirección MAC. Aunque a veces se confunda con la IP, en realidad hacen cosas distintas y pertenecen a capas diferentes del modelo de red. Entenderlas ayuda a no mezclar términos.

La dirección MAC (Media Access Control) es un identificador de 48 bits que viene grabado en la tarjeta de red de cada dispositivo. Es única para cada interfaz física: si tu ordenador tiene WiFi y también tarjeta Ethernet, tendrá dos direcciones MAC distintas, una por cada interfaz. Se podría decir que la MAC es el “número de serie” de la tarjeta a nivel de red local.

Mientras que la IP se puede cambiar, reasignar o configurar manualmente, la MAC, en principio, viene de fábrica y no depende del protocolo IP. Aunque hay formas avanzadas de “clonar” o modificar la MAC en algunos equipos, su función sigue siendo puramente de identificación en la red local (capa de enlace), no de enrutamiento global como hace la IP.

Es importante remarcar que la IP y la MAC no están físicamente vinculadas de forma directa: puedes conectarte a distintas redes y tu IP irá cambiando según el rango que te asigne cada router, mientras que tu MAC permanecerá constante para esa tarjeta de red concreta. El router usa mecanismos como ARP para relacionar qué IP local corresponde a qué MAC dentro de la red interna.

Por tanto, aunque la MAC juega un papel en cómo se comunican los dispositivos dentro de una red concreta, no determina la asignación de la IP pública ni su cambio. El hecho de que tu IP varíe al reconectar o cambiar de red no tiene relación con tu dirección MAC, que permanece inalterable independientemente de dónde te conectes.

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Relación entre mi IP y mi ubicación geográfica

Tu dirección IP pública no solo sirve para encaminar paquetes de datos; también revela bastante información aproximada sobre dónde estás. A partir de esa IP, distintos servicios pueden deducir datos como tu ciudad, país, región o incluso un código postal aproximado, según las bases de datos de geolocalización que utilicen.

Las webs que visitas van un paso más allá: combinando la IP con cookies, rastreadores, información del navegador y otros metadatos pueden construir un perfil muy detallado de tus hábitos. Así saben qué sitios visitas, qué temas te interesan, qué descargas realizas o con qué servicios interactúas, y con ello pueden mostrarte publicidad personalizada o vender esos datos a terceros.

Mientras tanto, tu proveedor de Internet (ISP) dispone de todavía más información sobre ti. Al fin y al cabo, eres su cliente: conoce tu nombre, dirección física, métodos de pago, historial de facturación e incluso ciertos datos financieros. Asociando esto con tu uso de la red, puede ver qué dominios visitas, cuánto tráfico consumes y a qué horas te conectas.

En algunos países, como Reino Unido o Australia, las leyes obligan a los ISPs a mantener registros de la actividad de sus usuarios durante un tiempo determinado y a facilitar esos datos a distintas agencias gubernamentales sin necesidad de orden judicial específica. Eso hace que la IP se convierta en un punto clave para el seguimiento y la supervisión de la navegación.

Si no usas cifrado (por ejemplo, en webs sin HTTPS), tu proveedor podría ver cada página concreta que visitas dentro de un dominio. Incluso con HTTPS, aunque el contenido va cifrado, todavía puede saber a qué dominios te conectas, de modo que sigue teniendo una vista bastante completa de tu actividad online a través de tu dirección IP y las conexiones asociadas.

Privacidad y seguridad: qué pueden hacer con tu IP y cómo protegerla

Conocer solo tu IP pública no permite a terceros entrar directamente en tu ordenador y leer tus archivos, pero sí les da ciertas pistas útiles. A partir de esa IP pueden deducir tu ubicación aproximada e identificar tu proveedor de Internet, e incluso lanzar ataques dirigidos contra tu conexión o tus dispositivos si encuentran servicios mal configurados o puertos abiertos sin protección.

Por eso, aunque no sea un dato tan sensible como una contraseña, tu IP no es algo que debas publicar alegremente por todas partes. Administradores de redes, plataformas online y atacantes potenciales pueden usarla para bloquearte, limitar tu acceso, probar vulnerabilidades o realizar ataques de denegación de servicio (DDoS) contra tu conexión.

Si quieres minimizar la exposición de tu dirección IP, una de las herramientas más habituales es la VPN (red privada virtual). Al conectarte a Internet a través de una VPN, tu tráfico pasa primero por un servidor intermedio que le presta su propia IP pública, de forma que las webs ven esa dirección y no la tuya real.

Otra opción son los proxies o redes de anonimato como Tor, que encapsulan tu tráfico a través de varios nodos intermedios para ocultar el origen. Cada una de estas soluciones tiene sus ventajas e inconvenientes en términos de velocidad, privacidad y facilidad de uso, pero todas comparten la idea de ocultar tu IP real detrás de otra.

Más allá de la IP, es fundamental acompañar estas medidas con buenas prácticas de seguridad: usar un cortafuegos en tu router y en tus dispositivos, mantener el software actualizado, evitar descargar archivos de fuentes dudosas y tener cuidado con enlaces sospechosos que puedan conducir a malware o ataques de phishing. Tu IP es solo una pieza del puzle de la seguridad, pero conviene no descuidarla.

Entender qué es tu IP pública, cómo se diferencia de la privada, por qué a veces cambia y cómo se relaciona con tu ubicación y privacidad te da un control mucho mayor sobre tu conexión. Conocer estos conceptos te permite aprovechar mejor tu red, configurar servicios avanzados y protegerte frente a riesgos innecesarios, sin necesidad de ser un experto en redes para tomar decisiones sensatas sobre cómo te conectas a Internet.

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