- Revisar seguridad, reputación de la web y condiciones antes de pagar reduce drásticamente el riesgo de fraude y problemas con envíos o devoluciones.
- Usar métodos de pago seguros, evitar redes WiFi públicas y desconfiar de ofertas imposibles protege tus datos bancarios y personales.
- Los e-commerce que simplifican el checkout, muestran información clara y automatizan la recuperación de carritos mejoran ventas y fidelización.
- Conocer a tu cliente ideal, medir resultados y cuidar el servicio posventa es clave para que una tienda online crezca de forma rentable y sostenible.
Comprar online se ha vuelto parte de nuestra rutina diaria, pero cada clic que hacemos puede esconder riesgos y meteduras de pata que salen caras: desde perder dinero hasta regalar nuestros datos bancarios a un ciberdelincuente. Aunque parezca que ya lo controlamos todo, hay detalles muy simples que seguimos pasando por alto y que los estafadores conocen mejor que nadie.
Además, no solo los consumidores se equivocan; también muchas tiendas online cometen fallos graves que frenan ventas, destruyen la confianza y hacen que la gente abandone el carrito a la mínima. Conocer estos errores típicos —tanto del lado del comprador como del vendedor— es clave para disfrutar de compras seguras y para que cualquier e-commerce pueda despegar de verdad.
Los errores de seguridad más peligrosos al comprar por internet
Uno de los fallos más repetidos es el exceso de confianza al navegar y comprar. Como ya estamos acostumbrados a pagar por la web, muchas personas dejan de fijarse en los detalles de seguridad, no revisan la URL, no comprueban el candado del navegador ni la seriedad del comercio, y terminan metiendo la tarjeta en cualquier página con un buen descuento y poco más.
Este exceso de confianza es especialmente peligroso porque las estafas online se han disparado más de un 450% en los últimos años, impulsadas por el uso masivo del comercio electrónico; por eso conviene saber cómo protegerse de fraudes y no fiarse de ofertas aparentemente increíbles.
Otro error de bulto es comprar usando redes WiFi públicas sin ningún tipo de protección. Conectarse a la red de la cafetería, la biblioteca o el aeropuerto parece inocente, pero cualquiera con ciertos conocimientos técnicos podría espiar el tráfico y hacerse con tus contraseñas, datos bancarios o acceso al correo. Blindar el portátil o el móvil sirve de poco si luego se usan en redes completamente abiertas.
También se subestima el riesgo de usar dispositivos potencialmente infectados. Descargar aplicaciones pirata en formato .apk, usar programas crackeados con “medicinas” de dudosa procedencia o tirar de redes P2P sin cuidado puede acabar colando un malware que registre lo que escribes, robe tus credenciales de banca online o te redirija a webs falsas que imitan a las originales; por eso es fundamental crear y usar contraseñas fuertes y mantener el software actualizado.
Uno de los trucos más rentables para los delincuentes es el phishing: correos y SMS que simulan ser de tu banco o de una tienda conocida, que incluyen enlaces a páginas clonadas casi idénticas a las reales. Suelen avisar de que tu cuenta está bloqueada, de un problema con un pedido o de una oferta irresistible. Si pinchas y metes tus datos, no estarás accediendo al banco ni finalizando una compra, sino entregando tus credenciales directamente al estafador; aprender a detectar phishing es clave para no caer.
En esa misma línea está el phishing bancario más sofisticado, en el que las páginas de inicio de sesión de bancos se copian hasta el último detalle. El banco nunca va a pedirte que confirmes datos confidenciales pulsando sobre un enlace recibido por email o SMS. Si caes y el banco se desentiende alegando culpa del usuario, es fundamental que documentes lo ocurrido y reclames formalmente, porque existen vías legales para exigir la devolución del dinero robado.
Webs falsas, precios imposibles y compras que nunca llegan
Un problema muy extendido es caer en tiendas falsas que solo existen para cobrar y desaparecer. Suelen promocionarse en redes sociales con ofertas agresivas: rebajas del 70-90%, móviles carísimos tirados de precio, zapatillas de marca a coste ridículo, etc. La web aparenta ser profesional, pero tras el pago no hay envío alguno, únicamente el robo de tu dinero y, muchas veces, de tus datos personales; muchas de estas estafas se difunden precisamente en redes sociales.
Estos fraudes no solo afectan a tiendas “normales”, también son muy frecuentes en plataformas de compraventa de segunda mano. Si se hace una transferencia directa al supuesto vendedor y este desaparece, recuperar el dinero es complicado. Si la operación se ha realizado a través de un intermediario económico (por ejemplo, un marketplace que gestiona el pago y cobra comisión), la reclamación irá contra esa empresa. Si solo es un intermediario que pone en contacto a las partes, como algunas apps de anuncios, la vía será la denuncia policial y avisar a la plataforma para que bloquee al usuario estafador.
Otro ejemplo clásico son los productos que llegan rotos, defectuosos o en pésimas condiciones. El artículo puede haber sufrido daños durante el transporte o, directamente, no cumplir con lo prometido en la descripción. A esto se suman paquetes que nunca llegan o que se entregan muy fuera de plazo, generando conflictos sobre quién asume la responsabilidad, si la tienda o la empresa de mensajería; estas son algunas de las desventajas del comercio electrónico que conviene valorar.
Además, muchas personas tropiezan con problemas al ejercer el derecho de desistimiento o al tramitar devoluciones. En compras a distancia, salvo excepciones concretas (por ejemplo, productos claramente personalizados), el consumidor tiene derecho a devolver el producto en un determinado plazo. Las trabas suelen aparecer cuando la tienda no informa bien de este derecho, complica el proceso o directamente no responde a las solicitudes.
Un fallo muy serio es comprar en páginas de países fuera de la Unión Europea sin valorar las consecuencias. Los precios baratos de webs de China o Estados Unidos son tentadores, pero si surge un conflicto, reclamar implica acudir a los organismos del país de origen o iniciar acciones judiciales allí, algo muchísimo más lento y costoso. A esto se suman tiempos de entrega largos y posibles problemas de aduanas o impuestos adicionales.
Cuando sospeches que una web se ha creado para engañar, es importante recopilar pruebas cuanto antes, como capturas de pantalla de la página, los precios, el proceso de pedido o los correos recibidos. Esa documentación será muy útil para acompañar la denuncia ante Policía o Guardia Civil, y para respaldar futuras reclamaciones frente a bancos o plataformas de pago.
Errores básicos al introducir datos y gestionar envíos
Más allá de la seguridad, muchos disgustos llegan por errores muy cotidianos, como no revisar bien la dirección de envío antes de confirmar la compra. Un simple despiste con el país, la ciudad o el código postal puede dar lugar a paquetes perdidos, entregas fallidas o interminables idas y venidas con el servicio de mensajería.
Es importante comprobar cada vez que compres que la tienda está usando el país y la dirección correctos, sobre todo si has cambiado recientemente de dispositivo, has borrado cookies o navegas sin iniciar sesión. Algunas webs detectan automáticamente la localización y ajustan el país, lo que puede modificar también las opciones de envío, los plazos y hasta los impuestos.
En servicios con casillero, apartado postal o freight forward, uno de los fallos más frecuentes es olvidar poner el número de casillero o el identificador de cliente. Sin ese dato, resulta casi imposible asociar el paquete a tu cuenta, lo que genera extravíos, retrasos y reclamaciones innecesarias. Conviene incluir ese código en el nombre o en la segunda línea de la dirección para que quede siempre claro.
Otro descuido muy habitual es no comprobar las tallas y medidas cuando se compra ropa, calzado u otros productos con tallaje. No todas las marcas tallan igual, y muchas plataformas ofrecen guías de tallas y tablas con equivalencias que la gente ignora por pereza. Revisar qué talla usas en diferentes marcas de tu armario y compararla con la guía del producto te ahorrará muchas devoluciones.
También hay que verificar que la tienda acepta envíos a direcciones tipo P.O. Box o freight forward. No todas las webs permiten enviar a estos servicios, y a veces se descubre demasiado tarde, cuando el pedido ya está hecho y el sistema lo rechaza o queda bloqueado. Antes de pagar, conviene revisar la política de envíos o las preguntas frecuentes para asegurarse de que no habrá sorpresas.
Por último, muchos usuarios se lanzan a comprar sin leer reseñas ni opiniones de otros clientes. Las valoraciones pueden dar pistas sobre la calidad real del producto, su durabilidad, si talla grande o pequeño o si la descripción coincide con la realidad. Las reseñas con fotos son especialmente útiles para hacerse una idea fiel de lo que vas a recibir y evitar decepciones.
Falta de información, reseñas y señales de confianza
Cuando se compra en una tienda física, puedes tocar el producto, verlo desde varios ángulos, leer la etiqueta y hacerle preguntas al vendedor. En internet, todo eso se reduce a lo que la web te enseñe, por eso uno de los fallos más graves de muchas tiendas online es ofrecer fichas de producto escasas o confusas. Descripciones vagarosas, sin detalles sobre tamaño, materiales, peso o uso recomendado hacen que el cliente dude y decida irse a otra tienda mejor explicada; una buena ficha en un tienda online debe ofrecer esos detalles.
La solución pasa por incluir información lo más completa y clara posible: dimensiones exactas, composición, usos, instrucciones de cuidado, tallas bien definidas en el caso de la ropa, colores disponibles y cualquier dato que, como comprador, tú mismo echarías de menos. Una buena ficha reduce devoluciones y aumenta la confianza.
Otro punto crítico es ocultar la información de contacto o hacerla difícil de encontrar. A muchos clientes les genera desconfianza no saber quién está detrás de la tienda, dónde se encuentra la empresa o a quién pueden recurrir si tienen un problema con el pedido. Además, la legislación obliga a mostrar ciertos datos identificativos y legales (como el aviso legal o la razón social).
Para reforzar la credibilidad, es fundamental mostrar señales claras de confianza, como sellos de calidad reconocidos, certificaciones de seguridad, opiniones verificadas y un diseño profesional. Estudios de test A/B han demostrado que la simple presencia de un sello de confianza visible en la tienda puede aumentar de forma notable tanto el número de pedidos como el volumen de negocio.
Ignorar las reseñas es un fallo tanto del cliente como del comercio. No ofrecer un espacio visible para valoraciones y comentarios hace que la página parezca menos viva y transparente. Por el contrario, mostrar reseñas, incluso alguna que no sea perfecta, transmite autenticidad y ayuda a otros compradores a decidirse.
Hay otro aspecto legal clave que muchos usuarios pasan por alto: aceptar términos y condiciones sin haberlos leído jamás. Es molesto, sí, pero dedicar unos minutos a revisar políticas de devoluciones, plazos, tratamiento de datos y condiciones de envío puede ahorrarte disgustos cuando algo no sale bien. En el caso contrario, la tienda también debería esforzarse por redactar estos textos de forma clara y accesible.
Pagos, métodos de cobro y errores al usar la tarjeta
En el momento del pago se concentran muchos de los errores críticos. Uno de ellos es asumir que una oferta rompedoramente barata es siempre legítima. El hecho de encontrar un producto a la mitad de precio que en el resto de webs no significa que hayas descubierto el chollo del siglo; puede ser la puerta de entrada a una estafa o a un comercio que jamás enviará lo que has pagado.
También supone un riesgo meter directamente los datos de tu tarjeta en tiendas pequeñas o poco conocidas sin valorar alternativas más seguras. Si esa web sufre una filtración de datos, tus números de tarjeta podrían acabar a la venta en foros clandestinos. Un buen hábito es usar tarjetas virtuales recargables con el importe justo o pasarelas de pago intermediarias que aporten capas extra de protección.
Los ciberdelincuentes aprovechan cualquier despiste, y uno muy grave es introducir el PIN de la tarjeta en una web que lo solicita para pagar. En los pagos online lo habitual es que se pidan el número de tarjeta, la fecha de caducidad y el código de seguridad, o bien que se use la autenticación reforzada de tu banco (por ejemplo, a través de su app). Si una web pide el PIN, hay que desconfiar inmediatamente porque es una señal clarísima de fraude.
Otro mal hábito es limitarse a un único método de pago o usar combinaciones poco adecuadas desde la tienda online. Conviene ofrecer la mezcla correcta de métodos para que el cliente pueda elegir el que más confianza le dé: tarjetas, plataformas de pago online, transferencia, contra reembolso, pagos fraccionados, etc. No se trata de ofrecer todos los métodos posibles, sino los que mejor encajan con el público objetivo y el tipo de producto.
Cada método tiene sus pros y sus contras. Las tarjetas son cómodas y muy extendidas, pero implican comisiones y son objetivo frecuente de fraude. PayPal y soluciones similares suelen inspirar confianza al usuario, aunque también cobran comisiones al comercio. La transferencia bancaria es segura, pero lenta y poco práctica para compras impulsivas. El pago contra reembolso da tranquilidad al comprador, pero supone más riesgo y coste para la tienda.
En cuanto a los pagos a plazos, pueden disparar las ventas en sectores donde el ticket medio es alto, pero requieren una buena gestión del riesgo y del seguimiento de cobros. Además, hay métodos menos extendidos como pagos móviles o criptomonedas, que conviene analizar con calma antes de incorporarlos, valorando siempre la demanda real y el impacto en la experiencia del cliente.
Carritos, procesos de compra y experiencia de usuario
Un error que pasa mucha factura a los e-commerce es tener procesos de compra largos, confusos o llenos de pasos innecesarios. Cada pantalla adicional, cada dato que se pide sin ser imprescindible y cada distracción aumenta la probabilidad de que el usuario se canse y abandone el carrito sin pagar.
Lo ideal es plantear un checkout lo más sencillo y corto posible, donde en una sola página se puedan introducir dirección, elegir método de envío y seleccionar forma de pago, con una pantalla final de confirmación clara que resuma todo el pedido. Cuando el flujo es ágil y sin sobresaltos, la tasa de conversión mejora de manera notable.
Obligar al usuario a crearse una cuenta sí o sí antes de poder comprar es otro freno importante. Muchos compradores solo quieren hacer un pedido puntual, sin invertir tiempo en registrar datos, confirmar correos y recordar contraseñas. Obligar a registrarse al inicio del proceso puede suponer perder ventas que, quizá, con una buena experiencia, se habrían convertido luego en clientes recurrentes.
Un enfoque más inteligente es permitir la compra como invitado y, al final de la operación, ofrecer la opción de guardar los datos para futuras compras o seguir el estado del pedido. De esta manera se reduce la fricción sin renunciar a la creación de cuentas para los usuarios que realmente vean valor en ello.
El carrito de compra también juega un papel crucial. Un error muy extendido es un carrito poco intuitivo, difícil de editar o sin información clara. El cliente debe poder añadir y eliminar productos con facilidad, modificar cantidades, volver atrás sin perder lo seleccionado y ver los costes adicionales (como gastos de envío o impuestos) de forma totalmente transparente; mejorar el diseño del carrito de compra es una prioridad.
Además, muchos comercios no aprovechan estrategias tan eficaces como la recuperación de carritos abandonados. La mayoría de los carritos se quedan a medias por distracciones, dudas o pequeñas barreras técnicas. Automatizar correos o mensajes recordando al usuario que dejó productos sin comprar, quizás acompañados de un pequeño incentivo o de un recordatorio de tiempo limitado, puede recuperar un porcentaje importante de ventas perdidas.
Una tienda online con buena selección de productos puede fracasar si la navegación es un caos y el buscador no funciona bien. Cuando el usuario no encuentra lo que busca en pocos clics, simplemente se marcha. Categorías poco claras, filtros inexistentes o secciones vacías generan frustración y sensación de abandono; por eso conviene planificar bien la estructura de categorías desde el principio.
El buscador interno debe ser rápido, relevante y con filtros útiles. Cuando alguien sabe exactamente lo que quiere, no tiene paciencia para navegar por todas las categorías. Un buen buscador permite introducir términos sencillos, mostrar resultados relacionados, filtrar por precio, popularidad, novedades o categoría, y evitar páginas interminables de productos que no tienen nada que ver.
Las imágenes también son clave en la decisión de compra. Un fallo común es mostrar fotos demasiado pequeñas o de baja calidad, en las que apenas se aprecia el producto. Si al pulsar en “ampliar imagen” esta se ve igual de pequeña, la sensación de chapuza está garantizada, y el usuario puede perder la confianza en lo que está comprando.
Lo ideal es ofrecer imágenes grandes, nítidas y con función de zoom, que permitan examinar el producto en detalle. En muchos casos, un tamaño aproximado de 1024×768 en la vista ampliada es una buena referencia para ofrecer una visión a pantalla casi completa en un monitor estándar.
Otro error es limitarse a una sola foto por producto. Salvo que se trate de un artículo muy simple o de una descarga digital, conviene enseñar el producto desde diferentes ángulos, incluir vistas frontal, lateral y trasera, así como primeros planos de elementos importantes o detalles de acabado. Un conjunto de cuatro o cinco imágenes suele ser suficiente para que el cliente se haga una idea realista.
Presentar los productos con cariño es esencial: el diseño de la web debe estar al servicio del producto, no al contrario. Elementos gráficos demasiado recargados, animaciones innecesarias o tipografías difíciles de leer desvían la atención del objetivo principal de una tienda online: que el visitante entienda bien lo que se vende y se anime a comprarlo.
Políticas de envío, gastos ocultos y problemas habituales del consumidor
Uno de los motivos más frustrantes para abandonar el carrito es descubrir los gastos de envío al final del proceso de compra. Algunas tiendas juegan a ocultar o minimizar estos costes hasta el último momento, y cuando el usuario ve que el precio final se ha disparado por el transporte u otros recargos, se marcha sin terminar el pedido.
La normativa de consumo exige que los gastos de envío y otros costes adicionales se muestren de forma clara y transparente. Lo más honesto (y eficaz) es incluir esta información ya en la propia página de producto o al menos antes de que el artículo se añada al carrito, indicando también condiciones especiales como recargos por determinadas zonas, islas o envíos internacionales.
Si la tienda ofrece envío gratuito a partir de un importe mínimo, conviene destacarlo de forma visible. Esto no solo mejora la percepción de valor, sino que también puede aumentar el importe medio del carrito, ya que muchos usuarios añaden algún producto más para alcanzar el umbral de envío gratis.
Entre los problemas cotidianos de los compradores online están los paquetes extraviados o que llegan fuera del plazo acordado. En estos casos, es útil haber conservado toda la documentación del pedido, los correos de confirmación y el seguimiento de la mensajería. Si el comercio no responde, se puede recurrir a los organismos de consumo competentes, especialmente cuando la empresa tiene sede en España o en otro país de la Unión Europea.
Para compras realizadas en webs con sede fuera de la UE, las reclamaciones se complican notablemente. Es necesario dirigirse a las autoridades del país de origen o iniciar procedimientos judiciales allí, algo poco realista para muchos consumidores. Por eso, antes de dejarse seducir por precios demasiado bajos en webs de terceros países, hay que valorar si compensa el riesgo y las posibles dificultades posteriores.
En el caso de comercios con sede en España, suele recomendarse como primer paso enviar un escrito formal de reclamación a la dirección que figura en la web. Si la respuesta no es satisfactoria, se puede acudir al organismo de Consumo de la comunidad autónoma o, según el problema, plantearse la vía judicial. Para conflictos con empresas de otros países de la UE, existe la plataforma ODR del Centro Europeo del Consumidor, que sirve de punto de apoyo a los usuarios.
En situaciones de fraude online, como el phishing bancario o las compras nunca entregadas, es importante presentar denuncia cuanto antes ante Policía o Guardia Civil. Además de ello, conviene reclamar al banco si ha habido cargos no autorizados o se ha vulnerado la seguridad de la cuenta. Si el banco se lava las manos, hay despachos y plataformas especializadas en reclamaciones bancarias que pueden asesorar sobre cómo recuperar el dinero.
Errores estratégicos habituales en tiendas online y cómo evitarlos
Desde el punto de vista del e-commerce, uno de los fallos más serios es no tener claro quién es el cliente ideal y tratar de vender a todo el mundo. Sin un perfil definido, es muy difícil segmentar campañas, diseñar mensajes efectivos o elegir los canales adecuados. Al final, se desperdicia presupuesto en publicidad mal enfocada y se obtienen conversiones muy bajas.
Para evitarlo, es clave trabajar un perfil detallado de cliente ideal, analizando edad, intereses, poder adquisitivo, comportamiento de compra y problemas que quiere resolver. Con herramientas como un CRM se puede segmentar la base de datos, crear audiencias específicas y enviar ofertas ajustadas a cada tipo de usuario, lo que dispara las probabilidades de venta.
Otro error estructural es descuidar la experiencia de compra. Una web lenta, que tarda más de tres segundos en cargar, con diseños pesados o llena de plugins innecesarios ahuyenta a los visitantes antes siquiera de que vean los productos. Invertir en un buen hosting, optimizar imágenes, revisar el código y eliminar lo superfluo puede marcar la diferencia.
Hay tiendas que, además, no cuentan con un plan para recuperar carritos abandonados. Dado que alrededor de siete de cada diez carritos se quedan a medias, no tener ningún sistema para recordar al cliente que dejó la compra sin finalizar es renunciar de entrada a un volumen enorme de ventas potenciales.
La automatización es otra gran olvidada. Muchas tiendas gestionan todas las tareas de marketing, atención al cliente y seguimiento de forma manual, lo que consume tiempo, genera errores y no escala a medida que el negocio crece. Automatizar correos de bienvenida, recordatorios de recompra, encuestas de satisfacción o notificaciones de envío permite mantener una comunicación constante con el cliente sin multiplicar el trabajo.
Relacionado con esto, está el fallo de no medir ni analizar el rendimiento. Sin datos sobre la tasa de conversión, el coste de adquisición de clientes, el retorno de inversión de las campañas o la recurrencia de compra, es imposible saber qué está funcionando y qué no. Integrar el e-commerce con herramientas de analítica y cuadros de mando en tiempo real ayuda a tomar decisiones informadas.
Por último, muchas tiendas se centran casi exclusivamente en captar nuevos compradores y se olvidan de fidelizar a quienes ya han comprado. Es mucho más barato conseguir una nueva venta de un cliente existente que captar uno desde cero. Programas de fidelización, ventajas para clientes VIP, descuentos personalizados y comunicación postventa pensada para aportar valor son palancas poderosas para aumentar la repetición de compra.
Tanto consumidores como tiendas online comparten responsabilidad a la hora de reducir riesgos y mejorar la experiencia de compra: estar atentos a los detalles de seguridad, revisar condiciones, usar métodos de pago seguros, ofrecer información clara y simplificar el proceso de compra hace que las compras por internet sean más seguras, más cómodas y también mucho más rentables para todas las partes implicadas.
Tabla de Contenidos
- Los errores de seguridad más peligrosos al comprar por internet
- Webs falsas, precios imposibles y compras que nunca llegan
- Errores básicos al introducir datos y gestionar envíos
- Falta de información, reseñas y señales de confianza
- Pagos, métodos de cobro y errores al usar la tarjeta
- Carritos, procesos de compra y experiencia de usuario
- Navegación, búsqueda interna y uso de imágenes de producto
- Políticas de envío, gastos ocultos y problemas habituales del consumidor
- Errores estratégicos habituales en tiendas online y cómo evitarlos