- Francia ha iniciado una estrategia de soberanía digital que incluye abandonar Windows en la administración y adoptar Linux y software libre.
- La DINUM coordina un plan interministerial que obliga a cada ministerio a presentar una hoja de ruta para reducir la dependencia de proveedores no europeos.
- Herramientas como Tchap, Visio y FranceTransfert sustituyen a servicios de Microsoft y Google, mientras la plataforma de datos sanitarios migra a soluciones consideradas fiables.
- El objetivo es recuperar el control sobre datos, infraestructuras y decisiones tecnológicas clave, apoyando a la vez al ecosistema digital europeo.
Francia ha decidido dar un golpe sobre la mesa en materia de soberanía digital y ha puesto en el centro del debate una decisión que, durante años, muchos gobiernos solo se habían planteado a medias: abandonar progresivamente Windows en los equipos de la administración pública para apostar por Linux y otras soluciones de software libre. No se trata de un simple cambio técnico, sino de una estrategia política, económica y de seguridad que busca reducir la dependencia de grandes proveedores tecnológicos extracomunitarios, muy especialmente de Estados Unidos.
Este movimiento, liderado por la Dirección Interministerial de lo Digital (DINUM), se enmarca en una ofensiva más amplia para recuperar el control sobre los datos, las infraestructuras y las herramientas críticas del Estado. No es solo que los ordenadores públicos vayan a dejar de usar Windows: el plan toca también suites ofimáticas, plataformas de videoconferencia, mensajería, transferencia de archivos, bases de datos, sistemas de virtualización, herramientas de ciberseguridad e incluso servicios vinculados a la sanidad. Y todo ello, coordinado a nivel interministerial y alineado con la agenda europea de soberanía digital.
Por qué Francia quiere dejar Windows y pasarse a Linux

El punto de partida es claro: la administración francesa considera insostenible depender de herramientas sobre las que no controla las normas, los precios ni la evolución tecnológica. Windows, como sistema operativo propietario desarrollado por Microsoft, y herramientas como BitLocker se han convertido durante años en el estándar de facto en gobiernos y empresas, pero también en un foco de vulnerabilidades estratégicas para quienes no tienen capacidad de decidir sobre su hoja de ruta.
David Amiel, ministro de Acción y Cuentas Públicas, ha verbalizado de forma muy directa esta preocupación al afirmar que Francia ya no puede aceptar que sus datos, infraestructuras y decisiones estratégicas estén condicionados por soluciones controladas desde fuera de Europa. Esto implica tanto el sistema operativo como los servicios que lo rodean: alojamiento de datos, suites de productividad, comunicaciones y hasta plataformas de inteligencia artificial.
Desde la perspectiva del Gobierno, la hegemonía de las grandes tecnológicas estadounidenses crea una relación de dependencia estructural. Esa dependencia se traduce en falta de margen de maniobra en temas tan sensibles como el coste de las licencias, los cambios en los modelos de suscripción, las políticas de privacidad, la gestión de actualizaciones o la integración con otros sistemas. Al apostar por Linux y el software libre, Francia busca construir un ecosistema en el que pueda influir directamente en estándares, desarrollos y seguridad avanzada en Linux.
A todo ello se suma el contexto geopolítico: la Unión Europea lleva años insistiendo en la necesidad de reforzar su soberanía digital, especialmente desde la etapa de la administración de Donald Trump, percibida como hostil hacia algunos intereses comunitarios y muy alineada con los gigantes tecnológicos de su país. La decisión francesa no nace de la nada, sino que se inscribe en esa dinámica de buscar tecnologías más autónomas, auditables y, en la medida de lo posible, europeas.
El papel de la DINUM y el seminario interministerial
La gran impulsora técnica y organizativa de esta transición es la Dirección Interministerial de lo Digital (DINUM), el organismo que coordina las políticas digitales del Estado francés. Fue precisamente la DINUM quien, casi un año después de haber avanzado sus intenciones de apostar por el software libre, organizó un seminario interministerial clave para concretar el plan de acción.
En ese encuentro se reunieron ministros, grandes operadores públicos, agencias estatales, empresas privadas y otros actores del ecosistema digital francés. La idea era dejar de hablar de la soberanía digital como un concepto abstracto y bajar el debate al terreno práctico: qué herramientas concretas se van a sustituir, en qué plazos, con qué alternativas y bajo qué métodos de colaboración entre sectores.
El seminario, impulsado por la DINUM junto con la Dirección General de Empresas, la Agencia Nacional de Ciberseguridad de Francia y la Dirección General de Contratación Pública, tuvo como resultado un primer paquete de medidas claras. La más llamativa fue el anuncio formal de la salida de Windows en favor de estaciones de trabajo con Linux en los servicios de la propia DINUM, que actuarán como punta de lanza de la migración dentro de la administración.
Este enfoque no se limita a cambiar sistemas operativos de forma aislada. La DINUM apuesta por un método de trabajo basado en coaliciones entre ministerios, grandes operadores públicos y empresas privadas, apoyándose en estándares de interoperabilidad y en lo que denominan “bienes comunes digitales”, como proyectos abiertos tipo Open-Interop y OpenBuro. La idea es que la modernización tecnológica no quede fragmentada por silos administrativos, sino que avance de manera coordinada.
En paralelo, se ha acordado que cada ministerio y sus principales organismos dependientes tengan que elaborar una hoja de ruta propia para reducir la dependencia de proveedores no europeos. Esos planes deberán estar listos antes del otoño y se integrarán en una estrategia conjunta, coordinada por la DINUM, que permita priorizar, planificar inversiones y evitar duplicidades.
Linux como base de las nuevas estaciones de trabajo del Estado
Uno de los puntos que más atención ha generado es la decisión de adoptar Linux como sistema operativo en los equipos de la administración. La DINUM ha anunciado oficialmente su salida de Windows para pasar a «estaciones de trabajo bajo sistema operativo Linux», una formulación que deja claro que la intención no es una prueba puntual, sino un cambio estructural.
Por ahora, el Gobierno no ha detallado qué distribuciones de Linux están sobre la mesa ni qué calendario exacto seguirá la migración. Esta cautela tiene sentido: elegir una distribución implica decisiones sobre soporte, seguridad, compatibilidad con el hardware existente, formación de los empleados públicos y relación con empresas proveedoras que puedan ofrecer servicios profesionales sobre esas plataformas.
Para preparar ese terreno, se ha encargado al Departamento Estatal de Contratación y a la Dirección General de Empresas que elaboren un mapeo completo de las dependencias actuales. Esto incluye saber qué software crítico se utiliza hoy en día, qué aplicaciones están ligadas a Windows de forma estricta, cuáles pueden funcionar sin problemas en Linux (o vía herramientas de compatibilidad) y qué desarrollos a medida habría que abordar.
Con ese inventario en la mano, se definirá un calendario realista de transición, con fases progresivas. TechCrunch ha señalado que la primera oleada de migración empezará con los equipos de la propia DINUM, lo que tiene lógica: son los más habituados al entorno técnico y pueden actuar como banco de pruebas antes de extender el cambio a ministerios menos tecnológicos.
Aunque no haya fechas cerradas, los mensajes políticos son inequívocos. Tanto David Amiel como Anne Le Hénanff, ministra delegada para la Inteligencia Artificial y la Tecnología Digital, han repetido que «la soberanía digital no es una opción, es una necesidad estratégica». Al situar a Linux en el corazón de esta estrategia, Francia busca ganar margen de maniobra, reforzar la seguridad y fomentar ecosistemas de desarrollo que no queden sometidos al dictado de una sola empresa.
Más allá del sistema operativo: suite colaborativa y comunicaciones
El movimiento francés no se limita al sistema operativo. La administración está sustituyendo también herramientas de Microsoft, Google y otros proveedores estadounidenses por soluciones propias o de software libre, especialmente en áreas tan sensibles como la comunicación, la colaboración y el intercambio de documentos.
Un ejemplo muy visible es la decisión de la Caisse Nationale d’Assurance Maladie (CNAM), el Fondo Nacional de Seguro de Salud, de migrar a decenas de miles de empleados a las herramientas de la plataforma digital interministerial. Entre ellas destacan Tchap para mensajería instantánea, Visio para videollamadas y FranceTransfert para el envío seguro de archivos.
Estas aplicaciones forman parte de una especie de “suite pública” pensada para reemplazar servicios como Microsoft Teams, Zoom, Google Meet o soluciones comerciales de transferencia de ficheros. Su objetivo es que las comunicaciones internas del Estado, y buena parte de las externas, se realicen sobre infraestructuras que cumplan estándares de seguridad definidos por las autoridades francesas y que, idealmente, estén alojadas y gobernadas en Europa.
El propio ministro Amiel ha revelado que Visio ya contaba con unos 40.000 usuarios y aspiraba a alcanzar los 200.000 en el plazo de dos años. Entre los primeros en adoptar esta herramienta se encuentra el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS), cuyos investigadores han tenido que abandonar plataformas como Zoom para sus videollamadas científicas y administrativas.
Conforme avance el despliegue de Linux en los puestos de trabajo, es previsible que estas soluciones colaborativas se integren de forma nativa en las estaciones de trabajo del funcionariado, sustituyendo los clientes tradicionales de Office 365 o Google Workspace por alternativas libres u orientadas específicamente al sector público. En algunas administraciones locales, como Lyon, ya se habían dado pasos en esa dirección instalando distribuciones de Linux y OnlyOffice en parte de las oficinas públicas.
La dimensión sanitaria y la gestión de datos críticos
La estrategia francesa también se fija de manera muy particular en el sector salud, uno de los más sensibles desde el punto de vista de la protección de datos. El Gobierno ha anunciado que la plataforma nacional de datos sanitarios será migrada a una solución considerada “fiable” en términos de seguridad en la nube, con el objetivo de reforzar al máximo las garantías de confidencialidad y control.
En este contexto, la CNAM se ha convertido en un caso de uso clave para demostrar que la migración a herramientas propias y libres es viable a gran escala. Sus 8.000 agentes iniciales —una cifra que en otros comunicados se eleva a 80.000 cuando se habla del despliegue de la plataforma interministerial de herramientas— ya están trabajando con Tchap, Visio y FranceTransfert, lo que permite probar en un entorno real el rendimiento, la usabilidad y la interoperabilidad con otros sistemas del Estado.
Uno de los mensajes de fondo de esta política es que no basta con cambiar el sistema operativo si los datos siguen alojados en nubes o plataformas de software de almacenamiento en la nube gobernadas desde fuera de Europa. De ahí que la decisión sobre la nueva solución para la plataforma sanitaria no sea únicamente técnica, sino que responda también a criterios de soberanía, cumplimiento normativo y, probablemente, apoyo al ecosistema tecnológico europeo.
Las autoridades francesas vinculan estas decisiones con circulares recientes sobre contratación pública digital, que buscan priorizar la adopción de soluciones consideradas confiables y, cuando sea posible, abiertas y auditables. Esta combinación —Linux en los puestos de trabajo, herramientas colaborativas propias y plataformas de datos bajo control europeo— pretende construir un entramado coherente de soberanía digital donde cada pieza refuerce a las demás.
Aunque el detalle de la arquitectura final todavía no se ha hecho público, es evidente que la administración francesa está utilizando el sector sanitario como punta de lanza para consolidar buenas prácticas en seguridad, gobernanza de datos y reducción de dependencia. El éxito o fracaso de estos proyectos marcará, en buena medida, la credibilidad de la estrategia en otros ámbitos como la justicia, la defensa o la educación.
Una estrategia interministerial de soberanía digital
Más allá de los anuncios concretos, lo verdaderamente relevante es que Francia ha articulado una estrategia interministerial para reducir la dependencia de proveedores no europeos. Esta estrategia se sustenta en la coordinación de la DINUM, pero requiere la implicación activa de cada ministerio y de sus grandes operadores públicos.
En la práctica, esto significa que cada ministerio debe presentar antes del otoño su propio plan de acción, detallando qué herramientas utiliza, de qué proveedores dependen y qué alternativas europeas o de software libre podrían implantarse. Las áreas prioritarias van más allá del sistema operativo: estaciones de trabajo, herramientas colaborativas, soluciones antivirus, plataformas de inteligencia artificial, bases de datos, software de virtualización e incluso equipos de red entran en el radar.
Para facilitar esta transición y evitar que cada organismo vaya por libre, el Gobierno tiene previsto organizar las primeras “reuniones digitales industriales” a partir de junio de 2026. Estos encuentros servirán para que ministerios, empresas tecnológicas, operadores públicos y otros actores formen coaliciones y diseñen una posible alianza por la soberanía europea en materia digital.
Este enfoque de coaliciones busca que la administración no actúe solo como cliente, sino también como impulsora de un tejido industrial y tecnológico capaz de ofrecer alternativas reales a las grandes plataformas dominantes. Si los distintos ministerios comparten necesidades y estándares, será más fácil que surjan soluciones reutilizables, proyectos conjuntos y economías de escala que hagan viable el cambio.
En el fondo, la apuesta francesa envía un mensaje contundente: la soberanía digital se construye tanto con decisiones de compra pública como con políticas de innovación y apoyo al software libre. Dejar Windows por Linux es solo una parte del camino; lo esencial es reconfigurar la relación del Estado con la tecnología para que sus infraestructuras críticas no dependan de actores externos que puedan cambiar las reglas del juego de un día para otro.
La combinación de seminarios interministeriales, hojas de ruta sectoriales y foros “industriales” apunta a una transformación de largo recorrido, que no se resolverá en unos meses pero que ya ha dado pasos irreversibles. El anuncio de la salida de Windows en la DINUM ha convertido un debate teórico en un proyecto concreto, con implicaciones técnicas, organizativas y políticas que otros países europeos seguirán muy de cerca.
Mirando el conjunto de medidas y declaraciones, queda claro que Francia ha decidido pasar del discurso a la acción en soberanía digital, usando Linux y el software libre como columna vertebral de su estrategia. El cambio de Windows a Linux en las estaciones de trabajo, la adopción de herramientas como Tchap, Visio y FranceTransfert, la migración de la plataforma de datos sanitarios a soluciones consideradas fiables y la coordinación interministerial marcan un giro profundo en la forma en que el Estado entiende su relación con la tecnología. Aunque quedan incógnitas por resolver —cómo será el calendario detallado, qué distribuciones se elegirán, qué resistencias internas aparecerán—, el movimiento ya ha dejado de ser un simple anuncio y se ha convertido en un proceso en marcha que, si prospera, puede reconfigurar el mapa tecnológico del sector público francés.
Tabla de Contenidos
- Por qué Francia quiere dejar Windows y pasarse a Linux
- El papel de la DINUM y el seminario interministerial
- Linux como base de las nuevas estaciones de trabajo del Estado
- Más allá del sistema operativo: suite colaborativa y comunicaciones
- La dimensión sanitaria y la gestión de datos críticos
- Una estrategia interministerial de soberanía digital
