Fuentes modulares vs no modulares: diferencias, pros y contras

Última actualización: 9 de enero de 2026
  • La modularidad solo afecta a la gestión de cables y comodidad de montaje, no garantiza mejor calidad interna ni rendimiento.
  • Las fuentes modulares facilitan el flujo de aire, la estética y las actualizaciones, a costa de un precio mayor y conectores propietarios.
  • En equipos potentes y con caja vistosa compensa pagar por modularidad; en PCs básicos es preferible priorizar calidad aunque la fuente sea no modular.
  • Potencia adecuada, eficiencia 80 PLUS y buena plataforma interna son más importantes que el tipo de cableado a la hora de elegir fuente.

Comparativa fuentes de alimentación modulares y no modulares

Elegir una fuente de alimentación no va solo de mirar los vatios y la marca. En cuanto empiezas a buscar un poco, aparece un concepto que genera bastantes dudas: fuentes modulares, semi-modulares y no modulares. Y claro, llega la gran pregunta: ¿merece la pena pagar más por la modularidad o es mejor ahorrar y quedarse con una fuente de cableado fijo?

En las siguientes líneas vamos a desgranar con calma qué diferencias reales hay entre una fuente modular y una no modular, qué aporta cada tipo, en qué escenarios compensa gastar más y en cuáles es tirar el dinero. Verás ventajas, desventajas, algunos mitos que siguen circulando por Internet y consejos prácticos para elegir con cabeza sin dejarte llevar solo por el marketing.

Qué es exactamente la modularidad en una fuente de alimentación

Cuando hablamos de modularidad nos referimos a cómo se conecta el cableado a la propia fuente de alimentación y a cómo encaja con los componentes de un ordenador.

Con la llegada de las fuentes modulares, ese planteamiento cambió por completo: ahora muchos modelos incluyen en la parte trasera una placa con conectores hembra donde enchufamos, uno a uno, los cables que vamos a usar. De esta forma, el cable ya no está soldado de forma fija al circuito, sino que se convierte en un accesorio que podemos conectar o guardar en la bolsa.

Dentro de este concepto de modularidad, hoy en día encontramos tres grandes familias: fuentes no modulares (cableado fijo), semi-modulares y totalmente modulares. El funcionamiento eléctrico es el mismo; lo que cambia es la flexibilidad y la gestión del cableado.

Históricamente, las primeras fuentes de PC fueron todas de cable fijo, y durante años el exceso de cables sueltos en la caja fue el pan de cada día. La primera fuente modular comercial llegó en torno a 2004 de la mano de la marca Ultra, que incluso llegó a registrar patentes y a tener disputas legales con otros fabricantes; desde entonces, la modularidad ha pasado de ser algo exótico a estar presente en prácticamente todas las gamas medias y altas.

Diferencias entre fuentes no modulares, semi-modulares y modulares

Antes de entrar en ventajas e inconvenientes concretos, conviene dejar muy claro qué define a cada tipo de fuente de alimentación en cuanto a su sistema de cableado.

Fuentes no modulares o de cableado fijo

Las fuentes no modulares son las de toda la vida: todos los cables salen soldados directamente de la fuente y no hay posibilidad de desconectarlos desde la carcasa. El mazo de cables atraviesa un orificio de goma o plástico y se reparte por el interior de la torre.

Este enfoque parece razonable cuando hablamos de fuentes sencillas con pocos conectores, pero en cuanto pasas a modelos con más potencia, más raíles PCIe y más conexiones SATA y Molex, es casi seguro que te van a sobrar varios cables sin utilizar. Esos cables terminan enrollados o escondidos como buenamente se puede, ocupando espacio y entorpeciendo el flujo de aire.

La gran baza de estas fuentes es que su diseño es muy simple: al no necesitar placa modular ni conectores internos extra, resultan más baratas de fabricar y suelen ser la opción más económica dentro de la misma gama de calidad.

Fuentes modulares (totalmente modulares)

En el extremo opuesto están las fuentes totalmente modulares, en las que ningún cable está fijado de manera permanente. Ni siquiera el conector ATX de 24 pines de la placa base o el cable EPS de CPU: absolutamente todo se enchufa y desenchufa desde la parte trasera de la fuente.

En la práctica, esto significa que podemos conectar solo los cables que de verdad vamos a utilizar para esa configuración concreta. El resto se queda en la caja o bolsa de accesorios, en vez de ocupar hueco dentro del chasis. Para un montaje limpio, con buena ventilación y sin “espaguetis” a la vista, esta aproximación es una delicia.

Además, este tipo de diseño se presta a la personalización: muchos fabricantes ofrecen o permiten kits de cables con sleeving, colores personalizados o longitudes específicas, muy apreciados por quienes montan equipos con ventana lateral o builds de exhibición.

Fuentes semi-modulares

Entre medias encontramos las fuentes semi-modulares, pensadas como un compromiso entre precio y comodidad. En este caso, ciertos cables imprescindibles (normalmente el ATX de 24 pines y uno o dos cables EPS de CPU) vienen soldados y salen de la fuente, mientras que el resto (PCIe, SATA, Molex, etc.) se conectan mediante el sistema modular.

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La lógica detrás de esta solución es sencilla: esos cables fijos van a usarse sí o sí en cualquier montaje moderno, así que no compensa complicar ni encarecer el diseño haciéndolos desmontables. A cambio, el usuario mantiene la posibilidad de prescindir de los cables de GPU adicionales o de parte de los cables SATA si su configuración es sencilla.

Ventajas de las fuentes modulares frente a las no modulares

Una vez claro el concepto, toca ver por qué tanta gente considera la modularidad casi imprescindible cuando monta un PC de gama media o alta. La lista de ventajas es larga y muy tangible en el día a día.

Gestión de cables mucho más sencilla

Quizá el punto más evidente: al poder elegir qué cables entran en la caja, se reduce de golpe el volumen de cableado sobrante. En lugar de tener que esconder varios mazos que no usas detrás de la bandeja de la placa o en el hueco de la fuente, directamente no los conectas.

Esto se nota especialmente en cajas compactas o con poco espacio para gestión trasera, donde cada centímetro cuenta. Cuanto menos cable tengas que doblar, apretar y forzar, más cómodo será el montaje y menos posibilidades habrá de que algo quede presionado contra un panel o un ventilador.

Mejor flujo de aire y temperaturas más bajas

Menos cables colgando se traduce en menos obstáculos al paso del aire dentro del chasis. Los ventiladores frontales pueden empujar el caudal hacia la GPU y el disipador de la CPU con menos turbulencias causadas por mazos de cables apelotonados.

En equipos potentes, con tarjetas gráficas de alto consumo y sistemas de refrigeración líquida, esta diferencia puede ayudar a arañar unos grados de temperatura, lo que repercute en menos ruido (los ventiladores giran más despacio) y en una mayor longevidad de los componentes.

Montaje, mantenimiento y actualizaciones más cómodos

Una de las ventajas menos comentadas, pero que más se agradecen, es la facilidad a la hora de retirar la fuente o cambiar componentes sin deshacer todo el cableado. Con una fuente modular, si necesitas sacar la PSU de la caja, puedes desconectar los cables desde la propia fuente y dejarlos conectados a los componentes.

Lo mismo ocurre al ampliar el equipo: si decides añadir una nueva GPU o más almacenamiento, basta con sacar de la bolsa el cable PCIe o SATA que te falte, enchufarlo a la fuente y al componente y listo. No tienes un montón de cables doblados por si algún día los usas; los tienes guardados ordenadamente hasta que hagan falta.

Personalización y estética del montaje

Si montas un PC con panel lateral transparente, es difícil no fijarse en los cables. Las fuentes modulares permiten sustituir todo el juego de cables por otros con sleeving individual, colores acordes al resto del setup o incluso longitudes a medida para que no sobre nada.

En una fuente no modular, esa personalización es muy limitada: para cambiar un cable tendrías que abrir la fuente, desoldar y manipular el interior, algo peligroso, que anula la garantía y que no tiene sentido para el usuario medio. En la práctica, te limitas a extensiones decorativas, que añaden más longitud todavía.

Facilidad de almacenamiento y sustitución de cables

Otro punto a favor es que, si un cable se deteriora o presenta algún defecto, puedes reemplazarlo sin necesidad de cambiar toda la fuente. Eso sí, debe ser un juego de cables compatible y homologado por el fabricante, porque los conectores del lado de la fuente no están estandarizados.

Además, todo el cableado que no usas se queda bien guardado en la bolsa que incluyen la mayoría de fuentes modulares, en vez de quedarse apelotonado en el fondo de la caja ocupando espacio y dando calor.

Inconvenientes y riesgos de las fuentes modulares

Como todo en hardware, no existe la solución perfecta para todo el mundo. La modularidad tiene también sus pegas y conviene tenerlas claras antes de decidir en qué gastas el presupuesto.

Precio más elevado

Implementar una placa modular con conectores de calidad, pistas extra y un diseño interno más complejo incrementa el coste de producción de la fuente. Eso se traslada al precio final: a igualdad de potencia, certificación y fabricante, lo normal es que la versión modular sea claramente más cara que la de cableado fijo.

Esto puede llevar a una trampa habitual: ver modelos baratos que “presumen” de ser modulares, pero que internamente recortan en componentes, protecciones o eficiencia para cuadrar el precio. En ese escenario, es mucho mejor priorizar calidad y seguridad y conformarse con una fuente no modular decente, que montar una modular de dudosa procedencia.

Conectores del lado de la fuente no estandarizados

Aunque los conectores que van a la placa base, GPU o discos son estándar (ATX, PCIe, SATA, etc.), los que se enchufan a la propia fuente varían entre marcas y modelos. No existe un estándar universal para esa parte.

Eso significa que no puedes mezclar cables de diferentes fabricantes a la ligera, porque aunque encajen físicamente, pueden estar cableados de forma distinta a nivel de pines. Usar el cable equivocado puede provocar desde fallos hasta daños graves en componentes.

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Además, si pierdes los cables originales o los mezclas sin etiquetar, dependes de poder conseguir recambios específicos de tu modelo. No todas las marcas venden kits por separado con facilidad, y en algunas gamas de entrada puede ser un auténtico dolor encontrarlos.

Posibles molestias en cajas muy pequeñas

En la mayoría de torres ATX y microATX modernas no hay problema, pero en ciertos chasis compactos o con compartimento de fuente muy ajustado, la longitud extra que añade la placa modular y los conectores puede complicar el montaje.

En esos casos extremos, una fuente de cableado fijo (normalmente algo más corta) puede encajar mejor y dejar más sitio para esconder cables. Es una situación poco habitual, pero conviene comprobar siempre las dimensiones de la PSU y del hueco disponible en la caja.

Planificación del cableado y curva de aprendizaje

Para un usuario novato, enfrentarse por primera vez a una fuente totalmente modular puede imponer un poco: hay que pensar qué cables se necesitan, en qué conectores van y evitar olvidarse de ninguno esencial antes de cerrar la caja.

No es que sea complicado, pero sí requiere cierta atención y puede resultar algo más lento que simplemente sacar todos los cables de un mismo mazo y conectarlos uno tras otro como ocurre en una fuente no modular. A cambio, el resultado suele ser mucho más limpio y cómodo a largo plazo.

¿La modularidad mejora la calidad o el rendimiento de la fuente?

Uno de los mitos que más circulan es que “las fuentes modulares son siempre de gama alta y por tanto de mejor calidad”. Esta afirmación es falsa. La modularidad, por sí sola, no implica mejor electrónica, ni mejores condensadores, ni mayor estabilidad.

Existen fuentes modulares excelentes, con componentes de primera, certificaciones altas (Gold, Platinum, incluso Titanium) y garantías de hasta 10 o 12 años, pero también hay modelos modulares de calidad muy cuestionable, con certificaciones infladas y protecciones insuficientes. Del mismo modo, hay fuentes no modulares francamente buenas y robustas.

En su día se llegó a decir que las placas modulares podían empeorar la eficiencia o provocar caídas de voltaje por la resistencia añadida de los conectores, e incluso que estos se quemarían con facilidad. A día de hoy, en productos bien diseñados, esto no es un problema real.

De hecho, algunos fabricantes aprovechan la propia placa modular para añadir condensadores y filtros adicionales en la salida, afinando aún más la entrega de energía a los componentes. La prueba evidente es que una de las fuentes más eficientes del mercado, como la Corsair AX1600i, es completamente modular y ofrece un control de voltajes excelente.

Lo que realmente determina la calidad de una PSU es el diseño interno, la topología, los componentes y las protecciones implementadas (OCP, OVP, SCP, OTP, etc.), además de la reputación del fabricante y las pruebas independientes. La modularidad es un plus de comodidad y estética, no una garantía automática de fiabilidad.

Impacto en el uso real según el tipo de equipo

Una forma práctica de decidir si te compensa pagar el sobrecoste de una fuente modular es pensar en el tipo de PC que estás montando y en cómo lo vas a usar a medio plazo.

Equipos de alto rendimiento y “tope de gama”

Si vas a montar una torre con una o varias GPUs potentes, refrigeración líquida, varias unidades de almacenamiento y quizá iluminación RGB avanzada, la modularidad es casi un must. La cantidad de cables necesarios es alta, pero aún así te van a sobrar algunos si tu fuente está preparada para crecimientos futuros.

PC de oficina, multimedia o presupuesto ajustado

En el extremo contrario, si hablamos de un equipo de oficina, un HTPC sencillo o un PC básico para navegar, trabajar y jugar de vez en cuando, la prioridad absoluta debería ser la calidad básica de la fuente y no tanto la modularidad.

En este perfil de usuario, una buena fuente no modular de gama media, con certificación 80 PLUS decente y protecciones completas, será más que suficiente y resultará más barata que su equivalente modular. El interior de la caja no va a estar a la vista y el consumo global del equipo será moderado.

Montajes compactos y cajas con poco espacio

En cajas muy pequeñas (mini-ITX, algunos barebones, chasis muy cortos), hay dos factores a valorar: por un lado, la longitud física de la fuente; por otro, la cantidad de cables que hay que meter en un espacio muy reducido. A veces, una semi-modular puede ser el punto intermedio perfecto.

Con una fuente semi-modular tienes los cables imprescindibles fijos y el resto enchufable, reduciendo algo de cable sobrante respecto a una no modular, pero sin alargar tanto la PSU ni complicar demasiado el montaje. Conviene mirar siempre medidas y reviews específicas de la caja y de la fuente.

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Otros factores clave al elegir una fuente (más allá de la modularidad)

No tiene mucho sentido obsesionarse con si una fuente es modular o no si antes no hemos cubierto lo básico: potencia adecuada, eficiencia y compatibilidad. Estos puntos influyen más directamente en el rendimiento y la seguridad del equipo.

Potencia necesaria

La potencia en vatios debe ajustarse a tu configuración real, con cierto margen para futuras ampliaciones, pero sin caer en el mito de que “cuantos más vatios, mejor”. Lo sensato es usar una calculadora de consumo online fiable, introducir tus componentes (CPU, GPU, unidades, ventiladores, etc.) y añadir un colchón razonable.

Una vez tengas ese número, puedes buscar una fuente de calidad que lo cubra con holgura (por ejemplo, si tu equipo ronda los 450 W en carga, una buena fuente de 650-750 W suele ser más que suficiente para tener margen). No olvides que muchas fuentes ofrecen su mejor eficiencia alrededor del 40-60% de carga.

Eficiencia energética y certificaciones 80 PLUS

Las certificaciones 80 PLUS (Bronze, Silver, Gold, Platinum, Titanium) indican qué porcentaje de la energía que toma la fuente de la pared se convierte en energía útil para el PC. Cuanto más alta sea la certificación, menos electricidad se desperdicia en forma de calor.

En la práctica, esto se traduce en un poco menos de consumo eléctrico, menos calor dentro de la caja y, en muchos casos, un ventilador más silencioso. Para la mayoría de usuarios, una buena fuente Bronze o Gold es un punto de equilibrio muy razonable entre precio y eficiencia.

Compatibilidad física y de conectores

Antes de comprar, asegúrate de que la fuente cabe en tu caja (longitud máxima admitida) y de que incluye los conectores necesarios para tus componentes: número de cables PCIe para la o las GPU, conectores SATA suficientes para discos y SSD, posibles cables adicionales para bombas de RL, etc.

Si optas por una fuente modular o semi-modular, revisa también el número de puertos disponibles en la placa modular. Es preferible que te sobre algún conector de más a que vayas justo y no puedas ampliar el equipo sin cambiar la PSU.

Marcas y gamas recomendadas como referencia

No todas las fuentes de alimentación juegan en la misma liga, incluso aunque anuncien la misma potencia. Hay fabricantes y gamas con muy buena reputación y otros modelos que lo fían todo al precio. Al elegir, es mejor guiarse por series concretas que por el nombre genérico de la marca.

Por ejemplo, dentro de Corsair, líneas como las RMx (por ejemplo, RM750x) son fuentes modulares de alta calidad y eficiencia, mientras que gamas como la CV (por ejemplo, CV650) apuestan por el cableado fijo y precios más contenidos manteniendo un nivel decente para equipos modestos.

EVGA cuenta con familias como SuperNOVA, que reúnen modelos modulares con buenas certificaciones y garantías amplias, ideadas para PCs de juego y estaciones de trabajo. Cooler Master, con sus series MWE, ofrece tanto opciones modulares como no modulares orientadas a diferentes presupuestos.

Además de estas, existen otras marcas con muy buen reconocimiento en fuentes (Seasonic, be quiet!, Antec en ciertas gamas, etc.), por lo que siempre conviene consultar análisis independientes y listas actualizadas de “mejores fuentes” para ver qué modelos concretos destacan cada año.

En cualquier caso, la clave es clara: antes de pagar el extra por una fuente modular, asegúrate de que la plataforma interna es buena, la garantía es razonable y las reviews técnicas (no solo las opiniones en tiendas) avalan su comportamiento.

Modular, semi-modular o no modular, lo importante es que la fuente sea segura, estable y eficiente para tu equipo, y que se ajuste a tu presupuesto sin sacrificar calidad crítica por un par de cables más bonitos.

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