- Las estafas online se apoyan en la suplantación de empresas, organismos y personas para robar datos y dinero mediante correos, SMS, llamadas y webs falsas.
- Compras online, redes sociales, plataformas de comercio electrónico y anuncios de empleo o inversión son escenarios clave donde proliferan fraudes muy variados.
- Revisar siempre la URL, desconfiar de chollos, no compartir credenciales y verificar cambios de cuenta bancaria son medidas clave para reducir riesgos.
- La combinación de sentido común, verificación de la información, herramientas de seguridad y denuncia rápida es fundamental para minimizar el impacto de estas estafas.
Hoy en día vivimos pegados al móvil y al ordenador y, aunque eso tiene muchas ventajas, también supone estar expuestos a estafas online cada vez más frecuentes y sofisticadas. Correos falsos, SMS sospechosos, webs que imitan a tiendas conocidas o supuestos técnicos informáticos intentando ayudarte por teléfono forman parte del día a día digital.
Para no caer en estas trampas es fundamental saber cómo funcionan, qué señales dan y qué medidas de seguridad podemos aplicar para comprar, navegar y relacionarnos por Internet con cabeza. A lo largo de este artículo verás los tipos de fraudes más habituales, ejemplos reales de cómo actúan los ciberdelincuentes y consejos prácticos para reconocerlos a tiempo.
Estafas online que suplantan a grandes empresas y organismos
Uno de los engaños más habituales consiste en usar el nombre de compañías conocidas o de la Administración, como empresas de mensajería, aerolíneas, fabricantes de móviles o la propia Agencia Tributaria, para enviarte mensajes que parecen oficiales pero que en realidad buscan robar tus datos.
Es típico recibir un correo supuestamente de Correos, una compañía de transporte o una tienda online en el que se indica que tienes un paquete pendiente de entrega y debes pagar una pequeña cantidad (por ejemplo, 3 euros) o confirmar datos a través de un enlace. Al pinchar, se abre una página falsa donde te piden información personal o se descarga un virus en tu dispositivo.
En otras ocasiones el mensaje parece venir de la Agencia Tributaria asegurando que, tras una revisión de tu declaración, tienes derecho a una devolución de dinero y debes solicitarla a través de un enlace. Ese enlace te lleva a una web que imita la oficial, donde introducen tus credenciales bancarias o fiscales para quedarse con ellas.
También son comunes los correos que se hacen pasar por proveedores de servicios online (como emails que imitan a Yahoo u otros servicios de correo) que te avisan de que tu cuenta se va a cerrar si no actualizas tus datos en 24 o 48 horas. El truco siempre es el mismo: te fuerzan a actuar con urgencia para que pulses en el enlace sin pensar demasiado.
Incluso existen programas de seguridad y antivirus fraudulentos que se presentan como herramientas legítimas para proteger tu equipo, pero que en realidad generan alertas falsas que presionan para que pagues por “limpiar” el sistema o facilites datos bancarios. Lo único que consiguen es infectar el dispositivo o cargarte servicios que no necesitas.
Las redes sociales también son un terreno abonado para la suplantación. Desde solicitudes de amistad de perfiles desconocidos hasta aplicaciones complementarias, videollamadas dudosas o enlaces compartidos en grupos, pueden convertirse en puertas de entrada para malware o para robar credenciales de acceso a tus cuentas.
En muchos casos los delincuentes incluso se hacen pasar por un empleado real de una empresa, utilizando su nombre y cargo en un correo convincente para ganarse tu confianza y conseguir que hagas clic en un enlace malicioso o abras un archivo infectado.
Otro clásico son las webs falsas que imitan al milímetro a las tiendas online originales, incluidos logotipos, diseño, textos legales y hasta enlaces que redirigen a la página real. En estas páginas se muestran productos muy demandados a precios exageradamente bajos para que introduzcas los datos de tu tarjeta de crédito, que acaban en manos de los ciberdelincuentes. Aprende a detectar ofertas falsas en tiendas online para evitar estos engaños.
En el pasado se hicieron muy populares también las falsas alertas de organismos oficiales, como el famoso “virus de la policía” que bloqueaba la pantalla del ordenador mostrando una supuesta multa por contenidos ilegales y pedía pagar una cantidad para desbloquearlo. Aunque ese caso concreto ha perdido fuerza, la idea sigue viva en otros tipos de ransomware.
Por último, no faltan los correos que anuncian que eres el afortunado ganador de una lotería en la que ni siquiera habías participado o que te ofrecen un empleo muy bien pagado desde el extranjero sin apenas requisitos. El objetivo suele ser que facilites tus datos personales o realices pagos por adelantado para supuestos gastos de gestión.
En páginas de descargas de juegos, películas o software también suelen aparecer banners engañosos y cupones de descuento falsos que simulan ser botones de descarga o chollos irresistibles y terminan suscribiéndote a servicios “premium” carísimos mediante tu número de teléfono sin que te des cuenta hasta que llega la factura.

Phishing, smishing y vishing: los reyes del engaño digital
Dentro de las estafas más extendidas destacan tres técnicas que se basan en engañarte para que seas tú quien entregue voluntariamente la información: el phishing, el smishing y el vishing.
El phishing consiste en el envío masivo de correos electrónicos que imitan a bancos, plataformas de comercio electrónico, servicios de streaming o instituciones públicas, con un tono alarmista o urgente que te anima a pinchar en un enlace que lleva a una página falsa donde te piden contraseñas o datos bancarios. Visualmente suelen parecer muy creíbles, pero la dirección web y pequeños detalles del diseño los delatan.
El smishing es la misma idea, pero a través de SMS o mensajes en aplicaciones como WhatsApp o similares. En estos textos breves se indica, por ejemplo, que tu cuenta se ha bloqueado, que hay un cargo sospechoso o que debes pagar unas tasas mínimas, incluyendo un enlace acortado o un número de teléfono. Si llamas o accedes a la web, caes en la trampa.
El vishing llega por llamada telefónica. El estafador se hace pasar por un trabajador de un banco, una compañía telefónica, un servicio técnico o incluso una institución pública y, con un discurso muy convincente, intenta que le facilites datos confidenciales o que instales programas de acceso remoto en tu equipo. A menudo justifican la llamada con supuestos problemas de seguridad, movimientos raros en la cuenta o incidencias técnicas.
Para blindarte frente a estos engaños es clave interiorizar que tu banco, la Administración o una gran empresa nunca te pedirán contraseñas completas, códigos de firma ni datos sensibles por email, SMS o llamada no solicitada. Ante la duda, cuelga o cierra el mensaje y contacta tú directamente con el canal oficial. También es importante seguir mejores prácticas para crear contraseñas seguras y proteger tus accesos.
Fraudes en compras online a través de buscadores
Muchas compras empiezan en Google: buscamos un producto, comparamos precios y elegimos una tienda desde los resultados. El problema es que, entre enlaces legítimos, pueden colarse anuncios y webs fraudulentas que se posicionan arriba para captar víctimas.
En estos casos, los delincuentes crean páginas con aspecto profesional y nombres muy parecidos a los de tiendas conocidas para atraer con precios muy por debajo del mercado, gastos de envío ridículos o supuestas ofertas flash. Una vez realizas el pedido, pueden ocurrir varias cosas: que no te llegue nada, que recibas un producto falso o de calidad pésima, o que usen tus datos de pago para cargos posteriores.
Para reducir riesgos es importante no confiar ciegamente en todo lo que aparece en los primeros resultados del buscador y prestar especial atención a si se trata de un anuncio patrocinado o un resultado orgánico. No es que todos los anuncios sean fraudulentos, pero los atacantes los usan con frecuencia.
Otro punto clave es revisar bien la barra de direcciones del navegador para confirmar que la URL coincide con la de la tienda oficial y no tiene cambios sutiles (letras de más o de menos, dominios extraños o terminaciones raras). También ayuda buscar opiniones de otros usuarios en redes sociales y foros, porque muchas veces ya hay personas que han denunciado esa web.
Si una oferta parece un chollo exagerado, conviene parar un segundo y plantearse si tiene sentido. Los ciberdelincuentes juegan con las prisas, sobre todo en campañas como Black Friday, Cyber Monday, Navidad o periodos de rebajas, donde se multiplican las estafas disfrazadas de promociones exclusivas. Consulta guías específicas para protegerte en Black Friday y no dejarte llevar por la urgencia.

Riesgos en plataformas de comercio electrónico
Portales como Mercado Libre, Amazon, Temu, AliExpress o eBay han facilitado las compras a distancia, pero también se han convertido en un foco de intentos de fraude. Uno de los más frecuentes son los correos de phishing que se hacen pasar por estas plataformas, avisando de incidencias en la cuenta, problemas de seguridad o premios exclusivos.
Estos mensajes incluyen enlaces que te llevan a copias falsas de la plataforma donde te piden usuario, contraseña y, en ocasiones, datos de pago. Si los introduces, los atacantes pueden acceder a tu cuenta real, modificar direcciones, hacer compras a tu nombre o incluso cambiar el correo asociado. Si sospechas que tu cuenta ha sido comprometida, sigue los pasos para recuperar una cuenta hackeada y reforzar tu correo.
Otro tipo de engaño muy extendido es el del supuesto vendedor que te propone continuar la comunicación fuera de la plataforma (por ejemplo, por WhatsApp o correo) para “ahorrar comisiones” o gestionar mejor el envío. Aprovechan para ofrecer productos caros a precios de risa, convencerte de que hagas un pago directo y nunca llegan a enviar nada.
También existen casos dirigidos a vendedores en los que el comprador, tras recibir el producto, alega que está defectuoso y reclama un reembolso. La plataforma reembolsa el dinero y el supuesto comprador no devuelve el artículo, o envía otro objeto sin valor. Este tipo de fraude juega con las políticas de protección al consumidor.
Además, algunos estafadores se apoyan en llamadas telefónicas haciéndose pasar por el servicio de atención al cliente de la plataforma, con la excusa de un pedido bloqueado o un intento de acceso sospechoso, buscando que confirmes códigos, datos de tarjetas o credenciales.
Tiendas online independientes y webs comprometidas
Más allá de los grandes marketplaces, muchas personas compran en tiendas online de pequeños negocios, emprendedores o marcas que venden desde su propio sitio web. Aunque la mayoría son totalmente legítimas, existe el riesgo de que, aun siendo negocios honestos, su web haya sido hackeada sin que lo sepan.
Los atacantes suelen aprovechar vulnerabilidades en el gestor de contenidos, en los plugins o en configuraciones inseguras para instalar código malicioso conocido como “web skimmers”. Este tipo de malware captura los datos que introduces en los formularios de pago, incluyendo número de tarjeta, fecha de caducidad y CVV, y se los envía a los ciberdelincuentes.
Por eso, antes de comprar en una tienda menos conocida, conviene dedicar un momento a investigar. Es recomendable buscar información de la empresa, revisar sus perfiles en redes sociales, ver reseñas externas y comprobar quién está detrás del proyecto. Un sitio que no ofrece datos de contacto claros, dirección o razón social merece desconfianza.
Otro truco habitual de los estafadores es crear dominios muy parecidos a los de marcas reales, cambiando una letra o usando extensiones diferentes (por ejemplo, .shop en lugar de .com). Es fundamental fijarse en que la dirección sea exactamente la esperada y no una variante sospechosa.
Al llegar al proceso de pago, es básico comprobar que la página utiliza conexión segura HTTPS (candado en la barra del navegador). Aunque no es una garantía absoluta de que todo sea fiable, sí es un primer filtro para descartar webs que ni siquiera cifran la información.
Otra buena práctica es utilizar tarjetas virtuales o prepago para compras puntuales, de forma que, en caso de que se filtren los datos, el impacto económico sea limitado. Muchos bancos permiten crear tarjetas temporales con saldo restringido precisamente para este tipo de compras online.
Las redes sociales se han convertido en un escaparate para vender prácticamente de todo, lo que también ha disparado las estafas. Una técnica muy común es la creación de perfiles falsos que imitan a cuentas oficiales de bancos, marcas o incluso personas conocidas, utilizando el mismo logo, fotos y una biografía similar.
Los ciberdelincuentes emplean herramientas de scrapping para monitorizar comentarios en cuentas reales y después contactar por mensaje privado a usuarios que han pedido ayuda o planteado dudas. De esta forma, se presentan como servicio de atención al cliente y solicitan datos personales o bancarios para “resolver” el problema.
Los anuncios patrocinados en redes también se usan para promover ofertas irreales, sorteos falsos o supuestos productos de moda a precios ridículos. Muchas veces redirigen a webs fraudulentas donde recopilan información financiera o te suscriben a servicios de pago sin consentimiento claro.
A la hora de comprar a través de redes sociales, es clave verificar la cuenta: revisar número de seguidores, interacción en los comentarios, antigüedad del perfil y frecuencia de publicaciones. Un vendedor serio suele tener cierta trayectoria y actividad regular, no un perfil recién creado con apenas publicaciones.
Siempre conviene desconfiar de precios excesivamente bajos y buscar referencias de otros usuarios. En caso de estafa, es importante guardar capturas de pantalla, mensajes y justificantes de pago para poder denunciar, tanto ante la propia red social como ante las autoridades.
En Facebook Marketplace, donde la sensación de cercanía hace que la gente se relaje, abundan los anuncios de productos inexistentes o defectuosos. Es habitual que las fotos muestren un artículo en perfecto estado, pero al recibirlo llegue roto, muy distinto a lo anunciado o directamente no llegue nada. Siempre que se pueda, es recomendable ver y probar el producto antes de pagar.
También se repite la táctica de las gangas escandalosas: si un producto cuesta mucho menos que en el resto de sitios, probablemente no sea un chollo, sino un gancho. Comparar precios en otras plataformas ayuda a detectar desajustes sospechosos y evitar caer en un señuelo diseñado para robarte el dinero.
Por último, hay que tener cuidado con los falsos sorteos y mensajes de phishing que utilizan la marca Facebook Marketplace como reclamo. Suelen llegar como correos o notificaciones que prometen regalos o bonificaciones a cambio de hacer clic y rellenar formularios con información personal, que luego se usa para otros fraudes.
Ofertas de empleo falsas y fraudes laborales
Las estafas relacionadas con el empleo se aprovechan de la necesidad o las ganas de mejorar laboralmente para ofrecer trabajos poco claros, muy bien pagados y con requisitos mínimos. A menudo llegan por correo electrónico, redes sociales profesionales o aplicaciones de mensajería.
Un ejemplo típico es el de supuestos puestos de “comprador misterioso” o intermediario financiero, en los que el estafador envía un cheque o giro por un importe superior al acordado y pide que devuelvas la diferencia a otra cuenta. Cuando el banco descubre que el cheque era falso, tú ya has enviado dinero real al estafador.
También proliferan empresas inexistentes que piden pagar por adelantado cursos, material o trámites administrativos para acceder al supuesto empleo. En cuanto reciben el dinero, dejan de contestar y desaparecen sin dejar rastro.
Para protegerte, desconfía de las ofertas no solicitadas que llegan de repente y no encajan con tu perfil profesional, y nunca ingreses cheques dudosos ni devuelvas dinero de diferencias sin que tu banco confirme la autenticidad del pago. Pedir que la entidad mantenga los fondos retenidos hasta verificar el cheque es una medida de prudencia básica.
Falsas loterías y estafas de beneficiarios
Otro clásico que no pasa de moda son los correos que anuncian que has ganado una lotería extranjera o un premio millonario en un sorteo del que nunca habías oído hablar. Normalmente te piden pagar una pequeña cantidad en concepto de tasas o gestionar los premios, y de paso que envíes datos personales para liberar el dinero.
Las señales de alarma son claras: el remitente suele ser una persona y no una entidad oficial, el mensaje va dirigido a múltiples destinatarios y la redacción suele contener errores gramaticales o expresiones extrañas. Una búsqueda rápida en Internet suele confirmar que se trata de un fraude recurrente.
Muy relacionadas con estas prácticas están las llamadas “estafas de beneficiario”, en las que alguien afirma ser un empresario, un heredero o incluso un miembro de la realeza que necesita sacar una gran suma de dinero del país y te ofrece una comisión a cambio de tu ayuda. El relato viene adornado con detalles que lo hacen verosímil, pero siempre acaba en múltiples pagos pequeños que se justifican como gastos legales o comisiones.
Si te encuentras con mensajes de este tipo, lo más prudente es recordar que nadie regala grandes fortunas por correo electrónico y que cualquier promesa de dinero fácil sin esfuerzo es prácticamente seguro una estafa.
Fraudes en citas online y sextorsión
Las plataformas de citas y las redes sociales también son terreno habitual para los llamados “catfishers”: personas que crean perfiles falsos utilizando fotos robadas e identidades ajenas con el objetivo de engañar a otros usuarios.
Al principio todo parece una historia romántica o una amistad intensa: la otra persona muestra emociones fuertes en poco tiempo, te dedica atención constante y, en cuanto puede, intenta trasladar la conversación a canales privados fuera de la plataforma de citas.
Tras ganar tu confianza, empiezan las peticiones: dinero para un familiar enfermo, para un billete de avión, para salvar un negocio en apuros o para pagar una urgencia médica. En otros casos, empujan a compartir fotos o vídeos íntimos que luego utilizan para chantajear, amenazando con enviarlos a contactos o publicarlos si no se realizan pagos.
Para reducir el riesgo, es fundamental configurar las redes sociales con la máxima privacidad posible, no aceptar solicitudes de desconocidos sin verificar quién hay detrás y evitar compartir datos personales o bancarios con personas que solo conoces en línea.
Si en algún momento decides quedar en persona con alguien a quien solo has conocido por Internet, procura que sea en un lugar público, informa a alguien de confianza de dónde vas a estar y evita situaciones que puedan comprometer tu seguridad. Y, por supuesto, no practiques sexting si no estás dispuesto a perder el control total sobre esas imágenes.
Falsos préstamos, alquileres y compraventa de vehículos
Los estafadores también utilizan la necesidad de financiación para ofrecer préstamos rápidos con intereses ridículamente bajos y condiciones demasiado buenas. Suelen anunciarse en redes sociales, foros o comentarios de blogs, y gestionan todo mediante correos de servicios gratuitos.
Las señales de fraude son bastante claras: ofrecen grandes cantidades de dinero sin apenas requisitos, piden siempre una cantidad por adelantado en concepto de gastos de gestión y suelen exigir que el pago se haga mediante servicios difíciles de rastrear como Western Union, MoneyGram o transferencias a cuentas extranjeras.
Algo parecido ocurre con los falsos alquileres vacacionales o de larga duración, y con la venta de vehículos de segunda mano. Los anuncios muestran pisos o coches espectaculares a precios muy por debajo del mercado y, cuando preguntas, el supuesto propietario dice estar en el extranjero y no poder desplazarse. Para asegurar la reserva, te pide un pago por adelantado a través de plataformas que supuestamente actúan como intermediarias.
En muchos de estos fraudes se mencionan páginas conocidas como Airbnb o TripAdvisor, pero solo como excusa para dar credibilidad; en realidad, la operación nunca llega a pasar por esos portales. Una búsqueda de las fotos del anuncio en Google Images o de la dirección del inmueble suele revelar que se han usado imágenes de otros sitios sin relación.
Antes de enviar dinero, investiga opiniones sobre el anunciante, comprueba si hay otros usuarios que hayan denunciado casos similares y desconfía de los que tienen mucha prisa por cerrar el trato y aceptan cualquier condición sin poner pegas. Tanto para alquileres como para compra de vehículos, es recomendable ver el bien en persona siempre que sea posible.
Fraude de inversiones, “likes” y facturas falsas
En el terreno financiero están creciendo con fuerza las estafas de inversión, donde supuestos brókers o asesores de confianza contactan a través de redes sociales o llamadas frías prometiendo rentabilidades elevadísimas en criptomonedas, acciones o proyectos exclusivos.
La dinámica suele ser similar: te piden un primer ingreso relativamente pequeño, que después “demuestran” con pantallazos o paneles manipulados que ha generando beneficios. Una vez que confías, te animan a aportar cantidades cada vez mayores. Cuando intentas retirar el dinero, aparecen excusas, nuevos pagos “necesarios” y, finalmente, desaparecen con todo.
La llamada “estafa del like” aprovecha la búsqueda de ingresos extra. Comienza con un contacto por WhatsApp ofreciendo trabajos muy sencillos, como dar “me gusta” a contenidos o seguir cuentas, a cambio de pequeñas comisiones inmediatas. Luego te invitan a un canal de Telegram donde, poco a poco, te empujan a invertir dinero en supuestas tareas o niveles superiores, hasta que pierdes todo lo aportado.
Otra modalidad en auge es la estafa del “hijo en apuros”, donde alguien se hace pasar por tu hijo o hija mediante mensajes de WhatsApp u otras apps, alegando que ha perdido el móvil, tiene problemas con el banco o está en una situación urgente y necesita un ingreso rápido. El objetivo es aprovechar el miedo y el cariño para que envíes grandes cantidades sin comprobar la historia.
Por último, el fraude de facturas afecta especialmente a empresas y autónomos. Los delincuentes se hacen pasar por un proveedor habitual y, mediante correos muy bien preparados, piden que los próximos pagos se realicen a una cuenta bancaria “nueva” que controlan ellos. En otros casos interceptan una factura legítima enviada al cliente, modifican el número de cuenta y la reenvían, de modo que el dinero acaba en manos del estafador sin que ninguna de las partes se dé cuenta al momento.
Para minimizar estos riesgos, es crucial establecer procedimientos internos claros: verificar por teléfono con el contacto habitual cualquier cambio de cuenta bancaria, no fiarse de correos que pidan modificaciones urgentes y revisar siempre los datos de la factura antes de realizar una transferencia importante.
Consejos generales para protegerte de las estafas online más comunes
Hay una serie de buenas prácticas que reducen mucho las probabilidades de morder el anzuelo de un ciberdelincuente y que conviene aplicar de forma constante en el día a día digital para mantener a salvo tus cuentas, tu dinero y tu información personal.
En primer lugar, nunca compartas tus claves de acceso completas, códigos de firma o datos confidenciales por correo, SMS, redes sociales o llamadas no solicitadas. Tu banco o cualquier institución seria no te pedirá esa información por estos canales, y menos aún con prisas.
Evita pinchar en enlaces que vengan en correos o mensajes sospechosos, aunque parezcan oficiales, y acostúmbrate a acceder a tu banco o a servicios importantes escribiendo la dirección en el navegador o usando las apps oficiales. Si un mensaje te genera dudas, mejor entrar por tu cuenta que seguir el enlace que incluye.
Mantén tus dispositivos siempre actualizados, tanto el sistema operativo como las aplicaciones, y utiliza una solución de seguridad fiable que incluya protección frente a malware, filtrado de webs peligrosas y funciones específicas para pagos seguros. Estas herramientas añaden una capa extra de defensa frente a páginas fraudulentas y descargas maliciosas.
Desconfía de las gangas extremas, de las inversiones milagrosas, de los préstamos regalados y de los anuncios que suenan demasiado bien para ser verdad. Antes de pagar o compartir datos, dedica un momento a buscar opiniones, reseñas y posibles alertas de otros usuarios. Muchas estafas dejan rastro en foros y redes.
Cuando un proveedor te comunique un cambio de cuenta bancaria, verifica la información por un canal alternativo y, si algo no encaja, detén el pago hasta tenerlo confirmado. Lo mismo se aplica a mensajes urgentes sobre familiares en apuros: intenta contactar por otra vía con la persona supuestamente afectada antes de enviar dinero.
Y si ya has caído en una trampa, actúa sin demora: avisa a tu banco para intentar bloquear o revertir los cargos, cambia las contraseñas de los servicios afectados, recoge todas las pruebas posibles (correos, capturas, justificantes) y presenta denuncia ante las autoridades competentes. En determinadas situaciones, puede ser útil contar con asesoramiento legal especializado para explorar vías de recuperación o responsabilidades.
La realidad es que Internet seguirá siendo terreno fértil para los estafadores, pero cuanto mejor conozcamos sus tácticas y más hábitos de seguridad incorporemos a nuestra rutina digital, más difícil les resultará convertirnos en víctimas y más podremos aprovechar las ventajas del mundo online con tranquilidad.
Tabla de Contenidos
- Estafas online que suplantan a grandes empresas y organismos
- Phishing, smishing y vishing: los reyes del engaño digital
- Fraudes en compras online a través de buscadores
- Riesgos en plataformas de comercio electrónico
- Tiendas online independientes y webs comprometidas
- Estafas en redes sociales y Facebook Marketplace
- Ofertas de empleo falsas y fraudes laborales
- Falsas loterías y estafas de beneficiarios
- Fraudes en citas online y sextorsión
- Falsos préstamos, alquileres y compraventa de vehículos
- Fraude de inversiones, “likes” y facturas falsas
- Consejos generales para protegerte de las estafas online más comunes