- La arquitectura Blackwell introduce una potencia sin precedentes con chips de 208.000 millones de transistores y soporte para formatos de datos FP4.
- La evolución continúa con Blackwell Ultra y la futura plataforma Rubin, enfocadas en el razonamiento de IA y modelos de escala trillonaria.
- La estrategia de NVIDIA prioriza la infraestructura de centros de datos antes de trasladar estas innovaciones al sector gaming y profesional.
La industria de la computación acelerada está viviendo un momento sin precedentes, y en el centro de todo este terremoto se encuentra NVIDIA. Con el lanzamiento de su arquitectura Blackwell, la compañía no solo ha querido mejorar lo que ya tenía, sino que ha buscado redefinir la capacidad de procesamiento para la era de la inteligencia artificial generativa, dejando atrás a la anterior generación Hopper y Ada Lovelace.
No es ningún secreto que la demanda de chips para entrenar redes neuronales es una auténtica locura, y NVIDIA ha sabido jugar sus cartas para mantener un monopolio prácticamente absoluto en el sector. Esta nueva plataforma no es solo un trozo de silicio más rápido, sino un ecosistema complejo que permite ejecutar modelos de lenguaje con billones de parámetros consumiendo muchísima menos energía que antes, facilitando la implementación de LLM locales en entornos empresariales.
El núcleo de Blackwell: Ingeniería al límite

Si nos metemos en el barro de las especificaciones, Blackwell es una bestia. Para los centros de datos, se utiliza el proceso TSMC 4NP, que es una versión optimizada del 4N. El chip GB100 es tan grande que ha llegado al límite físico de lo que las máquinas de litografía pueden grabar, obligando a NVIDIA a usar dos dies conectados mediante una interfaz de altísima velocidad llamada NV-HBI, basada en NVLink 7.
Esta configuración permite que el sistema se comporte como si fuera un único chip monolítico, alcanzando un total de 208.000 millones de transistores. En cuanto al rendimiento, el salto es brutal: se han introducido Tensor Cores de quinta generación que soportan formatos de precisión reducida como MXFP4 y MXFP6, lo que permite que la inferencia de IA sea mucho más ágil y eficiente.
Para los que buscan calidad visual, la arquitectura también trae la cuarta generación de núcleos de trazado de rayos. Han añadido un motor de intersección de clústeres de triángulos para mejorar la geometría compleja y el trazado de detalles finos, como el cabello, haciendo que el renderizado sea mucho más realista gracias a la generación de fotogramas de DLSS en videojuegos.
Blackwell Ultra y la llegada de Rubin

Pero NVIDIA no se queda quieta y ya ha presentado Blackwell Ultra, una evolución diseñada específicamente para lo que llaman «IA de razonamiento». Esta versión impulsa la capacidad de los modelos para pensar en pasos complejos y resolver problemas autónomos. El sistema GB300 NVL72, por ejemplo, ofrece un rendimiento 1,5 veces superior al GB200 original.
Aquí es donde entra en juego el misterioso término Blackwell-Next, que ha empezado a asomar la cabeza en los drivers de Linux 7.2. Todo apunta a que se trata de la preparación para la arquitectura Rubin, la sucesora directa de Blackwell. Rubin vendrá acompañada de CPUs Vera, formando una pareja destinada a dominar el cómputo de alta densidad.
A largo plazo, la hoja de ruta de la compañía es ambiciosa. Después de Rubin, ya se vislumbra la llegada de Feynman, que promete traer una arquitectura totalmente nueva. Es evidente que NVIDIA está moviendo sus fichas para que el camino desde el entrenamiento de modelos hasta la inferencia en tiempo real sea lo más fluido posible, impulsando el uso de IA local y automatización de agentes.
Segmento Consumo y el futuro de las RTX

Aunque la prioridad absoluta son los servidores, los gamers no se quedan fuera. Para el mercado de consumo se utiliza el proceso TSMC 4N. El chip más potente, el GB202, es un 20% más grande que el AD102 de la generación anterior y cuenta con 24.576 núcleos CUDA, lo que supone un incremento masivo de potencia bruta.
Dentro de la familia de productos, veremos la llegada de las RTX 5090 y 5080, además de versiones más modestas como la 5060 y 5050. También se ha mencionado la RTX Spark, una solución que integra CPU Arm y GPU Blackwell en un solo paquete, ideal para elegir un portátil gaming recomendado con fuertes capacidades de IA.
Una de las novedades más interesantes es el AI Management Processor (AMP), un chip basado en RISC-V que se encarga de gestionar los recursos de la GPU. Esto permite liberar al procesador principal de tareas de planificación, mejorando el rendimiento general gracias a la tecnología de programación acelerada por hardware de Windows.
Desafíos técnicos y dominio del mercado
No todo ha sido un camino de rosas. Blackwell ha tenido sus trastes, como problemas de sobrecalentamiento y fallos de diseño que obligaron a NVIDIA a trabajar codo con codo con TSMC para corregirlos. Estos errores provocaron que el rendimiento de las obleas de silicio bajara, retrasando un poco las entregas iniciales, lo que recuerda a los riesgos asociados a las técnicas de overclocking en CPU y GPU.
Aun así, el mercado es tan hambriento que toda la producción de 2025 ya estaría vendida según algunos analistas. La cadena de suministro es un despliegue logístico faraónico que incluye desde Foxconn y SK Hynix hasta Vertiv, asegurando que los racks NVL72 lleguen a gigantes como Microsoft, Meta y OpenAI.
En cuanto al software, la plataforma se apoya en NVIDIA AI Enterprise y el nuevo framework de inferencia NVIDIA Dynamo. Este software es clave para optimizar la generación de tokens y reducir los costes de servicio, permitiendo que las fábricas de IA sean rentables a pesar de la enorme inversión requerida.
La transición tecnológica liderada por NVIDIA sigue avanzando con pasos agigantados, consolidando una estructura donde la potencia de cómputo y la eficiencia energética dictan el ritmo de la innovación. Desde los chips Blackwell y sus variantes Ultra hasta la futura arquitectura Rubin, la compañía ha blindado su posición en la cima, asegurando que tanto la IA generativa como el gaming de alta gama tengan un motor capaz de mover los modelos más ambiciosos de la década.

