Qué es una dirección IP y para qué sirve en Internet

Última actualización: 5 de febrero de 2026
  • Una dirección IP identifica de forma única a cada dispositivo o red y permite que los datos se envíen y reciban correctamente.
  • Existen IP públicas y privadas, estáticas y dinámicas, además de distintos rangos reservados y clases dentro de IPv4.
  • IPv6 amplía enormemente el número de direcciones disponibles y mejora el funcionamiento y la eficiencia del enrutamiento.
  • Proteger y, cuando conviene, ocultar tu IP con medidas como VPN o buena configuración de red es clave para la seguridad y la privacidad.

Direccion IP en redes

Internet se ha colado en nuestra vida diaria: trabajamos, estudiamos, vemos series y controlamos hasta las luces de casa a través de la red. Pero, aunque estemos conectados todo el día, mucha gente no tiene claro qué es exactamente una dirección IP ni qué papel juega en todo ese proceso.

Entender qué es una IP y para qué sirve no es solo “frikismo” técnico: te ayuda a solucionar problemas de conexión, mejorar la seguridad, montar una web o simplemente a saber qué información estás dejando expuesta cuando navegas. Vamos a verlo con calma, en castellano de andar por casa, pero sin perder el rigor técnico.

Qué es una dirección IP y cómo se representa

Una dirección IP es un identificador numérico único que se asigna a cada dispositivo conectado a una red, ya sea una red local o Internet. IP significa “Internet Protocol” o “Protocolo de Internet”, que es el conjunto de normas que define cómo viajan los datos entre ordenadores, móviles, routers, servidores y cualquier cacharro conectado.

Imagina la IP como la dirección postal digital de tu dispositivo: sin esa “etiqueta” no habría forma de saber dónde entregar los datos que pides (una web, un vídeo, un correo, etc.) ni desde dónde se han enviado. Gracias a la IP, la información sabe a qué equipo llegar y desde qué equipo ha salido.

En la versión más clásica, IPv4, una dirección IP se escribe como una cadena de cuatro números separados por puntos, por ejemplo: 192.168.1.38. Cada uno de esos números puede ir de 0 a 255, de modo que el rango total posible va desde 0.0.0.0 hasta 255.255.255.255. Internamente son 32 bits divididos en cuatro “octetos”.

En la versión moderna, IPv6, el formato cambia totalmente: en lugar de números decimales, se usan números hexadecimales (0-9 y A-F) agrupados en ocho bloques separados por dos puntos, por ejemplo: 2001:0db8:0001:0b07:00CC:0ab9:C0A8:0102. Aquí hablamos de 128 bits en vez de 32, lo que permite un número de direcciones prácticamente inagotable.

Quién asigna las direcciones IP y cómo se organizan

Las IP no se reparten al azar. Existe un organismo internacional llamado IANA (Internet Assigned Numbers Authority), que forma parte de ICANN, encargado de generar y gestionar los grandes bloques de direcciones IP a nivel global.

IANA asigna bloques de IP a los registros regionales, que a su vez los distribuyen a organizaciones, operadoras, proveedores de Internet (ISPs), gobiernos, empresas… y, finalmente, esos proveedores son quienes asignan una IP pública a tu conexión doméstica o de empresa cada vez que te conectas.

Dentro de una misma red, como la de tu casa o la de tu oficina, el router se encarga de generar y repartir direcciones IP privadas a cada dispositivo, de forma manual o automática (normalmente mediante un servidor DHCP integrado en el propio router).

Cómo funciona una dirección IP paso a paso

Para entender el funcionamiento real de una IP, conviene repasar qué pasa cuando haces algo tan simple como abrir el navegador y escribir la dirección de una web.

1. Tu dispositivo se conecta a una red. Si estás en casa, será normalmente la red de tu proveedor de Internet a través del router. Si estás en el trabajo, te conectarás a la red corporativa. En un bar o un hotel, usarás la Wi‑Fi pública que ellos ofrecen.

2. El proveedor de Internet te asigna una IP pública. Esa dirección es la “cara visible” de tu conexión hacia el exterior. Todos los datos que entran y salen a Internet se etiquetan con esa IP pública para que puedan ir y volver correctamente.

3. El router crea una red interna con IP privadas. Dentro de tu casa, cada dispositivo (PC, móvil, TV, impresora, altavoz inteligente…) recibe una dirección IP privada. Estas IP solo tienen validez en tu red local, no son accesibles directamente desde Internet.

4. Cuando pides una web (por ejemplo, buscas “qué es una dirección IP” en Google), tu dispositivo genera una solicitud que sale de tu IP privada hacia el router, el router la traduce y la envía a Internet usando tu IP pública, y esa petición va saltando de router en router hasta llegar al servidor donde está alojada la web.

5. El servidor responde y devuelve la información etiquetada con tu IP pública. Tu router recibe esos datos, los redirige al dispositivo correcto dentro de tu red (en función de su IP privada) y, en milésimas de segundo, la página aparece en tu pantalla.

Todo este proceso sigue las reglas de TCP/IP, el conjunto de protocolos que definen cómo se trocean los datos en paquetes, cómo se numeran, cómo se envían, cómo se reagrupan al llegar… y cómo interviene en todo ello la dirección IP.

Para qué sirve una dirección IP

La función principal de la IP es identificar dispositivos y redes para que se puedan comunicar entre ellos, tanto en redes internas (LAN) como a través de Internet.

Gracias a la IP se pueden encaminar los paquetes de datos desde un origen concreto hasta un destino exacto, de forma similar a como un servicio de mensajería necesita tu dirección física para poder llevarte un paquete.

Además de permitir el envío y recepción de datos, la IP facilita tareas como devolver mensajes cuando algo falla (por ejemplo, cuando mandas un correo a una dirección que ya no existe), detectar problemas de red, bloquear conexiones maliciosas o aplicar filtros por origen o ubicación geográfica.

  Atajos de Shift en navegadores: guía completa para navegar más rápido

En la práctica, todo lo que haces en Internet (navegar, usar redes sociales, consultar el banco, ver plataformas de streaming, jugar online, descargar ficheros, enviar correos…) depende de que tu dispositivo tenga una IP válida y correctamente configurada.

Estructura interna: ID de red e ID de host

Cada dirección IPv4 clásica se puede dividir en dos partes: el identificador de red (ID de red) y el identificador de host (ID de host).

El ID de red es la sección que identifica la red concreta a la que perteneces. Por ejemplo, en la IP 172.16.254.1, la parte 172.16.254 correspondería al ID de red en muchos escenarios. Esta porción suele estar determinada por tu ISP, la red de tu empresa o la Wi‑Fi pública en la que estés.

El ID de host es el fragmento que identifica al dispositivo concreto dentro de esa red, normalmente el último número en la notación decimal con puntos (en el ejemplo anterior, el “1”). Así, si en tu casa tienes varios equipos, todos compartirán el mismo ID de red pero tendrán ID de host distintos: 172.16.254.1, 172.16.254.2, 172.16.254.3, etc.

La combinación de ID de red + ID de host genera una IP única dentro de esa red, lo que evita conflictos y hace posible que el router sepa a qué equipo debe entregar cada paquete que recibe.

Clases de direcciones IPv4 y rangos privados

En IPv4, las direcciones se agrupan en clases históricas según el valor del primer octeto. Aunque hoy se usa más el enrutamiento sin clases (CIDR), estas clases siguen siendo una forma muy extendida de explicar la estructura de las redes.

Clase A (0.0.0.0 – 127.255.255.255): el primer octeto identifica la red y los otros tres al dispositivo. Se pensó para redes gigantes con millones de hosts, como grandes universidades o grandes corporaciones.

Clase B (128.0.0.0 – 191.255.255.255): los dos primeros octetos sirven para la red y los dos restantes para los equipos. Es típica de organizaciones medianas y grandes empresas que requieren un equilibrio entre número de redes y número de hosts por red.

Clase C (192.0.0.0 – 223.255.255.255): los tres primeros octetos son de red y el último identifica al dispositivo. Es habitual en entornos pequeños, como pymes o redes domésticas algo más avanzadas.

Clase D (224.0.0.0 – 239.255.255.255): reservada para multidifusión (multicast), pensada para enviar datos simultáneamente a múltiples destinatarios, optimizando ancho de banda.

Clase E (240.0.0.0 – 255.255.255.255): destinada a pruebas, investigación y usos experimentales; no se utiliza en redes de usuario finales de forma normal.

Dentro de esos rangos existen segmentos reservados para redes privadas que no pueden “salir” a Internet directamente. Son las IP que usan tu router y tus dispositivos en casa o en la oficina:

  • Clase A privada: 10.0.0.0 – 10.255.255.255
  • Clase B privada: 172.16.0.0 – 172.31.255.255
  • Clase C privada: 192.168.0.0 – 192.168.255.255

Estas direcciones se pueden repetir en redes privadas distintas sin problema, porque nunca se ven directamente en Internet. Es el router, mediante mecanismos como NAT (traducción de direcciones de red), el que hace de “puente” entre IP privadas e IP pública.

Además hay IP especiales reservadas que no se asignan a dispositivos normales: 0.0.0.0 (todas las redes / dirección no válida), 127.0.0.1 (loopback, usada para que un equipo se comunique consigo mismo), 255.255.255.255 (difusión a todos los dispositivos de una red) o el rango 169.254.0.0/16, que se usa cuando un equipo no puede obtener IP de un servidor DHCP y se autoconfigura una dirección automática.

Tipos de direcciones IP según su alcance

Podemos clasificar las IP de muchas maneras, pero una de las más útiles es distinguir entre direcciones públicas y privadas, y entre estáticas y dinámicas. Cada combinación tiene usos y ventajas específicos.

Dirección IP pública

La IP pública es la que identifica tu conexión en Internet. Es la dirección que ven los servidores de las webs que visitas, los servicios de streaming, las plataformas de juego online o cualquier servicio al que te conectes desde fuera de tu red.

Esta IP te la proporciona tu proveedor de Internet (ISP) cuando te conectas. Todos los dispositivos de tu casa que usan el mismo router comparten la misma IP pública, aunque internamente cada uno tenga su IP privada.

Las IP públicas pueden ser IP estática vs IP dinámica. Las fijas se usan mucho en empresas y servicios que necesitan ser accesibles siempre en la misma dirección (por ejemplo, servidores, sistemas de videovigilancia o conexiones VPN corporativas). Las dinámicas son las habituales en usuarios domésticos.

Dirección IP privada

La IP privada es la que se usa solo dentro de tu red local. El router asigna una diferente a cada dispositivo para que puedan reconocerse entre sí y compartir recursos (impresoras, carpetas, dispositivos IoT, etc.).

Estos rangos privados no se enrutan por Internet. Eso significa que dos casas diferentes pueden tener, por ejemplo, un dispositivo con la IP 192.168.1.34 sin que haya conflictos, porque cada red está aislada y es el router quien se ocupa de traducir tráfico interno/externo.

Direcciones IP estáticas y dinámicas

Una IP estática es una dirección que no cambia con el tiempo. Se configura de manera manual o se reserva específicamente para un dispositivo o una conexión.

Las IP estáticas son habituales en entornos profesionales donde se aloja una web, un servidor de correo, un FTP o se ofrecen servicios accesibles desde fuera. Tener siempre la misma dirección simplifica mucho la configuración de DNS, cortafuegos y accesos remotos.

Por el contrario, una IP dinámica cambia cada cierto tiempo, normalmente cada vez que reinicias el router o cuando el ISP reasigna su “pool” de direcciones. Se gestionan de forma automática con DHCP y son la opción más barata y flexible para el usuario medio.

Las IP dinámicas ayudan a optimizar recursos (se pueden reutilizar direcciones que ya no se usan) y añaden una ligera capa de seguridad, ya que hacen algo más complicado seguir la pista permanentemente a una misma conexión.

  Los impactantes beneficios de las redes sociales que cambiarán tu perspectiva

Direcciones IP de consumo y para sitios web

Cualquier particular o empresa que contrata Internet recibe una IP de consumo, que puede ser pública o privada interna según el contexto. A nivel de hosting web, el escenario cambia un poco.

En los servicios de alojamiento compartido, muchos sitios web distintos residen en un mismo servidor y comparten la misma dirección IP pública. A esto se le llama IP compartida: varios dominios “viven” detrás de una única IP.

También existen direcciones IP dedicadas para webs. En este caso, un sitio (o un grupo muy reducido) dispone de su propia IP, lo que facilita la configuración de ciertos certificados, el acceso directo por IP sin dominio o la creación de servidores FTP específicos, entre otras ventajas.

Qué es IPv4, qué es IPv6 y por qué existe el cambio

IPv4 es la cuarta versión del Protocolo de Internet y ha sido, durante décadas, la base del direccionamiento en la red. Utiliza 32 bits, lo que da unos 4.300 millones de direcciones teóricas, que en su día parecían más que suficientes.

Con la explosión de dispositivos conectados (móviles, portátiles, tablets, smart TV, domótica, coches conectados, sensores, cámaras…), ese espacio de direcciones se ha quedado corto. Se han ido aplicando “parches” como el uso masivo de NAT en routers para que múltiples equipos compartan una sola IP pública, pero el problema de fondo seguía ahí.

Para resolverlo se diseñó IPv6, la versión 6 del protocolo. Pasa de 32 a 128 bits, usando notación hexadecimal en ocho grupos separados por dos puntos, lo que permite un número astronómico de direcciones disponibles.

IPv6 introduce cambios importantes además del propio tamaño del espacio de direcciones:

  • Desaparece el concepto clásico de broadcast y se apuesta por unicast, multicast y anycast para optimizar el tráfico.
  • Se fomenta la autoconfiguración de las direcciones en los dispositivos, reduciendo la dependencia de servidores DHCP tradicionales.
  • Las máscaras de red se simplifican con prefijos más claros y una jerarquía de direccionamiento que hace menos crítico “ahorrar” direcciones como en IPv4.
  • Los paquetes pueden manejarse de forma más eficiente gracias a encabezados mejor estructurados, lo que reduce el trabajo de los routers y agiliza el enrutamiento.
  • Se reduce la necesidad de NAT, permitiendo que muchos dispositivos vuelvan a tener direcciones públicas únicas y conexiones punto a punto más sencillas.

El despliegue de IPv6 es progresivo y depende mucho de los proveedores y operadores. Hoy conviven IPv4 e IPv6, y muchos usuarios ni se enteran de cuándo se usa uno u otro. Según datos de grandes actores como Google, el porcentaje de tráfico sobre IPv6 crece cada año, pero IPv4 sigue muy presente.

Cómo saber cuál es tu dirección IP

Localizar tu IP pública es muy sencillo. Solo tienes que abrir el navegador, ir a Google y escribir “cuál es mi IP”. Verás la dirección en los primeros resultados y, si entras en sitios específicos, podrás ver también detalles como el ISP, el país o si se detecta un proxy o una VPN.

Para ver tu IP privada el procedimiento varía según el sistema operativo. Es la dirección que te ha asignado el router dentro de tu red local.

Ver la IP privada en Windows

En Windows puedes usar la consola de comandos para ver rápidamente tus direcciones:

  • Abre el menú Inicio y busca “cmd” o “Símbolo del sistema”.
  • En la ventana que se abre, escribe ipconfig y pulsa Intro.
  • En el listado que aparece, busca las líneas “Dirección IPv4” y “Dirección IPv6” asociadas a tu adaptador de red (Wi‑Fi o Ethernet).

También es posible verlo desde la configuración gráfica, entrando en Configuración > Red e Internet, seleccionando tu red Wi‑Fi o Ethernet y revisando las propiedades de la conexión, donde aparecerá la IP al lado de “Dirección IPv4”.

Ver la IP privada en Linux

En la mayoría de distribuciones Linux se hace a través de la terminal:

  • Abre la terminal con el icono correspondiente o pulsando Ctrl + Alt + T.
  • Escribe ifconfig y pulsa Intro (en algunas distros puede que tengas que instalar el paquete net-tools).
  • También puedes usar los comandos alternativos ip addr o ip a.

En la salida verás los adaptadores de red (por ejemplo, wlo1 para Wi‑Fi o eth0 para cable). Junto a la etiqueta “inet” se muestra tu dirección IPv4 privada, y al lado de “inet6”, tu IPv6 privada si la tienes configurada.

Ver la IP privada en macOS

En Mac es bastante directo mediante la interfaz gráfica:

  • Ve al menú de Apple y entra en “Preferencias del sistema”.
  • Haz clic en “Red”.
  • Selecciona tu conexión (Wi‑Fi o Ethernet) y verás la IP en los datos de estado de la conexión.

También puedes usar la app Terminal y ejecutar ifconfig para ver información detallada de todos los adaptadores, como en Linux.

Ver la IP privada en móviles (iOS y Android)

En iPhone o iPad con iOS:

  • Abre “Ajustes”.
  • Entra en “Wi‑Fi”.
  • Toca el icono de información (la “i” en un círculo) junto a la red a la que estés conectado.
  • La dirección IP aparece en el apartado DHCP o en la sección correspondiente a IPv4.

En Android el menú puede variar según la marca, pero la idea es similar:

  • Ve a “Ajustes” o “Configuración”.
  • Entra en “Conexiones” o “Redes e Internet” y luego en “Wi‑Fi”.
  • Pulsa sobre la red a la que estás conectado y busca “Ajustes avanzados” o similar.
  • Verás la IP privada asociada a tu dispositivo dentro de esa red.

Si necesitas ver las IP de todos los dispositivos conectados a tu red, lo mejor es acceder a la interfaz de administración del router escribiendo su puerta de enlace (por ejemplo, 192.168.1.1) en el navegador y consultando el listado de “dispositivos conectados” o similar.

Cambiar la dirección IP: pública y privada

Cambiar la IP pública no siempre está en tu mano directa. En muchos casos basta con apagar y encender el router para que el ISP te asigne una nueva dirección dinámica, pero si tienes una IP fija contratada o necesitas un cambio concreto, deberás contactar con tu proveedor o plantearte servicios DDNS.

  ¿Qué es Google Chrome? Guía completa del navegador

Modificar la IP privada es mucho más sencillo y depende solo de la configuración de tu red local y de tu router o sistema operativo.

En Windows puedes forzar la renovación de IP mediante consola:

  • Abre “cmd” como antes.
  • Escribe ipconfig /release y pulsa Intro para soltar la dirección actual.
  • Luego escribe ipconfig /renew para pedir una nueva al servidor DHCP (normalmente el router).

En Linux, si usas un entorno gráfico, puedes ir a los ajustes de red, entrar en las propiedades de tu conexión, y en el apartado IPv4 elegir entre obtención automática (DHCP, IP dinámica) o manual, donde podrás definir una IP estática para tu equipo. Tras aplicar los cambios conviene reiniciar la interfaz o el propio equipo.

En redes más avanzadas, también se pueden configurar reservas de DHCP en el router para que siempre dé la misma IP privada a un dispositivo concreto, identificándolo por su dirección MAC.

Seguridad, privacidad y amenazas relacionadas con la IP

Tu dirección IP, sobre todo la pública, dice más de ti de lo que parece. Puede revelar tu proveedor, tu país e incluso tu ciudad aproximada, y sirve como punto de referencia para todo tipo de seguimientos y ataques, si no la proteges bien.

Los ciberdelincuentes pueden obtener tu IP de varias maneras: mediante ingeniería social (por ejemplo, convenciéndote para que te conectes a un determinado servicio o que les llames por Skype), analizando tu actividad en foros, comentarios, partidas online, correos maliciosos, etc.

Con tu IP pueden intentar distintas acciones maliciosas:

  • Rastrear tu ubicación aproximada con servicios de geolocalización y cruzar datos con redes sociales para identificarte y localizarte con bastante precisión.
  • Realizar ataques DDoS contra tu conexión, saturando tu IP con tráfico basura hasta que tu red quede inutilizable temporalmente, algo relativamente común en el mundo del gaming competitivo.
  • Escanear puertos de tu IP en busca de servicios vulnerables (webcams mal protegidas, servidores caseros, puertos abiertos del router…) para tratar de colarse en tus dispositivos.
  • Suplantar tu IP o usarla como “pantalla” para descargar contenido ilegal, distribuyendo material pirata o incluso contenido delictivo, con el riesgo de que las autoridades asocien esa actividad a tu conexión.

Por todo ello, proteger tu IP es una parte clave de la ciberseguridad doméstica y corporativa, igual que cuidar las contraseñas o mantener el antivirus al día.

Cómo ocultar y proteger tu dirección IP

La forma más efectiva de proteger tu IP pública es enmascararla para que los sitios que visitas y posibles atacantes vean otra dirección distinta a la tuya real.

Hay dos tecnologías principales para ello: los servidores proxy y las redes privadas virtuales (VPN).

Un proxy actúa como intermediario entre tu dispositivo e Internet: todo tu tráfico pasa primero por ese servidor, y hacia el exterior parece que la petición parte de la IP del proxy, no de la tuya. Sin embargo, muchos proxies añaden publicidad, no cifran el tráfico o incluso registran lo que haces, así que hay que elegir bien.

Una VPN va un paso más allá porque, además de ocultar tu IP, cifra todo el tráfico entre tu dispositivo y el servidor VPN, creando un “túnel” seguro incluso si estás en una Wi‑Fi pública insegura.

Cuando te conectas a una VPN:

  • Tu equipo se conecta a un servidor VPN remoto y establece un canal cifrado.
  • Todo tu tráfico sale a Internet desde la IP del servidor VPN, no desde la tuya real.
  • Puedes aparentar estar en otro país o región, lo que ayuda a esquivar bloqueos geográficos y a mantener tu privacidad.

Además de usar VPN o proxy, conviene seguir buenas prácticas para minimizar el riesgo asociado a la IP:

  • Configurar bien la privacidad en apps de mensajería y redes sociales, limitando quién puede contactarte o ver tus datos.
  • Utilizar contraseñas fuertes y únicas en routers, dispositivos y servicios online, evitando dejar claves por defecto.
  • Estar atento a correos y enlaces sospechosos que puedan llevarte a webs maliciosas capaces de explotar vulnerabilidades en tu navegador o tu sistema.
  • Instalar y mantener actualizado un buen antivirus o suite de seguridad que detecte malware, troyanos y otros intentos de intrusión.

Todo esto no elimina al 100 % los riesgos, pero reduce muchísimo la probabilidad de que tu IP se convierta en la puerta de entrada a problemas serios.

Entender qué es una dirección IP, cómo se organiza en públicas y privadas, estáticas y dinámicas, y qué diferencias hay entre IPv4 e IPv6 te da una visión mucho más clara de cómo funciona de verdad tu conexión a Internet, te ayuda a afinar la configuración de tus equipos, a resolver fallos típicos de red y, sobre todo, a tomar decisiones más conscientes sobre tu privacidad y tu seguridad cada vez que te conectas.

iptables
Artículo relacionado:
iptables en Linux: guía práctica, completa y sin rodeos