Administrador de tareas de Windows: guía completa y práctica

Última actualización: 15 de febrero de 2026
  • El Administrador de tareas centraliza el control de procesos, servicios y recursos del sistema en todas las versiones modernas de Windows.
  • Cada pestaña (Procesos, Rendimiento, Inicio, Usuarios, Detalles y Servicios) ofrece información específica para diagnosticar problemas y optimizar el rendimiento.
  • Funciones avanzadas como analizar cadenas de espera, crear volcados de memoria y gestionar el inicio permiten resolver bloqueos y acelerar el arranque.
  • Usar correctamente atajos, vistas y menús del Administrador de tareas convierte esta herramienta en un recurso esencial tanto en equipos domésticos como profesionales.

Administrador de tareas en Windows

Si usas Windows a diario, el Administrador de tareas es una de esas herramientas que deberías dominar. No solo sirve para “matar” programas que se han quedado colgados: también te permite vigilar el rendimiento del equipo, controlar qué se ejecuta al arrancar y hasta investigar si algo raro está consumiendo recursos por detrás.

A lo largo de este artículo vas a ver qué es exactamente el Administrador de tareas de Windows, cómo abrirlo de todas las formas posibles y cómo exprimir cada una de sus pestañas. Verás funciones básicas y algunas opciones más avanzadas pensadas para diagnosticar problemas, tanto en un PC doméstico como en equipos de trabajo o servidores Windows.

Qué es el Administrador de tareas de Windows y para qué sirve

El Administrador de tareas es una aplicación integrada en todas las versiones modernas de Windows (desde Windows XP en adelante, incluyendo Windows 8, 10, 11 y Windows Server). No requiere instalación, no se puede desinstalar y forma parte del propio sistema operativo.

Su función principal es ofrecer información en tiempo real sobre programas, procesos y servicios que se están ejecutando. Además, muestra el uso de recursos de hardware: CPU, memoria RAM, disco, red, GPU e incluso consumo energético aproximado.

En la práctica se usa para tres grandes cosas: supervisar el rendimiento, cerrar procesos problemáticos y gestionar el arranque de aplicaciones. Pero si rascas un poco más, también sirve para analizar cadenas de espera (por qué un proceso está bloqueado), generar volcados de memoria para soporte técnico, gestionar servicios del sistema o comparar el consumo de recursos entre usuarios en un mismo equipo o compararlo con Process Explorer.

Internamente, el Administrador de tareas se alimenta de diferentes orígenes de datos y API internas de Windows. Aunque la interfaz varía ligeramente según la versión (no es igual en Windows 8 que en Windows 11, por ejemplo), la información base procede de los mismos contadores de sistema y servicios del núcleo.

Ventana principal del Administrador de tareas

Cómo abrir el Administrador de tareas en Windows

Una de las ventajas de esta herramienta es que puedes lanzarla de muchas maneras distintas, algo muy útil cuando el sistema va lento o una parte de la interfaz no responde bien.

El método más utilizado en equipos modernos es hacer clic derecho en la barra de tareas de Windows y elegir “Administrador de tareas”. Es rápido, fácil de recordar y funciona en la gran mayoría de versiones cliente.

También puedes recurrir a los atajos de teclado, consulta nuestra guía de atajos de teclado en Windows. En Windows 10 y Windows 11, la combinación Ctrl + Shift + Esc abre directamente el Administrador de tareas sin pasar por ninguna pantalla intermedia. Es recomendable grabársela porque funciona incluso cuando el Escritorio va a trompicones.

Otro clásico es la combinación Ctrl + Alt + Supr. En Windows NT, 2000, Vista, 7, 8, 10, 11 y versiones de Windows Server, este comando muestra una pantalla de seguridad con varias opciones, entre ellas el acceso al Administrador de tareas. En Windows XP, esta combinación podía abrir directamente el administrador o la pantalla de bienvenida, según la configuración.

Si prefieres ir “a tiro hecho” por línea de comandos o acceso directo, el ejecutable se llama taskmgr.exe y se encuentra en C:\Windows\System32. Puedes ejecutarlo desde el cuadro Ejecutar (Win + R), desde el menú Inicio escribiendo taskmgr, desde PowerShell, desde el Símbolo del sistema o creando un acceso directo en el Escritorio.

Vista compacta y vista detallada: dos formas de usarlo

En las versiones modernas de Windows, el Administrador de tareas ofrece dos modos de visualización: compacto y detallado. Cuando se abre por primera vez en algunos sistemas, solo muestra una lista muy simple de aplicaciones en ejecución y un botón para “Finalizar tarea”.

Este modo compacto está pensado para usuarios que solo necesitan cerrar rápidamente un programa que se ha quedado colgado. Si quieres ver toda la información avanzada, basta con pulsar en “Más detalles” en la esquina inferior izquierda. El administrador se expande y aparecen todas las pestañas y columnas.

En cualquier momento puedes volver al modo sencillo seleccionando “Menos detalles”. Es útil cuando lo único que te interesa es echar un vistazo a qué aplicaciones visibles están abiertas sin distraerte con procesos en segundo plano.

Detalles de procesos en el Administrador de tareas

Pestaña Procesos: aplicaciones, procesos en segundo plano y consumo de recursos

La pestaña Procesos es la “ventana de control” principal para saber qué está pasando en el PC. Aquí se listan, por secciones, las aplicaciones abiertas y los procesos en segundo plano junto con su consumo de recursos.

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Para cada elemento se muestran columnas como Nombre, Estado, CPU, Memoria, Disco, Red, GPU, Motor de GPU, Consumo de energía y Tendencia de consumo de energía. Cada una ofrece datos clave:

  • CPU: porcentaje de uso del procesador que está consumiendo el proceso en ese momento.
  • Memoria: cantidad de RAM utilizada por esa tarea.
  • Disco: velocidad de lectura/escritura que el proceso está realizando sobre la unidad.
  • Red: tráfico de red asociado al proceso, ideal para ver qué programa está saturando tu conexión.
  • GPU y Motor de GPU: uso de la tarjeta gráfica y del motor concreto (gráficos 3D, vídeo, etc.).
  • Consumo de energía: estimación del impacto de ese proceso en el uso de energía del sistema.

Desde aquí puedes identificar de un vistazo qué programa se está llevando la CPU o la RAM. Si el equipo va muy lento y ves un proceso disparado al 90 % de CPU, ya tienes al sospechoso.

Al hacer clic derecho sobre cualquier proceso, se abre un menú con varias acciones: Expandir (para ver procesos agrupados de una misma aplicación), Finalizar tarea, Cambiar valores de recurso, Ir a detalles, Abrir ubicación del archivo, Buscar en línea y Propiedades. Estas opciones te permiten tanto cerrar procesos como investigar qué son exactamente y dónde están instalados.

La opción “Buscar en línea” lanza una búsqueda en tu navegador predeterminado con el nombre del proceso, ideal cuando aparece algo raro que no reconoces y quieres saber si es legítimo o potencialmente peligroso. “Abrir ubicación del archivo” te lleva al ejecutable en el disco, lo que puede ayudarte a eliminar software no deseado.

Pestaña Rendimiento: monitor de CPU, memoria, disco, red y GPU

La pestaña Rendimiento muestra gráficos en tiempo real de los principales componentes del sistema. Es la mejor forma de saber si el cuello de botella de tu equipo está en la CPU, en la RAM, en el disco o en la conexión de red.

En la sección de CPU verás la carga total del procesador y su frecuencia actual, además del número de procesos, subprocesos e identificadores activos. Si tu procesador tiene varios núcleos y subprocesos lógicos, puedes cambiar la vista para mostrar un gráfico por cada procesador lógico, lo que te permite ver si la carga está repartida o concentrada.

El Administrador de tareas permite incluso distinguir entre tiempo de CPU de usuario y tiempo de CPU de kernel. Si haces clic derecho sobre el gráfico de CPU y marcas “Mostrar tiempos del kernel”, el gráfico se colorea en dos tonos diferenciando el trabajo del núcleo de Windows del que realizan las aplicaciones de usuario. Es útil para determinar si la carga viene de controladores/sistema o de programas de usuario.

En la sección de Memoria se muestra cuánta RAM está ocupada, cuánta queda libre, cuánta está en caché y otros datos técnicos. En equipos con poca memoria, esta pestaña ayuda a justificar ampliaciones cuando el uso se mantiene constantemente alto.

Los apartados de Disco, Red y GPU enseñan gráficos de actividad y detalles específicos: tipo de unidad (HDD o SSD), velocidad de transferencia, uso de adaptadores de red, velocidad de enlace, uso de la tarjeta gráfica, temperatura de la GPU (en algunos modelos) y más. Para profundizar en unidades y particiones revisa la gestión de discos en Windows.

Si quieres una vista más limpia para tener en una esquina, puedes hacer clic derecho sobre cualquier gráfico y activar “Vista de resumen”. El Administrador de tareas se encoge y muestra solo los paneles de uso en tiempo real, sin la lista de procesos.

Historial de aplicaciones: qué apps han consumido recursos

En versiones como Windows 8 y Windows 10 existe la pestaña Historial de aplicaciones, pensada sobre todo para las aplicaciones de la Windows Store, aunque puede proporcionar una idea general del uso histórico.

Aquí verás qué aplicaciones has tenido abiertas durante un periodo determinado y qué recursos han consumido, especialmente en términos de uso de CPU y red. Es una forma rápida de saber qué apps se pasan de la raya en segundo plano aunque ya no estén abiertas.

Si quieres borrar el rastro de ese historial, el propio Administrador de tareas permite limpiar los datos de uso. Basta con entrar en la pestaña Historial de aplicaciones y pulsar el botón para borrar el historial de uso. A partir de ese momento, las estadísticas comienzan de cero.

Pestaña Inicio: control de programas que se cargan con Windows

Una de las formas más eficaces de acelerar un PC es revisar qué se ejecuta en el arranque. La pestaña Inicio del Administrador de tareas concentra la lista de aplicaciones configuradas para arrancar junto con Windows.

Además del nombre de cada programa, se muestra su estado (habilitado o deshabilitado) y su impacto en el inicio (bajo, medio, alto). De esta manera puedes detectar fácilmente esos asistentes, actualizadores y pequeñas utilidades que se cuelan en el arranque y ralentizan todo sin aportar nada crítico.

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Para desactivar una aplicación del inicio automático, basta con hacer clic derecho sobre ella y elegir “Deshabilitar”. El programa seguirá instalado y podrá usarse con normalidad, pero dejará de lanzar procesos cada vez que enciendes el ordenador.

Si por el contrario te interesa que una herramienta arranque siempre (por ejemplo, una VPN corporativa o una utilidad de sincronización), basta con dejarla habilitada en esta pestaña.

Pestaña Usuarios: consumo por cada sesión de usuario

En equipos compartidos, especialmente en entornos de oficina o aulas, la pestaña Usuarios permite ver quién está consumiendo qué. Se listan las sesiones de usuario que han iniciado sesión en el equipo junto con los procesos asociados a cada una.

Esto resulta muy útil cuando un equipo del trabajo va lento y quieres saber si es por tu sesión o por la de otro usuario que dejó algo abierto en segundo plano. Desde esta pestaña puedes expandir cada usuario para ver sus aplicaciones y procesos y, si tienes permisos, cerrar sesiones o finalizar tareas concretas.

Pestaña Detalles: vista avanzada de procesos

La pestaña Detalles es la vista avanzada pensada para usuarios experimentados y administradores. A diferencia de “Procesos”, que agrupa y presenta información de forma más amigable, “Detalles” ofrece una lista plana de todos los procesos con datos muy específicos.

Aquí puedes ver, además del nombre del proceso, el PID (identificador de proceso), el usuario bajo el que se ejecuta, el estado, el consumo de recursos y descripciones adicionales. Es la pestaña a la que saltas cuando necesitas trabajar con procesos muy concretos o cruzar información con herramientas externas.

Si haces clic derecho sobre los encabezados de columna puedes personalizar qué datos se muestran. Por ejemplo, es habitual añadir la columna “Subprocesos” para ver cuántos hilos de ejecución está usando un proceso determinado, algo clave a la hora de analizar aplicaciones pesadas.

Desde el menú contextual de un proceso puedes establecer prioridades, cambiar afinidad de CPU, finalizar el proceso o finalizar el árbol de procesos completo. Estas opciones permiten, por ejemplo, reducir la prioridad de una tarea que está acaparando la CPU sin necesidad de cerrarla.

El Administrador de tareas también ofrece la opción de crear un archivo de volcado de memoria de un proceso. Esta función genera un fichero con el estado interno del proceso en ese momento, que puede enviarse al soporte técnico o analizarse con herramientas especializadas para diagnosticar fallos complejos.

Pestaña Servicios: control avanzado de servicios del sistema

La última pestaña, Servicios, lista todos los servicios registrados en el sistema con información como el nombre, el identificador de proceso (si está en ejecución), una breve descripción y su estado (iniciado o detenido).

El formato es muy similar al de la consola clásica de servicios (services.msc), pero integrado en el propio Administrador de tareas. Desde aquí puedes iniciar, detener o reiniciar servicios, así como usar la opción para “Ir a proceso” y localizar qué proceso está asociado a un servicio concreto.

Algunos servicios pueden agruparse o mostrar información sobre restricciones y parámetros devueltos, lo que ayuda a entender mejor la relación entre servicios y procesos de sistema. Para tareas de diagnóstico en servidores Windows o estaciones de trabajo críticas, esta pestaña resulta especialmente valiosa.

Cómo usar el Administrador de tareas para solucionar problemas

Más allá de mirar números, el Administrador de tareas es una herramienta práctica para diagnosticar y resolver incidencias del día a día. Estas son algunas situaciones reales en las que marca la diferencia.

Comprobar la carga de CPU y localizar cuellos de botella

Si notas que el ordenador va “a tirones”, lo primero suele ser abrir la pestaña Rendimiento y revisar el gráfico de CPU. Si se mantiene constantemente cerca del 100 %, algo está exprimiendo el procesador al máximo.

En equipos con varios procesadores lógicos, puedes hacer clic derecho en el gráfico y cambiar la vista a “Procesadores lógicos” para ver el uso individual de cada núcleo. Por ejemplo, en una máquina con ocho procesadores lógicos, una carga constante del 12,5 % puede equivaler a un núcleo trabajando al 100 % (100 / 8 = 12,5). Esta referencia ayuda a interpretar mejor los porcentajes.

Si además activas los tiempos del kernel, podrás ver qué parte de esa carga proviene de Windows y sus controladores y cuál de las aplicaciones de usuario. Si la mayor parte es kernel, quizá haya un controlador o servicio mal comportado; si es usuario, tocará mirar en la pestaña Procesos quién se está llevando la CPU.

Forzar el cierre de procesos colgados

Es bastante habitual que una aplicación parezca cerrarse pero deje un proceso colgado en segundo plano que sigue consumiendo recursos. En esos casos, entrar en la pestaña Procesos, localizar la app y usar “Finalizar tarea” suele ser la solución más rápida.

Si hay varios procesos asociados a esa aplicación, puedes expandir el grupo (con la flecha lateral) y finalizar solo el que da problemas. En casos extremos, desde la pestaña Detalles tienes la opción de “Finalizar árbol de procesos”, que se lleva por delante el proceso seleccionado y todos los que dependen de él.

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Analizar cadenas de espera cuando un proceso no responde

Hay situaciones en las que un proceso aparece como “En ejecución” pero no responde correctamente porque está esperando a otro proceso o recurso. El Administrador de tareas puede ayudarte gracias a la función de análisis de cadena de espera.

Para usarla, ve a la pestaña Detalles, selecciona un proceso que esté en ejecución, haz clic derecho y elige “Analizar cadena de espera”. Si el proceso no está bloqueado por otros, verás un mensaje indicando que se ejecuta con normalidad.

Si sí hay dependencia, aparecerá un árbol con todos los procesos de los que depende ese hilo de ejecución. En algunos casos, marcando uno o varios de esos procesos y pulsando “Finalizar proceso” puedes romper el bloqueo y recuperar la aplicación principal (aunque conviene usarlo con cautela, porque podrías cerrar componentes críticos).

Detectar software pesado o sospechoso en segundo plano

Cuando el ordenador va lento y no tienes ninguna aplicación “gorda” abierta, suele significar que algún proceso en segundo plano está consumiendo recursos. La combinación de la pestaña Procesos y la columna de consumo de CPU/memoria es clave para levantar la liebre.

Una vez identificado el proceso problemático, el siguiente paso es averiguar qué es exactamente. Ahí entran en juego las opciones “Buscar en línea” y “Abrir ubicación del archivo” del menú contextual. Si la búsqueda apunta a un software legítimo (un antivirus, una herramienta de copia en la nube, etc.), puedes ajustar su configuración. Si parece algo desconocido o malicioso, puedes eliminar spyware, desactivarlo del inicio o pasar un análisis de seguridad más profundo.

Reiniciar el Explorador de Windows sin reiniciar el PC

Otra utilidad poco conocida es que desde el propio administrador puedes reiniciar el Explorador de Windows cuando la barra de tareas o el Escritorio se quedan congelados. Basta con localizar “Explorador de Windows” (o “Windows Explorer” dependiendo del idioma) en la lista de procesos, hacer clic derecho y elegir “Reiniciar”.

Si el Explorador ha desaparecido por completo, también puedes ir al menú Archivo > Ejecutar nueva tarea, escribir explorer.exe y pulsar Intro para volver a cargarlo sin reiniciar todo el sistema.

Menús Archivo, Opciones y Vista: ajustes extra del Administrador

En la parte superior del Administrador de tareas encontrarás tres menús que añaden funciones útiles: Archivo, Opciones y Vista.

Desde Archivo puedes iniciar una nueva tarea (lanzar un programa, abrir un documento, ejecutar un comando) o salir del propio administrador. La función de nueva tarea es especialmente útil cuando el menú Inicio o la barra de tareas no responden.

En Opciones puedes configurar, entre otras cosas, que la ventana del Administrador de tareas permanezca siempre visible en primer plano, que se minimice automáticamente al abrirlo o que se oculte en el área de notificación junto al reloj. Son ajustes prácticos si quieres tenerlo constantemente vigilando el sistema mientras trabajas.

Por último, el menú Vista permite forzar la actualización de los datos manualmente y ajustar la frecuencia con la que se refresca la información. Reducir la velocidad de actualización puede ser útil en máquinas muy justas de recursos, ya que el propio administrador consume algo de CPU para recopilar y mostrar datos.

En conjunto, el Administrador de tareas de Windows se convierte en una navaja suiza para entender qué está haciendo tu ordenador en cada momento, optimizar el arranque, localizar cuellos de botella, controlar servicios y, cuando toca, matar procesos rebeldes sin tener que reiniciar. Dominarlo marca la diferencia entre ir a ciegas cuando el PC se bloquea o tener una herramienta fiable para recuperar el control en unos pocos clics.

fallo Windows 11 administrador de tareas
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