- Los perros guía tradicionales son escasos, caros y lentos de entrenar, lo que deja sin apoyo a millones de personas con discapacidad visual en el mundo.
- Nuevos proyectos de robots lazarillo combinan sensores, inteligencia artificial y GPS para guiar, describir el entorno y mejorar la autonomía de los usuarios.
- Desde Lysa en Brasil hasta los prototipos de China, España y Estados Unidos, los perros robots se plantean como alternativa o complemento a los perros guía.
- La producción en serie y el aprendizaje por refuerzo apuntan a soluciones más accesibles y escalables, manteniendo siempre la seguridad del usuario como prioridad.
Las personas con discapacidad visual llevan décadas apoyándose en el bastón blanco y en los perros guía tradicionales para moverse con seguridad, pero la tecnología está empezando a cambiar este panorama a toda velocidad. En distintos puntos del mundo están surgiendo proyectos de perros robots y robots lazarillo que prometen ofrecer una alternativa más accesible, escalable y, en algunos casos, más precisa que los animales de asistencia.
Esta nueva generación de robots asistentes para ciegos combina sensores avanzados, inteligencia artificial, GPS y reconocimiento de voz para guiar a los usuarios, detectar obstáculos, interpretar el entorno y hasta “conversar” con la persona a la que acompañan. Desde Brasil hasta China, pasando por España, Estados Unidos o Australia, se están probando prototipos muy diferentes entre sí: algunos tienen ruedas y aspecto de maleta, otros parecen auténticos perros robóticos de cuatro patas y también los hay con seis patas para ganar estabilidad.
Por qué hacen falta perros robots como guías para ciegos
Uno de los grandes motores de esta tendencia es la enorme escasez de perros guía frente al número de personas que necesitarían uno. Solo en España hay cerca de un millón de personas con algún tipo de discapacidad visual, y sin embargo apenas hay unos 957 perros lazarillo en activo acompañándolas en su día a día.
A escala global, la Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 314 millones de personas presentan discapacidad visual significativa, de las cuales unos 45 millones son ciegas. Frente a estas cifras, el modelo basado únicamente en perros entrenados se queda claramente corto, incluso en países donde existen programas bien consolidados y subvencionados.
El problema no es solo de cantidad, sino también de coste y tiempo de adiestramiento. Entrenar a un perro lazarillo requiere en torno a dos o tres años de trabajo especializado, y solo alrededor de la mitad de los animales que inician el proceso logran superarlo con éxito. En países como España, el coste total por ejemplar puede rondar los 30.000 euros, aunque muchas veces está cubierto por entidades como la ONCE; en otros lugares se habla de cifras en torno a los 50.000 dólares por perro guía.
En Brasil la situación tampoco es alentadora: se calcula que hay tan solo unos 200 perros guía en activo para aproximadamente 6,5 millones de personas con discapacidad visual. En China, el desequilibrio es todavía más llamativo: unos 400 perros guía para más de 17 millones de personas ciegas, en un contexto en el que la tenencia de mascotas de servicio es relativamente reciente y donde muchos espacios de trabajo, restaurantes y entornos públicos no son precisamente amigables con estos animales.
Ante este panorama, muchos investigadores y emprendedores se han planteado una pregunta muy directa: si entrenar y mantener un perro guía es tan lento, caro y limitado, ¿por qué no desarrollar una alternativa robótica que pueda producirse en serie, abaratarse con el tiempo y llegar a mucha más gente?
LYSA: el robot lazarillo con ruedas que nació en Brasil
Uno de los proyectos más avanzados y concretos es Lysa, un robot lazarillo desarrollado por la startup brasileña Vixsystem. No tiene forma de perro, sino de pequeña maleta con asa retráctil y ruedas, pesa unos 4 kilos y mide alrededor de 40 centímetros de alto. Su diseño está pensado para que una persona con discapacidad visual pueda agarrar el asa y desplazarse con él como si arrastrase un trolley ligero.
Lysa está concebido inicialmente para entornos interiores como centros comerciales, tiendas o aeropuertos, y ya ha comenzado a probarse en estados como Espírito Santo, Río de Janeiro y São Paulo. Para funcionar, el robot combina un software específico, una aplicación para teléfonos móviles, inteligencia artificial, una red de sensores, cámara y un sistema láser Lidar, que permite detectar la luz y medir distancias con gran precisión.
Gracias a todo este conjunto de tecnologías, el robot es capaz de mapear el entorno, calcular rutas y guiar al usuario hasta el destino que haya indicado. Durante el recorrido, Lysa va emitiendo indicaciones tanto acústicas como de locomoción, de manera que la persona percibe el movimiento del robot y escucha instrucciones claras sobre el camino que debe seguir.
Según su creadora, la especialista en ciencias de la computación Nedinalva de Araújo Sellin, Lysa no solo detecta y esquiva obstáculos a ras de suelo, sino también aquellos que se encuentran a media altura o sobre la cabeza del usuario, como ramas de árboles o macetas colgantes, que suelen ser responsables de muchos accidentes con bastones convencionales. Además, el robot identifica si hay una persona o un grupo de personas delante, y ajusta su comportamiento en consecuencia.
Sellin compara Lysa con los llamados bastones inteligentes que ya existen en el mercado, señalando que el robot ofrece orientaciones más precisas y un nivel de “inteligencia” superior. Mientras que el bastón se limita a detectar obstáculos, el robot comprende la disposición del entorno, traza rutas, interpreta la presencia de otros elementos y transmite toda esa información al usuario de forma ordenada.
En la fase actual, el robot se comercializa para uso en interiores a un precio de unos 15.000 reales, y la empresa ha empezado a recibir pedidos de unidades tanto vendidas como cedidas a clientes para pruebas piloto. Al ser una tecnología novedosa, muchas organizaciones prefieren testarla a fondo antes de formalizar grandes compras, por lo que Vixsystem combina ventas directas con acuerdos de evaluación.
La historia de Lysa comenzó de forma mucho más humilde en 2011, cuando Sellin impartía clases de robótica en un instituto público del municipio de Serra, en el área metropolitana de Vitória. Tras detectar que la necesidad de soluciones de movilidad para personas con discapacidad visual era real y acuciante, ella y sus alumnos montaron un primer prototipo artesanal utilizando piezas de otros robots y lo pusieron a prueba con unas 20 personas ciegas para recabar sus impresiones.
Aunque aquel primer modelo estaba lejos de ser un producto acabado, muchos de los participantes se mostraron dispuestos a comprarlo tal cual, lo que reforzó la convicción de que había una demanda fuerte y poco cubierta. A partir de ahí, la emprendedora fue encadenando distintas fuentes de financiación, empezando en 2014 con un proyecto del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), que permitió contratar a dos investigadores con máster —uno en ingeniería electrónica y otro en computación— para avanzar en el diseño.
Durante los años siguientes se fabricaron varios prototipos y se realizaron múltiples rondas de validación con más de 200 personas con discapacidad visual, integrando su feedback en el concepto final de Lysa. En 2017, la participación de Sellin en la versión brasileña del programa de televisión Shark Tank le aportó 200.000 reales y, quizá más importante, una visibilidad mediática que facilitó la búsqueda de más apoyos.
Vixsystem también consiguió financiación de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep) y de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica y la Innovación de Espírito Santo (Fapes). En 2021, el proyecto dio un salto relevante al ser seleccionado dentro del Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (PIPE) de la FAPESP, en el marco de una convocatoria estratégica relacionada con internet en colaboración con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), el Ministerio de Comunicaciones (MCom) y el Comité Gestor de Internet en Brasil (CGI.br).
Gracias a este impulso, la empresa está trabajando en una versión de Lysa para exteriores, equipada con GPS y pensada para su uso en la vía pública. Aquí el reto técnico es mayor, porque el robot debe lidiar con aceras inexistentes, cruces, irregularidades del terreno y situaciones urbanas muy variadas. Sellin reconoce que la ausencia de aceras definidas es uno de los principales desafíos a resolver antes de que el sistema sea realmente viable en la calle.
Ventajas y dudas frente a los perros guía tradicionales
La aparición de robots lazarillo como Lysa ha generado un debate interesante en el ámbito de la discapacidad visual. Desde la Fundación Dorina Nowill para Ciegos, en São Paulo, el abogado Marcelo Panico considera que la idea de un guía robótico es muy prometedora, pero insiste en que debe evaluarse con lupa, tanto por su coste como por sus implicaciones sociales.
En la actualidad, los perros guía gozan de un alto nivel de reconocimiento social y su acceso a diferentes entornos (transportes, comercios, edificios públicos, etc.) está respaldado por la ley en muchos países. Además, el vínculo emocional que se establece entre la persona ciega y su perro lazarillo tiene un impacto directo en el bienestar psicológico y en la autoestima del usuario, algo difícil de replicar con una máquina.
Panico subraya que un perro guía es mucho más que una herramienta de movilidad: es un compañero constante, un apoyo emocional y un facilitador de relaciones sociales. El simple hecho de que la gente se acerque a preguntar por el perro o a interesarse por la persona genera interacciones humanas que un robot, por muy sofisticado que sea, no puede ofrecer del mismo modo.
Al mismo tiempo, el abogado reconoce que la disponibilidad extremadamente limitada de perros guía en países como Brasil o China deja fuera a la inmensa mayoría de las personas que los necesitarían. El coste de adiestramiento, las largas listas de espera y la dificultad de encontrar animales adecuados hacen que muchas personas nunca lleguen a tener acceso a un lazarillo real.
Por eso, más que sustituir por completo a los perros, muchos proyectos de robots guías se plantean como complemento o alternativa para quienes no puedan acceder a un animal, o como solución de transición mientras esperan a que les asignen uno. También hay quien sugiere que, en determinados contextos (por ejemplo, en interiores complejos o en tareas de reconocimiento de información visual), el robot puede aportar funciones que el perro no está capacitado para realizar.
Perros robots de cuatro patas: de Boston Dynamics a versiones de bajo coste
En el terreno de los robots con forma de perro, la gran referencia mundial es Spot, el cuadrúpedo desarrollado por la empresa estadounidense Boston Dynamics. Este robot ha protagonizado demostraciones espectaculares en ferias tecnológicas y ya se utiliza en sectores como la construcción y la minería para tareas de inspección y reconocimiento de terrenos difíciles o peligrosos.
Spot destaca por su movilidad asombrosa: sube escaleras, atraviesa superficies irregulares, mantiene el equilibrio cuando lo empujan y puede equiparse con cámaras y sensores para recopilar información. Sin embargo, su precio, que supera los 70.000 dólares en Estados Unidos, lo deja completamente fuera del alcance de la mayoría de usuarios y de las instituciones que trabajan con personas ciegas.
Inspiradas por este modelo, varias compañías de China, Japón y Alemania han desarrollado sus propios robots cuadrúpedos, algunos con un enfoque más industrial y otros casi como juguetes avanzados. En el mercado han aparecido versiones chinas mucho más baratas; por ejemplo, la firma Unitre Robotics comercializa seis modelos de perro robótico, con un precio de partida de unos 2.700 dólares para el más básico.
Aun así, estos dispositivos no están pensados como guías para personas con discapacidad visual. Sus principales usos son la vigilancia, la inspección de túneles y espacios subterráneos, la detección de explosivos y otras funciones de seguridad o mantenimiento. Para transformarlos en verdaderos lazarillos habría que rediseñar tanto su software como su interfaz con el usuario, además de adaptar su comportamiento a las necesidades específicas de las personas ciegas.
En Brasil, el investigador Diego Renan Bruno, del Laboratorio de Robótica Móvil de la Universidad de São Paulo (ICMC-USP), toma a Spot como referencia para su propio proyecto de perro guía robotizado. Junto a su exalumno Marcelo Assis, empezó en 2017 a trabajar en el interior del estado de São Paulo, en el municipio de Catanduva, desarrollando prototipos que han ido evolucionando con el tiempo.
Su primera versión se construyó de forma muy casera, reutilizando piezas de una aspiradora usada. Posteriormente, dentro del programa Red Bull Basement de residencia hacker, elaboraron un segundo prototipo en 2019, y ahora planean una tercera iteración que será ya un robot con patas, acercándose más a la idea clásica de perro robótico.
Bruno defiende que, si se va a hablar de un “lazarillo robótico”, este debería comportarse de manera similar a un perro guía real, en el sentido de poder atravesar escalones, bordillos y terrenos irregulares sin depender de rampas o superficies completamente lisas. En su opinión, los robots con ruedas se ven limitados a zonas con accesibilidad comparable a la de una silla de ruedas, mientras que un cuadrúpedo bien diseñado podría llegar a muchos más entornos.
El perro guía robot chino de seis patas: estabilidad y reconocimiento de voz
En China, un equipo de la Escuela de Ingeniería Mecánica de la Universidad Jiao Tong de Shanghái está desarrollando un perro guía robot muy particular. Su aspecto recuerda al de un bulldog inglés, aunque algo más ancho, y llama la atención porque cuenta con seis patas en lugar de cuatro, una decisión de diseño que busca maximizar la estabilidad y suavizar los movimientos.
Su responsable, Gao Feng, explica que, cuando el robot levanta tres de sus patas para avanzar, las otras tres forman una especie de trípode muy estable, lo que reduce las sacudidas que percibe la persona ciega que va sujeta a la correa. El objetivo es que el usuario sienta un desplazamiento fluido y cómodo, sin tirones bruscos que puedan generar inseguridad.
Este perro robot está equipado con una batería de sensores y cámaras que le permiten reconocer el entorno, identificar señales de tráfico, interpretar semáforos y detectar diferentes tipos de obstáculos. Además, integra un sistema de reconocimiento de voz con una precisión superior al 90 % y un tiempo de respuesta inferior al segundo, de manera que puede reaccionar con rapidez a los comandos verbales del usuario.
La inteligencia artificial que gobierna el robot se encarga de la planificación de rutas, de la interpretación de órdenes de voz y de la emisión de avisos sonoros en tiempo real sobre lo que está ocurriendo alrededor: desde la presencia de un paso de peatones hasta la proximidad de un cruce peligroso. El sistema también incorpora una interfaz de control mediante la correa, de forma similar a como se hace con un perro real, para adaptar la velocidad de marcha o indicar cambios de dirección.
El proyecto se encuentra ya en fase de pruebas de campo en exteriores, con la participación activa de personas ciegas que ayudan a ajustar tanto el comportamiento locomotor del robot como la naturalidad de los comandos de voz (por ahora, centrados en el idioma chino). La idea de Gao Feng es que, una vez superada la fase experimental, el dispositivo pueda fabricarse en serie, reduciendo progresivamente su coste.
El propio Gao compara esta visión con la industria del automóvil: un perro guía natural requiere años de entrenamiento individualizado y su número es necesariamente limitado, mientras que un robot podría producirse como un bien industrial estándar, dando lugar a un mercado potencial de decenas de millones de unidades para cubrir la demanda global de guías para personas ciegas.
Paws 2.0 en la Universidad de Alicante: un lazarillo robótico con vocación de compañero
En España también se está avanzando en esta línea con proyectos como Paws 2.0, un pequeño robot cuadrúpedo que pasea estos días por el campus de la Universidad de Alicante junto a estudiantes y curiosos. Su nombre, que en inglés significa “patitas”, esconde un trabajo de años en el que participa un equipo de investigación con experiencia en tecnologías para la discapacidad.
Paws utiliza sensores láser, similares a los de una aspiradora tipo Roomba pero bastante más potentes, combinados con tecnología GPS de alta precisión y procesamiento de vídeo mediante inteligencia artificial. Gracias a este conjunto puede trazar rutas dentro del campus, esquivar obstáculos en tiempo real y realizar pequeños “trucos” que llaman mucho la atención de quienes lo ven en acción.
Los investigadores explican que su objetivo no es “reemplazar” a los perros guía tradicionales, sino ofrecer un complemento tecnológico que pueda utilizarse mientras la persona espera a que le asignen un lazarillo real o en entornos donde un animal no sea la mejor opción. En teoría, cuando Paws esté plenamente desarrollado, una persona ciega podría disponer de un asistente robótico en cuestión de días, en lugar de tener que esperar años.
Más allá de guiar de un punto a otro, el robot está pensado para ofrecer servicios adicionales: leer una carta en un restaurante, identificar productos en un supermercado, localizar la puerta de un establecimiento o describir cuántas personas hay en una sala, entre otros ejemplos. Toda esa información la transmitirá a través de un altavoz integrado, convirtiéndose en una especie de asistente auditivo móvil.
Una de las ventajas que señalan los responsables del proyecto es la gran precisión de la localización GPS, que permite llevar al usuario a coordenadas concretas (como una puerta específica dentro de un edificio), algo que un perro guía tradicional no puede hacer con ese nivel de exactitud. Además, el robot aprende mediante una red neuronal capaz de reconocer patrones como semáforos, objetos, tipos de suelo o elementos que se interponen en la ruta.
El equipo de la Universidad de Alicante ya ha trabajado antes con soluciones de visión artificial para personas ciegas, como una aplicación que, a partir de una foto o un vídeo, describe el entorno para ayudar a localizar objetos o identificar características visuales (por ejemplo, el color de una prenda). Ahora, esa tecnología se integra en Paws junto a un altavoz para ofrecer un asistente más completo.
Si todo avanza tal y como está previsto, en unos pocos años se espera contar con un prototipo totalmente funcional, aunque la llegada de un producto comercial para hogares podría demorarse cerca de una década debido a los procesos de certificación, pruebas en situaciones reales y escalado industrial. El proyecto cuenta con financiación del Instituto Universitario de Investigación Informática de la UA y de la empresa Synergy Tech, que fabrica Paws 2.0 y otros robots de características similares.
El perro robot guía de Binghamton (Nueva York): aprendizaje por refuerzo y “correa inteligente”
En Estados Unidos, un grupo de ingenieros del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Binghamton, en la Universidad Estatal de Nueva York, está trabajando también en un perro guía robótico pensado como alternativa de menor coste, mayor eficiencia y mejor accesibilidad.
El equipo, liderado por el profesor asistente Shiqi Zhang y compuesto también por el doctorando David DeFazio y el estudiante de tercer año Eisuke Hirota, lleva alrededor de un año entrenando un robot cuadrúpedo equipado con un “ojo” visual. Durante una demostración en los laboratorios de la universidad, la máquina fue capaz de guiar a una persona por un pasillo, respondiendo tanto a órdenes verbales como a tirones en la correa.
Su enfoque se basa en una interfaz única de correa combinada con aprendizaje por refuerzo. El robot se entrena para interpretar la tensión y la dirección de los tirones como señales de comando, mientras que sus sistemas de visión y navegación le permiten esquivar obstáculos, mantener un recorrido seguro y adaptar la marcha.
Según Zhang, tras unas 10 horas de entrenamiento con el sistema desarrollado son capaces de obtener robots que se mueven de forma autónoma, navegan por entornos interiores, guían a las personas evitando obstáculos y al mismo tiempo detectan los tirones de la correa como instrucciones comprensibles. Esto representa una aceleración importantísima frente a los dos o tres años habituales de adiestramiento de un perro guía.
El proyecto está todavía lejos de convertirse en un producto comercial listo para salir a la calle, pero los resultados iniciales indican que un perro robot de este tipo podría reducir de forma drástica los tiempos y costes de formación respecto a los perros lazarillo convencionales. A medio plazo, el equipo quiere ir más allá de los comandos físicos y añadir una interfaz de lenguaje natural.
DeFazio señala que el paso siguiente será dotar al robot de la capacidad de mantener una conversación contextual con el usuario, entendiendo peticiones verbales complejas y respondiendo de manera adecuada. También quieren incorporar lo que llaman “desobediencia inteligente”: si una persona con discapacidad visual ordena al robot avanzar hacia una zona con tráfico peligroso, el sistema debe ser capaz de reconocer el riesgo y negarse a obedecer esa orden.
En última instancia, el objetivo es que el perro robótico actué como un asistente autónomo responsable, que interprete la intención del usuario sin perder de vista la seguridad. Para ello harán falta más años de investigación y pruebas en situaciones reales, pero el camino que marcan estas primeras experiencias apunta a robots guías cada vez más inteligentes e integrados en el día a día.
Mientras tanto, el contraste entre el coste y el tiempo que exige entrenar un perro guía biológico —unos 30.000 euros o más y dos o tres años, con solo la mitad de éxito— y las pocas horas de entrenamiento que necesita el robot de Binghamton con su sistema de aprendizaje por refuerzo refuerza la idea de que los perros robots pueden democratizar el acceso a la movilidad asistida para millones de personas.
Todo este ecosistema de robots lazarillo y perros guía robóticos, desde Lysa en Brasil hasta los prototipos de China, España o Estados Unidos, apunta hacia un futuro en el que las personas con discapacidad visual podrán elegir entre opciones muy distintas: compañeros de cuatro patas de carne y hueso con un enorme valor emocional, robots con ruedas pensados para interiores, cuadrúpedos avanzados capaces de moverse por terrenos complicados y sistemas híbridos que combinen lo mejor de cada mundo para ofrecer más autonomía, seguridad y calidad de vida.
Tabla de Contenidos
- Por qué hacen falta perros robots como guías para ciegos
- LYSA: el robot lazarillo con ruedas que nació en Brasil
- Ventajas y dudas frente a los perros guía tradicionales
- Perros robots de cuatro patas: de Boston Dynamics a versiones de bajo coste
- El perro guía robot chino de seis patas: estabilidad y reconocimiento de voz
- Paws 2.0 en la Universidad de Alicante: un lazarillo robótico con vocación de compañero
- El perro robot guía de Binghamton (Nueva York): aprendizaje por refuerzo y “correa inteligente”

