- Las pantallas OLED ofrecen negros perfectos, contraste infinito y gran rapidez, pero son más caras y sensibles al burn-in.
- QLED y otras variantes LCD (IPS, VA, Mini LED, NanoCell) dependen de retroiluminación LED, destacan en brillo y durabilidad.
- Para gaming competitivo y uso mixto de escritorio, un buen IPS sigue siendo la opción más equilibrada en precio, velocidad y calidad.
- La elección ideal depende del uso principal (cine, juegos competitivos, diseño, ofimática) y del presupuesto disponible.
Elegir entre un panel OLED, QLED o IPS se ha vuelto bastante más complejo que hace unos años: ahora hay más siglas, más marketing y una sensación general de que todo suena a “lo último de lo último”. Si estás pensando en cambiar de monitor o tele y dudas entre estas tecnologías, es normal sentirse un poco perdido.
La buena noticia es que hoy es difícil comprar una pantalla realmente mala si te quedas en marcas conocidas. La mala es que cada tecnología tiene sus ventajas y sus pegas muy concretas, y elegir sin entenderlas puede llevarte a gastar de más o a comprar algo que no encaja con tu uso: juegos competitivos, cine en casa, trabajo de oficina o edición de foto y vídeo.
Cómo se diferencian OLED, QLED e IPS por dentro
La clave para entender todas estas tecnologías está en cómo se ilumina cada píxel y en cómo se conecta a tu equipo (tipos de puertos de PC). Ahí es donde se separan dos grandes familias: las pantallas LCD (LED, QLED, NanoCell, Mini LED, IPS, VA, TN…) y las pantallas autoemisivas como OLED y AMOLED.
En las pantallas LCD, los píxeles no generan luz: son filtros de cristal líquido que dejan pasar más o menos luz de una retroiluminación LED trasera. Cada píxel tiene subpíxeles rojo, verde y azul (RGB) que se abren o cierran y modulan esa luz blanca para crear el color final.
En las pantallas OLED y AMOLED, cada píxel emite su propia luz. No hay retroiluminación, no hay “foco” detrás: cada punto se enciende o se apaga de forma independiente. Eso permite conseguir negros puros (el píxel se apaga por completo), un contraste espectacular y paneles extremadamente finos e incluso flexibles.
Todo lo demás (QLED, NanoCell, Mini LED…) son variaciones sobre el mismo concepto LCD: se cambia cómo se ilumina el panel o qué filtros se usan, pero la base sigue siendo una pantalla de cristal líquido con LED detrás.
Paneles LED clásicos y sus variantes (IPS, VA, TN)
Cuando ves un televisor o monitor “LED”, casi siempre estás ante un LCD con retroiluminación LED. Antes se usaban tubos fluorescentes; ahora son diodos blancos (o similares) colocados detrás o en los bordes del panel para ahorrar energía, ganar grosor y mejorar el brillo.
La retroiluminación LED puede ser de dos tipos principales: Edge LED (los LED solo en los bordes, más barato pero menos uniforme) y Full LED (los LED repartidos por toda la parte trasera, mejor brillo y contraste local). Sobre esa base se montan los distintos tipos de panel: TN, VA e IPS.
Los paneles TN (Twisted Nematic) fueron los primeros en popularizarse: muy rápidos y baratos, pero con colores pobres y ángulos de visión bastante mediocres. Hoy se reservan sobre todo para equipos muy económicos o monitores gaming muy concretos.
Los paneles VA (Vertical Alignment) colocan las moléculas de cristal líquido en vertical y se caracterizan por ofrecer mejor contraste que IPS, con negros más profundos y blancos intensos. Suelen alcanzar relaciones de contraste de 3000:1 e incluso 6000:1 en modelos de gama alta, algo muy por encima de los IPS típicos.
Los paneles IPS (In Plane Switching) alinean las moléculas en horizontal y necesitan más transistores por píxel, lo que complica la fabricación, pero a cambio proporcionan los mejores ángulos de visión, una gran fidelidad de color y, a día de hoy, las frecuencias de refresco más altas en LCD, superando los 300 Hz en algunos monitores gaming.
Ventajas y desventajas de los paneles VA
Los VA son un término medio muy interesante entre contraste, color y precio. Al necesitar menos elementos en el píxel, dejan pasar más luz, consumen algo menos y se prestan bien a diseñar paneles curvos, muy habituales en monitores de gaming inmersivo y televisores grandes.
Históricamente se han usado mucho para diseño y cine porque ofrecen una reproducción de color bastante precisa y pocos problemas de bleeding (fugas de luz visibles en los bordes), algo que sí aqueja a muchos IPS. Además, pueden cubrir espacios de color amplios como Adobe RGB o DCI‑P3 en modelos profesionales.
Su gran punto débil está en el tiempo de respuesta. Muchos VA, incluso los que anuncian 1 ms MPRT, en la práctica presentan transiciones de 3-5 ms o más, lo que se traduce en cierto ghosting (estela tras los objetos en movimiento rápido). Para juegos muy competitivos se nota y puede resultar molesto.
En refresco máximo, los VA también van por detrás de IPS. Lo habitual es ver monitores VA hasta 165-240 Hz, mientras que los mejores IPS llegan a 360 Hz. En brillo suelen situarse en cifras parecidas a IPS, aunque todo depende mucho del panel concreto.
Fortalezas y pegas de los paneles IPS
Los IPS se han convertido en el estándar de facto en monitores de ordenador, portátiles de gama media y alta, y muchas teles. El motivo es una combinación muy potente de buena reproducción de color, grandes ángulos de visión y frecuencias elevadas.
Son los paneles preferidos para edición de foto y vídeo porque pueden ofrecer profundidades de color de hasta 10-12 bits, calibraciones muy finas y valores de Delta E muy bajos, es decir, colores muy cercanos a la realidad. Muchos monitores profesionales de diseño siguen siendo IPS precisamente por eso.
En gaming, los IPS modernos han adelantado a TN y VA en la práctica: tiempos de respuesta declarados de 1 ms GTG, frecuencias de 144, 240 e incluso 360 Hz, y compatibilidad con tecnologías como G‑Sync o FreeSync. El resultado es menor ghosting y una imagen más limpia en shooters rápidos o juegos competitivos.
Sus puntos flojos siguen siendo el contraste y las fugas de luz. Es difícil que un IPS pase de 1000-1500:1 de contraste nativo, por lo que los negros se ven más bien gris oscuro. Además, muchos modelos presentan cierto IPS glow o bleeding en las esquinas, especialmente visibles en escenas oscuras.
Con el tiempo, algunos IPS pierden algo de uniformidad de brillo, apareciendo zonas ligeramente más claras u oscuras. No suele ser un drama para uso normal, pero para trabajos muy exigentes de color se nota y obliga a cambiar de monitor antes que con otros paneles.
QLED, NanoCell, ULED y compañía: LCD vitaminado
QLED, NanoCell o ULED no son tecnologías mágicas nuevas, sino formas mejoradas de LCD con distintas técnicas para conseguir más brillo, mejor color o mayor contraste.
QLED (Quantum Dot LED) es la apuesta de Samsung para competir con los OLED de LG y Sony. En esencia, seguimos teniendo un panel LCD con retroiluminación LED azul y una capa de puntos cuánticos (quantum dots) que convierten esa luz en colores muy saturados y precisos.
Los quantum dots permiten generar colores muy puros según la intensidad de la luz que reciben, de modo que se obtienen brillos muy altos y gamas de color amplias. En HDR un buen QLED puede ofrecer una imagen muy impactante en salas luminosas, con picos de brillo muy superiores a la mayoría de OLED actuales.
Sin embargo, los QLED siguen dependiendo de una retroiluminación trasera. Eso significa que no alcanzan los negros perfectos de OLED. Aunque el contraste ha mejorado mucho (especialmente si llevan atenuación local avanzada), siempre puede haber algo de halo alrededor de objetos brillantes sobre fondos oscuros y los negros tienden a ser algo lavados.
Otra desventaja de muchos QLED es el ángulo de visión. Desde el centro se ven de lujo, pero si te desplazas hacia un lado, el color y el contraste pueden empeorar de forma visible, algo que en una televisión grande se nota bastante si no te sientas justo enfrente.
En cuanto a precio, QLED suele situarse en una gama media‑alta. Son más caros que los LED sencillos, pero normalmente más baratos que los OLED de tamaño equivalente, sobre todo en diagonales grandes.
NanoCell es la tecnología propia de LG basada también en LCD. Utiliza una capa de nanopartículas que filtran los colores para hacerlos más precisos, manteniendo además una excelente calidad de imagen desde prácticamente cualquier ángulo, algo en lo que se parecen más a IPS/OLED que a muchos VA o QLED.
Las pantallas NanoCell aprovechan una retroiluminación LED y, gracias a esa capa de nanopartículas y algoritmos de procesamiento con inteligencia artificial, consiguen colores realistas y consistentes. Su precio suele estar al nivel de QLED u OLED dependiendo de la gama, y son una opción sólida si priorizas color y ángulos de visión.
ULED, por su parte, es la marca comercial de Hisense para sus televisores LED más avanzados. Agrupan mejoras de contraste, mayor brillo máximo, mejor reproducción de color y tasas de refresco más altas, pero no es un estándar técnico en sí, así que las prestaciones concretas dependen mucho del modelo.
Mini LED y Micro LED: el LCD que quiere parecer OLED
Mini LED y Micro LED son la evolución natural de la retroiluminación LCD. En lugar de usar unos pocos cientos de LED “grandes”, se utilizan miles de LED muchísimo más pequeños para controlar con mucha más precisión la luz que llega a cada zona del panel.
En Mini LED, el tamaño de cada diodo ronda las 200 micras, frente al milímetro típico de un LED convencional. Esto permite dividir la retroiluminación en muchísimas zonas de atenuación local, acercándose bastante al comportamiento ideal: mucho brillo donde hace falta, muy poca luz en las zonas oscuras.
La combinación de Mini LED con filtros tipo Quantum Dot da lugar a paneles capaces de ofrecer picos de brillo de 1000-1500 nits, contrastes muy elevados para ser LCD y una muy buena cobertura de color. Son especialmente atractivos para monitores profesionales de edición y TVs de gama muy alta.
Micro LED va un paso más allá reduciendo aún más el tamaño del diodo, hasta unas 100 micras, pudiendo llegar a poner varios LED por cada píxel. Sobre el papel, es lo más parecido a un OLED pero con la robustez y longevidad de LCD. De momento, eso sí, son productos muy exclusivos y caros.
La gran desventaja actual de Mini LED y Micro LED está en el precio. Los primeros monitores Mini LED rondan o superan holgadamente los 3000 euros en modelos profesionales o gaming tope de gama. A medida que bajen de precio, serán un rival muy serio para OLED.
Tecnología OLED y AMOLED: el negro perfecto
OLED (Organic Light‑Emitting Diode) es la única tecnología de consumo capaz de ofrecer negro absoluto. Cada píxel es un diodo orgánico que emite luz propia cuando recibe corriente y se apaga por completo cuando tiene que mostrar negro, logrando así un contraste técnicamente infinito.
Esta ausencia de retroiluminación permite crear pantallas extremadamente delgadas, con diseños muy finos e incluso paneles flexibles o curvables. De hecho, ya existen televisores, móviles y portátiles con paneles OLED curvos o plegables.
Desde el punto de vista de la imagen, OLED brilla (nunca mejor dicho) por sus negros profundos, su capacidad para reproducir escenas oscuras llenas de detalle y una sensación de contraste que deja en evidencia a cualquier LCD convencional, por muy avanzado que sea.
En cuanto al color, los primeros OLED tendían a una ligera dominante verdosa y no eran ideales para trabajo profesional de color. Sin embargo, los modelos actuales han mejorado muchísimo, con coberturas amplias de espacios como DCI‑P3 y calibraciones de fábrica bastante buenas en teles y portátiles de gama alta.
El brillo máximo es el talón de Aquiles en muchos monitores OLED de PC. Mientras que las teles OLED y los móviles pueden superar los 800-1000 nits en HDR, muchos monitores de escritorio se quedan en torno a 400-500 nits. Aun así, si vienes de un monitor de 200 nits, el salto será brutal y no notarás una “degradación”, sino todo lo contrario.
Durabilidad, degradación y burn‑in en OLED
La gran preocupación con OLED sigue siendo la degradación de los materiales orgánicos. Estos compuestos tienen fecha de caducidad: con el uso se degradan, pierden brillo y cambian ligeramente de color, especialmente el subpíxel azul.
En teoría, los fabricantes hablan de decenas de miles de horas de uso. Por ejemplo, cifras aproximadas de unas 14.000 horas antes de perder la mitad del brillo serían significativamente menores que las 60.000 horas habituales de paneles LCD, aunque las últimas generaciones han mejorado notablemente y algunos datos de laboratorio de LG apuntan a muchos años de uso típico antes de notar un bajón serio.
Otro tema delicado es el burn‑in o quemado de imagen. Si mantienes elementos estáticos (barras de tareas, HUDs de juegos, logotipos de cadenas, marcadores de resultados…) durante miles de horas en el mismo sitio, existe riesgo de que queden marcas permanentes o sombras en la pantalla.
Los fabricantes han introducido sistemas de protección como regeneración de píxeles, desplazamiento sutil de la imagen o reducción automática de brillo si detectan patrones fijos, y la tecnología ha evolucionado mucho. Aun así, es imposible asegurar a día de hoy que un OLED sometido a uso extremo de escritorio con elementos estáticos vaya a durar “décadas” sin ningún signo de desgaste.
Para un uso variado de cine, series y juegos, el riesgo es muchísimo menor. En monitores de PC donde pasas muchas horas con la misma barra de Windows, iconos o aplicaciones, sí conviene ser prudente, usar temas oscuros, ocultar elementos fijos y aprender a dividir la pantalla en 2 en Windows 11 cuando no sean imprescindibles.
Velocidad, input lag y refresco en OLED
En cuanto a tiempo de respuesta puro, OLED es una bestia. El cambio de estado de sus píxeles es mucho más rápido que en cualquier LCD, por lo que la nitidez en movimiento puede ser espectacular en teoría.
En la práctica, algunos usuarios perciben cierta falta de claridad de movimiento o una sensación algo distinta a la de los mejores IPS gaming, sobre todo en juegos muy competitivos como Valorant. Esto se debe en parte a cómo se gestiona el sample & hold y el brillo, y puede provocar algo de mareo en personas sensibles si la configuración no está bien ajustada.
El input lag en OLED modernos es muy bajo, equiparable o mejor que en QLED e IPS de gama alta, y algunos modelos de LG han logrado valores prácticamente “a cero” en modo juego. En este apartado empatan o ganan ligeramente a los LCD equivalentes.
En refresco, las teles OLED más comunes trabajan a 120 Hz, mientras que en monitores de PC ya vemos modelos OLED que superan los 240 Hz y se acercan a cifras aún mayores, sin sacrificar resolución ni calidad de imagen. Eso sí, los precios por ahora son elevados.
OLED vs QLED vs IPS para gaming y escritorio
Si juegas principalmente a 1440p o 4K entre 144 y 240 Hz, y mezclas juegos competitivos con títulos cinematográficos y uso de escritorio (navegar, escribir, editar…), la elección se complica y hay que hilar fino.
Un buen panel IPS sigue siendo la opción más equilibrada para muchos usuarios de PC. Te ofrece claridad de movimiento muy alta, tiempos de respuesta competitivos, ausencia casi total de ghosting y buen color, sin preocuparte demasiado por burn‑in ni degradación orgánica.
Si te preocupa especialmente la claridad en shooters competitivos, un IPS 144-240 Hz con 1 ms GTG bien implementado suele dar una imagen más limpia que muchos VA y una experiencia muy consistente. Es la razón por la que los monitores “esports” de referencia suelen ser IPS o TN, no VA ni QLED.
OLED, sin embargo, es una delicia para juegos cinematográficos y cine. Los negros perfectos, el contraste infinito y la respuesta instantánea hacen que películas, series y juegos narrativos luzcan como en ningún otro tipo de panel. Si tus prioridades van por ahí, es difícil no enamorarse de un buen OLED.
El problema llega cuando mezclas muchas horas de escritorio estático con HUDs fijos de juegos competitivos. Ahí tienes que valorar si el riesgo de burn‑in y la degradación orgánica compensa las ventajas visuales. Con un uso responsable, temas oscuros y algo de “rotación” de contenidos, la mayoría de usuarios no tendrán problemas graves, pero la preocupación está ahí.
En cuanto al brillo, si vienes de un monitor de 200 nits, incluso un OLED moderado en SDR te va a parecer un faro. Un panel de 500-550 nits, ya sea IPS, QLED o Mini LED, te dará un extra de punch en entornos muy luminosos, pero no es imprescindible para la mayoría de setups domésticos.
Televisión: qué tipo de pantalla te interesa
En teles, la pregunta “¿qué pantalla es mejor?” no tiene una única respuesta. Depende sobre todo de tu presupuesto, tu salón y tus gustos a la hora de ver contenido.
Si valoras sobre todo el brillo y los colores muy vivos, una buena tele QLED o similar (Mini LED, NanoCell de gama alta…) es una opción estupenda. Funcionan muy bien en salones muy iluminados, soportan HDR con picos de brillo muy altos y no sufren burn‑in.
Si quieres la mejor calidad de imagen posible y no te importa pagar más, un televisor OLED sigue siendo el rey en contraste, negros y sensación de profundidad. Para cine en casa, especialmente en habitaciones con poca luz, la diferencia con cualquier LCD se nota muchísimo.
Si sueles ver la tele desde ángulos variados (sofá grande, varias personas repartidas), los paneles OLED e IPS/NanoCell mantienen mucho mejor la calidad de imagen desde los laterales que muchos VA o QLED, cuyo color se degrada al moverte.
Para tamaños muy grandes (90 pulgadas o más), los QLED y otros LCD avanzados son más abundantes y en general más asequibles que los OLED gigantes, aunque el mercado está cambiando rápidamente y cada vez hay más OLED enormes.
OLED y QLED en monitores gaming: ¿merecen la pena?
Ni OLED ni QLED han sido históricamente las tecnologías dominantes en monitores gaming de escritorio. Los motivos son varios: coste elevado, riesgos de burn‑in en OLED, tiempos de respuesta de algunos VA/QLED y la enorme madurez que han alcanzado los IPS.
En QLED (que no deja de ser LCD con quantum dots), el principal problema para juegos competitivos es que muchos modelos usan paneles VA con tiempos de respuesta peores que los mejores IPS, lo que genera ghosting visible en escenas rápidas, pese a tener muy buen brillo y color.
En OLED, aunque el tiempo de respuesta es teóricamente perfecto, todavía hay debate sobre la claridad percibida en movimiento en ciertos juegos, y el burn‑in sigue siendo un factor de duda para quien se pasa horas con elementos fijos en pantalla. Además, el precio de los monitores OLED de alta frecuencia es todavía muy alto.
Por eso la mayoría de monitores gaming “normales” siguen siendo IPS o VA. Un buen IPS de 27-32 pulgadas, 1440p, 144-240 Hz y 1 ms es hoy por hoy el caballo ganador en calidad/precio para la mayoría de jugadores de PC.
Si tu prioridad absoluta es la calidad de imagen cinematográfica y aceptas pagar más (y cuidar el panel), un OLED gaming moderno puede ser una de las mejores experiencias visuales que puedes tener delante del PC o la consola.
Lo importante es entender qué te ofrece cada tecnología y qué sacrificas: OLED da la mejor imagen global pero exige pagar más y cuidar el panel; QLED y el resto de LCD mejorados destacan en brillo y durabilidad; IPS ofrece el mejor equilibrio global para PC, y VA es una alternativa interesante si priorizas contraste y no eres ultraexigente con el ghosting en juegos rápidos.
Tabla de Contenidos
- Cómo se diferencian OLED, QLED e IPS por dentro
- Paneles LED clásicos y sus variantes (IPS, VA, TN)
- QLED, NanoCell, ULED y compañía: LCD vitaminado
- Mini LED y Micro LED: el LCD que quiere parecer OLED
- Tecnología OLED y AMOLED: el negro perfecto
- OLED vs QLED vs IPS para gaming y escritorio
- Televisión: qué tipo de pantalla te interesa
- OLED y QLED en monitores gaming: ¿merecen la pena?