Diferencias entre cables SATA y otros cables de datos en tu PC

Última actualización: 2 de febrero de 2026
  • Los cables SATA se dividen en datos (7 pines) y alimentación (15 pines), ambos necesarios para que la unidad funcione.
  • Las versiones SATA I, II y III son retrocompatibles, pero la velocidad siempre se ajusta al componente más lento de la cadena.
  • SATA ha sustituido a PATA en PCs domésticos, mientras que SAS, PCIe/NVMe y USB‑C han tomado el relevo en entornos de alto rendimiento.
  • A pesar del avance de M.2 y U.2, los discos SATA siguen siendo la opción más económica para almacenamiento masivo.

cables SATA y cables de datos

Si estás montando o actualizando un PC, tarde o temprano te vas a encontrar con los cables SATA y los clásicos cables de datos que conectan los discos duros y otros dispositivos a la placa base. A simple vista pueden parecer todos iguales, pero hay más miga de la que parece: tipos, versiones, usos, compatibilidades, limitaciones… y hasta tecnologías que han ido quedando obsoletas.

En las próximas líneas vas a ver con detalle qué es exactamente SATA, en qué se diferencia de otros cables de datos, qué tipos de conectores y cables existen (internos y externos), qué velocidades ofrecen sus distintas generaciones, cómo se comparan con interfaces más modernas y por qué se habla del “fin de la era SATA”, aunque todavía le queda cuerda para rato.

Qué es SATA y cómo se diferencia de otros cables de datos

El estándar SATA, siglas de Serial Advanced Technology Attachment, es una interfaz de transmisión de datos en serie que conecta la placa base con dispositivos de almacenamiento como discos duros mecánicos (HDD), unidades de estado sólido (SSD), lectoras y grabadoras de CD/DVD/Blu‑ray y otros periféricos de alto rendimiento.

A diferencia de los antiguos PATA o IDE, que utilizaban cables planos anchos con 40 u 80 hilos y permitían dos dispositivos por cinta (configurados como maestro y esclavo), SATA apuesta por una arquitectura punto a punto: un único dispositivo por cable, con un conector pequeño de 7 pines para datos y otro de 15 pines para alimentación.

Esta conexión en serie permite mayores velocidades de transferencia, cables mucho más estrechos y largos, mejor circulación de aire dentro de la caja y la posibilidad de conectar o desconectar unidades en caliente (hot‑swap) sin tener que apagar el ordenador, siempre que el sistema operativo y el controlador lo soporten.

Frente a otros cables de datos modernos como USB, Thunderbolt o las líneas PCI Express para NVMe, SATA se ha ido quedando atrás en rendimiento bruto, pero sigue siendo la interfaz más habitual para discos HDD y muchos SSD económicos, sobre todo en PCs de sobremesa y equipos de gama media o de almacenamiento masivo.

diferencia entre cables SATA y cables de datos

Versiones de SATA y velocidades de transferencia

Desde su aparición a comienzos de los 2000, la interfaz SATA ha pasado por varias revisiones que han ido aumentando el ancho de banda máximo. Aunque la organización SATA‑IO recomienda hablar de “revisión 1.x, 2.x o 3.x”, en la práctica casi todo el mundo utiliza las denominaciones SATA I, SATA II y SATA III.

En las especificaciones oficiales se suele ver la velocidad en Gb/s (gigabits por segundo), mientras que muchas fichas de producto la expresan en MB/s (megabytes por segundo). Conviene tener claro que 8 bits forman 1 byte, y que además SATA usa codificación 8b/10b, es decir, por cada 8 bits útiles se envían 10 bits por el bus, lo que supone aproximadamente un 20% de sobrecarga.

De forma aproximada, las distintas generaciones de SATA quedan así en cuanto a velocidades teóricas de enlace y tasas reales de transferencia:

  • SATA I (SATA 1,5 Gb/s): primera generación, con un enlace de 1,5 Gb/s y unos 150 MB/s de transferencia máxima efectiva. Fue la versión inicial que ya superaba claramente a los mejores PATA.
  • SATA II (SATA 3 Gb/s): segunda generación, duplicando el enlace hasta 3 Gb/s y alcanzando unos 300 MB/s efectivos. Se la conoce también como Serial ATA‑300.
  • SATA III (SATA 6 Gb/s): tercera generación y la más extendida actualmente, con 6 Gb/s de enlace y unos 550‑600 MB/s efectivos como máximo, lo que encontramos en SSD SATA modernos rápidos.

Las distintas revisiones (3.1, 3.2, 3.3, 3.4, 3.5, etc.) han ido añadiendo mejoras menores y nuevas funciones, pero sin incrementar el límite de 6 Gb/s. Desde 2008 no ha habido un salto de velocidad, en parte porque los discos duros mecánicos no aprovechan más y porque el mercado de SSD de alto rendimiento se ha movido hacia PCIe y NVMe.

Un punto clave es que todas las generaciones de SATA son retrocompatibles: puedes conectar un dispositivo SATA III a un puerto SATA II con un cable SATA I, pero la velocidad quedará limitada siempre al elemento más lento de la cadena (controladora, cable o unidad). En algunos discos antiguos era necesario ajustar un jumper para forzar el modo 1,5 Gb/s cuando se conectaban a placas de primera generación.

Los dos tipos principales de cables SATA: datos y alimentación

Cuando hablamos de “cable SATA” en realidad estamos agrupando dos tipos de cable distintos que trabajan en paralelo: uno lleva la información y el otro se encarga de alimentar el dispositivo. Ambos se conectan al mismo disco o unidad, pero a conectores físicos separados.

En las unidades SATA convencionales de 2,5 y 3,5 pulgadas verás siempre dos ranuras en la parte trasera: la ranura pequeña (7 pines) es el puerto de datos, y la ranura más larga (15 pines) corresponde a la alimentación. Sin ambos cables conectados, la unidad no funcionará, salvo en formatos especiales de conector combinado.

Cable SATA de datos

El cable SATA de datos es el que hace posible la transferencia de información entre la placa base y el dispositivo de almacenamiento. Es un cable relativamente fino y flexible, con un conector de 7 contactos en cada extremo que se inserta en el puerto SATA de la placa y en el conector de la unidad.

Estos cables suelen venir en multitud de colores (rojo, azul, negro, amarillo, naranja, e incluso modelos que brillan en la oscuridad), pero el color no afecta en absoluto al rendimiento: simplemente es una cuestión estética o una forma de distinguir grupos de puertos en algunas placas.

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Existen variantes con conectores rectos o acodados a 90 grados. Los acodados son muy útiles en cajas estrechas o cuando la tarjeta gráfica tapa parcialmente los puertos SATA, ya que permiten ajustar el cable sin forzarlo. La longitud típica ronda los 30‑50 cm en equipos de sobremesa, suficiente para ir de la placa a las bahías de discos.

En cuanto a la diferencia entre cables para SATA 2.0 y 3.0, a nivel físico son prácticamente idénticos. Algunos fabricantes etiquetan el cable como “SATA 6 Gb/s” o marcan el modelo con alguna identificación, pero en la práctica se pueden usar indistintamente con discos SATA II o SATA III. La mejora de velocidad está en la interfaz y la controladora, no en el plástico del cable.

Cable SATA de alimentación

El segundo gran protagonista es el cable de alimentación SATA, que parte de la fuente de alimentación (PSU) y termina en el conector de 15 pines de la unidad. Su misión es suministrar tensión estable al dispositivo en varias líneas: 3,3 V, 5 V y 12 V, repartidas internamente en grupos de pines que pueden trabajar en paralelo para soportar más corriente.

El conector de alimentación SATA mantiene el típico diseño con muesca en forma de “L” para evitar errores de orientación y solo se puede insertar de una manera. Aunque hay 15 pines, muchas fuentes solo llevan cuatro cables principales, y la especificación permite adaptadores desde el viejo conector Molex de 4 pines a uno o más conectores SATA.

En el mercado encontrarás cables de alimentación SATA rectos y acodados, con o sin clip de retención, y ramales que llevan varios conectores en cadena para alimentar varias unidades desde el mismo cable. También son muy comunes los adaptadores Molex‑a‑SATA para reciclar fuentes antiguas.

Esta nueva conexión de alimentación, frente al Molex clásico, facilita funciones como el hot‑swapping y la gestión avanzada de energía de los discos, y es el estándar en casi todas las unidades SATA modernas, tanto de escritorio como portátiles (a menudo en variantes de bajo perfil).

Otros tipos y variantes de cables y conectores SATA

Además de los cables de datos y alimentación “de toda la vida”, el ecosistema SATA cuenta con múltiples formatos y adaptadores que han ido surgiendo para cubrir necesidades concretas: poco espacio en las cajas, unidades externas, sistemas compactos, o la transición hacia otras interfaces como USB o M.2.

SATA a USB y puentes SATA a otras interfaces

Los cables y adaptadores SATA a USB se han convertido en una solución comodísima para conectar discos duros internos y SSD a través de un puerto USB sin necesidad de caja externa. Suelen incluir un conector SATA de datos+alimentación en un extremo y un USB‑A o USB‑C en el otro, a menudo con alimentación adicional.

Son perfectos para clonar discos, hacer copias de seguridad rápidas o recuperar datos de un PC que ya no arranca. También permiten reutilizar discos viejos como unidades externas “de batalla”, conectándolos y desconectándolos cuando los necesitas.

En ese mismo grupo tenemos los llamados puentes SATA a otras interfaces: adaptadores SATA‑USB internos (como los que monta, por ejemplo, PlayStation 4 para sus discos), conversores para bahías frontales o cajas externas, o adaptadores microSATA a M.2 que se usaban en portátiles antiguos para instalar SSD NVMe aunque con un cuello de botella brutal.

eSATA: SATA para el exterior

Algunos PCs de hace unos años traían puertos eSATA traseros o brackets que convertían puertos SATA internos en externos, permitiendo enchufar discos duros externos o docks sin pasar por USB. También existían cables eSATA a microSATA, muy útiles para usar discos internos como externos sin caja.

Con la llegada de USB 3.x, USB‑C y Thunderbolt, que ofrecen velocidades superiores (10, 20 Gb/s o más) y una compatibilidad universal, eSATA ha ido desapareciendo del mapa. Hoy en día es raro verlo en equipos nuevos, y muchos de los brackets eSATA y cables asociados han quedado en desuso.

Micro SATA y conectores combinados

Para equipos compactos y portátiles se diseñó el conector Micro SATA (a veces denominado uSATA o μSATA), que combina en una sola pieza los contactos de datos y alimentación, manteniendo, eso sí, la separación lógica entre ambos buses.

Este tipo de conector se utilizaba mucho en portátiles, sistemas integrados y cajas con bahías hot‑swap, en las que basta deslizar el disco para que quede alimentado y conectado a la controladora, sin necesidad de tocar cables individuales. Su objetivo era aprovechar mejor el espacio y simplificar el montaje.

Con la estandarización de las unidades M.2 y NVMe en portátiles modernos, Micro SATA se ha visto desplazado y hoy está prácticamente en retirada, aunque todavía se encuentran adaptadores y puentes para reaprovechar hardware antiguo o para conectarlo a equipos actuales.

SATA de perfil bajo (Low Profile SATA)

Los cables SATA de perfil bajo son versiones especialmente planas y estrechas del cable de datos SATA convencional. Se diseñaron pensando en cajas muy compactas y ordenadores donde el espacio interno está muy limitado, por ejemplo, equipos Mini‑ITX con tarjetas gráficas largas.

Su ventaja es que ocupan tan poco que dos cables low profile pueden tener el grosor de un cable SATA normal, facilitando la gestión de cableado y el flujo de aire. Se ven con relativa frecuencia en portátiles y barebones, y algo menos en torres, salvo configuraciones muy apretadas.

En la actualidad, muchas de las funciones que cubrían estos cables las han asumido directamente las unidades M.2 SSD montadas en placa, que no requieren cables. Aun así, siguen siendo una opción útil si necesitas exprimir al máximo el espacio disponible sin renunciar a unidades SATA de 2,5″.

SATA brackets y extensores

Bajo el nombre de SATA brackets se agrupan los accesorios que sirven para llevar puertos SATA internos al exterior del chasis, normalmente mediante una chapa que se atornilla en la parte trasera (como si fuera una tarjeta de expansión) y que ofrece puertos eSATA o SATA externos.

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Estos brackets han sido muy usados para añadir conectividad a cajas sin bahías accesibles o para facilitar el acceso a discos que se enchufan y desenchufan habitualmente. Sin embargo, al desaparecer eSATA de la mayoría de placas modernas y con la popularización de USB 3.x, hoy tienen un papel muy minoritario.

Cómo usar cables SATA para instalar y ampliar almacenamiento

La instalación de una unidad SATA es relativamente sencilla, pero conviene respetar algunos pasos para asegurarse de que datos y alimentación están correctamente conectados y el sistema la detecta sin problemas. El proceso varía poco entre HDD y SSD SATA.

Si vas a sustituir un disco existente por otro del mismo tipo, puedes dejar el cable de datos conectado a la placa base y simplemente desconectar el extremo que va al disco viejo para conectarlo al nuevo. Lo mismo con el cable de alimentación, siempre que la posición lo permita.

Para añadir una unidad extra, la secuencia típica sería:

  • Apagar completamente el PC y desconectarlo de la corriente, luego retirar el panel lateral de la caja.
  • Colocar la nueva unidad en una bahía disponible de 3,5″ o 2,5″, fijándola con tornillos o usando el sistema sin herramientas de la caja.
  • Comprobar que la longitud del cable SATA de datos permite llegar cómodamente desde un puerto libre de la placa hasta la unidad, sin tensiones raras.
  • Conectar un extremo del cable de datos al conector SATA del disco y el otro a un puerto SATA libre de la placa base, empezando si es posible por el SATA0 o SATA1 (consultando el serigrafiado o el manual).
  • Conectar un cable de alimentación SATA de la fuente al conector de 15 pines de la unidad.
  • Revisar que ambos conectores han encajado bien y que los cables no interfieren con ventiladores ni con la gráfica.
  • Cerrar la caja, encender el equipo y entrar en la BIOS/UEFI o en el sistema operativo para verificar que la nueva unidad aparece correctamente.

En dispositivos preparados para hot‑swap, como bahías extraíbles o algunas cabinas profesionales, este proceso se simplifica, ya que el bastidor interno integra los conectores de datos y alimentación y basta con deslizar la unidad dentro de la bandeja.

Cables SATA frente a otras interfaces: PATA, SCSI, SAS, PCIe, USB‑C…

Para entender bien la “diferencia entre cables SATA y cables de datos” es útil echar la vista atrás y ver con qué tecnologías compite o ha competido. SATA no solo sustituyó a PATA, también convivió con SCSI y SAS en el entorno profesional y ahora se ve presionado por PCIe, NVMe y USB‑C en el lado del rendimiento.

PATA / IDE: el antecesor directo

Antes de SATA dominaban los cables PATA, también conocidos como IDE o ATA paralelo. Eran esas cintas anchas de 40 u 80 hilos que podían conectar hasta dos dispositivos por cable, con la típica configuración master/slave y unos conectores grandes y poco manejables.

En términos de rendimiento, las últimas revisiones de PATA ofrecían entre 33 MB/s y 133 MB/s de ancho de banda máximo teórico, claramente por debajo de los 150 MB/s de la primera generación SATA. Además, los cables PATA dificultaban la circulación de aire y eran un dolor para el montaje limpio.

Una de las ventajas de SATA fue unificar prácticamente el mismo tipo de conector para discos de 3,5″ de sobremesa y 2,5″ de portátil, a diferencia de PATA, que usaba conectores distintos en función del formato. A nivel de alimentación, PATA recurría al conector Molex de 4 pines, mientras que SATA introdujo el conector propio de 15 pines con más líneas de tensión.

SCSI y cables SAS

SCSI (Small Computer System Interface) fue durante años el estándar de referencia en equipos profesionales, servidores y estaciones de trabajo. Se usaba no solo para discos duros, sino también para unidades ópticas, escáneres, impresoras profesionales y otros periféricos exigentes.

Los cables SCSI y sus sucesores evolucionaron hacia SAS (Serial Attached SCSI), una interfaz en serie pensada para almacenamiento empresarial de alto rendimiento y alta disponibilidad. SAS mantiene compatibilidad a nivel de conector con SATA en muchos casos: un disco SAS suele poder conectarse a un backplane o controladora SATA, pero los puertos solo‑SATA no pueden manejar unidades SAS.

La gran baza de SAS es su escalabilidad: cada puerto SAS puede gestionar hasta 16 unidades mediante expansores, y una sola tarjeta SAS puede acabar controlando decenas o cientos de discos en un mismo sistema, con capacidades de direccionar hasta 65.535 dispositivos en configuraciones avanzadas.

Aunque para el usuario doméstico SATA ha sido “la norma”, en entornos de servidores y cabinas de almacenamiento de gama alta SAS ha ofrecido más rendimiento, fiabilidad y opciones de topología, si bien a un coste claramente superior.

PCIe, NVMe, U.2, M.2 y el auge de las nuevas interfaces

La razón por la que casi no se habla de un hipotético “SATA IV” está muy relacionada con la irrupción de SSD basados en PCI Express y el protocolo NVMe. En lugar de ir por un cable SATA independiente, estas unidades se conectan directamente a las líneas PCIe de la placa base, eliminando cuellos de botella.

En formato doméstico la estrella es el formato M.2: una pequeña tarjeta alargada que se atornilla directamente sobre la placa, sin cables ni conectores adicionales. En el ámbito profesional la interfaz U.2 ha ganado peso como sustituta de SATA en sistemas de nivel empresarial, combinando las ventajas del SSD (baja latencia, alta velocidad) con grandes capacidades de almacenamiento y mejor control térmico. Hay modelos de SSD U.2 capaces de superar los 60 TB de capacidad con velocidades muy superiores a SATA III.

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Por otro lado, para unidades externas, USB‑C y Thunderbolt han asumido el papel que en su día se quiso reservar a eSATA. Sus últimas versiones comparten conector físico y permiten tasas de transferencia enormes, convirtiéndose en la opción preferente para cajas externas, docks y soluciones de almacenamiento portátiles de alta velocidad.

¿Está desapareciendo SATA?

El consenso del sector es que SATA se encuentra en una fase clara de madurez e incluso de declive. Desde 2008 no se ha incrementado su velocidad máxima y las principales innovaciones en almacenamiento se han ido hacia PCIe y NVMe, donde sí hay margen para seguir subiendo rendimiento.

Aun así, los discos SATA (HDD y SSD) siguen teniendo un hueco muy importante como almacenamiento masivo económico. Para guardar grandes bibliotecas de archivos, copias de seguridad, contenido multimedia o datos que no requieren velocidades extremas, la relación precio‑capacidad de SATA continúa siendo muy atractiva.

Además, muchas cajas aún ofrecen bahías de 3,5″ y 2,5″ dedicadas a este tipo de unidades, y una buena parte de los chipsets actuales conserva varios puertos SATA para dar soporte a discos convencionales. Lo más probable es que la interfaz vaya perdiendo protagonismo poco a poco, pero conviva durante años con las nuevas tecnologías.

Otros dispositivos y componentes que usan cables SATA

Aunque se asocia casi siempre a discos duros y SSD, la interfaz SATA se emplea también en otros componentes del PC que necesitan tanto alimentación como un canal de datos relativamente rápido y sencillo de gestionar.

Entre los dispositivos más habituales que se conectan por SATA encontramos:

  • Unidades ópticas: lectoras y grabadoras de CD, DVD y Blu‑ray actuales suelen utilizar el mismo conector SATA de datos y el cable de alimentación SATA estándar.
  • Lectores de tarjetas de memoria: muchos modelos internos emplean un conector SATA tanto para la alimentación como para transferir los datos de las tarjetas a la placa base.
  • Bahías hot‑swap: cajas y módulos que permiten insertar y extraer discos sin apagar el equipo, utilizando internamente conectores de datos y alimentación SATA.
  • Tarjetas de expansión: algunas tarjetas de red avanzadas o controladoras de puertos adicionales requieren energía extra mediante un conector SATA de alimentación.
  • Controladores RGB y hubs de ventiladores: muchos chasis de gama media‑alta incluyen concentradores de iluminación y ventiladores que se alimentan mediante un cable SATA para disponer de más potencia que la que ofrece un simple conector de placa.
  • Sistemas de refrigeración líquida AIO: la bomba y la electrónica de control suelen tomar energía a través de un conector SATA de alimentación dedicado.

En todos estos casos, la clave es que el conector SATA de alimentación proporciona una línea estable de corriente a varios voltajes, mientras que, cuando se usa para datos, la interfaz es suficientemente rápida y madura como para simplificar enormemente la electrónica de control.

Diferencia práctica entre cable SATA de datos y cables de otros estándares

Si bajas al terreno práctico del montaje de un PC, la pregunta típica suele ser: ¿en qué se diferencia realmente un cable SATA de datos de otros cables de datos como los USB internos, los cables de panel frontal o los de PCIe?

La diferencia más obvia es el conector: el cable SATA de datos tiene un cabezal fino, con 7 pines alineados y una muesca en L, diseñado exclusivamente para conectar unidades de almacenamiento y algunos periféricos que hablan el protocolo SATA. No sirve para otra cosa, ni comparte formato con USB, ni con conectores de placa como los de audio o USB frontales.

En términos de funcionamiento, el cable SATA transporta un enlace punto a punto dedicado entre el dispositivo y el controlador, con una velocidad negociada (1,5 / 3 / 6 Gb/s) y un protocolo de comunicación específico (AHCI u otros en las primeras generaciones). Un cable USB, por ejemplo, forma parte de un bus compartido por múltiples dispositivos y utiliza un protocolo de muy distinta naturaleza.

De cara al usuario, eso se traduce en que el cable SATA se usa siempre para conectar discos y unidades SATA internas o, mediante adaptadores, para llevar esa conexión a otros formatos, mientras que otros “cables de datos” del PC se emplean para pantallas (DisplayPort, HDMI), periféricos externos (USB), o para comunicación de alta velocidad interna (PCIe, cables de alimentación GPU, etc.).

A pesar de que visualmente algunos cables puedan parecer similares o compartir colores, cada uno tiene una función precisa, pinout distinto y especificación eléctrica propia; por tanto, nunca deben intercambiarse entre sí salvo que sean formatos expresamente compatibles (como SAS y SATA en algunos conectores).

Todo este ecosistema hace que, a día de hoy, los cables SATA sigan siendo un elemento clave en el montaje de PCs y servidores de gama media, especialmente cuando hablamos de grandes volúmenes de datos, copias de seguridad, NAS domésticos o sistemas donde prime más la capacidad y el coste que las máximas prestaciones pico.

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