Diferencias entre Wi‑Fi 6E y Wi‑Fi 7: cuál te conviene

Última actualización: 9 de febrero de 2026
  • Wi‑Fi 6E y Wi‑Fi 7 comparten bandas (2,4, 5 y 6 GHz), pero Wi‑Fi 7 duplica el ancho de canal hasta 320 MHz y usa 4096‑QAM para cuadruplicar la velocidad máxima teórica.
  • Wi‑Fi 7 introduce Multi‑Link Operation (MLO) y una gestión más flexible de las unidades de recurso, reduciendo latencia y mejorando la estabilidad en redes muy concurridas.
  • Para la mayoría de hogares con fibras de hasta 1 Gbps, un buen despliegue Wi‑Fi 6E es suficiente; Wi‑Fi 7 cobra sentido en redes multi‑gigabit o con tráfico interno muy intenso.

Diferencias entre Wi-Fi 6E y Wi-Fi 7

Si llevas un tiempo oyendo hablar de Wi‑Fi 6E y Wi‑Fi 7 y ya no tienes claro qué aporta cada uno, no eres el único. En muy pocos años hemos pasado de pelear con el Wi‑Fi del router “regalado” por la operadora (guía de análisis de routers y puntos de acceso) a convivir con estándares capaces de mover decenas de gigabits por segundo, algo que hace nada sonaba a ciencia ficción en una casa normal.

La cuestión ahora ya no es solo qué estándar es más rápido, sino cuál te compensa realmente según la conexión de fibra que tengas, el número de dispositivos conectados, si juegas online, si trabajas desde casa o si simplemente quieres que Netflix deje de pixelarse cuando todo el mundo se conecta a la vez. Vamos a destripar, con calma pero sin rodeos, las diferencias reales entre Wi‑Fi 6E y Wi‑Fi 7, cuándo merece la pena dar el salto y cuándo es tirar el dinero.

Estándares Wi‑Fi 6E y Wi‑Fi 7: 802.11ax vs 802.11be

Wi‑Fi 6E no es un estándar totalmente nuevo, sino una extensión de Wi‑Fi 6 basada en la especificación IEEE 802.11ax. Comparte prácticamente toda la base técnica con Wi‑Fi 6, pero añade la posibilidad de trabajar en la banda de 6 GHz, lo que abre un bloque de espectro limpio y con mucho menos ruido que el saturado 2,4 GHz o el concurrido 5 GHz.

En cambio, Wi‑Fi 7 se construye sobre el estándar IEEE 802.11be, conocido también como EHT (Extremely High Throughput). Este “rendimiento extremadamente alto” no es solo una etiqueta de marketing: implica cambios profundos en el modo en que se usan los canales, la modulación de la señal, la gestión simultánea de varias bandas y la forma de exprimir cada hertzio del espectro disponible.

Cuando mires fichas técnicas de routers, móviles o portátiles, verás a menudo solo el código 802.11ax o 802.11be, sin aclarar si se trata de Wi‑Fi 6, 6E o 7. Es importante saber que 802.11ax puede ser Wi‑Fi 6 o Wi‑Fi 6E según incluya o no la banda de 6 GHz, mientras que 802.11be identifica directamente equipos Wi‑Fi 7.

Por calendario, Wi‑Fi 6E empezó a llegar al mercado en 2021, mientras que Wi‑Fi 7 se ha lanzado comercialmente en 2024 (lanzamientos de nuevos routers Wi‑Fi 7). Tres años de diferencia en redes inalámbricas dan para mucho: mientras 6E ya está bastante extendido en routers de gama media y alta, Wi‑Fi 7 se encuentra aún en fase de adopción temprana y en productos de precio elevado.

Bandas de frecuencia disponibles: 2,4, 5 y 6 GHz

Tanto Wi‑Fi 6E como Wi‑Fi 7 pueden utilizar las tres grandes bandas de frecuencia: 2,4 GHz, 5 GHz y 6 GHz. La banda de 2,4 GHz ofrece mayor alcance pero menos velocidad y está muy saturada por redes vecinas y dispositivos antiguos. La de 5 GHz mejora notablemente la velocidad y reduce interferencias, a costa de perder algo de cobertura al atravesar paredes.

La gran novedad de los últimos años es la banda de 6 GHz. Aquí encontramos mucho más espacio para canales muy amplios y, sobre todo, un entorno con menos redes compitiendo por el mismo trozo de espectro. Eso se traduce en más capacidad y menos congestión en pisos o edificios con decenas de puntos de acceso alrededor.

Ahora bien, que tu router anuncie 6 GHz no significa que mágicamente todo sea más rápido. Los dispositivos cliente (móviles, portátiles, televisores, etc.) también deben ser compatibles con 6 GHz para poder aprovechar ese “carril rápido”. Muchos smartphones de gama alta y algunos portátiles recientes ya lo soportan, pero una buena parte del parque de dispositivos todavía se queda en 2,4 y 5 GHz.

En la práctica, en la mayoría de hogares aún se sigue utilizando sobre todo Wi‑Fi en 2,4 y 5 GHz, con Wi‑Fi 6 como estándar dominante (y formas de mejorar tu cobertura). La banda de 6 GHz y las ventajas de Wi‑Fi 6E y Wi‑Fi 7 se notan de verdad en entornos con muchos dispositivos conectados, conexiones de fibra muy rápidas o redes corporativas exigentes.

Ancho de canal y capacidad: 160 MHz frente a 320 MHz

Una de las diferencias clave entre Wi‑Fi 6E y Wi‑Fi 7 está en el ancho máximo de los canales, es decir, en cuánta “autopista” de espectro se puede reservar para una transmisión concreta. Cuanto más ancho es el canal, más datos pueden circular a la vez.

En Wi‑Fi 6E, heredado de Wi‑Fi 6, se puede trabajar con anchos de 20, 40, 80, 80+80 y hasta 160 MHz. Esto ya supuso en su día un salto importante frente a Wi‑Fi 5 en términos de capacidad y velocidad, especialmente en 5 GHz y, ahora, en 6 GHz.

Wi‑Fi 7 da un paso más y eleva el listón hasta los 320 MHz de ancho de canal. Además de permitir canales contiguos de 240 MHz y configuraciones no contiguas como 160+80 MHz o 160+160 MHz, el estándar introduce mecanismos más flexibles para combinar y asignar partes del espectro a diferentes dispositivos, mejorando la eficiencia global.

Esta ampliación de canal, sumada a la nueva modulación de la señal, es una de las claves que explican por qué Wi‑Fi 7 puede cuadruplicar la velocidad máxima teórica respecto a Wi‑Fi 6E. Eso sí, para alcanzar esas cifras hace falta que tanto el router como el cliente soporten esos canales anchos y que el entorno radioeléctrico lo permita, algo que rara vez ocurre en situaciones cotidianas.

Velocidades máximas teóricas: de 9,6 Gbps a 46 Gbps

Cuando se habla de estándares Wi‑Fi, siempre salen las cifras de velocidad máxima teórica, que en realidad son un límite superior ideal al que rara vez nos acercamos en el mundo real. Aun así, sirven para hacerse una idea de la capacidad de cada versión.

En el caso de Wi‑Fi 6 y Wi‑Fi 6E, la velocidad máxima teórica se sitúa en torno a los 9,6 Gbps. Para un usuario doméstico, esta cifra ya es descomunal: incluso con una conexión de fibra de 1 Gbps, el estándar va más que sobrado y deja margen para manejar tráfico interno en red local sin despeinarse.

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Wi‑Fi 7 eleva esa velocidad máxima hasta aproximadamente 46 Gbps para un único cliente, según las estimaciones recogidas por fabricantes como Intel y Qualcomm. Esto supone más de cuatro veces la capacidad de Wi‑Fi 6E y se apoya en la combinación de canales de 320 MHz y la nueva modulación 4096‑QAM.

Conviene insistir en que estas cifras son teóricas y difíciles de alcanzar fuera de laboratorios o escenarios muy controlados. Para rozar los 46 Gbps tendrías que cumplir una larga lista de condiciones: varios flujos espaciales, canal máximo, señal excelente, cero interferencias, hardware de gama muy alta en ambos extremos, etc.

En la práctica, con una fibra de 600 Mb o 1 Gb, Wi‑Fi 6E ya cubre de sobra el ancho de banda disponible. Wi‑Fi 7 empieza a tener sentido si cuentas con enlaces de 10 Gbps o superiores, si trabajas con servidores de almacenamiento en red muy rápidos o si en tu red interna se mueven constantemente ficheros de gran tamaño, como entornos profesionales de vídeo, VR/AR o centros de datos muy específicos.

Modulación de la señal: 1024‑QAM vs 4096‑QAM

Otro de los puntos en que Wi‑Fi 7 mejora frente a Wi‑Fi 6E es la modulación de amplitud en cuadratura (QAM), la técnica que se utiliza para codificar los bits de información en la onda de radio.

Wi‑Fi 6E se basa en 1024‑QAM combinado con OFDMA, lo que ya permitió un salto de capacidad y eficiencia frente a Wi‑Fi 5. Cada símbolo que se transmite puede transportar 10 bits de información, lo que, sumado a canales de hasta 160 MHz, posibilita esas tasas cercanas a 9,6 Gbps en condiciones ideales.

Wi‑Fi 7 sube la apuesta a 4096‑QAM, también conocido como 4K‑QAM. Con este esquema, cada símbolo puede transportar 12 bits en lugar de 10, lo que se traduce en un incremento teórico de alrededor del 20 % en la tasa de datos a igualdad de resto de condiciones. Fabricantes como la Wi‑Fi Alliance hablan de mejoras alrededor del 11‑20 % según la configuración concreta.

Por ejemplo, combinando 4096‑QAM con un canal de 56 MHz, se pueden alcanzar en torno a 575 Mbps solo en ese fragmento de espectro. Si además tenemos canales de hasta 320 MHz, es fácil ver cómo se llega a las cifras máximas publicadas para el estándar 802.11be.

El “pero” de subir el orden de modulación es que se vuelve más exigente con la calidad de la señal: hace falta una relación señal‑ruido muy buena y las distancias útiles se reducen. Por eso, 4096‑QAM brillará sobre todo en distancias cortas y entornos con poca interferencia, mientras que en zonas complicadas el sistema bajará automáticamente el nivel de modulación para priorizar la estabilidad.

MU‑MIMO y capacidad para múltiples dispositivos

En redes domésticas y de oficina ya no conectamos solo uno o dos equipos: hablamos de decenas de dispositivos simultáneos entre móviles, portátiles, televisores, consolas, tablets y todo tipo de cacharros IoT. Aquí entran en juego tecnologías como MIMO y MU‑MIMO.

El concepto de MIMO (Multiple Input Multiple Output) se basa en utilizar varias antenas para transmitir y recibir datos, aumentando la capacidad del enlace, el alcance efectivo y mejorando la relación señal‑ruido. Si antes teníamos una única antena, pasar a 2×2 o 4×4 permite multiplicar la velocidad aprovechando varios flujos espaciales.

El siguiente paso es MU‑MIMO (Multi‑User MIMO), que permite que el punto de acceso transmita datos a varios dispositivos a la vez, en lugar de atenderles de uno en uno de forma estrictamente secuencial. Esto es clave en hogares y oficinas con muchos equipos conectados, porque reduce las colas internas del router y aprovecha mejor el tiempo de aire disponible.

Con Wi‑Fi 6E ya disfrutamos de configuraciones de hasta 8×8 UL/DL MU‑MIMO, lo que significa que el punto de acceso puede manejar 8 flujos de subida y 8 de bajada de forma simultánea. Es una capacidad muy alta para entornos residenciales, donde rara vez se exprime al límite.

Wi‑Fi 7 eleva esta cifra a 16×16 UL/DL MU‑MIMO, doblando el potencial número de flujos paralelos. Esto encaja bien con el escenario para el que se ha pensado el estándar: redes muy densas con gran número de clientes activos al mismo tiempo, como oficinas de gran tamaño, espacios públicos, estadios o viviendas domotizadas al extremo.

Multi‑Link Operation (MLO): usar varias bandas a la vez

Una de las características más llamativas de Wi‑Fi 7 es la Multi‑Link Operation (MLO), una función a nivel MAC que cambia la forma en que un dispositivo se conecta al punto de acceso. Hasta ahora, aunque el router pudiera emitir en varias bandas (2,4, 5 y 6 GHz), el cliente se asociaba a una sola banda en cada momento.

Con MLO, un dispositivo Wi‑Fi 7 puede utilizar de manera simultánea varios enlaces en diferentes bandas, combinando su capacidad o alternándolos dinámicamente según la calidad de la señal y la congestión. Es como si, en lugar de elegir una autopista, tu móvil pudiera circular a la vez por dos o más, repartiendo el tráfico según convenga.

En la práctica, MLO permite mejorar el rendimiento, reducir la latencia y aumentar la fiabilidad, porque el sistema puede desviar tráfico de una banda saturada a otra menos congestionada sin que el usuario note cortes. Fabricantes como Broadcom o Aruba destacan que, combinando MLO con canales de 320 MHz, se puede lograr hasta cinco veces más capacidad de red y latencias hasta cuatro veces menores respecto a Wi‑Fi 6E en escenarios muy cargados.

Los sistemas de red mallada (Wi‑Fi Mesh) se beneficiarán especialmente de MLO: el enlace entre el router principal y los nodos satélite podrá usar varias bandas a la vez, mejorando el backhaul y evitando cuellos de botella, especialmente cuando no se dispone de backhaul por cable.

Eso sí, es importante recordar que MLO solo funciona cuando ambos extremos son Wi‑Fi 7. Si uno de los lados es Wi‑Fi 6E o anterior, la conexión se comportará como una asociación tradicional a una sola banda, sin poder combinar enlaces.

Eficiencia espectral, RU y gestión de interferencias

Wi‑Fi 6 introdujo un cambio importante con OFDMA (Orthogonal Frequency Division Multiple Access), que permite dividir el canal en pequeñas unidades de recurso (RU, Resource Units) y asignarlas a diferentes dispositivos según sus necesidades. Esto evita que un único cliente “acapare” todo el canal para enviar pocos datos y se mejora la eficiencia global cuando hay muchos equipos activos.

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Wi‑Fi 6E mantiene este esquema de asignación de RU a cada dispositivo, lo que ya supuso una mejora notable frente a Wi‑Fi 5, sobre todo en entornos con muchos usuarios ligeros (IoT, móviles, etc.). Sin embargo, la asignación seguía siendo relativamente rígida y con menos posibilidades de combinación.

Wi‑Fi 7 amplía esta idea con la posibilidad de asignar múltiples RU a un mismo dispositivo, lo que da mucha más flexibilidad al punto de acceso para organizar el espectro en función de la demanda de cada cliente. Además, se incorporan mejoras como el compressed block‑ack de 512, que reduce overhead en las confirmaciones de recepción y optimiza aún más el uso del aire.

Otra novedad relevante es la utilización flexible del canal mediante “puncturing”. En versiones anteriores, si una parte de un canal amplio sufría interferencias (por ejemplo, por una red vecina), podía echar a perder el canal completo. Con Wi‑Fi 7, se puede “agujerear” justo la porción conflictiva y seguir aprovechando el resto del canal sin pérdida significativa de rendimiento.

Volviendo a la analogía de la autopista, es como si un bache en un carril ya no obligara a cerrar todo el carril, sino que solo se señaliza la zona dañada y el tráfico puede seguir fluyendo usando el resto del asfalto disponible.

Latencia, estabilidad y experiencias inmersivas

Más allá de la velocidad bruta, mucha gente nota más la diferencia cuando baja la latencia y se reduce la variabilidad en la respuesta. Es decir, que las videollamadas no tengan microcortes, los juegos online vayan finos y el streaming de vídeo no esté cambiando de calidad cada dos por tres.

Wi‑Fi 6 y 6E ya dieron un paso grande en este sentido gracias a OFDMA, MU‑MIMO mejorado y un mejor control de las colisiones. La latencia media bajó de forma notable respecto a Wi‑Fi 5, especialmente cuando había muchos dispositivos compartiendo red.

Wi‑Fi 7 se plantea directamente como respuesta a la creciente demanda de experiencias interactivas e inmersivas: realidad virtual y aumentada, realidad extendida, entrenamiento 3D, streaming de vídeo 4K y 8K, juegos en la nube o aplicaciones de telepresencia avanzada. Para todas estas aplicaciones, no basta con mucho ancho de banda; se necesita una red predecible, con latencias muy bajas y estables.

Combinando MLO, canales más amplios, 4K‑QAM y una gestión de RU más flexible, Wi‑Fi 7 puede ofrecer redes más estables incluso cuando el tráfico es intenso. Para un usuario doméstico exigente, esto se traducirá en partidas online con menos picos de lag, videollamadas más fluidas y streaming de alta resolución sin tirones siempre que el resto de la infraestructura (operadora, servidor remoto, etc.) acompañe.

Alcance de la señal y redes Mesh en viviendas complejas

En cuanto al alcance físico de la señal, Wi‑Fi 6E y Wi‑Fi 7 no cambian las leyes de la física. La banda de 2,4 GHz sigue penetrando mejor paredes y techos, a costa de velocidad y de compartir espectro con muchos otros dispositivos. Las bandas de 5 y 6 GHz ofrecen mayor capacidad pero se atenúan más al atravesar muros de ladrillo u hormigón.

Si vives en un piso con paredes muy gruesas o estructura de hormigón, es complicado cubrir toda la casa solo con un router, por muy moderno que sea. En estos casos, la solución realista sigue siendo optar por redes Mesh o puntos de acceso adicionales (o configurar un repetidor Wi‑Fi), idealmente unidos mediante cable Ethernet para backhaul siempre que sea posible.

Los sistemas Mesh Wi‑Fi 6E ya permiten usar la banda de 6 GHz como “carril dedicado” entre nodos, reduciendo la interferencia con los dispositivos de usuario. Con Wi‑Fi 7, esa idea se potencia con MLO y con más capacidad global, lo que permitirá enlaces internos más robustos y rápidos incluso cuando el tráfico aumente.

Si estás valorando si comprar un kit Mesh Wi‑Fi 7 o uno Wi‑Fi 6E para una vivienda con una conexión de hasta 1 Gbps, debes tener claro que en la mayoría de escenarios no vas a notar una diferencia brutal en navegación o streaming. Donde Wi‑Fi 7 empezará a marcar distancias será en casas con redes internas muy cargadas, servidores locales o fibras multi‑gigabit.

Consumo energético y dispositivos IoT

Wi‑Fi 6 introdujo una mejora importante para dispositivos de bajo consumo con TWT (Target Wake Time), una técnica que coordina los momentos en que un dispositivo se “despierta” para enviar o recibir datos. Esto reduce el tiempo que las radios deben estar activas y alarga la autonomía de sensores, cámaras y otros equipos IoT.

Wi‑Fi 6E hereda este mecanismo y lo aplica también a la banda de 6 GHz, manteniendo el enfoque en la eficiencia energética. En hogares cada vez más llenos de bombillas inteligentes, enchufes conectados, termostatos y demás, esta optimización empieza a ser importante.

Wi‑Fi 7 toma estas ideas y las refina para escenarios con aún más dispositivos simultáneos. La gestión avanzada de RU, el uso flexible del canal y MLO permiten que los puntos de acceso programen de forma más precisa cuándo y cómo cada equipo debe transmitir, lo que evita tiempos muertos y reduce el impacto de tener decenas de equipos vivos a la vez.

Para el usuario medio, la diferencia puede no ser espectacular en el día a día, pero en instalaciones densas o con muchos sensores siempre conectados, una eficiencia superior se traduce en baterías que duran más y en una red menos saturada por pequeños paquetes desperdigados.

Seguridad inalámbrica: WPA3 hoy y el futuro de WPA4

En el apartado de seguridad, tanto Wi‑Fi 6E como Wi‑Fi 7 se apoyan en el estándar WPA3, que ha sustituido progresivamente a WPA2 como mecanismo por defecto en routers modernos. WPA3 ofrece mejor protección frente a ataques de fuerza bruta y mayor robustez en redes públicas o con contraseñas débiles.

De cara al futuro, se espera que Wi‑Fi 7 termine adoptando mejoras adicionales, como una eventual WPA4 con requisitos más estrictos y nuevas capacidades criptográficas. Algunas fuentes ya apuntan a que esta evolución de la seguridad acompañará a la madurez del estándar 802.11be y a la mayor criticidad de las aplicaciones que se ejecutarán sobre estas redes.

En cualquier caso, el punto clave para el usuario es que un router actualizado y bien configurado con WPA3 sigue siendo, hoy por hoy, una opción muy segura tanto en Wi‑Fi 6E como en Wi‑Fi 7. Lo importante será mantener el firmware al día y usar contraseñas robustas, más allá del estándar concreto.

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Compatibilidad de dispositivos y madurez del ecosistema

Uno de los problemas recurrentes con cada salto de estándar es que la red es tan moderna como el eslabón más débil. De poco sirve tener un router puntero si la mayoría de tus dispositivos no hablan su mismo idioma.

En la actualidad, Wi‑Fi 6 (y su variante 6E) se ha convertido en el estándar más extendido en móviles de gama media y alta, portátiles recientes y routers que suministran muchas operadoras. Algunos modelos de smartphone premium ya soportan 6 GHz, mientras que otros, como ciertas generaciones de iPhone, todavía se quedan en Wi‑Fi 6 en 2,4 y 5 GHz.

Wi‑Fi 7 acaba de llegar y de momento se limita a equipos de gama alta y precios elevados: routers top de fabricantes como TP‑Link, NETGEAR y similares, primeros portátiles con chipsets compatibles y alguna tarjeta de red específica. Es lógico: como ocurrió con Wi‑Fi 6E, se necesitan unos años para que los fabricantes integren de forma masiva el nuevo estándar en sus catálogos.

Esto significa que, en los próximos años, conviviremos con una mezcla de dispositivos Wi‑Fi 5, Wi‑Fi 6, Wi‑Fi 6E y Wi‑Fi 7. La buena noticia es que los estándares mantienen compatibilidad hacia atrás: un router Wi‑Fi 7 podrá hablar con equipos antiguos, aunque, lógicamente, estos solo aprovecharán las capacidades de su propio estándar.

Si estás pensando en renovar tu infraestructura, conviene tener en cuenta en qué punto del ciclo de actualización de tus dispositivos te encuentras. Si no planeas cambiar móvil, portátil o smart TV en un tiempo, quizá no tenga mucho sentido lanzarse a por Wi‑Fi 7 todavía.

Precio, mercado y cuándo merece la pena actualizar

Otro factor que marca mucho la decisión es el precio de los equipos. Los routers y sistemas Mesh con Wi‑Fi 6 o 6E se han ido abaratando y hoy en día es relativamente fácil encontrar modelos con muy buena relación calidad‑precio.

En cambio, los primeros routers y kits Mesh Wi‑Fi 7 llegan con precios altos, justificados por la novedad del estándar, la complejidad de sus componentes y el hecho de que, de momento, están orientados a usuarios avanzados, empresas y entusiastas que quieren lo último aunque no lo vayan a exprimir desde el primer día.

Si tienes, por ejemplo, una fibra de 1 Gbps y una vivienda complicada, un sistema Mesh Wi‑Fi 6E suele ser más que suficiente para obtener buena cobertura y aprovechar tu conexión. En ese contexto, pagar un sobreprecio considerable por Wi‑Fi 7 puede que no se traduzca en mejoras perceptibles en tu uso diario, salvo que planees contratar más ancho de banda o desplegar servicios locales muy exigentes.

Para quienes cuentan con presupuestos de TI ajustados en empresas, una red bien diseñada con Wi‑Fi 6 o 6E puede seguir siendo una solución excelente durante años. Si tu ciclo de actualización se sitúa dentro de 2‑3 años, lo más sensato puede ser esperar a que Wi‑Fi 7 madure, bajen los precios y haya más dispositivos cliente capaces de sacarle partido.

En cambio, si eres de los que prefieren estar en la “punta de lanza” tecnológica, sin demasiadas limitaciones de presupuesto, puedes optar por saltar ya a Wi‑Fi 6E y luego a Wi‑Fi 7 cuando toque, o incluso ir directamente a un router Wi‑Fi 7 para ir preparando tu red doméstica para futuros dispositivos compatibles.

Wi‑Fi 6E vs Wi‑Fi 7: visión global y casos de uso

Si tu objetivo es tener una red doméstica estable, con buena cobertura, que aguante sin despeinarse varias videollamadas, streaming en 4K y algo de juego online, Wi‑Fi 6E suele ser la opción más equilibrada hoy por hoy. Aprovecha la banda de 6 GHz cuando haya dispositivos compatibles, ofrece velocidades más que suficientes y ya cuenta con un ecosistema bastante maduro.

Wi‑Fi 7, por su parte, apunta a escenarios más exigentes: fibras multi‑gigabit, oficinas con muchos usuarios concurrentes, redes con tráfico interno muy intenso, aplicaciones de realidad virtual o aumentada, streaming 8K, gaming competitivo o entornos de trabajo con ficheros de vídeo y modelos 3D enormes.

En una vivienda típica con 1 Gbps de fibra y un número razonable de dispositivos, la mayoría de usuarios notarán más la buena planificación de la red (ubicación del router, uso de mesh, cableado cuando sea posible) que el salto de 6E a 7. El cuello de botella seguirá estando a menudo en la conexión de Internet, en los servidores remotos o en la propia disposición física de la casa.

Por eso, antes de decidirte por un estándar u otro, merece la pena hacerse una pregunta muy sencilla: “¿Qué necesito realmente de mi red y cuál es el objetivo de mi organización o de mi casa?”. A partir de ahí, podrás valorar si estás en el grupo que quiere siempre lo último, aunque no lo exprima, o si prefieres una tecnología probada, estable y con mejor relación coste/beneficio.

Vistas todas las diferencias técnicas —estándar, bandas, anchos de canal, modulación, MU‑MIMO, MLO, latencia, seguridad, compatibilidad y precio— queda claro que Wi‑Fi 7 es objetivamente superior a Wi‑Fi 6E sobre el papel, pero también que en el día a día de la mayoría de usuarios Wi‑Fi 6E seguirá dando mucho juego durante bastante tiempo y, bien desplegado, resulta más que suficiente para las necesidades actuales de navegación, streaming, teletrabajo y ocio digital.

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