Privacidad en el navegador: guía completa para navegar sin dejar rastro

Última actualización: 11 de febrero de 2026
  • El modo incógnito solo borra datos locales: no oculta tu IP ni tu actividad a webs o proveedores.
  • Navegadores como Brave, Firefox, Tor o Librewolf ofrecen mejores protecciones de privacidad por defecto.
  • Combinar navegador bien configurado, bloqueadores, gestor de contraseñas y VPN refuerza notablemente la seguridad.
  • La gestión de cookies, buscador y hábitos de uso es clave para reducir rastreo y publicidad invasiva.

Privacidad en el navegador

La forma en la que usamos el navegador hoy en día marca la diferencia entre proteger o regalar nuestros datos personales. Cada pestaña que abrimos, cada búsqueda que hacemos y cada vídeo que reproducimos deja un rastro que empresas, anunciantes e incluso ciberdelincuentes pueden intentar aprovechar.

Durante años nos hemos fiado de lo que ofrecían por defecto navegadores como Chrome, Safari, Edge u Opera, pensando que con activar el modo privado o incógnito ya bastaba. La realidad es bastante distinta: la privacidad del navegador depende de muchas más piezas: configuración interna, extensiones, cookies, buscador elegido, uso (o no) de VPN, y hasta del dispositivo desde el que navegamos.

Qué hace realmente el modo incógnito (y qué no)

Modo incógnito y privacidad

El modo incógnito o navegación privada de navegadores como Chrome, Firefox o Safari se ha vendido como una forma de navegar sin dejar rastro en el dispositivo, pero conviene entender bien sus límites para no llevarse sustos. Si quieres profundizar en qué es y cómo activarlo en cada navegador, consulta qué es el modo incógnito y cómo activarlo.

Cuando abres una ventana de incógnito en Chrome, se inicia una sesión de navegación aislada de las pestañas normales. Esa sesión temporiza ciertos datos (cookies, datos de sitios, caché básica) y los elimina al cerrar todas las ventanas de incógnito.

Mientras estás en incógnito, Chrome no inicia sesión de forma automática en tu cuenta de Google ni en otras cuentas web, y eso puede ayudar un poco a reducir el enlace directo entre tu identidad y tu actividad, pero no impide que las webs recopilen información sobre ti por otros medios.

Muy importante: aunque al cerrar el incógnito el navegador borra las cookies de esa sesión y el historial asociado, los marcadores que guardes y los archivos descargados se mantienen en el dispositivo. Es decir, los favoritos se suman a tu navegador normal y los ficheros siguen en la carpeta de descargas.

Incluso usando incógnito, tu actividad continúa siendo visible para tu operador al conectarte a Internet, la red corporativa o educativa por la que te conectas y, por supuesto, para las propias páginas que visitas (y los servicios de terceros que integran, como Google Analytics o plataformas publicitarias).

Cómo abrir y cerrar el modo incógnito en los principales navegadores

Configuración de privacidad del navegador

En ordenador, Chrome permite iniciar una sesión de incógnito desde el menú superior derecho, seleccionando “Nueva ventana de incógnito”. También se puede hacer con atajos de teclado: Ctrl + Mayús + N en Windows, Linux o ChromeOS, y ⌘ + Mayús + N en macOS.

En esa ventana aparece un icono característico de incógnito en la barra de direcciones y, por defecto, las cookies de terceros permanecen bloqueadas. Si alguna web no funciona bien porque depende de ese tipo de cookies, se puede permitir su uso de forma temporal solo para ese sitio desde la propia barra.

La sesión de incógnito continúa activa mientras tengas al menos una ventana de ese modo abierta. Si abres más, todas comparten la misma sesión privada temporal, incluyendo cookies y acceso a webs durante ese periodo.

Para cerrar el modo incógnito hay que cerrar todas las ventanas abiertas en ese modo. Si ves un número junto al icono de incógnito, significa que tienes varias ventanas activas, de modo que tendrás que ir cerrándolas una a una hasta salir del todo y que se borren los datos temporales asociados.

Navegadores centrados en la privacidad: alternativas a los de siempre

Chrome, Edge u Opera ofrecen ajustes de privacidad y extensiones que ayudan, pero su modelo de negocio se apoya en gran medida en la recopilación masiva de datos para publicidad. Si quieres dar un salto real en privacidad, conviene mirar navegadores diseñados desde el principio con este objetivo.

Tor Browser: anonimato extremo a cambio de velocidad

Tor Browser es el clásico cuando hablamos de anonimato en la red. Usa la red Tor (The Onion Router) para encaminar tu tráfico a través de múltiples nodos aleatorios, cifrando varias veces los datos y dificultando enormemente que alguien pueda asociar tu actividad con tu IP real.

Tor permite acceder a sitios con dominios .onion, parte de la llamada Dark Web, y proporciona un nivel de protección frente a vigilancia y censura que otros navegadores no alcanzan. Incluye extensiones como NoScript y HTTPS Everywhere, y viene preconfigurado para minimizar el rastreo y la huella digital del dispositivo.

El peaje es la velocidad y la compatibilidad: el tráfico se mueve por varios relés y esto ralentiza claramente la navegación. Además, al bloquear muchos scripts por defecto, hay webs que no cargan bien o necesitan que vayas dando permisos a mano, algo que puede resultar confuso si no tienes experiencia.

Brave: navegador privado para el día a día

Brave se ha hecho muy popular como navegador para uso cotidiano gracias a un equilibrio interesante entre comodidad, velocidad y privacidad. Está basado en Chromium (como Chrome), así que la interfaz resulta familiar, pero viene con un bloqueador de anuncios y rastreadores integrado (Brave Shields) activado por defecto. Si quieres comparar Brave con otras alternativas, consulta la comparativa Brave vs Vivaldi.

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Ese bloqueo nativo elimina buena parte de la publicidad invasiva y de los scripts de seguimiento, lo que se traduce en un ahorro de ancho de banda y tiempos de carga mucho menores en muchas webs. Brave también fuerza, siempre que es posible, las conexiones HTTPS seguras.

Incluye funciones avanzadas como un asistente de IA (Leo) y un sistema de recompensas (Brave Rewards) que permite obtener tokens BAT al ver anuncios respetuosos con la privacidad. No obstante, parte de su ecosistema gira alrededor de criptomonedas y monederos digitales, algo que no convence a todo el mundo.

Como inconveniente, no tiene la misma cantidad de extensiones que Chrome o Firefox, y para convertir los tokens BAT en dinero real se necesita una cuenta bancaria o servicio compatible con procesos de verificación de identidad (KYC), lo que a algunas personas les chirría justo en un contexto de privacidad.

DuckDuckGo Browser: buscador privado hecho navegador

DuckDuckGo empezó como motor de búsqueda centrado en no recopilar más datos de la cuenta, la IP o la ubicación de lo imprescindible, y con el tiempo ha lanzado su propio navegador enfocado en privacidad para escritorio y móvil.

Este navegador usa por defecto el buscador DuckDuckGo, aplica siempre que puede conexiones cifradas y borra automáticamente el historial y las cookies de las ventanas especiales que llama “fire windows” (una especie de modo privado vitaminado).

Integra un bloqueador de código y rastreadores que entra en acción cuando detecta scripts de terceros intentando recolectar datos o colar malware. El usuario puede personalizar qué rastreadores bloquea y cuáles permite en cada sitio.

Su interfaz es simple, minimalista y pensada para que no tengas que pelearte con mil opciones. Ahora bien, aunque está muy alineado con la privacidad, no es una solución mágica ni perfecta, y sigue siendo recomendable complementarlo con una VPN si quieres ocultar tu IP y tu ubicación a las webs.

Firefox: el clásico que resiste

Mozilla Firefox es la gran alternativa de código abierto a Chrome desde hace años, con un enfoque muy claro en limitar la recopilación de datos de sus usuarios. El propio proyecto está respaldado por una fundación sin ánimo de lucro, lo que le permite priorizar la privacidad sobre la publicidad. Si te interesa comparar rendimiento y uso entre navegadores, echa un vistazo a Firefox vs Vivaldi.

Firefox incluye, activada por defecto o configurable, una Protección contra el rastreo mejorada que bloquea cookies de terceros, scripts de fingerprinting y mineros de criptomonedas que algunas webs intentan colar en segundo plano.

Cada producto de la familia Firefox se rige por una Promesa de datos personales muy clara: recoger menos información, almacenarla con medidas de seguridad estrictas y ser transparentes con lo que hacen. En su aviso de privacidad explican en detalle qué datos técnicos recopilan y con qué fines.

Otro punto fuerte de Firefox es su enorme capacidad de personalización: puedes ajustar a fondo los niveles de privacidad, desactivar la telemetría, utilizar perfiles distintos, e instalar una gran variedad de extensiones de seguridad (uBlock Origin, NoScript, HTTPS Everywhere, etc.). Eso sí, navegar por todas sus opciones y artículos de ayuda puede requerir algo de paciencia.

Librewolf, Ghostery, IceCat y otros forks centrados en privacidad

Alrededor de Firefox han surgido navegadores derivados que afinan aún más la privacidad. Uno de los más conocidos es Librewolf, una versión independiente y personalizada de Firefox con telemetría desactivada, buscadores privados como DuckDuckGo, Searx o Qwant por defecto e integración preconfigurada de uBlock Origin.

Librewolf obtiene puntuaciones muy altas en sitios como PrivacyTests.org, que analizan las capacidades reales de protección de distintos navegadores tanto en escritorio como en móvil. Sus configuraciones de serie reducen drásticamente el rastreo.

Otro ejemplo es el navegador Ghostery, también basado en Firefox, cuya característica principal es la integración nativa de la conocida extensión Ghostery para bloqueo de rastreadores, anuncios y ventanas emergentes agresivas.

En el ecosistema GNU, GNU IceCat lleva el concepto de Firefox un paso más allá dentro del software libre, añadiendo de serie complementos como SpyBlock, LibreJS (que bloquea JavaScript privativo) o HTTPS Everywhere, junto con varias contramedidas contra la huella digital. A cambio, puede resultar algo pesado y complejo para quien solo quiere “navegar y ya”.

Navegadores habituales: Chrome, Safari, Edge y Opera bajo la lupa

Si no quieres renunciar a tu navegador de siempre, al menos conviene conocer sus puntos fuertes y sus debilidades en privacidad, y cómo ajustar sus opciones internas para minimizar la exposición.

Google Chrome es rápido, conocido y compatible con casi todo, pero recopila y asocia gran cantidad de datos de uso para alimentar su negocio publicitario. Historial, búsquedas, sitios visitados, identificadores de dispositivo… prácticamente todo se aprovecha para segmentar anuncios, salvo que lo limites de forma consciente en la configuración.

Microsoft Edge, heredero de Internet Explorer y también basado en Chromium, se integra con la cuenta de Microsoft y con Windows. Es de código cerrado, tiene menos transparencia, y en materia de privacidad no está al nivel de las mejores alternativas. Puede servir para salir del paso y descargar otro navegador, pero poco más, si te preocupa la recolección de datos.

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Safari, el navegador de Apple para macOS, iOS y iPadOS, parte de un modelo de negocio menos volcado en la publicidad, y suele incorporar medidas de protección razonables frente al rastreo. Sin embargo, ha tenido sus polémicas: casos en los que almacenaba historiales más tiempo del anunciado e incluso recopilaba actividad en modo privado han sembrado dudas entre parte de la comunidad.

Opera fue durante años una opción interesante, pero tras su compra por una compañía china cambió su política de privacidad y la famosa VPN integrada ya no ofrece un cifrado completo a nivel de sistema. Además, el tratamiento de datos y la falta de claridad en sus términos hacen que deje de ser una recomendación prioritaria si lo que buscas es minimizar el rastreo.

Buscadores privados y por qué importan

El navegador es solo una parte de la ecuación: el motor de búsqueda que usas determina también cuánto se perfila tu actividad diaria. Google Search ofrece resultados excelentes, pero construye un historial detallado que se aprovecha para personalizar anuncios y contenidos.

Un motor como DuckDuckGo se centra en mostrar resultados relevantes sin crear un perfil personal completo. Aunque guarda cierto historial de consultas, no asocia esos datos con tu IP, ubicación precisa o identidad, y limita la información que terceros pueden vincular contigo.

Otros buscadores privados como Qwant o Searx/SearxNG, muy utilizados en navegadores como Librewolf o IceCat, ofrecen enfoques similares: menos datos permanentes, menos personalización agresiva y más anonimato en el día a día, a cambio de renunciar a cierto nivel de resultados ultraafinados basados en tu histórico.

VPN y navegador: una pareja casi obligatoria

Un error muy habitual es creer que el modo incógnito, por sí solo, oculta tu identidad. La realidad es que, incluso en navegación privada, las webs ven tu IP real y ubicación aproximada, y tu proveedor de Internet sigue sabiendo qué dominios visitas; si necesitas comprobarlo, mira cómo saber tu IP pública y qué implica.

Una red privada virtual o VPN cifra todo el tráfico entre tu dispositivo y los servidores de la empresa que ofrece el servicio, creando una especie de “túnel” por el que viajan tus datos. Desde fuera solo se ve que te conectas a la VPN, pero no qué webs visitas ni qué información intercambias.

Las mejores VPN utilizan redes de servidores distribuidas y protocolos de cifrado robustos, de forma que cualquier intento de interceptar la comunicación se encuentre con datos ilegibles. Además, ocultan tu IP real tras la IP del servidor VPN, lo que dificulta enlazar tus visitas con tu conexión doméstica o móvil; descubre las mejores funciones de seguridad en una VPN.

Combinando un navegador bien configurado (Brave, Firefox endurecido, Tor, etc.) con una VPN, elevas varios escalones tu privacidad: los rastreadores tienen menos material para perfilarte y tu proveedor de Internet pierde visibilidad sobre tu actividad concreta, aunque seguirá viendo que estás conectado a una VPN.

Extensiones y herramientas para blindar el navegador

Además de elegir bien el navegador, puedes reforzarlo con extensiones específicas de privacidad y seguridad, siempre con cuidado de no instalar cualquier cosa sin revisar opiniones y permisos.

Los bloqueadores de anuncios como uBlock Origin o similares eliminan banners, vídeos y formatos agresivos que además de molestos suelen ir cargados de scripts de seguimiento y, en el peor de los casos, de código malicioso.

Las extensiones de VPN aplicadas solo al navegador permiten cifrar el tráfico de ese programa sin tocar el resto del sistema. Son útiles para tareas puntuales, aunque no sustituyen del todo a una VPN completa si quieres proteger todas tus aplicaciones.

Los bloqueadores de código o scripts (como NoScript) te permiten elegir qué partes del código de una página se ejecutan. Esto puede frenar muchos intentos de tracking avanzados, pero también requiere ir afinando permisos, porque algunos sitios dejan de funcionar si bloqueas demasiado.

Un buen gestor de contraseñas (integrado en el navegador o externo) ayuda a generar claves largas y únicas para cada servicio y evita reutilizar la misma contraseña en todos lados. Eso sí, almacenar contraseñas en el propio navegador puede ser delicado si compartes equipo con alguien que podría acceder a tu perfil o a tu cuenta sincronizada.

Configurar la privacidad en navegadores populares

Aunque no cambies de navegador, es recomendable dedicar unos minutos a revisar y ajustar sus opciones internas. La mayoría incluyen apartados específicos de privacidad y seguridad bastante accesibles.

En Google Chrome, el menú de los tres puntos (esquina superior derecha) lleva a “Configuración” y, dentro, al bloque “Privacidad y seguridad”. Desde ahí puedes controlar cookies, historial, permisos de sitios, navegación segura y la actividad que se asocia a tu cuenta de Google.

En Firefox, el menú de tres líneas horizontales da acceso a “Ajustes” y después a “Privacidad & Seguridad”. Encontrarás opciones para elegir el nivel de protección contra rastreo, gestionar contraseñas, formularios, historial y datos de sitios, así como la telemetría que Mozilla puede recopilar.

En Safari para macOS, desde el menú superior “Safari > Ajustes” se muestran pestañas como “Privacidad” y “Seguridad”. Ahí puedes bloquear cookies de terceros, evitar seguimiento entre sitios y gestionar datos almacenados por webs de forma bastante directa.

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En Microsoft Edge, el menú de los tres puntos lleva a “Configuración”, donde aparece el apartado “Privacidad, búsqueda y servicios”. Desde ahí puedes determinar el nivel de seguimiento permitido, el historial, las cookies y la personalización de anuncios y contenidos basada en tus datos.

Cookies, tecnologías de seguimiento y cómo gestionarlas

Buena parte de la conversación sobre privacidad del navegador gira en torno a las cookies y tecnologías similares (identificadores locales, almacenamiento en apps, etc.), que se usan para todo: recordar sesiones, medir estadísticas, mostrar publicidad personalizada o proteger el acceso a las cuentas.

Las cookies de funcionalidad permiten cosas tan básicas como mantener tu sesión abierta, recordar el idioma, el contenido del carrito de compra o las preferencias de un reproductor. Son las típicas cookies con nombres como NID, _Secure-ENID, PREF o pm_sess, con caducidades que van de minutos a varios meses.

Las cookies y tokens de seguridad se encargan de verificar que realmente eres tú quien está conectado, bloquear intentos de robo de sesión o frenar ataques automáticos. Ejemplos son SID y HSID en cuentas de Google, o identificadores diseñados para detectar fraudes, spam y abusos en plataformas como YouTube o redes publicitarias.

Las cookies de analítica se usan para saber cómo interactúan los usuarios con una web o app: qué páginas visitan más, cuánto tiempo pasan, desde qué dispositivos entran, etc. Herramientas como Google Analytics emplean cookies como _ga para distinguir visitantes, sin necesidad de identificarlos con nombre y apellidos, aunque el conjunto de datos puede ser muy detallado.

La parte más sensible son las cookies de publicidad y personalización, que sirven para construir perfiles, segmentar anuncios, limitar la frecuencia con la que ves una campaña y medir conversiones. Identificadores como IDE, id, DSID, _gads, _gcl_ o VISITOR_INFO1_LIVE permiten que la red publicitaria y otros servicios sepan qué anuncios viste, en qué sitios y si acabaste comprando algo.

Aunque puedes rechazar muchas de estas cookies desde los avisos de consentimiento o desde páginas como g.co/privacytools en el caso de Google, y también desde la configuración del navegador, lo cierto es que no existe todavía un botón universal que todos los sitios respeten al 100 %. Por eso, combinar la gestión manual con bloqueadores de rastreadores sigue siendo una buena idea.

Buenas prácticas de navegación segura y privada

Más allá de las herramientas, tus hábitos diarios tienen mucho peso en la privacidad que realmente consigues. Pequeños cambios marcan una gran diferencia en cómo de fácil es seguir tu pista o colarse en tus cuentas.

Si usas móvil, recuerda que tus conexiones suelen pasar por Wi‑Fi públicas o redes móviles, donde el riesgo de espionaje es mayor. Usar navegadores con versiones específicas para iOS y Android (Firefox, Brave, DuckDuckGo Browser, etc.) y, si puedes, una VPN fiable, reduce bastante ese peligro.

Evita almacenar todas tus contraseñas en el navegador sin protección adicional. Muchos navegadores las guardan en formato que, si alguien consigue acceso físico al dispositivo o a tu cuenta, podría llegar a extraerlas con relativa facilidad. Un gestor de contraseñas dedicado, con contraseña maestra robusta y, mejor aún, con autenticación de dos factores, es una alternativa más sólida.

Aprovecha y revisa de vez en cuando la configuración de historial y actividad de los servicios que usas (por ejemplo, la configuración de actividad de Google), para pausar lo que no necesites que se guarde, como el historial de ubicaciones, la actividad de YouTube o determinados registros de navegación, y consulta cómo borrar el historial del router si te preocupa la huella de la red doméstica.

Por último, plantéate usar la llamada compartimentación de navegadores: utilizar un navegador (o perfil) para tus cuentas personales importantes, otro para redes sociales, y quizá uno extra para compras o búsquedas más sensibles. Así evitas que una sola sesión logueada en Facebook, Google o similares pueda seguirte por toda la web. Si quieres aprender a implantarlo, mira cómo usar varios navegadores a la vez.

La privacidad en el navegador no depende de un único botón milagroso, sino de una combinación de elecciones: qué navegador y buscador utilizas, qué nivel de rastreo permites, si te apoyas en extensiones, VPN y navegación privada, y qué costumbres mantienes al usar Internet; conociendo bien las herramientas y sus límites, es posible navegar con mucha más tranquilidad y dejar bastante menos rastro del estrictamente necesario.

como usar varios navegadores a la vez
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