systemd 259: soporte para musl, seguridad y cambios clave

Última actualización: 16 de enero de 2026
  • systemd 259 introduce soporte experimental para musl y refuerza la seguridad del arranque al centrarse solo en TPM 2.0.
  • La versión añade mejoras en run0, systemd-oomd y en la infraestructura interna, con nuevas capacidades de IPC y carga paralela de módulos.
  • Se elevan los requisitos mínimos de sistema, alineando systemd con plataformas modernas y descartando entornos demasiado antiguos.
  • Distribuciones estables como Linux Mint 22.3 adoptan un enfoque más conservador, integrando versiones previas de systemd y priorizando la experiencia de escritorio.

systemd 259 soporte para musl

Con systemd 259 el ecosistema Linux vuelve a moverse, y no precisamente poco. Esta versión del framework de sistema más extendido en GNU/Linux introduce cambios profundos en compatibilidad, seguridad y gestión de recursos que van mucho más allá de una simple actualización rutinaria. Aunque muchas de estas novedades son técnicas, tienen consecuencias directas tanto para las distribuciones como para administradores y usuarios avanzados.

En esta entrega, systemd da un giro clave al abrir la puerta a musl como alternativa a glibc, endurece sus requisitos mínimos, refuerza su postura en materia de arranque seguro con TPM 2.0, continúa impulsando run0 como reemplazo de sudo y afina el comportamiento de systemd-oomd para controlar mejor el consumo de memoria. Todo ello manteniendo ese carácter expansivo y polémico que acompaña al proyecto desde hace años.

systemd, pieza central y polémica del Linux moderno

Hoy en día, systemd es el framework de sistema por defecto en la mayoría de distribuciones GNU/Linux de uso general: gestiona el arranque, los servicios, los logs, la sesión de usuario y un montón de tareas de bajo nivel que antes estaban repartidas en múltiples herramientas. Su filosofía de integrar cada vez más funcionalidades le ha dado un peso enorme dentro del sistema.

Esa capacidad de centralizar procesos, dependencias y utilidades críticas ha generado una adopción masiva, pero también un debate intenso en la comunidad. Para muchos, simplifica la administración y unifica comportamientos; para otros, supone un punto único de fallo y una complejidad difícil de auditar, con demasiadas responsabilidades concentradas en el mismo proyecto.

Desde hace varias versiones el ritmo de desarrollo es frenético, con lanzamientos frecuentes que añaden nuevos componentes, interfaces y mejoras internas. systemd 259 encaja de lleno en esa línea: no trae solo retoques menores, sino decisiones estratégicas que afectan a cómo se compilan las distribuciones, cómo arrancan los sistemas y cómo se gestionan los recursos bajo presión.

Dentro de este contexto, systemd 259 se sitúa como un punto de inflexión en compatibilidad de bibliotecas C, soporte de hardware de seguridad, herramientas de elevación de privilegios y requisitos de plataforma, consolidando aún más el papel de systemd en el corazón del sistema operativo.

Soporte experimental para musl: adiós al monopolio de glibc

systemd 259 novedades de compatibilidad

La novedad que más titulares se ha llevado es la aparición de soporte experimental para musl en systemd 259. Hasta ahora, el proyecto había estado muy fuertemente ligado a glibc, la biblioteca C de referencia para la mayoría de distribuciones GNU/Linux tradicionales.

musl, por su parte, es una biblioteca C ligera, muy valorada en sistemas minimalistas, contenedores y distribuciones orientadas a la eficiencia, como Alpine Linux y otras variantes enfocadas a reducir consumo de recursos y superficie de ataque. Durante años, la relación entre systemd y musl ha sido complicada precisamente por esa dependencia de glibc.

Con este paso, aunque todavía en fase experimental, systemd deja de ser tan excluyente en su relación con la libc. Se abre así la posibilidad real de combinar systemd con musl en entornos donde antes se optaba por alternativas de init o por evitar systemd directamente debido a las limitaciones de compatibilidad.

La llegada de este soporte implica cambios internos relevantes: se han tenido que ajustar asunciones de compilación, interfaces y llamadas específicas de glibc para permitir que musl pueda encajar sin romper el comportamiento esperado. A corto plazo, esto requiere pruebas intensivas por parte de distribuidores y usuarios avanzados, pero sienta las bases para una mayor diversidad tecnológica dentro del ecosistema Linux.

Este movimiento también responde a críticas históricas sobre el carácter “cerrado” de systemd respecto al resto de bibliotecas C. Aunque musl todavía no está soportada al mismo nivel de madurez que glibc en este contexto, el hecho de que se haya trabajado en esa dirección indica una voluntad clara de ampliar horizontes y reducir dependencias rígidas del stack GNU clásico.

Más seguridad en el arranque: solo TPM 2.0 para systemd-boot y systemd-stub

systemd 259 cambios en seguridad y TPM

Otro de los cambios de calado en systemd 259 afecta directamente al arranque seguro en sistemas UEFI. Los componentes systemd-boot (el gestor de arranque integrado) y systemd-stub (encargado de facilitar el arranque en entornos UEFI) han dejado de soportar TPM 1.2, centrándose exclusivamente en TPM 2.0.

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La idea detrás de esta decisión es reforzar la seguridad al apoyar solo la versión de TPM considerada hoy más robusta y actual. TPM 2.0 ofrece mejores capacidades criptográficas y un marco más flexible para escenarios como el arranque medido, la verificación de integridad o el sellado de secretos vinculados al estado del sistema.

La contrapartida es evidente: los equipos que sigan dependiendo de TPM 1.2 se quedan fuera del soporte de estas funciones. En la práctica, eso puede obligar a cambiar de placa base o a renunciar a determinadas características de arranque seguro basadas en systemd-boot y systemd-stub si el hardware no se actualiza.

En muchos entornos domésticos, sin embargo, Secure Boot y TPM suelen estar desactivados en instalaciones Linux, tanto por comodidad como por las fricciones históricas que han ocasionado en compatibilidad con drivers, arranques alternativos o sistemas duales con Windows.

Aun así, para escenarios corporativos o profesionales que dependen de una cadena de arranque asegurada con TPM 2.0, este cambio es coherente con la tendencia del sector: simplifica el código al eliminar compatibilidad heredada y reduce riesgos asociados a stacks criptográficos antiguos.

run0 gana peso como alternativa moderna a sudo

systemd 259 run0 alternativa a sudo

Entre las herramientas que más curiosidad despiertan en el ecosistema systemd se encuentra run0, pensado como sustituto de sudo. sudo lleva décadas siendo el estándar de facto para ejecutar comandos con privilegios elevados en sistemas tipo Unix, pero su diseño y su configuración arrastran inercias históricas.

Con run0, el equipo de systemd busca ofrecer un enfoque más integrado y controlado para la elevación de privilegios. En la versión 259 se incorpora una novedad clave: el argumento --empower, que permite iniciar una nueva sesión con privilegios aumentados sin cambiar de forma explícita al usuario root.

La filosofía detrás de esta opción es reducir todavía más el uso directo de la cuenta root, algo que en seguridad siempre se intenta evitar o, al menos, limitar al máximo. En lugar de entrar como root o de abusar de shells privilegiadas, se plantea un modelo basado en sesiones elevadas con controles más finos.

A pesar de ello, no todas las vías para gestionar privilegios elevados son iguales, y la adopción real de run0 todavía está en fase temprana. Administradores y distribuidores deberán valorar si su modelo encaja mejor que el de sudo en sus escenarios, teniendo en cuenta auditoría, compatibilidad con herramientas existentes y políticas de acceso ya establecidas.

En cualquier caso, el desarrollo activo de run0 indica que systemd no se limita a coordinar servicios, sino que aspira a cubrir más capas de la administración del sistema, incluida la gestión cotidiana de permisos que hasta ahora se delegaba casi por completo en utilidades externas.

systemd-oomd: más control sobre procesos que devoran memoria

En el terreno de la estabilidad del sistema, systemd 259 refuerza el papel de systemd-oomd como gestor de situaciones de memoria insuficiente. Este componente se encarga de reaccionar cuando la RAM se agota, matando procesos de forma selectiva antes de que el sistema entero quede paralizado.

La novedad destacada es la incorporación de las propiedades OOMKills y ManagedOOMKills en las unidades de servicio. Gracias a ellas es posible contabilizar cuántos procesos han sido terminados por el kernel o por el propio systemd-oomd, ofreciendo una visibilidad mucho mayor sobre cómo se resuelven las crisis de memoria.

Esta información es especialmente útil cuando una aplicación empieza a consumir RAM de forma descontrolada, ya sea por fugas de memoria, configuraciones erróneas o cargas inesperadas. Al poder rastrear cuántas veces ha intervenido el mecanismo OOM, los administradores pueden detectar patrones problemáticos y ajustar límites antes de que la situación se repita.

El planteamiento es que el sistema, en lugar de quedarse completamente bloqueado, mate de manera selectiva los procesos más dañinos, preservando la capacidad de respuesta global. Con estos contadores accesibles desde las unidades de systemd, resulta más sencillo auditar qué servicios son los culpables recurrentes de situaciones críticas.

En conjunto, las mejoras de systemd-oomd refuerzan una tendencia clara: convertir la gestión automática de recursos en una primera línea de defensa frente a fallos catastróficos, con métricas más detalladas y decisiones menos opacas para quien administra el sistema.

Otras mejoras internas y cambios relevantes en systemd 259

Más allá de los titulares principales, systemd 259 incluye una serie de ajustes técnicos que pulen diferentes áreas del framework y que pueden pasar desapercibidos, pero tienen impacto práctico en entornos reales.

Por un lado, la implementación de Varlink para la comunicación IPC del gestor de servicios se ha extendido y ahora expone muchas más capacidades. Esto facilita que herramientas externas y capas de administración puedan interactuar con systemd de manera más rica y estructurada, aprovechando mejor la información interna que maneja.

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También se han mejorado componentes como systemd-udevd y systemd-repart en lo que respecta a la relectura de tablas de particiones en dispositivos de bloque. El nuevo enfoque es más gradual y cuidadoso, reduciendo riesgos de incoherencias o interrupciones cuando cambian las particiones en caliente o se manipulan discos en sistemas complejos.

systemd-boot, además de los cambios de TPM, incorpora ahora diferentes niveles de log, lo que ayuda a depurar problemas de arranque y ajustar la verbosidad según las necesidades: desde salidas más silenciosas para entornos estables hasta registros detallados para sesiones de diagnóstico.

Otro punto interesante es que características como soporte de auditoría Linux, PAM, libacl, libblkid, libseccomp, libselinux y libmount pasan a cargarse mediante dlopen() en lugar de enlazado dinámico estándar. Esta estrategia reduce el peso base del binario y permite entornos más ligeros, especialmente útiles dentro de contenedores donde no siempre se requiere todo el conjunto de bibliotecas.

Además, systemd-modules-load ahora carga los módulos del kernel en paralelo, acelerando el proceso de arranque en máquinas con múltiples módulos configurados. A medida que los sistemas incorporan más funcionalidades en forma de módulos, esta paralelización ayuda a exprimir mejor las CPU modernas.

En el terreno criptográfico, systemd-integrity-setup amplía sus algoritmos compatibles y ahora soporta HMAC-SHA256, PHMAC-SHA256 y PHMAC-SHA512, reforzando el abanico de opciones para asegurar la integridad de datos y configuraciones sensibles.

Un cambio que muchos administradores notarán es que el modo de almacenamiento por defecto del journal pasa a ser “persistent” en lugar de “auto”. Esto quiere decir que, siempre que haya soporte, los logs se guardarán por defecto de manera permanente en disco, facilitando auditorías y diagnósticos posteriores sin necesidad de ajustar manualmente la configuración inicial.

Requisitos mínimos más exigentes: solo para plataformas modernas

La versión 259 también viene acompañada de un aumento claro en los requisitos mínimos que debe cumplir el sistema para poder ejecutar systemd en condiciones soportadas. Esta decisión refuerza la alineación con plataformas más modernas.

Entre los requisitos publicados destacan glibc 2.34 como versión mínima, lo que descarta directamente entornos anclados en bibliotecas C muy antiguas. También se exige al menos Linux 5.10 como versión de kernel, aunque los desarrolladores recomiendan la rama 5.14 para un funcionamiento más acorde con las funcionalidades actuales.

En el apartado de criptografía, OpenSSL 3.0.0 se convierte en el nuevo estándar mínimo, dejando atrás versiones anteriores con ciclos de soporte más cercanos a su fin. Junto a ello, la pila se completa con dependencias como cryptsetup 2.4.0 y libseccomp 2.4.0, necesarias para explotar adecuadamente las funciones de cifrado y aislamiento.

systemd 259 también requiere Python 3.9 o superior para determinadas herramientas y scripts, lo que implica que sistemas con ramas antiguas de Python deberán actualizarse si quieren mantener los flujos de trabajo integrados sin parches adicionales.

Se suman, además, componentes esenciales como libxcrypt 4.4.0, util-linux 2.37 y otras bibliotecas de espacio de usuario, todo ello encaminado a unificar la base tecnológica sobre versiones que garanticen seguridad y coherencia con el resto del ecosistema.

Como efecto colateral, estos requisitos pueden limitar la adopción de systemd 259 en hardware antiguo o distribuciones muy conservadoras, pero al mismo tiempo simplifican el mantenimiento del código y reducen la necesidad de arrastrar compatibilidad con APIs ya obsoletas.

Impacto en las distribuciones y en el usuario final

En la práctica, para la mayoría de usuarios de escritorio, la actualización de systemd no suele ser un momento crítico. En distribuciones de lanzamiento puntual (las típicas que se actualizan cada cierto tiempo con versiones grandes) lo normal es que se congele una versión de systemd durante todo el ciclo de vida, salvo parches importantes de seguridad o estabilidad.

Quienes prefieren tener siempre la versión más reciente del framework suelen decantarse por distribuciones de lanzamiento continuo, como Arch Linux u openSUSE Tumbleweed, donde systemd 259 llegará relativamente pronto y se integrará con rapidez en el flujo de actualizaciones.

Otros proyectos, como Fedora, mantienen una política de conservar la misma versión mayor de systemd durante la vida útil de cada edición estable, lo que aporta mayor predictibilidad a cambio de ir un poco por detrás del último lanzamiento en bruto.

Mientras tanto, el universo de distribuciones derivadas, como Linux Mint o sus variantes basadas en Ubuntu LTS, tiende a sincronizarse con el ritmo de la base sobre la que se construyen. Por ejemplo, Linux Mint 22.3 incluye systemd 255 y no adopta de inmediato la 259, priorizando estabilidad frente a la carrera por lo último de lo último.

Para administradores inquietos y entusiastas de las novedades, siempre existe la opción de probar systemd 259 en entornos de test o en distribuciones rolling, evaluando compatibilidad, impacto en servicios clave y comportamiento con hardware específico antes de pensar en migraciones en producción.

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Linux Mint 22.3 como contraste: estabilidad frente a vanguardia

A modo de contrapunto, merece la pena echar un vistazo a Linux Mint 22.3 “Zena”, que sirve de ejemplo claro de cómo algunas distribuciones priorizan la estabilidad mientras el ecosistema systemd sigue avanzando por su cuenta. Esta versión se presenta como la última actualización de la serie actual y está recomendada para todo tipo de usuarios, con soporte garantizado hasta abril de 2029.

Mint 22.3 se basa en Ubuntu LTS, con su stack actualizado pero conservador, y llega con un kernel Linux 6.14 pensado, entre otras cosas, para ofrecer mejor soporte a los procesadores AMD de última generación. En su base también encontramos systemd 255 y Mesa 25, configurando un entorno moderno pero sin asumir los riesgos de saltar a la última versión de cada componente.

La distribución se centra sobre todo en pulir la experiencia de escritorio. Cinnamon 6.6, su entorno principal, estrena un menú de aplicaciones rediseñado, más moderno y flexible, con esquinas redondeadas y una barra lateral que agrupa accesos al usuario, ubicaciones y aplicaciones favoritas. Las categorías pasan a un segundo plano para dar más protagonismo directo a las apps.

Este menú no solo cambia de cara, sino que recibe una revisión profunda a nivel interno, con un código más moderno que mejora la navegación con teclado, el refresco de contenidos y el mantenimiento futuro. La idea es que el usuario note un comportamiento más fluido y que el proyecto tenga una base más fácil de evolucionar.

Además, Mint refuerza el soporte de distribuciones de teclado y métodos de entrada, unificando el tratamiento de diseños tradicionales y métodos basados en IBus. De este modo, es posible combinar layouts XKB con métodos complejos, por ejemplo para japonés o chino, algo importante en entornos multilingües.

Todo este trabajo encaja con la estrategia de futuro de Mint y Cinnamon: asegurar plena compatibilidad con Wayland. Hasta ahora, el soporte de teclado bajo Wayland era bastante limitado, pero con esta versión tanto los diseños estándar como los métodos de entrada funcionan correctamente, y el teclado en pantalla se ha reescrito de forma nativa, abandonando dependencias externas.

A pesar de estos avances, Cinnamon sigue funcionando por defecto sobre X11, aunque ofrece una sesión experimental con Wayland que aún no se recomienda para entornos de producción. Esa sesión sirve, no obstante, como banco de pruebas de mejoras en el gestor de ventanas Muffin y otros componentes clave.

El escritorio se completa con mejoras en Nemo 6.6, el gestor de archivos, que añade un administrador de plantillas más completo, permite pausar y reanudar operaciones sobre ficheros, afina la precisión de las búsquedas y mejora el manejo de miniaturas y paneles divididos. También introduce indicadores visuales más claros para notificaciones pendientes y un applet de cambio de espacios de trabajo más intuitivo.

A ello se suman numeros pequeños ajustes en todo el sistema: un applet de luz nocturna con más opciones, mejoras en el escalado fraccional, más posibilidades de configuración en el selector Alt-Tab y un selector de temas reorganizado por familias y variantes, pensado para simplificar la personalización del aspecto.

Mientras Mint 22.3 cierra ciclo y se prepara el terreno para Linux Mint 23, basada en la próxima Ubuntu 26.04 LTS, el contraste con systemd 259 es evidente: el framework de sistema avanza a un ritmo vertiginoso, mientras las distribuciones de orientación estable seleccionan cuidadosamente qué saltos tecnológicos integrar en cada momento.

Con todos estos elementos sobre la mesa, systemd 259 se consolida como un hito importante en la evolución del init y gestor de servicios, rompiendo la dependencia exclusiva de glibc, apretando las tuercas de seguridad con TPM 2.0, afinando herramientas como run0 y systemd-oomd y elevando el listón de requisitos para adaptarse al Linux contemporáneo. Quien quiera exprimir todas estas novedades tendrá que apostar por plataformas y hardware acordes, mientras que las distribuciones más conservadoras seguirán marcando un ritmo propio para equilibrar estabilidad, soporte a largo plazo y adopción progresiva de estas capacidades.

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