Cómo recuperar archivos de un disco duro dañado o formateado

Última actualización: 27 de diciembre de 2025
  • La mayoría de fallos en discos duros son lógicos y se pueden abordar con software especializado antes de acudir a un servicio profesional.
  • Herramientas como CHKDSK, Primera Ayuda, EaseUS, Disk Drill, Recuva, PhotoRec o TestDisk cubren desde errores leves hasta daños graves en el sistema de archivos.
  • Cuando hay síntomas físicos (ruidos, golpes, sobrecalentamiento) conviene detener el uso del disco y valorar la recuperación en laboratorio.
  • La mejor protección sigue siendo combinar varias copias de seguridad en distintos soportes para que cualquier fallo de disco sea fácilmente recuperable.

recuperar archivos de disco duro

Perder de golpe cientos de gigas de fotos, documentos del trabajo o proyectos personales porque el disco duro ha fallado es un auténtico mazazo. La buena noticia es que, en muchísimos casos, esos datos siguen ahí y se pueden recuperar, por ejemplo puedes recuperar fotos borradas si se actúa con calma, método y las herramientas adecuadas, tanto en Windows como en macOS y Linux.

En las próximas líneas vamos a ver, de forma muy completa y sin rodeos, cómo recuperar archivos de un disco duro dañado, corrupto, formateado o incluso que «no aparece» en el sistema. Verás qué diferencia hay entre un fallo lógico y uno físico, qué puedes hacer tú mismo con programas gratuitos o de pago, cuándo hay que parar y acudir a un laboratorio profesional, y qué estrategias conviene seguir para no volver a pasar por este susto.

Fallo lógico vs fallo físico: qué le pasa realmente a tu disco duro

Antes de lanzarte a instalar programas es clave entender qué tipo de avería tiene tu disco: lógica (software) o física (hardware). De ello depende qué técnicas funcionarán y cuáles pueden empeorar la situación.

Cuando hablamos de daños lógicos nos referimos a problemas en el sistema de archivos (por ejemplo, sistemas como exFAT), en la tabla de particiones o en cómo el sistema operativo «organiza» los datos en el disco. El hardware está intacto, el disco gira, se detecta, pero Windows o macOS no saben leer correctamente la estructura y aparecen mensajes del tipo «el disco no está formateado», «unidad RAW», «sector dañado» o simplemente no ves tus carpetas.

En cambio, en un fallo físico hay un problema real en los componentes: cabezales, platos, motor, PCB (la placa electrónica), conectores, etc. Lo típico es que el disco haga ruidos extraños de chasquidos (clac-clac), zumbidos raros, se caliente en exceso o ni siquiera llegue a girar. También encaja aquí el daño por golpes, humedad, fuego o subidas de tensión.

Lo más habitual en casa o en la oficina es que el disco tenga un daño lógico provocado por un apagado brusco, un formateo accidental, una partición borrada, un virus o sectores defectuosos aislados. En todos esos escenarios, el software de recuperación de datos suele dar muy buen resultado si actúas a tiempo.

Si, por el contrario, el disco ha sufrido una caída fuerte, ha estado expuesto a agua o hace ruidos mecánicos continuos, estamos casi con total seguridad ante un caso de hardware dañado que requiere laboratorio especializado. Abrir el disco en casa, golpearlo o probar «trucos milagro» tipo meterlo en el congelador solo sirven para complicar más (y encarecer) la recuperación profesional.

Primeros pasos críticos: qué hacer y qué NO hacer cuando falla el disco

En cuanto sospeches que algo va mal (archivos que no se abren, el disco va lentísimo, mensajes de error, ruidos, etc.), lo más importante es dejar de usar el disco de inmediato. Cada segundo que siga escribiendo datos aumenta las probabilidades de sobrescribir información que todavía era recuperable.

Si el disco duro es interno, lo ideal es retirarlo con cuidado del ordenador y conectarlo como unidad secundaria o mediante una carcasa USB a otro equipo desde el que harás el análisis y la recuperación. Antes de tocar nada, descárgate de electricidad estática (pulsera antiestática o tocar una superficie metálica conectada a tierra).

En discos mecánicos, presta atención a si el disco gira y qué sonido hace. Si no gira ni hace ruido, revisa cables de alimentación y datos, prueba otros puertos y otra fuente de alimentación. A veces el problema no es el propio disco sino la fuente o el cableado del PC.

Si el disco enciende pero emite un clac-clac repetitivo o chirridos nada habituales, mala señal: probablemente hay un problema de cabezales o platos. En ese punto, insistir una y otra vez puede expandir el área dañada. Aquí conviene apagar y valorar muy seriamente mandar el disco a un servicio profesional.

Una regla de oro: si consigues que el disco arranque «por los pelos» y todavía puedes acceder a los datos, lo primero es clonar el disco completo sector a sector a otra unidad. Después, todas las pruebas y recuperaciones las harás sobre la copia, jamás sobre el original, para no perder la única fuente de datos válida.

Escenarios típicos de pérdida de datos en discos duros

Los problemas más frecuentes con los discos no siempre son catástrofes totales. Muchas veces se trata de situaciones concretas con soluciones muy distintas según el caso. Estos son algunos de los escenarios más habituales:

Uno de los más comunes es el borrado accidental de archivos o carpetas, a veces con la mala suerte de haber vaciado ya la Papelera de reciclaje. En realidad, cuando borras un archivo, el sistema solo marca ese espacio como libre: los datos siguen físicamente en el disco hasta que se sobrescriben. Si actúas rápido, hay muchas probabilidades de recuperarlos casi intactos.

Otro clásico es el formateo del disco o de una partición sin copia de seguridad. Puede ser un formateo rápido (Quick Format), un formateo completo o incluso haber reinstalado el sistema operativo sobre la misma unidad. En un formateo rápido, se recrea la tabla de asignación pero el contenido sigue en los sectores; con un formateo completo, en cambio, los sectores se rellenan con ceros y la recuperación se vuelve extremadamente difícil o directamente imposible, sobre todo en SSD con TRIM activado.

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En discos duros mecánicos (HDD), un formateo rápido normalmente se limita a crear una nueva estructura de sistema de archivos y marcar todos los clústeres como libres. Eso quiere decir que la mayor parte de los datos sigue en los sectores tal cual, hasta que nuevas escrituras los vayan pisando. Con un buen programa de recuperación es perfectamente viable reconstruir carpetas, fotos, documentos y demás; y conviene saber también qué qué es FAT32 cuando trabajes con formatos antiguos.

En cambio, un formateo completo (especialmente en herramientas que escriben ceros) recorre todos los sectores inicializándolos. Ahí la capacidad de recuperación cae prácticamente a cero, porque la información anterior se ha sobreescrito físicamente.

Si hablamos de unidades SSD, la cosa se complica más. Estas unidades gestionan las escrituras mediante el comando TRIM y algoritmos internos de nivelación de desgaste. Cuando borras o formateas, los bloques se marcan para ser limpiados y, en muchos casos, el propio controlador se encarga de borrar definitivamente esos datos en segundo plano. Eso hace que la recuperación de datos en SSD formateados sea mucho más difícil que en HDD, y a menudo solo viable si el TRIM estaba desactivado o no ha dado tiempo a que se ejecute la limpieza.

Sea cual sea tu caso, si has formateado sin querer y te has dado cuenta al momento, la recomendación es la misma: deja de usar de inmediato ese disco, no reinstales nada encima y ejecuta el software de recuperación desde otra unidad. Si tienes una imagen de copia de seguridad previa (historial de archivos, Time Machine, backup en la nube, clonaciones tipo Acronis, etc.), esa será siempre la vía más rápida y limpia para volver a tener tus datos.

Herramientas integradas del sistema: CHKDSK y Primera Ayuda

Antes de meterte de lleno con programas avanzados, conviene conocer las utilidades de diagnóstico y reparación que traen Windows y macOS de serie. No son herramientas de recuperación de datos al uso, pero ayudan a corregir errores lógicos que impiden acceder al contenido.

En Windows, la clásica utilidad CHKDSK (Check Disk) se encarga de comprobar la integridad del sistema de archivos y localizar sectores dañados. Además, intenta reparar inconsistencias de la estructura y, en modo más agresivo, marcar los sectores defectuosos para que el sistema deje de usarlos.

Para ejecutarla con permisos de administrador, pulsa Win + X y elige «Símbolo del sistema (Administrador)» o «Terminal/PowerShell (Admin)». Una vez en la consola, puedes empezar con:

chkdsk X: (sustituyendo X por la letra de unidad) para un análisis básico de errores.

Si quieres que intente reparar, se suele emplear: chkdsk X: /r /x. El modificador /r busca sectores defectuosos y recupera la información legible; /x fuerza el desmontaje de la unidad para poder trabajar sobre ella.

Es importante tener claro que CHKDSK puede «arreglar» el sistema de archivos, pero en el proceso puede dejar inaccesibles ciertos datos corruptos. Por eso, en discos muy tocados puede ser mejor clonar primero y pasar CHKDSK (u otras herramientas) sobre la copia.

En macOS, el equivalente a nivel de usuario es Primera Ayuda dentro de la Utilidad de Discos. Esta función revisa tanto el mapa de particiones como la estructura del sistema de archivos y repara errores típicos de directorios, permisos o bloques; en casos de formatos antiguos conviene conocer el sistema de archivos HFS y sus limitaciones.

Para usarla, abre Spotlight con Comando + Espacio, escribe «Utilidad de Discos», pulsa Enter y selecciona el disco o volumen afectado. Después, haz clic en «Primera Ayuda» y sigue las indicaciones. El sistema te indicará si ha detectado y/o solucionado problemas.

Si Primera Ayuda dice que el volumen está correcto pero sigues sin ver determinados archivos, es momento de apoyarse en software de recuperación de datos especializado, que va más allá de lo que ofrecen estas utilidades.

Programas para recuperar archivos borrados o discos lógicos dañados

En el terreno del software de recuperación hay un ecosistema enorme. Existen herramientas de pago muy potentes, programas gratuitos más básicos pero útiles, y proyectos de código abierto tremendamente eficaces en manos expertas. La clave es elegir bien según tu caso, sistema operativo y nivel de manejo.

Una de las soluciones comerciales más populares es EaseUS Data Recovery Wizard. Está disponible para Windows y Mac, tiene interfaz muy sencilla y es capaz de recuperar datos borrados, particiones perdidas, discos RAW, formateados o inaccesibles. Soporta miles de tipos de archivo y trabaja con discos internos, externos, USB, tarjetas de memoria y más.

EaseUS ofrece una versión gratuita con ciertas limitaciones de volumen, y versiones de pago que desbloquean recuperación sin límite de gigas, escaneos en profundidad y soporte para casos más complejos. Es especialmente eficaz en escenarios de borrado y formateo rápido, siempre que el espacio no se haya sobrescrito.

Otra herramienta de pago muy conocida es Disk Drill, disponible tanto para Windows como para macOS. Además de la recuperación de datos como tal, incorpora extras muy interesantes: creación de imágenes de disco byte a byte para trabajar siempre sobre una copia, monitorización S.M.A.R.T. de la salud del disco y funciones de protección de datos proactivas.

La versión gratuita de Disk Drill en Windows permite recuperar una cantidad limitada de datos (por ejemplo, unos cientos de megas), pero sí te deja previsualizar sin límite qué archivos son recuperables. La versión de pago elimina ese tope y habilita todas las funciones. Destaca por una interfaz clara donde puedes filtrar resultados por tipo, fecha, tamaño, etc.

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Si buscas algo 100 % gratuito y razonablemente sencillo en Windows, Recuva sigue siendo un clásico. Su asistente va haciendo preguntas (qué tipo de archivo buscas, en qué ubicación) y ejecuta un escaneo rápido o profundo según lo que elijas. No tiene límite de cantidad de datos a recuperar en su versión estándar, aunque su motor no es tan avanzado como el de las soluciones de pago.

En el mismo terreno de freeware para Windows está Wise Data Recovery, capaz de recuperar fotos, documentos, vídeos y otros tipos de archivo en sistemas de archivos FAT, exFAT y NTFS. Ofrece escaneo rápido, versión portátil y filtrado por categorías. Eso sí, la versión gratuita no permite escaneos profundos ni trabajar con volúmenes RAW; para eso hace falta la edición Pro.

Dentro de las alternativas de pago con más solera, Ontrack EasyRecovery destaca por su experiencia tanto en software como en laboratorio. Su programa recupera archivos borrados, discos formateados, volúmenes dañados y, en ediciones superiores, incluso configuraciones RAID. La demo gratuita suele permitir recuperar hasta 1 GB, suficiente para valorar si merece la pena pagar licencia.

Otra herramienta veterana es Recover My Files, orientada a Windows. Aunque su interfaz se ha quedado algo antigua y ya no recibe grandes actualizaciones, su motor de tallado de archivos sigue siendo potente, especialmente para documentos, fotos y correos. Si lo que necesitas es, por ejemplo, recuperar un archivo de Word, merece la pena probar qué encuentra en la versión gratuita.

Si te mueves en entornos mixtos (Windows, macOS, Linux) o valoras especialmente el código abierto, hay dos nombres que hay que conocer: PhotoRec y TestDisk. Ambos son gratuitos, multiplataforma y tremendamente efectivos, aunque su interfaz en modo texto puede echar para atrás a usuarios novatos.

PhotoRec, a pesar del nombre, no solo recupera fotos: soporta más de 480 extensiones de archivo y se centra en un enfoque de recuperación RAW de bajo nivel, basado en firmas. Es ideal cuando el sistema de archivos está muy dañado y hace falta rastrear el disco sector a sector. El gran «pero» es que no conserva nombres ni estructura de carpetas, tendrás que reorganizar luego los archivos recuperados.

TestDisk, por su parte, está orientado a recuperar particiones perdidas, arreglar tablas de particiones dañadas y reparar sectores de arranque. También puede ayudar a hacer arrancables discos que dejaron de serlo. No es la herramienta adecuada para rescatar un archivo concreto, pero es oro puro cuando una partición entera ha desaparecido; además, funciona muy bien con sistemas de archivos ext4 en Linux.

Para un entorno más casero, y en el caso de Windows, también existen opciones como Orion File Recovery, que combina un asistente para recuperar archivos borrados con funciones de borrado seguro, o la utilidad oficial de Microsoft Windows File Recovery, una herramienta de línea de comandos pensada para Windows 10/11 capaz de rescatar tipos de archivo concretos (JPEG, PDF, Office, MP3, MP4, ZIP, etc.).

Recuperar datos de discos formateados: qué es posible y qué no

Formatear un disco sin copia de seguridad produce un vértigo importante, pero conviene matizar: no todo formateo borra los datos de la misma forma, y en muchos casos es factible recuperar gran parte de la información.

En discos duros mecánicos (HDD), un formateo rápido normalmente se limita a crear una nueva estructura de sistema de archivos y marcar todos los clústeres como libres. Eso quiere decir que la mayor parte de los datos sigue en los sectores tal cual, hasta que nuevas escrituras los vayan pisando. Con un buen programa de recuperación es perfectamente viable reconstruir carpetas, fotos, documentos y demás.

En cambio, un formateo completo (especialmente en herramientas que escriben ceros) recorre todos los sectores inicializándolos. Ahí la capacidad de recuperación cae prácticamente a cero, porque la información anterior se ha sobreescrito físicamente.

Si hablamos de unidades SSD, la cosa se complica más. Estas unidades gestionan las escrituras mediante el comando TRIM y algoritmos internos de nivelación de desgaste. Cuando borras o formateas, los bloques se marcan para ser limpiados y, en muchos casos, el propio controlador se encarga de borrar definitivamente esos datos en segundo plano. Eso hace que la recuperación de datos en SSD formateados sea mucho más difícil que en HDD, y a menudo solo viable si el TRIM estaba desactivado o no ha dado tiempo a que se ejecute la limpieza.

Sea cual sea tu caso, si has formateado sin querer y te has dado cuenta al momento, la recomendación es la misma: deja de usar de inmediato ese disco, no reinstales nada encima y ejecuta el software de recuperación desde otra unidad. Si tienes una imagen de copia de seguridad previa (historial de archivos, Time Machine, backup en la nube, clonaciones tipo Acronis, etc.), esa será siempre la vía más rápida y limpia para volver a tener tus datos.

Discos duros externos: riesgos añadidos y métodos de recuperación

Los discos duros externos son el recurso perfecto para ampliar almacenamiento, mover grandes cantidades de datos o hacer copias de seguridad sin complicarte demasiado. Pero precisamente por ser portátiles, sufren más golpes, desconexiones bruscas y cambios de entorno que un disco interno.

Entre las causas habituales de pérdida de datos en discos externos encontramos borrados o formateos accidentales, desconexiones en caliente durante transferencias, corrupción de la tabla de particiones, infección por malware, ataques de ransomware, picos de tensión o caídas eléctricas, y daños físicos por caídas o golpes.

Cuando un disco externo deja de funcionar bien, lo primero es comprobar lo básico: otro cable USB, otro puerto, otro ordenador, incluso otro sistema operativo. A veces el problema está en el hub USB, en el adaptador SATA-USB o en los drivers, no en el disco en sí. Si en otro equipo el disco se comporta igual, ya puedes asumir que el fallo está en la unidad o su electrónica.

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En Windows, una opción avanzada pero gratuita es Windows File Recovery. Aunque es de línea de comandos y no especialmente amigable, permite buscar y rescatar archivos borrados de discos externos usando diferentes modos (predeterminado, segmento y firma). Cada modo adapta la búsqueda según el sistema de archivos (NTFS, FAT, exFAT, ReFS) y la antigüedad del borrado.

En macOS, además de Primera Ayuda y la Papelera, puedes recurrir a herramientas de terceros como Acronis Cyber Protect Home Office (el antiguo Acronis True Image), Disk Drill, Wondershare Recoverit o similares, que soportan discos USB externos y pueden recuperar datos incluso cuando el volumen no monta correctamente.

En Linux, si has conectado un disco externo con sistema de archivos NTFS y quieres ir más allá de lo que ofrece CHKDSK en Windows, herramientas como TestDisk, PhotoRec o ddrescue son grandes aliados. Por ejemplo, ddrescue permite clonar un disco muy castigado, saltándose sectores que dan error y reintentando de forma inteligente, para que puedas analizar la copia con PhotoRec o programas gráficos como R-Studio, UFS Explorer o similares desde Linux o incluso desde un live USB.

Cuándo acudir a un servicio profesional de recuperación de datos

Aunque el software actual llega muy lejos, hay situaciones en las que lo responsable es dejar de experimentar y poner el disco en manos de una empresa especializada. Puede que no sea barato, pero es la única opción con posibilidades reales de éxito.

Debes plantearte seriamente el laboratorio si el disco presenta ruidos mecánicos evidentes, no gira, ha sufrido un golpe fuerte, daño por agua o fuego, la PCB está quemada o al conectarlo provoca que el ordenador se bloquee o ni siquiera arranque. También cuando ya has probado varias herramientas sin éxito y los datos que faltan son críticos.

El proceso habitual con un servicio profesional suele seguir estos pasos: rellenas un formulario de incidencia con el modelo de disco y lo que ha ocurrido, embalas el disco cuidadosamente (bolsa antiestática, buen acolchado) y lo envías. Una vez lo reciben, realizan un diagnóstico en laboratorio y te envían un informe con la probabilidad de éxito y un presupuesto.

Si aceptas, los técnicos trabajan sobre el disco en salas limpias, con repuestos compatibles y herramientas de bajo nivel para reparar temporalmente el hardware (cabezales, platos, firmware) y extraer la máxima cantidad posible de datos. En caso de éxito, te devuelven la información en otro soporte (otro disco, pendrive, descarga segura, etc.).

Conviene tener claro que cuanto más se haya manipulado un disco dañado antes de llegar al laboratorio, más difícil y caro será el trabajo. Un solo intento de abrirlo en casa o de cambiarle la PCB sin conocimiento puede arruinar totalmente la posibilidad de recuperación.

Estrategias para evitar perder datos otra vez

Por muy buenos que sean los programas y los laboratorios, la única defensa realmente sólida contra la pérdida de datos es tener buenas copias de seguridad. Esto aplica tanto a discos internos como externos, SSD, NAS y cualquier medio que contenga información importante.

Una práctica muy recomendada es la regla 3-2-1: mantener al menos tres copias de los datos (el original y dos copias de seguridad), en al menos dos tipos de soporte distintos, y con al menos una copia fuera de casa o de la oficina (por ejemplo, en la nube).

Para implementarla puedes combinar copias de seguridad locales en discos externos (con programas como Acronis, Time Machine, herramientas de copia de seguridad de Windows o Linux) y servicios de backup en la nube. Muchas de estas soluciones permiten programar copias automáticas, cifrar los datos y restaurar archivos individuales o sistemas completos con unos pocos clics.

Además de las copias, conviene seguir una serie de buenas prácticas básicas: evitar golpes y vibraciones en equipos portátiles, no bloquear salidas de ventilación, usar SAI (sistemas de alimentación ininterrumpida) donde haya cortes de luz frecuentes, mantener un antivirus actualizado y desconfiar de adjuntos o instaladores dudosos.

Por último, acostúmbrate a pensártelo dos veces antes de confirmar acciones destructivas como «formatear», «borrar partición» o «limpiar disco». Muchas pérdidas de datos son pura prisa o despiste, perfectamente evitables si revisamos la letra de unidad, el volumen o la carpeta una vez más.

Aunque perder datos de un disco duro es una situación tensa, contar con unas nociones claras sobre cómo distinguir un fallo lógico de uno físico, qué herramientas utilizar en cada escenario y cuándo pedir ayuda profesional te coloca en una posición mucho mejor para minimizar daños. Si lo combinas con una buena estrategia de copias de seguridad y cierto mimo al hardware, es muy probable que, la próxima vez que un disco diga «basta», se quede en un simple contratiempo y no en una tragedia digital.

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