Guía completa para recuperar archivos borrados en tu PC

Última actualización: 11 de marzo de 2026
  • Los archivos borrados suelen seguir en el disco hasta que son sobrescritos, por lo que actuar rápido y dejar de usar la unidad aumenta mucho las probabilidades de recuperación.
  • Windows ofrece herramientas como el Historial de archivos y la papelera de reciclaje, además de copias en la nube y funciones similares en Android e iOS para restaurar datos sin software adicional.
  • Existen numerosos programas gratuitos y de pago (Recuva, EaseUS, Recoverit, Disk Drill, TestDisk, etc.) capaces de recuperar archivos y particiones dañadas en distintos sistemas y dispositivos.
  • En casos de fallos físicos graves o datos muy críticos, acudir a una empresa profesional de recuperación puede ser la única opción viable, aunque con un coste elevado y sin garantía absoluta.

recuperar archivos borrados

Perder un documento importante, las fotos de un viaje o la carpeta del trabajo puede ponernos el corazón en un puño. La buena noticia es que, en muchísimos casos, esos archivos no han desaparecido realmente del disco, aunque ya no los veas ni en la carpeta original ni en la papelera de reciclaje. Con las herramientas adecuadas y sabiendo qué hacer (y qué no hacer) desde el primer minuto, tus probabilidades de éxito pueden ser muy altas.

En las siguientes líneas vas a encontrar una guía muy completa para recuperar archivos borrados en Windows, Mac, recuperar archivos borrados en Android y unidades externas: desde aprovechar copias de seguridad y funciones del sistema como el Historial de archivos, hasta usar programas especializados gratuitos y de pago, sin olvidar qué pasa cuando formateas un disco y cuándo tiene sentido acudir a un servicio profesional de recuperación.

Qué ocurre realmente cuando borras un archivo

Cuando mandas un archivo a la papelera -o la vacías-, el sistema operativo no suele destruirlo al instante: solo marca el espacio como disponible para que pueda ser sobrescrito por nuevos datos. Es como borrar un capítulo del índice de un libro: el contenido sigue en las páginas, pero has perdido la referencia rápida para encontrarlo. Si por el contrario necesitas un borrado definitivo, aprende a eliminar archivos de forma segura.

Esa es la razón por la que los programas de recuperación de datos pueden hacer “magia”. Estas herramientas escanean el disco sector a sector en busca de fragmentos de archivos que sigan físicamente presentes, aunque el sistema ya no sepa que existen. Revisan el “libro” página a página, sin depender del índice.

Mientras no se escriban datos nuevos encima de esas zonas del disco, el contenido sigue ahí. Sin embargo, en cuanto guardas nuevos archivos, instalas programas o copias grandes cantidades de datos, lo más probable es que empieces a sobrescribir la información antigua, reduciendo drásticamente las posibilidades de recuperación total.

Por eso, tras un borrado accidental o un formateo, la regla de oro es usar lo mínimo posible el dispositivo afectado. Cuanto menos lo toques, más intactos estarán los archivos que quieres rescatar.

La importancia de dejar de usar el dispositivo a tiempo

Si acabas de borrar por error una carpeta o has formateado un pendrive, lo peor que puedes hacer es seguir trabajando con normalidad sobre esa unidad. Cada descarga, cada instalación o incluso algunas actualizaciones de programas pueden escribir datos justo encima de los archivos borrados que quieres salvar.

En ordenadores, lo ideal es detener tareas pesadas (descargas, edición de vídeo, juegos, etc.) y, si la pérdida ha sido en el disco del sistema, valorar incluso apagar el equipo y arrancar desde otro medio para hacer la recuperación con más seguridad. En móviles y tarjetas SD, lo recomendable es dejar de hacer fotos, de grabar vídeo y de instalar apps hasta haber intentado la recuperación.

Ten presente que ningún software puede garantizar un 100 % de éxito: si las zonas del disco ya se han sobrescrito, solo será posible recuperar archivos incompletos o, directamente, nada. Aun así, con una reacción rápida y las herramientas adecuadas, las probabilidades de rescatar al menos una parte importante de tus datos son muy razonables.

Formateo rápido, formateo de bajo nivel y recuperación

Cuando formateas una unidad, no todos los formatos son iguales. En un formateo rápido típico de Windows, el sistema borra la información de la estructura del sistema de archivos y da por “vacío” el disco, pero no pisa los datos anteriores de inmediato. En la práctica, estás dando permiso para que se escriban datos nuevos en esas zonas, pero lo que había antes sigue ahí hasta que se sobrescribe.

De nuevo, esto juega a tu favor: durante un tiempo, podrás recuperar archivos tras un formateo rápido, siempre y cuando no llenes la unidad de datos nuevos. El tiempo es clave: cuanto antes actúes, más posibilidades tendrás de encontrar intactos esos documentos, fotos o vídeos.

En cambio, un formateo de bajo nivel o formateo completo intensivo (como los que reescriben el disco con ceros varias veces) sí sustituye físicamente los datos antiguos por nuevos patrones. En ese caso, el espacio se pisa de forma sistemática, y la recuperación de archivos es, en la práctica, inviable con herramientas de usuario.

Este tipo de formateo profundo es ideal si quieres asegurarte de que nadie pueda recuperar lo que había antes (por ejemplo, al vender un disco), pero es el peor escenario si lo que buscas es recuperar información que borraste por error tras aplicar ese proceso.

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Copias de seguridad y funciones de restauración del sistema

Antes de lanzarte a escanear discos con software especializado, conviene comprobar si ya tienes una copia de seguridad o una función de restauración integrada que te ahorre dolores de cabeza. Muchos sistemas y aplicaciones guardan copias de tus datos casi sin que te des cuenta.

En Windows, por ejemplo, una de las herramientas más útiles (y a menudo olvidada) es el Historial de archivos. Esta función actúa como un sistema de copias de seguridad continuas de tus bibliotecas personales: Documentos, Imágenes, Vídeos, Música, Escritorio y cualquier biblioteca adicional que hayas creado o ampliado.

Cómo configurar el Historial de archivos en Windows

Para que el Historial de archivos funcione, necesitas una unidad externa o una ubicación de red donde Windows pueda ir guardando las versiones anteriores de tus documentos. Una vez configurado, las copias se hacen de forma automática y periódica, sin que tengas que acordarte.

Los pasos básicos para ponerlo en marcha son:

  • Conecta un disco externo o configura una carpeta de red donde quieras almacenar las copias.
  • Abre el Panel de control, entra en Sistema y seguridad y selecciona “Guardar copias de seguridad de los archivos con Historial de archivos”.
  • Pulsa en “Activar” para que empiece a funcionar. Si no hay unidad seleccionada, elige una con la opción “Seleccionar unidad” y confirma.

Además de las bibliotecas por defecto, puedes incluir otras carpetas en las copias creando una nueva biblioteca o añadiéndolas a una existente (clic derecho en la carpeta > “Mostrar más opciones” > “Incluir en biblioteca”). Así te aseguras de que también se respalden rutas personalizadas donde guardes proyectos, fotos o cualquier documento importante.

Una vez habilitado, el Historial de archivos vigila continuamente los cambios en esas ubicaciones y va creando versiones históricas. Si un día borras algo sin querer o guardas cambios que luego quieres deshacer, podrás volver atrás en el tiempo con unos pocos clics.

Cómo restaurar archivos con el Historial de archivos

Cuando necesitas recuperar un archivo o carpeta gracias al Historial de archivos, el procedimiento es sencillo y suele ser mucho más limpio que usar programas de terceros, porque trabajas con copias sanas y organizadas por el propio sistema.

Paso a paso, lo que debes hacer es:

  • Abre el Explorador de archivos y ve a la carpeta donde estaba originalmente el archivo o carpeta que has perdido.
  • Haz clic derecho sobre esa carpeta (o sobre la unidad, si estaba en la raíz, por ejemplo C:\) y elige “Restaurar versiones anteriores”.
  • En la pestaña de “Versiones anteriores” verás un listado de copias disponibles con fecha y hora.
  • Selecciona la versión de la carpeta anterior al borrado; por ejemplo, una copia del día antes de haber eliminado el archivo.

Si quieres asegurarte de que esa versión contiene exactamente lo que buscas, puedes previsualizar su contenido abriéndola en el propio Historial de archivos. Cuando lo tengas claro, pulsa en “Restaurar” para devolver la versión seleccionada a su ubicación original o elige “Restaurar en…” si prefieres copiarla a otra carpeta y evitar sobrescribir nada.

Además de Windows, tanto Android como iOS permiten restaurar datos desde copias de seguridad en la nube (Google Drive, iCloud, etc.). Y aplicaciones como Google Fotos almacenan automáticamente fotografías y vídeos, de forma que un supuesto “borrado” en el dispositivo puede ser reversible simplemente restaurando desde la copia online; incluso puedes recuperar fotos borradas desde la copia en la nube.

Buscar primero en la papelera de reciclaje

Aunque parezca obvio, conviene recordarlo: en Windows y Mac, cuando eliminas un archivo normalmente lo que haces es enviarlo a la papelera, no destruirlo. Mientras no vacíes esa papelera, el fichero sigue intacto y la recuperación es tan sencilla como un par de clics.

En estos sistemas, basta con abrir la papelera, localizar el elemento, hacer clic derecho y seleccionar “Restaurar”. El archivo volverá a la ubicación original sin necesidad de software extra ni complicaciones técnicas.

En cambio, en iOS y Android no existe una papelera general para todos los archivos. Algunas apps incluyen su propia carpeta de elementos eliminados (por ejemplo, el álbum “Eliminado” de la app Fotos en iOS, que mantiene las imágenes durante un tiempo limitado). En Android, gestores de archivos como ES Explorador de Archivos ofrecen una “Recycle Bin” propia, pero solo funciona si borras los elementos desde la propia app.

Por tanto, siempre que pierdas algo, merece la pena revisar primero papelera y secciones de elementos eliminados en las aplicaciones que suelas utilizar, antes de pasar a métodos más avanzados.

Programas para recuperar archivos borrados en Windows

Si no tienes copia de seguridad, el archivo no está en la papelera y el Historial de archivos no estaba activado, toca recurrir a software especializado de recuperación de datos. Existe una auténtica jungla de herramientas, tanto gratuitas como de pago, y no todas ofrecen los mismos resultados ni la misma seguridad.

En general, estos programas analizan el disco buscando entradas de archivos “borrados” en la tabla del sistema de archivos y, cuando esta está dañada, recurren a la recuperación en bruto por firmas (raw recovery), identificando tipos de archivo por patrones característicos (cabeceras, estructuras internas, etc.).

Conviene descargar siempre el software de fuentes fiables y, si es posible, ejecutarlo desde otra unidad o incluso desde un USB, para minimizar la escritura sobre el disco afectado. A continuación repasamos las herramientas más utilizadas y lo que puedes esperar de cada una.

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Recuva y Windows File Recovery: opciones gratuitas muy populares

Recuva, desarrollado por Piriform, es uno de los programas más conocidos para recuperar archivos borrados en Windows. Permite rescatar datos de discos duros, pendrives USB, tarjetas de memoria, reproductores MP3 y otros dispositivos que utilicen sistemas de archivos NTFS o FAT, con un modo de escaneo profundo para casos complicados.

Su versión estándar es gratuita y sin límite estricto de archivos, y cuenta con edición instalable y versión portátil, esta última muy interesante porque evita escribir en el disco donde se perdieron los datos. Recuva funciona bajo un modelo “freemium”: la edición de pago añade funciones avanzadas y soporte, pero la gratuita suele ser más que suficiente para muchos escenarios domésticos.

Por otro lado, Microsoft ofrece su propia utilidad llamada Windows File Recovery. Es una herramienta gratuita, pensada para restaurar archivos eliminados en Windows mediante línea de comandos. No dispone de interfaz gráfica, así que resulta menos amigable para usuarios novatos, pero para quien esté cómodo con el terminal puede ser una alternativa potente y totalmente integrada en el ecosistema de Windows.

Ambas opciones comparten una característica: cuanto antes las utilices tras el borrado, mayores serán las probabilidades de que los sectores originales no hayan sido sobrescritos. Si un programa no encuentra lo que buscas, siempre puedes desinstalarlo y probar con otro, evitando acumular software innecesario en el sistema.

Otros programas gratuitos y freemium muy usados

Más allá de Recuva y la herramienta de Microsoft, hay una larga lista de aplicaciones con años de trayectoria en recuperación de datos. Algunas de las más utilizadas en Windows (y en ocasiones también en Mac o Linux) son:

FreeUndelete: especializada en unidades NTFS, es capaz de identificar una gran cantidad de archivos borrados, funcionando también con volúmenes FAT. Es gratuita y compatible con PC y Mac, y se ha ganado la confianza de muchos usuarios avanzados por su rapidez, sobre todo en discos NTFS.

Restoration: una utilidad extremadamente sencilla y ligera para rescatar archivos en discos internos, memorias USB y tarjetas. No requiere instalaciones complejas y se maneja desde una ventana muy básica, ideal para quien busque algo directo. Algunos usuarios han reportado errores en Windows 8, así que conviene probarla primero con archivos no críticos.

DiskDigger: destaca por una interfaz simple y compatible con Windows y Linux. Permite recuperar imágenes, vídeos, documentos y otros formatos desde discos duros, SSD, microSD, pendrives y más, con vista en miniatura para reconocer al vuelo fotos y otros ficheros multimedia. Tiene una versión gratuita funcional y una de pago que desbloquea todas sus opciones.

Pandora Recovery: durante años fue un clásico de la recuperación de datos en Windows, con asistente guiado y capacidad para rescatar información en discos y tarjetas. Hoy en día, su tecnología se ha integrado en Disk Drill Free, combinando las funciones históricas de Pandora con algoritmos modernos de escaneo y restauración.

Herramientas profesionales y soluciones de pago

Cuando los datos son especialmente importantes (por ejemplo, documentación de trabajo crítica o colecciones de fotos familiares) puede compensar apostar directamente por un software profesional de pago, en lugar de encadenar muchas pruebas con herramientas gratuitas.

Una de las suites más recomendadas es EaseUS Data Recovery Wizard, disponible para Windows y Mac con versión gratuita limitada y edición de pago completa. Su principal baza es una interfaz muy clara y un motor de escaneo capaz de lidiar con escenarios complejos: particiones dañadas, discos formateados, ataques de malware y cuelgues del sistema, entre otros.

El funcionamiento es bastante cómodo: eliges la unidad a analizar, el programa realiza un escaneo rápido combinado con uno profundo y te presenta un árbol de carpetas similar al explorador del sistema, desde donde puedes ir abriendo ficheros para ver si están íntegros antes de recuperarlos.

Otras herramientas de nivel profesional muy extendidas son:

Recoverit: pensado para PC, móviles, pendrives, discos duros y tarjetas de memoria. Soporta más de 1000 formatos de archivo y realiza un barrido completo de la unidad, pudiendo recuperar datos perdidos por borrado, formateo o infección de virus. Ofrece prueba gratuita y planes de pago (por ejemplo, licencia anual Esencial para Windows) cuando se necesita acceso completo a todas sus funciones.

Stellar Data Recovery: compatible con prácticamente cualquier tipo de unidad y con versiones para Windows y Mac, permite rescatar multitud de tipos de archivo con una interfaz muy intuitiva. Dispone de una edición gratuita con límites y planes de suscripción de pago, pensados tanto para usuarios domésticos como para profesionales.

Disk Drill: disponible para Windows y macOS, combina recuperación de datos con funciones de prevención como Recovery Vault (una capa adicional tipo papelera de reciclaje) y Guaranteed Recovery (copia automática de lo que se envía a ciertas carpetas, como la papelera). También permite crear imágenes de disco (ISO, IMG, DMG) para trabajar sobre clones en lugar de sobre el original, reduciendo riesgos.

Recuperar particiones y casos avanzados con TestDisk

Cuando el problema no es solo un archivo borrado, sino que se ha dañado una partición entera o la tabla de particiones, entran en juego herramientas más avanzadas como TestDisk. Este programa de código abierto funciona en Windows (incluido MS‑DOS), macOS y Linux, y está orientado a usuarios con cierta experiencia técnica.

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TestDisk se ejecuta en modo texto, sin interfaz gráfica, aunque incluye un menú bastante guiado que va explicando cada paso. Es capaz de escanear discos en busca de particiones perdidas, reconstruir tablas de particiones y restaurar datos en formatos FAT, exFAT, NTFS y ext2, entre otros. Eso sí, no soporta particiones ext4, muy habituales en distribuciones Linux actuales.

Una ventaja importante es que no requiere instalación: descargas el paquete, lo descomprimes y lo ejecutas, lo que minimiza la escritura en disco. También permite crear imágenes del disco completo marcando zonas defectuosas para no utilizarlas, algo especialmente útil si el dispositivo tiene daños físicos parciales.

CrashPlan, copias continuas y recuperación empresarial

Más allá de la típica copia manual, existen soluciones como CrashPlan, muy populares inicialmente en el ámbito doméstico y que con el tiempo han evolucionado hacia entornos empresariales. Su filosofía se centra en realizar copias de seguridad continuas y automatizadas, de modo que siempre haya una versión reciente de tus archivos lista para ser restaurada.

En estos sistemas, la cantidad de archivos que puedes recuperar depende tanto de cómo se hayan borrado como de la frecuencia con la que se ejecutan las copias. Si programas respaldos periódicos cada poco tiempo, en caso de desastre tendrás un historial muy reciente del que tirar.

Este enfoque de “copia continua” es una garantía especialmente valiosa cuando manejas información corporativa o proyectos a largo plazo, donde una pérdida total puede traducirse en un coste económico importante.

Cómo usar Recuva paso a paso para una memoria USB

Para que te hagas una idea práctica de cómo trabajan estas herramientas, imagina que has borrado sin querer varios documentos de una memoria USB y quieres intentar rescatarlos con Recuva. El flujo de trabajo sería algo así:

Instala y abre Recuva; aparecerá un asistente que te guía por el proceso. Primero te preguntará qué tipo de archivos buscas (imágenes, documentos de Word, vídeos, etc.) o si prefieres marcar “All Files” para abarcar todo, algo recomendable si no tienes claro el tipo exacto.

Después indica dónde estaban los archivos. En este caso, selecciona la unidad correspondiente a tu USB (por ejemplo, G:). Deja desmarcada la opción de “Deep Scan” en el primer intento para que el análisis sea más rápido; si no encuentra lo que buscas, siempre puedes repetir activando el escaneo profundo.

Al finalizar, verás una lista de archivos con un código de color: los marcados en verde son recuperables con buenas garantías, los naranjas pueden estar dañados parcialmente y los rojos suelen ser irrecuperables. Marca los que te interesen, pulsa “Recover” y elige una carpeta de destino en otra unidad diferente al USB para no sobrescribir nada.

Cuándo puede merecer la pena acudir a una empresa de recuperación

Si, tras probar varias herramientas fiables, sigues sin conseguir tus archivos o si el disco da síntomas claros de fallo físico (ruidos extraños, sectores defectuosos masivos, el sistema deja de verlo de forma intermitente), conviene plantearse la opción de un servicio profesional de recuperación de datos.

Estas empresas disponen de laboratorios con salas limpias, herramientas de hardware especializadas y software propietario capaz de leer directamente de los platos o chips de memoria en situaciones extremas. Pueden trabajar tanto con discos duros mecánicos dañados como con SSD, tarjetas de memoria y otros soportes.

Eso sí, hay dos factores clave que debes valorar: por un lado, el coste económico (no suele ser barato, especialmente en intervenciones físicas complejas) y, por otro, la confidencialidad de tus datos. Asegúrate de que la empresa ofrezca acuerdos de confidencialidad sólidos si manejas información sensible.

Nadie puede garantizarte al 100 % que vayas a recuperar todo lo perdido, porque el éxito depende del estado del soporte y de las acciones realizadas desde el incidente. Aun así, en muchos casos estos centros logran rescatar datos que ya parecen imposibles de recuperar con software doméstico.

En definitiva, la recuperación de archivos borrados combina conocimiento técnico, rapidez de reacción y buenas prácticas de prevención. Si mantienes copias de seguridad periódicas, aprovechas herramientas como el Historial de archivos, actúas con calma tras un borrado accidental y recurres a programas de recuperación fiables (o a profesionales cuando haga falta), tus posibilidades de volver a ver esos documentos, fotos y proyectos se multiplican, y los sustos se quedan en anécdota más que en tragedia digital.

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