- El módem conecta tu red con el proveedor de Internet, mientras que el router enruta el tráfico entre tu LAN y redes externas.
- El switch crea y organiza la red local usando direcciones MAC, a diferencia del hub que replica el tráfico a todos los puertos.
- El router suele integrar funciones de switch, firewall, NAT y DHCP, convirtiéndose en el núcleo de la red doméstica o de pequeña oficina.
- Elegir y combinar bien módem, router y switch mejora rendimiento, seguridad y escalabilidad de cualquier red.
Cuando montas una red en casa o en la oficina, de repente empiezan a sonar palabras como módem, router, switch y hasta hub. Todos parecen cacharros parecidos, llenos de puertos Ethernet y lucecitas, pero su papel dentro de la red es muy distinto. Entender esas diferencias te ayuda a elegir mejor el equipo y a evitar cuellos de botella o problemas de seguridad.
A lo largo de este artículo vamos a ver con calma qué hace cada uno de estos dispositivos y en qué se diferencian, usando ejemplos del día a día y bajando la jerga técnica a algo más terrenal. Verás cuándo te basta con el router del operador, cuándo puede tener sentido añadir un switch, qué pinta pinta el módem en todo esto y por qué el viejo hub prácticamente ha quedado relegado a usos muy concretos.
Qué es un módem y qué papel tiene en la red

El módem es el dispositivo que se encarga de conectar tu red con la infraestructura del proveedor de Internet. Tradicionalmente modulaba y demodulaba la señal (de ahí su nombre), y aunque la tecnología ha cambiado (ADSL, cable, fibra), su función base sigue siendo la misma: hablar el mismo “idioma” que la red de tu ISP.
En la mayoría de hogares el módem viene directamente proporcionado por el operador de Internet. Muchas veces está integrado en el propio router que te instalan, pero en otros casos es un equipo separado que se conecta al router a través de un puerto Ethernet o coaxial.
Dependiendo del modelo, el módem puede asignar direcciones IP a los dispositivos conectados, actuando como un pequeño router muy básico, o simplemente entregar una sola IP al router principal. En instalaciones sencillas, consolas, ordenadores o móviles pueden llegar a conectarse directamente al módem (sobre todo cuando el ISP entrega un equipo híbrido módem-router).
Un detalle importante es que, al ser un equipo gestionado por el proveedor, las opciones de configuración suelen estar muy limitadas. En muchos casos no podrás cambiar casi nada más allá de la contraseña WiFi o algunos parámetros básicos, y hay ajustes avanzados que el operador bloquea por motivos de soporte o seguridad.
Qué es un router y para qué sirve realmente

El router es el cerebro de tu red doméstica o de pequeña oficina, el que se encarga de reenviar los paquetes de datos entre diferentes redes. Normalmente une tu red local (LAN) con una red externa: la de tu proveedor de Internet o cualquier otra red remota a través del puerto WAN.
Su función clave es decidir cuál es la mejor ruta para que cada paquete de datos llegue a su destino. Para ello utiliza un protocolo de enrutamiento y tablas de rutas, que le permiten saber por qué interfaz debe mandar cada paquete según la dirección IP de destino. Aunque esto suena muy técnico, en la práctica es lo que hace posible que abras una web, juegues online o entres a la VPN de tu empresa.
A nivel de modelo OSI, un router trabaja sobre todo en la capa de red (capa 3), pero los routers modernos integran funciones que también tocan la capa física y la de enlace de datos, especialmente porque suelen incluir varios puertos Ethernet y conectividad WiFi.
En un uso doméstico típico, el router se encarga de que todos tus dispositivos se conecten a Internet sin limitarse a la red local. Móviles, televisores, ordenadores, consolas o cámaras IP obtienen del router una dirección IP interna y salen a Internet a través de una única conexión externa compartida.
Además de enrutar, estos dispositivos incluyen funciones extra como NAT, servidor DHCP, servidor DNS básico y firewall. El NAT permite que muchos dispositivos internos compartan una sola IP pública, el DHCP asigna automáticamente direcciones IP dentro de la red local y el firewall basado en hardware filtra el tráfico para protegerte de ataques externos como intentos de intrusión o ciertos tipos de DDoS.
En redes algo más avanzadas, el router puede trabajar con enrutamiento adaptativo o estático. El adaptativo actualiza sus tablas de enrutamiento según las condiciones de la red (fallos de enlaces, congestión, etc.), mientras que el estático sigue rutas definidas manualmente por el administrador de la red.
Qué es un switch y cómo funciona
El switch es el encargado de construir y organizar la red local conectando entre sí múltiples dispositivos. A diferencia del router, no se ocupa de hablar con otras redes (como Internet), sino de que las máquinas dentro de la misma LAN se comuniquen de manera rápida y eficiente.
Un switch trabaja principalmente en la capa 2 del modelo OSI, aunque muchos modelos actuales pueden operar también en capa 3 para ofrecer funciones avanzadas (los llamados switches de capa 3). Su misión es recibir tramas, analizarlas y reenviarlas únicamente al puerto correspondiente al dispositivo de destino.
Para lograr esto, un switch aprovecha las direcciones MAC de los equipos conectados. Conforme recibe tráfico, va aprendiendo qué dirección MAC se encuentra en cada puerto y construye una tabla donde queda mapeada esa relación. Cuando llega una trama destinada a una MAC concreta, sabe exactamente por qué puerto debe enviarla, sin molestar al resto de dispositivos.
Gracias a este comportamiento, los paquetes de datos enviados por el ordenador de origen no se replican hacia todos los ordenadores de la red, sino que llegan solo al dispositivo correcto. Esto reduce el tráfico innecesario, evita colisiones y permite que varios equipos se comuniquen entre sí al mismo tiempo con mucha mayor eficacia que en tecnologías más antiguas como los hubs.
En definitiva, podríamos decir que el switch crea un canal de comunicación exclusivo entre emisor y receptor para cada transmisión, optimizando el uso del ancho de banda y mejorando la estabilidad de la red, sobre todo cuando hay un número elevado de equipos conectados.
El viejo hub: qué es y por qué casi no se usa
Antes de que los switches se abaratasen, el dispositivo típico para montar una red sencilla era el hub ( concentrador de red ), un equipo muy básico que actúa como punto central de conexión. Su funcionamiento es tremendamente simple: todo lo que recibe por un puerto lo replica y lo manda por todos los demás, sin distinguir destinatarios.
Cuando un ordenador conectado a un hub envía datos, el hub copia esa información y la envía a todos los equipos de la red. No es capaz de dirigir los datos a un único receptor; de hecho, ni siquiera sabe qué ordenador es el destinatario. Son los equipos finales los que miran si ese tráfico va dirigido a ellos o lo descartan.
Esta forma de trabajar tiene algunas desventajas claras. Por un lado, el consumo de ancho de banda es mucho mayor, porque cada bit que quieras enviar a un equipo termina circulando por todos los puertos del hub. Por otro, mientras se produce una transmisión, el resto de equipos debe esperar a que termine para poder enviar datos, lo que genera cuellos de botella en cuanto la red se carga un poco.
Pese a todo, los hubs han tenido su uso, sobre todo en tareas de análisis de redes y monitorización de tráfico. Como repiten todo hacia todos, es muy sencillo enganchar una herramienta de diagnóstico y ver qué circula por la red, detectar errores o estudiar el comportamiento de ciertos dispositivos.
Con la llegada de los switches asequibles, el hub ha quedado prácticamente obsoleto en redes modernas, ya que ofrece menos rendimiento, menos eficiencia y cero inteligencia frente a las ventajas que aporta un switch para el mismo escenario.
Diferencias entre switch y router
La primera diferencia fundamental es la función principal de cada dispositivo dentro de la red. El switch se encarga de interconectar dispositivos dentro de una misma red local, mientras que el router une redes distintas entre sí (por ejemplo, tu LAN con Internet o con otra LAN remota).
En segundo lugar, debemos fijarnos en la capa del modelo OSI en la que trabajan. El switch opera principalmente en la capa de enlace de datos (capa 2) y, en algunos modelos avanzados, también en capa 3, mientras que el router trabaja en la capa de red (capa 3) y, al integrar puertos físicos y funciones adicionales, también toca la capa física y la de enlace.
Otra distinción clave está en cómo toman decisiones sobre el envío de los datos. El switch utiliza las direcciones MAC para determinar por qué puerto debe reenviar cada trama, creando circuitos lógicos entre emisor y receptor. El router, en cambio, se basa en las direcciones IP y en sus tablas de enrutamiento para decidir por qué ruta debe salir cada paquete hacia otra red.
También cambia el tipo de tráfico que gestiona cada uno. El switch se centra en el tráfico interno de una red local, conectando ordenadores, impresoras y servidores para que compartan recursos. El router, por su parte, gobierna el tráfico entre redes distintas, se comunica con otros routers y elige la ruta más eficiente para que los datos alcancen redes externas.
Por último, hay diferencias importantes en cuanto a seguridad y funcionalidades añadidas. El switch, salvo modelos gestionables con opciones avanzadas, tiene un rol bastante neutro: se limita a conmutar tramas dentro de la LAN. El router, en cambio, suele integrar firewall, NAT, filtrado de paquetes, control de prioridad del tráfico y otros mecanismos que protegen la red y optimizan la conexión hacia el exterior.
Diferencias entre router y switch en cuanto a posibilidades de conexión
Si te fijas en un router doméstico típico, verás que incluye varios puertos Ethernet LAN. Eso significa que, además de enrutar, también puede asumir el papel de un pequeño switch integrado, permitiendo conectar varios dispositivos por cable sin necesidad de equipos adicionales.
Un switch, por su parte, se utiliza sobre todo para ampliar el número de puertos disponibles en un router o un módem. Es decir, cuando los puertos LAN del router se quedan cortos, conectas un switch a uno de ellos y ganas una batería extra de bocas para enchufar más ordenadores, impresoras de red, cámaras IP, etc.
Mientras que los switches se limitan a la red local, el router tiene la capacidad de crear tanto redes locales como establecer la comunicación con redes externas. Es el responsable de que tu red privada pueda hablar con Internet, y además puede interconectar varias subredes internas entre sí si tu entorno lo requiere.
En casas y oficinas pequeñas, el uso habitual consiste en un único router que hace de puerta de enlace y, si hace falta, uno o varios switches que amplían la capacidad de la LAN. El router sigue siendo el punto central para salir a Internet, mientras que los switches se encargan de distribuir las conexiones entre los distintos puestos de trabajo.
En entornos empresariales más grandes, el diseño puede ser más complejo, con múltiples switches de acceso, switches de distribución y uno o varios routers que conectan todo eso con otras sedes o con la red del proveedor, pero la lógica de funciones sigue siendo la misma: los switches conmutan dentro de la red; los routers enrután entre redes.
Router con módem integrado, router independiente y doble NAT
Muchos equipos que instala el proveedor de Internet son, en realidad, dispositivos híbridos que combinan en una sola carcasa módem y router. Traduciendo: ellos mismos hablan con la red del ISP y, al mismo tiempo, crean y gestionan tu red local con WiFi y puertos Ethernet.
En otros montajes se utiliza un módem “puro” conectado a un router neutro independiente. En ese caso, el módem se encarga únicamente de traducir la señal de la red del operador y entregar una conexión al router, que es quien gestiona IPs internas, firewall, WiFi, etc. Esta opción suele dar más libertad de configuración y mejores prestaciones.
Cuando, por desconocimiento, se conectan dos routers en cascada sin ajustar bien la configuración, puede generarse lo que se conoce como doble NAT. Es decir, cada router está haciendo NAT por su cuenta, creando dos capas de traducción de direcciones IP una encima de la otra, lo que puede dar problemas con puertos abiertos, juegos online o servicios que necesitan conexiones entrantes.
Algunos routers de cable incluyen también la función de punto de conexión a Internet (cable modem router), unificando aún más el equipo: manejan la conexión con el proveedor, reparten IPs internas, hacen de switch y sirven la WiFi, todo en uno. Son prácticos, pero a veces limitan al usuario avanzado que quiere un control fino de la red.
En cualquier caso, lo importante es entender que el módem trata con la red del ISP y la capa física de acceso, mientras que el router se encarga de cómo se mueven los datos entre tu red y el resto del mundo. Elegir un buen router o configurar bien el que tienes puede marcar una diferencia notable en estabilidad, seguridad y rendimiento.
Diferencias entre hub, switch y router
Si ponemos uno al lado del otro a hub, switch y router, vemos que, aunque puedan compartir conectores similares, sus funciones dentro de la red son bastante distintas. Los dos primeros se centran en redes locales y el tercero conecta redes distintas entre sí, además de aportar muchas más opciones de control.
El hub es el más simple de todos: recibe tramas y las reenvía por todos los puertos sin discriminar. No entiende de direcciones MAC ni IP; solo replica lo que le llega. Eso lo hace fácil de usar pero ineficiente, generando mucho tráfico innecesario y limitando el rendimiento cuando hay varios equipos comunicándose.
El switch es el “hermano listo”: aprende qué dirección MAC hay en cada puerto y solo manda las tramas al destino correcto. Gracias a esa inteligencia básica, reduce el tráfico broadcast, mejora el aprovechamiento del ancho de banda y permite que múltiples conversaciones ocurran en paralelo dentro de la red.
El router da un salto más en la escala: cumple funciones similares a las del switch dentro de la LAN (porque suele integrar uno) y, además, se encarga de enrutar los paquetes hacia otras redes, sobre todo Internet. Añade funcionalidades de seguridad, gestión de IPs, prioridades de tráfico y otras herramientas que lo convierten en la pieza clave de la red.
En cuanto al tipo de datos que manejan, hub y switch trabajan con frames (tramas) de la capa 2, mientras que el router gestiona paquetes IP en capa 3. Los hubs envían esos frames a todos los dispositivos conectados, los switches solo al dispositivo previsto, y el router los redirige entre redes diferentes según la IP de destino.
Escenarios de uso habituales de módem, router, switch y hub
En redes domésticas típicas, el protagonista absoluto es el router (normalmente con módem integrado), que permite trabajar en red local y acceder a Internet sin complicarse la vida. El operador te lo instala, lo configura y, salvo cambiar la clave WiFi, no necesitas tocar gran cosa.
Los switches empiezan a cobrar protagonismo en redes de tamaño medio y oficinas con bastantes puestos. Se usan para conectar un gran número de PCs, impresoras, teléfonos IP y otros dispositivos a los servidores o al router principal. En estos entornos, la eficiencia del switch y su capacidad para gestionar tráfico simultáneo es clave.
Los routers se utilizan a todas las escalas: desde el router de tu casa hasta los routers de backbone que interconectan grandes redes a nivel de proveedor. En redes inalámbricas, son también los encargados de enlazar los puntos de acceso WiFi con el resto de la infraestructura y con la salida a Internet.
Los hubs, aunque hoy en día se ven menos, todavía pueden aparecer en redes muy pequeñas, entornos industriales antiguos o laboratorios donde interesa capturar y analizar todo el tráfico de forma sencilla. Aun así, en la mayoría de casos han sido sustituidos por switches, que ofrecen mucho mejor rendimiento por un precio similar.
A la hora de elegir qué dispositivo necesitas, conviene valorar el tamaño de la red, las necesidades de rendimiento y las funciones deseadas. Para una red doméstica sencilla, un buen router (normalmente el del operador) puede ser suficiente. Si quieres más puertos o más control, añadir un switch gestionable o un router neutro puede ser una muy buena jugada.
En definitiva, comprender cómo se reparten el trabajo el módem, el router, el switch y el ya casi histórico hub te permite montar redes más estables, seguras y fáciles de ampliar, evitar configuraciones problemáticas como el doble NAT y exprimir mejor la conexión que estás pagando a tu proveedor de Internet.
Tabla de Contenidos
- Qué es un módem y qué papel tiene en la red
- Qué es un router y para qué sirve realmente
- Qué es un switch y cómo funciona
- El viejo hub: qué es y por qué casi no se usa
- Diferencias entre switch y router
- Diferencias entre router y switch en cuanto a posibilidades de conexión
- Router con módem integrado, router independiente y doble NAT
- Diferencias entre hub, switch y router
- Escenarios de uso habituales de módem, router, switch y hub