Guía completa de análisis de routers y puntos de acceso WiFi

Última actualización: 29 de enero de 2026
  • Un buen análisis de routers y puntos de acceso requiere hardware potente, tarjeta 10G y clientes WiFi 6E/7 para evitar cuellos de botella.
  • El escenario físico (distancias, plantas, paredes) y la intensidad de señal en dBm condicionan de forma crítica la velocidad y estabilidad del WiFi.
  • Módem, router, punto de acceso y repetidor cumplen funciones distintas; combinarlos bien es clave para ampliar cobertura sin perder rendimiento.
  • Planificar la red con mapas de calor, elegir canales adecuados y separar dispositivos lentos y rápidos permite optimizar al máximo cualquier instalación WiFi.

análisis de routers y puntos de acceso

Montar, analizar y optimizar una red WiFi doméstica o profesional va mucho más allá de enchufar el router del operador y cruzar los dedos. Si quieres saber de verdad qué rinden tus routers y puntos de acceso, necesitas un banco de pruebas serio, entender las diferencias entre módem, router, AP, extensores WiFi y WiFi Mesh, y tener claro cómo influyen el entorno físico, el hardware cliente y la propia configuración inalámbrica.

En este artículo vamos a desgranar, con todo lujo de detalles, cómo se analizan routers y puntos de acceso de forma profesional, qué hardware y software se emplea, qué tipo de tarjetas WiFi se usan como clientes, cómo se diseña un escenario físico de pruebas realista y qué papel juegan conceptos como intensidad de señal, canales, estándares WiFi 6/6E/7, roaming o band steering. Además, verás en qué casos conviene un router neutro, cuándo merece la pena apostar por puntos de acceso adicionales y qué problemas típicos pueden arruinar tu conexión.

Banco de pruebas profesional para routers y puntos de acceso

equipos para analizar routers y puntos de acceso

Para exprimir un router o punto de acceso hasta el límite lo primero es asegurarse de que el cuello de botella no está en el lado cableado. De nada sirve que el WiFi vaya «como un tiro» si el PC de pruebas está limitado a 1 Gbps. Por eso se usa un servidor cableado con interfaz 10GBASE-T y estándares NBASE-T, capaz de sincronizar a 10 Gbps, 5 Gbps, 2,5 Gbps y 1 Gbps según lo que soporte el equipo que estamos analizando y la presencia de puertos LAN/WAN Multigigabit en los equipos actuales.

Este servidor se conecta siempre por cable a la red local y actúa como «servidor iperf», de manera que cualquier medida de rendimiento WiFi refleja realmente la capacidad inalámbrica del router o AP, sin que la parte Ethernet frene las pruebas. Con esta configuración se pueden evaluar sin problema dispositivos con puertos LAN/WAN Multigigabit y WiFi 6E o WiFi 7 de última generación.

Ordenador portátil de pruebas WiFi

El cliente inalámbrico principal suele ser un portátil moderno, que se mueve por las distintas estancias donde se realizan las mediciones: habitación contigua, planta inferior, buhardilla, trastero, etc. Esto permite no solo comprobar la velocidad en cada ubicación, sino también cómo se comportan funciones avanzadas como el roaming WiFi entre nodos Mesh o puntos de acceso y el band steering entre bandas de 2,4 GHz, 5 GHz y 6 GHz.

Un ejemplo muy representativo es un ASUS Zenbook UX3402, equipado con un procesador Intel Core i7-1260P (4 núcleos de alto rendimiento, 8 eficientes y hasta 16 hilos), 16 GB de RAM DDR5 y un SSD NVMe de 512 GB. La clave para las pruebas inalámbricas está en su tarjeta WiFi Intel AX211, una solución doble banda/tri-banda WiFi 6E AX3000 con configuración MU-MIMO 2T2R y soporte de canales de 160 MHz.

Con esta tarjeta se alcanzan teóricas de hasta 574 Mbps en 2,4 GHz (gracias a 40 MHz de ancho de canal y 1024-QAM) y hasta 2.402 Mbps tanto en 5 GHz como en 6 GHz. Esto permite comprobar si el router o punto de acceso es capaz de entregar velocidades reales acordes con esas cifras en condiciones de buena señal.

Además, al disponer de puertos USB 3.2 Gen 2 en el portátil, se pueden añadir adaptadores 2,5G y 5G a USB para pruebas cableadas desde distintas ubicaciones, lo que resulta muy útil a la hora de comparar el rendimiento por cable vs WiFi en cada punto de la vivienda u oficina.

Software de medición y test de rendimiento

En el lado del software, la herramienta estrella es iperf3, lanzando múltiples hilos TCP concurrentes (hasta 100 conexiones simultáneas) entre el cliente y el servidor. De este modo se logra saturar por completo la capacidad del enlace WiFi y evitar las limitaciones de herramientas más antiguas como Jperf, que se quedaban cortas por encima de 1 Gbps.

Para complementar las mediciones sintéticas se utiliza también OpenSpeedTest, un test de velocidad vía web que se ejecuta localmente. El servidor corre en el PC principal y desde cualquier cliente basta con abrir un navegador para lanzar pruebas y obtener gráficas de bajada y subida. Esto es muy útil como referencia rápida sin depender de la conexión a Internet.

Windows 11 Pro, actualizado a la última versión, es el sistema operativo base tanto en el servidor como en el portátil cliente, lo que garantiza un entorno homogéneo. En las pruebas con smartphones (como veremos más adelante) se recurre a Android en su versión más reciente para aprovechar al máximo WiFi 6E y WiFi 7.

Además de las herramientas de terceros, el propio estado de la red inalámbrica en Windows ofrece información clave: velocidad de sincronización, tipo de cifrado, estándar empleado, banda y calidad de la señal. Estos datos ayudan a interpretar por qué, en una ubicación concreta, la velocidad cae o se mantiene alta.

Tarjetas y dispositivos WiFi utilizados en los análisis

Probar un router o punto de acceso con un único cliente WiFi es quedarse a medias. Diferentes chipsets, diseños de antena y versiones de estándar pueden comportarse de forma muy distinta frente al mismo AP. Por eso, en un banco de pruebas serio se recurre a varias tarjetas y dispositivos que cubran escenarios variados y expriman realmente las capacidades del equipo analizado.

Tarjeta Intel AX211 (WiFi 6E)

La Intel AX211 es una de las referencias actuales en WiFi 6E para portátiles. Ofrece doble banda seleccionable más soporte para 6 GHz, configuración 2×2 MU-MIMO, 1024-QAM, OFDMA, Beamforming y compatibilidad con todos los protocolos de roaming 802.11k/v/r, lo que la convierte en una candidata ideal para evaluar redes modernas y sistemas Mesh.

En términos de rendimiento práctico, esta tarjeta permite validar el tope de gama en WiFi 6E, tanto en escenarios de alta capacidad (160 MHz de ancho de canal) como en entornos saturados donde OFDMA y MU-MIMO marcan la diferencia. Si con la AX211 el router no rinde como promete, el problema casi seguro no está en el cliente.

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Smartphone ASUS Zenfone 11 Ultra (WiFi 7)

Para las pruebas de experiencia de usuario real —streaming, juego online, videollamadas, roaming entre nodos Mesh— resulta clave incorporar un móvil de última generación. Un ejemplo es el ASUS Zenfone 11 Ultra con SoC Qualcomm Snapdragon 8 Gen 3 y plataforma FastConnect 7800, compatible con WiFi 7.

Este teléfono funciona como cliente 2×2 en 2,4 GHz, 5 GHz y 6 GHz, soporta canales de hasta 320 MHz en 6 GHz y ofrece velocidades teóricas de hasta 688 Mbps en 2,4 GHz, 2.882 Mbps en 5 GHz y 5.764 Mbps en 6 GHz. Sobre el terreno, se utiliza para ver qué velocidad real obtiene un usuario «normal» y cómo se comporta la red cuando se desplaza por la casa u oficina.

Escenario físico de pruebas WiFi: casa de tres plantas

Un buen análisis de routers y puntos de acceso necesita un escenario reproducible, que permita comparar dispositivos en igualdad de condiciones. Un caso típico es un chalet de tres plantas, con unos 65 m² por planta, donde se definen ubicaciones fijas para el router principal y para los clientes de prueba.

Salón: ubicación principal del router

El router, punto de acceso profesional o nodo principal Mesh se coloca siempre en el salón, en la planta baja, buscando una posición lo más centrada posible. Esta recomendación es válida para cualquier hogar: cuanto más centrado esté el equipo, mejor se reparte la cobertura.

En esta estancia se realizan las pruebas de máxima velocidad, situando el portátil y el móvil a unos 2,5 metros en línea recta, sin obstáculos. Aquí se obtienen los valores de referencia, que marcan el techo de rendimiento del WiFi del dispositivo analizado en condiciones ideales de cobertura.

Cocina: cobertura horizontal cercana

La cocina suele ser la habitación más cercana al salón, a unos 10 metros en línea recta. La señal entra por la puerta y atraviesa varias paredes, lo que ayuda a medir la atenuación en horizontal. En muchos análisis, esta ubicación es la segunda mejor en velocidad tras el propio salón.

En esta zona se puede comprobar si el router o AP mantiene tasas de transferencia elevadas cuando debe atravesar uno o dos tabiques, algo muy representativo de lo que ocurre en pisos y casas de tamaño medio.

Habitación principal: cobertura vertical inmediata

La habitación principal se sitúa en la planta superior justo encima del salón, a unos 3 metros en línea recta pero con un forjado completo de por medio. Aquí interesa ver cómo se comporta la cobertura vertical y qué tal aprovechan MU-MIMO y Beamforming para «apuntar» hacia el cliente.

En esta localización suele lograrse una velocidad similar a la de la cocina, siendo un buen indicador de qué tal se desenvuelve el router atravesando suelos, algo clave en viviendas de dos plantas.

Habitación 2: combinación de distancia horizontal y vertical

En la segunda habitación de la planta alta, ubicada encima de la cocina, la separación respecto al router es de unos 10 metros tanto en vertical como en horizontal. La señal tiene que atravesar un piso entero y desplazarse lateralmente, por lo que es una de las posiciones más exigentes.

Muchos routers y puntos de acceso sufren claramente en este punto, con caídas notables de velocidad e incluso problemas de estabilidad si la intensidad de señal se acerca a valores pobres (por debajo de -70 dBm).

Ático o buhardilla: el peor de los casos

El ático, en el segundo piso, es la ubicación más alejada en altura, a unos 6 metros en línea recta del router y con dos forjados por medio. En este escenario, la red suele «buscar caminos alternativos» a través de huecos de escalera, pasillos y paredes menos densas.

La velocidad aquí marca la diferencia entre un equipo de gama básica y uno avanzado; un buen sistema WiFi Mesh o una red bien diseñada de puntos de acceso gestionados puede todavía ofrecer conexión usable, mientras que un router sencillo quizá apenas llegue con cobertura mínima.

Intensidad de señal WiFi, interferencias y calidad de la red

La intensidad de la señal WiFi es uno de los parámetros más críticos para garantizar una buena experiencia de uso. No basta con contratar «muchos megas» a tu operador si luego la red inalámbrica se convierte en el cuello de botella por mala cobertura, interferencias o saturación de canales.

Podemos medir el estado de la red de varias formas. La más básica es mirar las típicas barras de cobertura en el móvil o el portátil; dan una idea rápida, pero muy poco precisa. En Windows, mediante PowerShell o cmd con el comando netsh wlan show interfaces, se obtiene ya información más detallada sobre velocidad de enlace, tipo de cifrado e intensidad de señal como porcentaje.

Para un análisis más completo se emplean herramientas especializadas como Acrylic WiFi Analyzer, que en unos segundos muestra canales ocupados, relación señal/ruido, nivel de seguridad, congestión, velocidades máximas teóricas y calidad de cada punto de acceso detectado. Este tipo de soluciones son oro puro cuando hay varios routers o redes superpuestas, como en edificios de pisos o oficinas.

La intensidad de señal se mide en dBm mediante el indicador RSSI, en una escala que suele ir de 0 a -100. Valores entre -30 y -50 dBm indican señal excelente; de -51 a -60 dBm, muy buena; entre -61 y -70 dBm hablamos de cobertura correcta; de -71 a -80 dBm ya hay riesgo de cortes y baja velocidad, y por debajo de -81 dBm la conexión puede ser inestable o inexistente.

Las barras de WiFi que vemos en los dispositivos no siguen un estándar único, pero a modo orientativo, en un icono de 4 barras, 4 equivalen a unos -50 dBm o mejor, 3 rondan entre -60 y -70 dBm, 2 suelen implicar entre -70 y -80 dBm, y 1 barra apunta muy probablemente a -80 dBm o peor.

Factores que afectan a la cobertura y al rendimiento WiFi

Más allá del propio router o punto de acceso, son muchos los elementos del entorno que pueden debilitar la señal o introducir interferencias. Entenderlos es clave tanto para analizar dispositivos como para mejorar la red en casa.

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La ubicación del router es el primer factor a revisar. Colocarlo escondido detrás de la tele, en un mueble cerrado o pegado al suelo es garantía de problemas. Lo ideal es buscar una zona lo más centrada posible, elevada y despejada de obstáculos inmediatos.

La distancia al punto de acceso también manda: cuanto más lejos, menor intensidad de señal y peor velocidad. La banda de 2,4 GHz ofrece mayor alcance, pero menos capacidad; las bandas de 5 GHz y 6 GHz proporcionan más velocidad, pero su cobertura se ve más afectada por la distancia y los muros.

Paredes, suelos y techos con estructuras metálicas o mucho armado pueden comportarse casi como una jaula de Faraday, bloqueando o atenuando fuertemente las ondas de radio. En algunas casas antiguas con muros gruesos o edificios con mucho hormigón, esto es un auténtico quebradero de cabeza.

Otros dispositivos electrónicos también pueden generar interferencias. Microondas, teléfonos inalámbricos antiguos, cámaras inalámbricas o incluso redes WiFi vecinas saturando el mismo canal reducen la calidad del enlace. La buena noticia es que, especialmente en 5 GHz y 6 GHz, hay muchos canales disponibles para esquivar parte de esa congestión.

Mapas de calor WiFi y planificación de la red

Si quieres ir un paso más allá en el análisis, puedes crear un mapa de calor (heatmap) de tu vivienda o negocio. Consiste en recorrer el plano con un portátil o tablet que va registrando la intensidad de señal en cada punto, y luego representa los datos en un mapa de colores.

Con una herramienta de WiFi planning o WiFi Heatmaps es relativamente sencillo generar ese mapa. Basta con cargar o dibujar el plano de la casa, indicar dónde está el router o los puntos de acceso y caminar por las distintas estancias mientras la aplicación mide RSSI y otros parámetros.

El resultado muestra de forma visual las zonas con cobertura excelente, áreas correctas y rincones en los que la señal se desploma. Con esta información es mucho más fácil decidir si compensa mover el router, añadir un punto de acceso, cambiar a un sistema Mesh o incluso tirar un par de cables Ethernet estratégicos.

Herramientas como Acrylic WiFi Heatmaps permiten además simular nuevas ubicaciones y ver cómo cambiaría la cobertura antes de hacer obra o comprar hardware adicional, ahorrando tiempo y dinero.

Módem, router y punto de acceso: qué es cada cosa

En el lenguaje cotidiano tendemos a llamar “router” a todo, pero en realidad en tu instalación conviven varios dispositivos lógicos (a veces integrados en la misma caja física) con funciones muy distintas: módem, router, switch y punto de acceso WiFi.

Qué hace un módem

El módem es el encargado de modular y desmodular la señal que llega por la línea del operador, ya sea cobre, coaxial o fibra. Convierte las señales analógicas del proveedor en datos digitales que pueda entender tu red local, y viceversa cuando envías información hacia Internet.

En la práctica, el módem es la puerta de entrada de Internet a tu casa. Hoy en día casi siempre viene integrado en el equipo que instala tu ISP, así que la mayoría de la gente ni siquiera ve un módem separado como ocurría hace años.

Qué hace un router

El router, o enrutador, es el cerebro de tu red local. Se encarga de enrutar el tráfico entre la LAN (tus dispositivos) y la WAN (Internet), asignar direcciones IP vía DHCP, aplicar reglas de firewall, gestionar NAT, QoS, control parental y muchas otras funciones de gestión y seguridad.

Los routers domésticos modernos suelen integrar también el punto de acceso WiFi y un pequeño switch Ethernet con varios puertos LAN. Por eso se habla de «router» para referirse a un aparato que, en realidad, mezcla varios dispositivos en uno solo.

Qué es un punto de acceso (y en qué se diferencia de un repetidor)

El punto de acceso (AP) se encarga de crear una red WiFi a partir de una conexión cableada. Se conecta al router o a un switch mediante Ethernet y genera una o varias redes inalámbricas (SSIDs) con su propia configuración de seguridad, canales y bandas.

Cuando quieres mejorar la conexión en una zona donde el router no llega bien, la opción más robusta es llevar un cable Ethernet hasta esa área y colocar allí un punto de acceso configurado como tal. Así obtienes el máximo rendimiento que da la red, sin recortes por repetir señal.

Si el dispositivo se conecta al router únicamente por WiFi y no por cable, entonces no estamos hablando de un punto de acceso clásico, sino de un repetidor o extensor WiFi. Estos equipos toman la señal existente y la vuelven a emitir, pero con la penalización habitual de pérdida de velocidad al tener que recibir y retransmitir cada paquete.

En hogares grandes o con varias plantas, la combinación de router + puntos de acceso cableados suele ser la estrategia más limpia. También se puede recurrir a redes Mesh, que internamente funcionan como una malla de APs (a veces con backhaul inalámbrico, otras veces por cable), ofreciendo mejor roaming y gestión centralizada.

Routers frente a puntos de acceso y extensores WiFi

Un router y un punto de acceso pueden emitir WiFi, pero su rol dentro de la red es muy distinto. El router conecta y gestiona redes diferentes (LAN e Internet), mientras que el AP se limita a ofrecer acceso inalámbrico a una red ya existente.

En una red doméstica típica, el router es imprescindible para que todos tus dispositivos puedan salir a Internet, mientras que los puntos de acceso son opcionales, pensados para ampliar cobertura, aumentar capacidad o segmentar la red por zonas o usos.

Los extensores o repetidores WiFi, por su parte, se usan cuando no es viable tirar cable. Se colocan en un punto intermedio donde todavía llega una señal decente del router y la reemiten hacia zonas más alejadas. Son plug-and-play y baratos, pero sacrifican rendimiento, por lo que no son la mejor solución para juegos online, streaming 4K o entornos con muchos dispositivos.

En entornos profesionales (oficinas, hoteles, centros educativos) suelen desplegarse redes de puntos de acceso gestionados, a veces con controladores físicos, otras veces mediante plataformas en la nube. Esto permite centralizar la configuración, aplicar políticas homogéneas y monitorizar el estado de la red de forma sencilla.

Configuraciones habituales de puntos de acceso gestionados

Cuando la red crece y ya no basta con un solo AP aislado, entran en juego distintas arquitecturas de gestión que facilitan la vida al administrador y mejoran la experiencia de los usuarios.

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En redes muy pequeñas, un AP independiente, configurado uno a uno, puede ser suficiente. Pero en cuanto el número de puntos de acceso aumenta, gestionar cada equipo por separado se vuelve un trabajo pesado y propenso a errores.

Una solución clásica es el enfoque basado en controlador: un dispositivo (o equipo virtual) central recoge la configuración, la empuja a todos los AP, gestiona el roaming, equilibra carga y recopila estadísticas. Esto es habitual en empresas medianas y grandes.

El modelo gestionado en la nube ha ganado mucho terreno porque ofrece las ventajas del controlador sin necesidad de tenerlo físicamente en la instalación. Basta con que los AP tengan salida a Internet para que se conecten a la plataforma del fabricante, desde donde se monitorizan, actualizan y administran.

Las redes en malla (mesh) también son una configuración muy popular. En ellas, un AP hace de puerta de enlace a la red cableada y el resto se enlazan entre sí de forma inalámbrica o mixta, formando una malla resiliente en la que, si un nodo falla, el tráfico puede redirigirse por otras rutas.

Además, existen enlaces punto a punto y punto a multipunto, usados para conectar edificios entre sí o dar acceso a varios bloques de apartamentos o zonas al aire libre desde una estación base central. En estos casos se suelen emplear APs exteriores robustos, con hardware preparado para intemperie y grandes distancias.

Evolución de los puntos de acceso: de WiFi 4 a WiFi 7

La tecnología WiFi ha avanzado a un ritmo vertiginoso desde los viejos tiempos de 802.11b a 11 Mbps. Con 802.11n (WiFi 4) llegaron MIMO y mejores velocidades; 802.11ac (WiFi 5) trajo canales más anchos y MU-MIMO; WiFi 6/6E añadió OFDMA, más eficiencia y la banda de 6 GHz; y ahora WiFi 7 (802.11be) se perfila como un salto aún mayor.

WiFi 7 promete velocidades máximas agregadas por encima de los 40 Gbps, latencias muy bajas y enorme capacidad, gracias a canales de 320 MHz, modulación 4096-QAM y mejoras en la agregación de enlaces y gestión de interferencias. Esto abre la puerta a aplicaciones tan exigentes como vídeo 8K, realidad extendida y juegos sociales masivos en tiempo real.

Los fabricantes están adaptando sus catálogos para adoptar arquitecturas de tres radios simultáneas (2,4 GHz, 5 GHz y 6 GHz), lo que permite optimizar el uso de cada banda y ofrecer backhaul inalámbrico dedicado en sistemas Mesh avanzados sin penalizar tanto a los clientes.

Un ejemplo de esta nueva generación son los puntos de acceso WiFi 7 de clase empresarial, que integran gestión por IA, optimización dinámica del espectro, soporte completo de WPA3 y están preparados para futuras actualizaciones de firmware que expriman aún más el estándar.

Elegir y montar tu propio banco de pruebas WiFi

Si te pica el gusanillo y quieres montar tu propio banco de pruebas —ya sea por trabajo o por afición—, no necesitas replicar al milímetro un laboratorio profesional, pero sí conviene seguir algunas pautas para que los resultados sean consistentes.

Lo primero es contar con un router WiFi decente; el del operador puede servir para empezar, pero si buscas exprimir al máximo velocidad y cobertura, un router neutro de marca conocida te dará más opciones y mejor rendimiento.

En segundo lugar, necesitas varios dispositivos de prueba: al menos un portátil con WiFi 6 o 6E, algún móvil moderno, quizá una tablet o un PC de sobremesa con adaptador WiFi, y, si puedes, alguna tarjeta USB ac o ax para comparar comportamientos.

El software de pruebas es el tercer pilar. iPerf3, herramientas de análisis como Acrylic WiFi Analyzer, tests de velocidad locales tipo OpenSpeedTest y, si quieres rizar el rizo, software de mapas de calor, te permitirán ver la red con mucha más claridad.

No olvides la parte de configuración y seguridad: elegir buenos canales, colocar bien el router, usar cifrado WPA2/WPA3 con contraseñas robustas, desactivar funciones que no uses (WPS, redes abiertas innecesarias), y mantener siempre el firmware actualizado son pasos básicos pero que marcan una gran diferencia.

Por último, recuerda que los dispositivos antiguos pueden lastrar toda la red. Si mezclas clientes WiFi muy viejos con equipos WiFi 6/6E o 7 en la misma banda y SSID, la red tenderá a funcionar en modos más conservadores. Una opción inteligente es separar dispositivos lentos en la banda de 2,4 GHz o incluso en un AP dedicado, y reservar 5 GHz/6 GHz y el router principal para los dispositivos más rápidos.

Con un buen entendimiento de cómo se analizan routers y puntos de acceso, de qué papel juegan módem, router, AP y extensores, y de cómo influyen el entorno físico, la intensidad de señal y los estándares WiFi modernos, te será mucho más sencillo elegir el equipo adecuado, planificar la colocación de los puntos de acceso y sacar el máximo partido a tu conexión, ya sea en una casa de dos plantas, en un coworking lleno de portátiles o en una pequeña empresa que necesita una red robusta y preparada para el futuro.

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