- Un SAI proporciona energía de respaldo y estabiliza la tensión, evitando apagados bruscos y daños en tus equipos.
- Existen tres tipos principales de SAI (offline, interactivo y online) con distintos niveles de protección y coste.
- Para elegir bien debes calcular la potencia necesaria (VA), la autonomía deseada y el margen de crecimiento futuro.
- La vida útil del SAI depende del cuidado de las baterías, el entorno de trabajo y un mantenimiento periódico adecuado.

Si en tu casa u oficina la luz se va a menudo o la tensión “baila”, tarde o temprano te acabarás jugando tus datos, tu trabajo… y hasta la vida útil de tu ordenador. Un corte en el peor momento puede corromper archivos, dañar el disco o dejar un servidor colgado justo cuando más lo necesitas, como explicamos en errores que acortan la vida útil del PC.
Ahí es donde entra en juego el SAI, el famoso Sistema de Alimentación Ininterrumpida. Es ese aparato que casi nadie mira, pero que cuando salta la luz se convierte en el héroe silencioso que te da unos minutos de margen, estabiliza la corriente y evita averías caras. Vamos a ver con detalle qué es, cómo funciona, qué tipos hay y cómo elegir el correcto para tu PC o tu empresa.
¿Qué es un SAI y por qué tu PC lo necesita?
Las siglas SAI significan Sistema de Alimentación Ininterrumpida (en inglés, UPS: Uninterruptible Power Supply). Se trata de un equipo eléctrico que se coloca entre la red y tus dispositivos (ordenadores, servidores, routers, electrónica de red, equipos médicos, etc.) y que suministra energía de respaldo a través de baterías cuando falla la corriente o hay problemas serios en la red.
En condiciones normales, el SAI deja pasar o acondiciona la corriente de la red, pero en cuanto detecta un apagón, una caída de tensión o un pico peligroso, conmuta automáticamente a su batería interna en cuestión de milisegundos. De esta forma, tu PC no se apaga de golpe y dispones de tiempo para guardar lo que estés haciendo y apagarlo de forma ordenada.
Además de la autonomía, muchos modelos incluyen un AVR (Automatic Voltage Regulator), un regulador de voltaje que se encarga de “planchar” subidas y bajadas de tensión, filtrando picos, ruidos e irregularidades de la red eléctrica. Así, la fuente de alimentación del ordenador sufre menos, trabaja a menor temperatura y su vida útil aumenta.

Componentes básicos y funcionamiento de un SAI
Por dentro, un SAI no es solo una “caja con baterías”. Combina varios módulos electrónicos que se coordinan para darte una alimentación estable y sin cortes, incluso cuando la red se viene abajo o se comporta de forma irregular.
El primer elemento clave es la batería, que es el almacén de energía. Puede estar formada por una o varias celdas de plomo-ácido o litio, según el modelo y la gama. Cuando la red funciona correctamente, el SAI mantiene las baterías cargadas; cuando falla la red, se apoya en ellas para mantener tus equipos encendidos durante un tiempo limitado.
El segundo componente es el rectificador, que se encarga de convertir la corriente alterna (CA) que viene de la red en corriente continua (CC). Esta corriente continua sirve tanto para cargar las baterías como para alimentar al inversor. En los SAI más avanzados (on-line de doble conversión), el rectificador siempre está trabajando.
El tercer bloque es el inversor, que hace el proceso inverso: transforma la corriente continua de las baterías o del rectificador de nuevo en corriente alterna de calidad, con el voltaje y la frecuencia adecuados para alimentar tus equipos. En muchos modelos de gama media y alta, el inversor es capaz de generar una onda sinusoidal pura, ideal para fuentes con PFC activo, motores, calderas o electrónica sensible.
Por último, muchos SAI incorporan un interruptor estático o relé de bypass. Este componente permite que, si el SAI sufre un fallo interno o necesita realizar una derivación, la red alimente directamente la carga, saltándose la electrónica del equipo. Es una especie de “última línea de defensa” para que tus equipos no se queden sin energía si el SAI tiene un problema.
SAI vs regulador de voltaje (AVR): diferencias clave
Es habitual confundir un SAI con un regulador de tensión o AVR independiente, porque ambos se relacionan con la protección eléctrica. Sin embargo, no son lo mismo ni sirven para lo mismo, aunque se complementan muy bien.
Un AVR autónomo es un equipo que únicamente se encarga de estabilizar el voltaje: corrige subidas y bajadas, filtra picos, reduce distorsiones y mantiene una salida lo más cercana posible a 230 V. Pero no tiene baterías, por lo que si se va la luz, tus equipos se apagan igualmente.
Un SAI, en cambio, incluye baterías y electrónica de respaldo. Además de regular (si integra AVR) es capaz de mantener tus dispositivos encendidos durante un periodo de tiempo cuando la red falla. Por tanto, protege contra cortes, microcortes, caídas de tensión y apagones, no solo contra variaciones del voltaje.
En términos de seguridad, el SAI es la opción adecuada cuando no te puedes permitir una interrupción brusca (centros de datos, sanidad, servidores, sistemas de videovigilancia, ordenadores de trabajo). El AVR se usa más como protección de calidad de tensión en instalaciones donde un corte es asumible, pero quieres evitar daños por sobretensiones recurrentes.
En precio y mantenimiento, un SAI es más caro porque las baterías son un coste importante y hay que sustituirlas cada cierto tiempo. Un AVR puro es más económico, requiere menos cuidados y suele tener una vida útil mayor. Por eso, muchas soluciones intermedias combinan SAI interactivo (ya con AVR integrado) para tener ambas cosas en un solo equipo.
¿Para qué sirve exactamente un SAI?
La misión principal de un SAI es evitar que tus equipos se apaguen de golpe y que pierdas datos o dañar hardware por un fallo de energía. Pero sus ventajas van mucho más allá de esos “minutos extra” para guardar tu trabajo.
Por un lado, actúa como parachoques frente a picos, bajadas y oscilaciones de tensión. La red eléctrica, sobre todo en ciertas zonas o edificios antiguos, puede introducir armónicos, ruidos y cambios bruscos que castigan a las fuentes de alimentación, calientan componentes y reducen la vida útil del hardware.
Por otro lado, en entornos críticos como centros de datos, hospitales, industria o telecomunicaciones, un SAI es parte de la infraestructura esencial. Permite que un servidor, un sistema de comunicaciones o un equipo médico dispongan de energía constante mientras arranca un generador diésel o se conmuta a otra instalación redundante.
Incluso en casa, un SAI bien dimensionado puede proteger ordenadores, consolas, routers, cámaras IP, NAS o pequeños servidores domésticos. Para un usuario que teletrabaja, perder una videollamada importante o corromper una base de datos local por un corte puede ser mucho más caro que lo que cuesta el SAI.
En resumen práctico, un SAI sirve para que, ante un problema eléctrico, tu día a día no se vaya al traste: sigues operativo unos minutos, proteges tus aparatos y evitas golpes eléctricos que podrían dejarte sin equipo.
Tipos de SAI: qué tecnologías existen y cuándo usar cada una
No todos los SAI protegen igual ni están pensados para lo mismo. La tecnología interna define el nivel de protección, el tiempo de conmutación, la calidad de la onda y, por supuesto, el precio. A grandes rasgos, para uso informático se manejan tres tipos principales.
SAI offline o de reserva (Off-Line)
El SAI offline es el diseño más sencillo y económico. Mientras la red funciona, actúa en modo “bypass”: la corriente pasa prácticamente directa a los dispositivos, sin filtrado avanzado, y el SAI solo carga sus baterías y vigila el estado de la línea.
Cuando detecta un apagón, un corte claro o una caída muy fuerte, conmuta a la batería en unos milisegundos (típicamente entre 2 y 10 ms). Desde ese momento, el inversor interno alimenta tus dispositivos hasta que se agota la batería o se restablece la red.
Este tipo de SAI suele no incluir AVR integrado, por lo que no filtra las variaciones “pequeñas” de tensión. Por eso se recomiendan en zonas con una red estable y pocas perturbaciones: dan respaldo ante cortes, pero no limpian demasiado la calidad de la corriente.
Son adecuados para PC de gama básica, televisores, monitores, routers, pequeños equipos domésticos en entornos donde la calidad de la red es aceptable. No son lo ideal para dispositivos muy sensibles o para redes eléctricas especialmente “sucias”.
SAI interactivo o In-Line (Line-Interactive)
El SAI de línea interactiva es el que mejor encaja para la mayoría de usuarios y pequeñas empresas. Su funcionamiento se parece al offline, pero incorpora electrónica adicional para regular la tensión antes de que llegue a tus aparatos.
La clave está en que integra un AVR que corrige automáticamente fluctuaciones de alrededor de ±15%. Cuando se producen subidas o bajadas moderadas, ajusta el transformador (efecto buck/boost) sin tirar de batería, reduciendo el desgaste de ésta y entregando una tensión más estable.
Cuando hay un corte real o un problema grave, el SAI interactivo también conmuta a baterías en unos pocos milisegundos. Esa pequeña interrupción suele ser tolerada por la mayoría de ordenadores y equipos electrónicos, pero puede ser crítica para aparatos extremadamente sensibles.
Dentro de los interactivos encontramos modelos que generan onda “pseudo-sinusoidal” (suficiente para ordenadores y muchos equipos ofimáticos) y otros con onda sinusoidal pura, recomendables para fuentes con PFC activo, calderas, bombas, motores, etc. Estos últimos suelen ser más silenciosos y aptos para entornos de trabajo exigentes.
Son una muy buena elección para PC de gama media y alta, consolas, pequeños servidores, electrónica de red, cámaras de seguridad y oficinas. En general, son los SAI recomendados para la mayoría de dispositivos informáticos modernos.
SAI online o de doble conversión (On-Line)
El SAI on-line es el tope de gama en protección. En lugar de dejar pasar la corriente y entrar en acción solo cuando hay problemas, trabaja en doble conversión permanentemente: convierte siempre la corriente alterna de la red en continua y luego de nuevo en alterna para tus equipos.
Esto significa que la carga está constantemente aislada de la red eléctrica. Cualquier pico, ruido, distorsión, microcorte o caída es absorbido por el sistema, que ofrece siempre una onda sinusoidal pura, estable, y sin tiempos de conmutación perceptibles (el cambio a baterías es prácticamente instantáneo).
Por su diseño, es el único tipo de SAI capaz de garantizar protección total frente a sobre y baja tensión, armónicos y microcortes, y es el más indicado cuando el equipo jamás debe quedarse sin alimentación ni soportar alteraciones notables de la red.
Se utiliza sobre todo en servidores críticos, clústeres, centros de datos, equipos médicos, grandes redes de telecomunicaciones e instalaciones industriales de alto coste. Son más caros y sus baterías sufren más ciclos, por lo que el mantenimiento es más exigente.
Otros diseños y variantes profesionales
En el entorno industrial y de centros de datos se han desarrollado variantes como SAI industriales resonantes, SAI delta de conversión o diseños híbridos que combinan características de varias topologías para equilibrar eficiencia y protección.
Estos sistemas pueden gestionar mejor el factor de potencia de entrada, reducir el consumo energético del propio SAI y adaptarse a cargas muy exigentes o con perfiles de consumo complejos. Son habituales en grandes CPD, instalaciones de investigación o infraestructuras de hiperescala.
Qué tipo de SAI elegir según tu caso
Elegir bien el tipo de SAI es tan importante como mirar la potencia. Al final, se trata de ajustar el nivel de protección al valor de lo que quieres proteger y a la calidad de la red que tienes.
Un SAI offline es una opción correcta para zonas con red bastante estable y equipos poco sensibles. Un ejemplo: un PC de sobremesa básico, la tele, el router y algún monitor en una casa donde los cortes son poco frecuentes y la tensión no suele variar demasiado.
El SAI interactivo es el caballo de batalla recomendado para la mayoría de casos. Protege tanto frente a cortes como frente a fluctuaciones, sin disparar demasiado el presupuesto, y sirve perfectamente para ordenadores personales, consolas, NAS, pequeños servidores, cámaras, TPV y oficinas completas.
El SAI on-line debes planteártelo cuando hablas de infraestructura crítica o de alto coste: servidores que no pueden apagarse, sistemas industriales, CPD, redes de datos empresariales y, en general, cualquier instalación donde un fallo de alimentación se traduzca en pérdidas elevadas o en problemas de seguridad.
Antes de decidir, conviene valorar también si el entorno va a crecer: si prevés incorporar más equipos en el futuro, puede ser interesante apostar por un SAI con algo más de capacidad para no quedarte corto a los pocos meses.
Cuánta potencia de SAI necesitas (VA y factor de potencia)
Otro punto clave es dimensionar correctamente la potencia. Los SAI indican su capacidad en VA (voltio-amperios) o en kVA, que es la potencia aparente. Pero los dispositivos que enchufas suelen especificar su consumo en vatios (W), que es la potencia real.
Para relacionar ambas magnitudes se usa el factor de potencia (FP), un número entre 0 y 1 que indica qué parte de esa potencia aparente se convierte en potencia real útil. En una red doméstica o de oficina, el FP suele estar entre 0,6 y 0,7, aunque muchos SAI modernos ofrecen factores cercanos a 0,9.
La fórmula básica es clara: W = VA × FP. Si quieres saber cuántos VA debe tener tu SAI para alimentar un consumo determinado en vatios, basta con dividir la potencia real entre el factor de potencia estimado de la instalación o del propio SAI.
Por ejemplo, si tu ordenador y periféricos consumen en conjunto unos 400 W y estimas un FP de 0,6, tendrías que hacer 400 / 0,6 ≈ 667 VA. En la práctica se recomienda añadir margen para picos de arranque y futuras ampliaciones, así que es razonable irse a un equipo de alrededor de 800-900 VA.
Como regla general, es aconsejable que el SAI tenga al menos un 20 % más de capacidad que la suma de los consumos de todos los aparatos conectados. Es decir, sumas los vatios de cada dispositivo y multiplicas por 1,2 para tener un margen cómodo.
Cuánto tiempo puede mantener tus equipos encendidos un SAI
La autonomía de un SAI depende principalmente de la capacidad de sus baterías y de la carga conectada. No es lo mismo alimentar un PC y un monitor que un rack entero de servidores.
La capacidad de la batería suele expresarse en Wh (vatios-hora) o Ah (amperios-hora). Si conoces la capacidad en Wh y el consumo de tus dispositivos en W, puedes hacer una estimación teórica sencilla: dividir Wh entre W. Por ejemplo, una batería de 1000 Wh alimentando una carga de 100 W podría dar, en condiciones ideales, unas 10 horas.
En la práctica, influyen factores como la temperatura ambiente, el estado de la batería, el porcentaje de carga real en el momento del corte y la eficiencia del inversor. Por eso, la mayoría de fabricantes hablan de rangos típicos: entre 5 y 15 minutos de autonomía con una carga razonable, suficiente para guardar el trabajo y apagar.
Si conectas equipos de muy bajo consumo (routers, cámaras IP, un mini PC) el tiempo se dispara, mientras que si cargas el SAI casi al máximo, la autonomía baja de forma notable. Es importante recordar que no conviene “exprimir” siempre el SAI hasta agotar completamente la batería, porque las descargas profundas acortan su vida útil.
En entornos profesionales como centros de datos, lo habitual es dimensionar el sistema para disponer de entre 1 y 15 minutos de respaldo, tiempo pensado para arrancar generadores diésel o conmutar a otro CPD. Ahí, más que mantener horas de funcionamiento, lo crucial es que la transición sea ordenada y segura.
Vida útil y mantenimiento de un SAI
Un SAI bien cuidado puede durar entre 3 y 5 años en gamas domésticas y fácilmente 10 años o más en modelos profesionales, siempre que se mantenga correctamente y se renueven las baterías cuando toca.
Las baterías suelen ser el punto más delicado. Los fabricantes recomiendan reemplazarlas aproximadamente cada 3 años, aunque esto depende mucho del número de ciclos de descarga, la temperatura de funcionamiento y el grado de carga típico. En equipos grandes o con muchas baterías en serie, una sola celda en mal estado puede comprometer todo el banco.
Para alargar la vida del SAI es fundamental mantenerlo en un ambiente fresco, seco y sin polvo, y evitar la electricidad estática. La temperatura ideal ronda los 20-25 °C; a partir de ahí, por cada 10 °C de más, la vida de la batería puede reducirse prácticamente a la mitad.
También conviene evitar sobrecargar el equipo: lo recomendable es que la carga no supere el 80 % de la capacidad nominal. Trabajar siempre al límite fuerza más la electrónica, eleva la temperatura y acelera el envejecimiento de las baterías.
En modelos domésticos sencillos puede ser útil simular un corte al mes o cada dos meses, desconectando el SAI de la red para que funcione unos minutos con batería y luego dejándolo recargar. Esto ayuda a que las baterías no estén eternamente “en flotación” sin moverse.
Buenas prácticas de mantenimiento y control de entorno
Para instalaciones profesionales, lo ideal es disponer de una lista de comprobación de mantenimiento y registrar todas las revisiones. Así puedes detectar patrones de fallo y actuar antes de que haya un problema serio en pleno corte eléctrico.
Entre las tareas habituales de revisión está comprobar el estado de las baterías (tensión, capacidad, temperatura), inspeccionar condensadores, cableado, conexiones y disyuntores, y limpiar polvo en ventiladores y filtros. Cualquier signo de hinchazón, corrosión o calentamiento anómalo debe atenderse de inmediato.
El entorno también cuenta: el SAI debe instalarse en una zona con temperatura controlada, bien ventilada y sin humedad. Evita situarlo junto a ventanas abiertas, fuentes de calor o en lugares con gases corrosivos. Las rejillas de ventilación nunca deben estar tapadas por muebles, papeles ni otros obstáculos.
Aunque muchos SAI aguantan temperaturas un poco fuera de especificación, hacerlo de forma continuada provoca pérdida de capacidad y fallos prematuros. Trabajar “al borde” de lo que permiten las especificaciones no suele salir a cuenta a medio plazo.
Software de gestión y monitorización del SAI
La mayoría de SAI actuales, sobre todo de gama media y alta, incluyen software de gestión y monitorización que se comunica con el equipo a través de USB, serie o red. Este software es mucho más que un simple panel de información.
Por un lado, permite programar apagados y encendidos automáticos del sistema operativo cuando hay un corte prolongado, evitando que el equipo se quede sin batería de golpe. Esto es especialmente útil en servidores o NAS, donde un apagado sucio podría corromper datos.
Por otro, ofrece datos en tiempo real sobre tensión de entrada y salida, frecuencia, nivel de carga, porcentaje de batería, eventos y alarmas. Muchos programas permiten ver históricos, exportar registros y generar gráficas para analizar cómo se comporta la red eléctrica.
En instalaciones complejas, el software también se usa para monitorizar varios SAI en red, recibir notificaciones de fallos o baterías en mal estado y coordinar acciones entre diferentes equipos. De esta forma, el administrador tiene una visión global del estado de la alimentación.
Aspectos prácticos a tener en cuenta al comprar un SAI
Más allá de la tecnología y la potencia, hay detalles muy prácticos que marcan la diferencia en el día a día. Uno de ellos es el número de tomas de salida que ofrece el SAI. Muchos modelos domésticos traen dos, tres o cuatro enchufes protegidos, suficientes para la torre, el monitor y algún periférico.
Si quieres proteger una instalación más grande (por ejemplo, una pequeña empresa con varios equipos), quizá te interese un SAI en formato rack o torre de mayor capacidad y luego distribuir la protección mediante regletas supervisadas o instalaciones específicas.
Otro factor clave es la autonomía que realmente necesitas. Si solo quieres evitar perder tu trabajo, con unos cuantos minutos bastará; si necesitas mantener equipos encendidos durante media hora o más, tendrás que irte a modelos con baterías de mayor capacidad o incluso a configuraciones con bancos de baterías externos.
No olvides valorar también la posibilidad de conseguir baterías de recambio y su precio. Igual que ocurre con algunas impresoras, hay equipos baratos cuya batería original o compatible es cara. Revisa disponibilidad y coste antes de comprar.
Por último, ten presente que ciertos dispositivos, como impresoras láser o equipos con grandes picos de arranque, no deberían conectarse al SAI, ya que esos picos pueden dañar el aparato o disparar sus protecciones. Lo ideal es dejar el SAI para la electrónica sensible y alimentaciones de consumo más estable.
Contar con un buen SAI no solo te evita sustos cuando la luz decide irse en el peor momento; también protege tus equipos frente a una red eléctrica imperfecta, alarga la vida del hardware y te da margen para reaccionar. Elegir la tecnología adecuada (offline, interactivo u online), dimensionar bien la potencia y cuidar las baterías hace que ese pequeño “cajón” bajo la mesa se convierta en una pieza clave de tu seguridad informática diaria.
Tabla de Contenidos
- ¿Qué es un SAI y por qué tu PC lo necesita?
- Componentes básicos y funcionamiento de un SAI
- SAI vs regulador de voltaje (AVR): diferencias clave
- ¿Para qué sirve exactamente un SAI?
- Tipos de SAI: qué tecnologías existen y cuándo usar cada una
- Qué tipo de SAI elegir según tu caso
- Cuánta potencia de SAI necesitas (VA y factor de potencia)
- Cuánto tiempo puede mantener tus equipos encendidos un SAI
- Vida útil y mantenimiento de un SAI
- Buenas prácticas de mantenimiento y control de entorno
- Software de gestión y monitorización del SAI
- Aspectos prácticos a tener en cuenta al comprar un SAI