Trucos para programas informáticos que multiplican tu productividad

Última actualización: 4 de abril de 2026
  • Domina atajos de Windows, del navegador y de YouTube para agilizar tareas diarias sin depender tanto del ratón.
  • Aprovecha funciones ocultas de Windows como escritorios virtuales, herramientas de captura, impresión a PDF y carpetas especiales.
  • Mejora tu código con principios como divide y vencerás, DRY, buenas prácticas de comentarios, control de versiones, tests y estructuras de datos eficientes.
  • Optimiza el desarrollo web con DevTools, automatización de tareas, foco en rendimiento y seguridad, y un entorno de trabajo bien configurado.

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Si pasas horas delante del ordenador, exprimir al máximo los programas informáticos que usas cada día puede marcar una diferencia brutal en tu productividad y en lo cómodo que trabajas. Desde atajos de teclado que casi nadie conoce, hasta formas inteligentes de organizar tus ventanas o escribir mejor código, hay un montón de pequeños trucos que, sumados, hacen que tu PC «vuele».

En las siguientes líneas vas a encontrar un recopilatorio muy completo de trucos para programas informáticos y para el propio sistema operativo, tanto si eres usuario de a pie como si te dedicas a la programación o al desarrollo web. Están explicados en castellano de España, con ejemplos claros y sin tecnicismos innecesarios, para que puedas ponerlos en práctica al momento y no se queden en simples curiosidades.

Trucos básicos de Windows y del escritorio para ir más rápido

atajos y trucos para ordenador

La mayoría de usuarios solo usa una parte mínima de lo que ofrece Windows. Teclas especiales como la de Windows, combinaciones de atajos de teclado o utilidades escondidas pueden ahorrarte muchos clics y un buen rato de ratón cada día.

La tecla Windows es tu mejor amiga en el día a día. Puedes combinarla con otras teclas para hacer acciones que normalmente harías a golpe de ratón: ir al escritorio, abrir el Explorador de archivos, bloquear el PC o mover ventanas por la pantalla en un segundo.

Algunos atajos con la tecla Windows que merece la pena memorizar son: Windows + D para mostrar el escritorio al instante, Windows + M para minimizar todas las ventanas, Windows + E para abrir «Este equipo» o el explorador de archivos, y Windows + L para bloquear la sesión si te levantas un momento de la mesa.

También puedes abrir directamente programas anclados a la barra de tareas usando la tecla Windows junto al número del icono: el primer icono empezando por la izquierda es el 1, el siguiente el 2, y así sucesivamente. Pulsar Windows + 1, por ejemplo, abre o activa el primer programa anclado, lo que es especialmente útil para el navegador, el correo o tu editor de código.

Otro truco poco usado es mover ventanas con el teclado. Si una ventana tiene el foco, puedes colocarla de forma rápida en un lado de la pantalla con Windows + Flecha izquierda o derecha, o llevarla a una esquina combinando flechas (por ejemplo, Windows + Flecha izquierda y luego Flecha arriba para ponerla en la esquina superior izquierda). Es perfecto para trabajar con dos aplicaciones a la vez.

Capturas de pantalla, grabaciones y recortes inteligentes

En algún momento vas a necesitar capturar lo que ves en pantalla, ya sea para mandar una incidencia, hacer un tutorial o guardar una compra online. Windows incluye varias herramientas que evitan instalar programas de terceros.

La herramienta de Recorte o Recortes te permite seleccionar solo la parte de la pantalla que te interesa. Puedes hacer un recorte rectangular, a mano alzada, solo la ventana activa o incluso la pantalla completa. Una vez sacado el recorte, es posible añadir anotaciones a mano, remarcar zonas o subrayar datos clave antes de guardarlo o enviarlo por correo.

Si necesitas ir un paso más allá y grabar la pantalla en vídeo, Windows 10 y posteriores integran la barra de juegos de Xbox, que no sirve solo para gamers. Con el atajo Windows + G se abre una barra donde puedes encontrar los controles de captura y pulsar el botón de grabación para registrar una ventana o el escritorio, con opción de añadir audio del micrófono.

Este método es ideal para grabar mini tutoriales para compañeros, enseñar a un cliente cómo usar un programa o guardar evidencia de un error para enviárselo al soporte técnico sin tener que describirlo por escrito.

Organización del escritorio, escritorios virtuales y enfoque

Cuando tienes muchas cosas abiertas a la vez, el escritorio se vuelve un caos y acabas perdiendo más tiempo buscando ventanas que trabajando. Windows incluye varias funciones que ayudan a tenerlo todo bajo control.

Los escritorios virtuales funcionan como espacios independientes donde organizar tus ventanas. Puedes dedicar uno al trabajo, otro a temas personales y otro a ocio. Para acceder a esta vista, usa Windows + Tab y pulsa en «Nuevo escritorio». Después, puedes ir saltando entre escritorios con Windows + Ctrl + Fecha izquierda o derecha, crear nuevos con Windows + Ctrl + D y cerrar el escritorio actual con Windows + Ctrl + F4.

Si lo que quieres es limpiar un poco el lío de ventanas al momento, existe un gesto llamado Aero Shake. Mantén pulsado el botón del ratón sobre la barra de título de la ventana que te interesa y sacúdela ligeramente: el resto de ventanas se minimizarán, dejando solo la importante en pantalla.

Para evitar distracciones innecesarias con notificaciones, el Asistente de concentración de Windows hace de modo «no molestar». Puedes activarlo desde el panel de acciones rápidas y configurarlo para que se ponga en marcha automáticamente en ciertas horas, mientras juegas, cuando duplicas pantalla o al usar aplicaciones a pantalla completa.

Otra zona clave para tu flujo de trabajo es el acceso rápido del Explorador. Esas carpetas que aparecen siempre arriba del todo se pueden personalizar a tu gusto: Anclar al acceso rápido para añadirla, o «Desanclar» para quitarla. Así tienes tus proyectos, documentos o descargas importantes siempre a mano.

Gestión de recursos, arranque y funciones ocultas de Windows

La productividad también depende de que el PC vaya fluido. Conviene conocer las herramientas y trucos para configurar componentes de PC que mejoran el rendimiento, porque si el sistema está ahogado, cualquier truco de teclado sirve de poco.

El Administrador de tareas es el centro de control para ver qué programa se está comiendo la CPU, la memoria o el disco. Puedes abrirlo con clic derecho en la barra de tareas y seleccionando «Administrador de tareas». Si solo ves una lista simple, pulsa en «Más detalles» para acceder a pestañas avanzadas y, sobre todo, a «Rendimiento», donde verás gráficas en tiempo real de CPU, RAM, disco y red.

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Controlar qué aplicaciones arrancan con Windows también marca mucho la diferencia. Además de la pestaña «Inicio» del Administrador de tareas, existen carpetas especiales de inicio automático. Por ejemplo, en C:\Users\TuUsuario\AppData\Roaming\Microsoft\Windows\Start Menu\Programs\Startup puedes colocar accesos directos de programas que quieres que se inicien solo con tu usuario.

Si quieres que un programa se cargue para todos los usuarios del equipo, deberás usar la carpeta C:\ProgramData\Microsoft\Windows\Start Menu\Programs\StartUp. Recuerda activar la vista de archivos ocultos en el Explorador para poder ver estas rutas sin volverte loco.

Hay también carpetas y comandos algo más «misteriosos» que te dan acceso rápido a montones de ajustes. Uno de los clásicos es la carpeta llamada GodMode.{ED7BA470-8E54-465E-825C-99712043E01C}. Si creas una carpeta nueva en el escritorio y le pones exactamente ese nombre, se convertirá en un panel de control avanzado con accesos a casi todos los ajustes de Windows.

Otra ruta curiosa es Shell:AppsFolder, que puedes escribir directamente en la barra de direcciones del Explorador. Esto abre una especie de menú secreto con todas las aplicaciones instaladas, en forma de lista simple, desde donde puedes abrirlas, crear accesos directos o anclarlas donde te haga falta.

Conviene también ajustar cuándo se reinicia el sistema por actualizaciones para no encontrarte con un reinicio sorpresa en mitad de un trabajo. Desde Configuración > Actualización y seguridad puedes usar «Cambiar horas activas» para indicar el tramo horario en el que sueles usar el PC y evitar que se reinicie en ese intervalo.

Más funciones útiles de Windows: PDF, mapas, notas y conectividad

Además de lo evidente, Windows trae un buen puñado de funciones prácticas que suelen pasar desapercibidas y que pueden ahorrarte instalar varios programas extra.

La impresión a PDF viene integrada de serie. En cualquier programa con opción de imprimir, selecciona como impresora «Microsoft Print to PDF». En lugar de salir por la impresora física, generará un archivo PDF que podrás guardar donde quieras, ideal para facturas, entradas, recibos o documentos que no quieres que se puedan editar fácilmente.

La aplicación Mapas permite descargar zonas para usar sin conexión. Dentro de su configuración encontrarás el apartado de «Mapas sin conexión», desde el que puedes bajar regiones completas. Es muy útil si llevas el portátil de viaje y no quieres depender siempre de la WiFi o de compartir datos desde el móvil.

Para apuntar ideas rápidas, recordatorios o pequeñas listas, las Notas rápidas (Sticky Notes) son perfectas. Solo tienes que abrir la app y pulsar en el botón + para crear nuevas notas. Se quedan flotando en el escritorio y, además, pueden sincronizarse con otros dispositivos para tener tus notas también en el móvil.

Compartir la conexión a Internet desde el PC puede sacarte de más de un apuro. La función de «Zona con cobertura inalámbrica móvil» (o hotspot) permite usar el ordenador como si fuese un router WiFi. Desde los ajustes rápidos puedes activarla, y en la configuración puedes cambiar el nombre de la red y la contraseña para que se conecten otros equipos o móviles.

Si trabajas con pantallas externas o una TV, el menú de proyección (Windows + P) te permite duplicar, ampliar o usar solo una de las pantallas. Además, con «Conectarse a una proyección inalámbrica» puedes enviar la imagen a televisores y dispositivos compatibles sin necesidad de cables HDMI.

Windows también ofrece un par de teclados en pantalla que te pueden venir de perlas aunque tengas teclado físico. Uno se activa escribiendo OSK en el cuadro Ejecutar (Windows + R), y el otro aparece activando el «botón del teclado táctil» desde la barra de tareas. Ideal para escribir caracteres que tu teclado no tiene, como la Ñ en un teclado inglés.

Atajos imprescindibles en navegadores y servicios online

Gran parte del tiempo frente al ordenador lo pasamos en el navegador, así que cualquier truco que reduzca clics ahí tiene un impacto directo en la productividad.

Cuando cierras por error una pestaña, no hace falta que re-busques el historial. Pulsando Ctrl + Shift + T puedes restaurar la última pestaña cerrada, con su contenido tal y como estaba, algo que salva vidas cuando cierras sin querer una página de trabajo.

Para abrir nuevas ventanas o pestañas muy rápido, recuerda: Ctrl + N abre una nueva ventana del navegador, Ctrl + T abre una nueva pestaña, y Ctrl + Shift + N lanza una ventana de navegación privada o de incógnito, que no guarda historial local.

Buscar texto dentro de una página web es tan sencillo como pulsar Ctrl + F y escribir el término que buscas. Para imprimir una web, Ctrl + P; para refrescar forzando la limpieza de caché, Ctrl + Shift + R, muy útil cuando una página se queda «atascada» mostrando datos antiguos.

Si el texto se ve demasiado pequeño o demasiado grande, puedes ajustar el zoom con Ctrl + + para aumentarlo, Ctrl + – para reducirlo y Ctrl + 0 para volver al tamaño original. Todo esto sin tocar ningún menú, en cuestión de segundos.

Para mejorar tus búsquedas en Google y afinar resultados hay operadores muy prácticos. Usar comillas (» «) obliga a que aparezca la frase exacta que has puesto, el asterisco * sirve como comodín cuando no recuerdas alguna palabra, el signo + fuerza a incluir términos que Google suele ignorar y el signo – excluye palabras que no quieres que aparezcan en los resultados.

Existen también comandos especiales de búsqueda como define:palabra para obtener definiciones, filetype:extensión junto a un término para encontrar directamente archivos de cierto tipo (por ejemplo, España filetype:pdf), music: para centrar la búsqueda en contenidos musicales o site:dominio para buscar solo dentro de una web concreta.

Si usas el cuadro de búsqueda del menú Inicio de Windows, puedes incluso hacer traducciones rápidas escribiendo algo como «traduce hola al inglés». Utiliza el buscador de Bing en segundo plano para devolverte la traducción sin que tengas que abrir el navegador.

YouTube, multimedia y pequeños gestos que ahorran tiempo

Incluso en cosas tan simples como ver un vídeo hay trucos que te agilizan la vida. YouTube, por ejemplo, permite manejar la reproducción con el teclado sin tener que ir al ratón todo el rato.

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Mientras reproduces un vídeo en YouTube, puedes usar la tecla K para pausar o reanudar, J para retroceder 10 segundos y L para avanzar 10 segundos. Así ajustas exactamente el punto que quieres ver, sin andar peleándote con la barra de progreso.

Más allá del vídeo, hay pequeños trucos muy útiles como restaurar una pestaña cerrada por error en cualquier navegador con Ctrl + Shift + T o usar Alt + Tab y Windows + Tab para cambiar rápidamente entre aplicaciones y ver todas las ventanas abiertas de un vistazo.

Los atajos generales de Windows cierran el círculo de productividad. Win + A abre el centro de notificaciones, Win + K el panel para conectar dispositivos, Win + P la proyección, Win + X el menú de herramientas avanzadas, Win + I la configuración, Win + . el selector de emojis y Win + Pausa la ficha de sistema clásico.

Trucos de programación: escribe mejor código con menos esfuerzo

Si te dedicas a la programación o estás empezando, hay una serie de principios y trucos que separan a un desarrollador del montón de uno que de verdad es eficiente, escribe código mantenible y trabaja cómodo a largo plazo.

El enfoque de divide y vencerás es una de las bases. En lugar de atacar un problema gigante como un bloque, lo troceas en subproblemas pequeños y manejables: funciones, módulos o clases que resuelven una parte concreta. Así se reduce la complejidad, se facilita la depuración y el código queda mucho más modular.

Imagina que vas a desarrollar un sistema de autenticación web. En vez de montar todo de golpe (registro, login, recuperación de contraseña, sesiones, seguridad), lo separas: por un lado el almacenamiento seguro de contraseñas, por otro la gestión de sesiones, por otro la validación de formularios. Es más fácil de probar, de mantener y de ampliar en el futuro.

Otra costumbre clave es escribir código legible. Eso pasa por elegir nombres de variables, funciones y clases que se expliquen solos, evitando abreviaturas crípticas como var1 o tmp. Nombres del estilo totalCost, numeroDeIntentos o userAge dejan muy claro qué guardan, sin tener que recurrir a comentarios redundantes.

En cuanto a los comentarios, menos es más pero bien usado. No sirve de nada poner // suma dos números en una función que se llama sumarDosNumeros. Mucho mejor documentar por qué implementas un algoritmo concreto o qué decisión de diseño has tomado: por ejemplo, explicar que usas una búsqueda binaria porque la lista está ordenada y mejora la eficiencia.

Un truco curioso para revisar tu propio código es el llamado Rubber Duck Debugging: consiste en explicarle tu código, paso a paso, a un pato de goma, a un objeto inanimado o a otra persona. En el momento en que intentas verbalizar la lógica, suelen aflorar errores, incoherencias o mejoras posibles que se te escapaban mirando la pantalla en silencio.

Control de versiones, automatización y depuración

Trabajar sin control de versiones hoy en día es un suicidio profesional. Git y plataformas como GitHub o GitLab se han convertido en herramientas básicas, da igual que programes solo o en equipo.

La clave con Git es hacer commits pequeños y frecuentes, en lugar de un mega commit con decenas de cambios. Eso facilita localizar de dónde viene un bug y hace mucho más cómoda la revisión. Además, los mensajes de commit deberían ser claros y específicos: mejor «Corrige validación en formulario de login» que «arreglo cosas».

Usar ramas (branches) para cada funcionalidad o corrección también ayuda a mantener limpio el código principal. Trabajas tu cambio en una rama aislada, la pruebas, revisas y, cuando está lista, la integras con main o master, evitando romper el código estable del proyecto.

Automatizar tareas repetitivas es otro salto de nivel. Si cada vez que quieres desplegar tienes que compilar, correr tests, generar documentación y hacer push, vas a perder tiempo y cometer errores humanos. Un simple script en Bash, Python o un Makefile puede encadenar todos esos pasos de forma automática.

Por ejemplo, un script que lance el build, ejecute los tests y solo si todo va bien envíe los cambios al repositorio remoto. Así reduces el riesgo de subir código roto y ahorras tiempo que puedes dedicar a resolver problemas reales en lugar de teclear siempre los mismos comandos.

A la hora de depurar, conviene conocer varias técnicas. Los clásicos mensajes con print, console.log o similares siguen siendo muy útiles para inspeccionar el valor de las variables en puntos concretos del código. Pero los depuradores integrados en los IDE permiten ir línea a línea, poner breakpoints, examinar el estado del programa y entender exactamente qué está pasando.

En lenguajes como Python puedes usar módulos de depuración como pdb, insertando un punto de ruptura con pdb.set_trace() para parar la ejecución justo en la línea que te interesa. En entornos como VS Code, IntelliJ o PyCharm, los paneles de depuración visual hacen todavía más fácil seguir la ejecución y detectar la causa raíz de un fallo.

Buenas prácticas: tests, estructuras de datos y principios de diseño

Más allá de que el código simplemente funcione hoy, necesitas que siga funcionando dentro de meses, cuando añadas funciones nuevas o toques partes delicadas. Ahí entran en juego las pruebas, las estructuras de datos adecuadas y ciertos principios de diseño.

Las pruebas unitarias son tu red de seguridad. Frameworks como JUnit en Java, PyTest en Python o Jest en JavaScript permiten escribir tests que comprueban de forma automática que tus funciones y módulos hacen lo que deben. Cuando refactorizas o amplías, lanzas la batería de pruebas y, si algo se rompe, lo sabes al momento.

El enfoque TDD (desarrollo guiado por pruebas) va un paso más allá: primero escribes la prueba que falla (porque la funcionalidad aún no existe), luego codificas lo mínimo para que pase y, por último, refactorizas. Puede parecer contraintuitivo, pero te obliga a pensar antes en el resultado que en la implementación, y suele dar lugar a diseños más limpios.

Elegir estructuras de datos eficientes marca mucho el rendimiento de tus programas. No es lo mismo buscar un elemento en una lista que en un diccionario (hashmap) o en un conjunto (set). Si vas a hacer muchas búsquedas por clave, un diccionario es infinitamente más rápido que recorrer una lista una y otra vez.

Lo mismo ocurre con colas, pilas o listas enlazadas. Cada estructura tiene sus ventajas según el tipo de acceso y modificación que necesites. Dominar estos conceptos y cómo se comportan a nivel de complejidad temporal y espacial es una de las diferencias claras entre un programador básico y uno sólido.

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En programación orientada a objetos, conviene aprovechar la herencia de forma sensata y evitar repetir código (el famoso principio DRY, Don’t Repeat Yourself). Si ves que copias y pegas bloques similares, probablemente te falta una clase base, una función reutilizable o una mejor abstracción.

También es importante no adelantarse inventando problemas que aún no existen. Diseñar código demasiado abstracto para cubrir casos hipotéticos suele complicarlo innecesariamente. Mejor resolver bien el problema real de hoy, dejando el diseño abierto a ampliaciones razonables en el futuro, pero sin sobre-ingeniería.

Por último, documentar bien los proyectos tanto en el propio código como en documentación separada es vital. Una buena documentación facilita que otros desarrolladores se sumen al proyecto, que tú mismo entiendas tus decisiones meses después y que el software pueda mantenerse y evolucionar sin volverse un infierno.

Desarrollo web: rendimiento, herramientas y seguridad

En el mundo del desarrollo web la cosa va todavía más deprisa: cada dos por tres sale un nuevo framework, una librería prometedora o una filosofía de arquitectura que «lo cambia todo». Está bien experimentar, pero hay que pisar suelo firme.

Antes de lanzar tu siguiente proyecto con el framework de moda, asegúrate de que dominas bien las bases: HTML, CSS y JavaScript puro. Frameworks como Svelte o Solid.js ofrecen ventajas interesantes, pero si no entiendes qué hacen por debajo, acabarás peleando contra ellos en cuanto quieras salirte del camino marcado.

Optimizar pensando en el usuario, no solo en el navegador, es otro punto clave. El usuario no sabe qué es SSR, SPA o API REST, solo percibe si tu página carga rápido, si es accesible, si funciona en su móvil y si no se rompe al primer clic raro que hace.

Herramientas como Lighthouse, integradas en Chrome, te dan métricas de rendimiento, accesibilidad y buenas prácticas. También es buena idea usar formatos de imagen modernos como WebP, aplicar lazy loading en imágenes pesadas y minimizar el JavaScript cargado para que la primera pintura de la página sea lo más rápida posible.

Las herramientas de desarrollo del navegador (DevTools) son otro pilar. El panel de Performance ayuda a detectar cuellos de botella y jank en las animaciones; el inspector de CSS, con sus guías y líneas de referencia, permite entender por qué un elemento no se alinea como debería; el panel de Network revela qué recursos están tardando demasiado en cargar.

Para automatizar tareas en entornos web, bundlers y herramientas como Webpack, Gulp o Vite se han vuelto estándar. Definiendo scripts en package.json puedes, por ejemplo, lanzar el servidor de desarrollo con npm run start, compilar con npm run build o ejecutar pruebas con npm run test, sin recordar comandos largos.

En el apartado de seguridad, no vale «ya lo miraré luego». Validar correctamente los datos en el servidor, escapar contenidos dinámicos, usar HTTPS y configurar políticas como Content Security Policy (CSP) reducen muchísimo riesgos de XSS, inyecciones y otros ataques típicos. Herramientas como OWASP ZAP permiten hacer un análisis de seguridad automatizado y encontrar vulnerabilidades frecuentes.

La documentación y la colaboración también cuentan muchísimo en web. Documentar tus APIs con Swagger facilita que otros equipos las consuman sin mil correos de ida y vuelta. Usar Storybook para tus componentes de interfaz ayuda a mantener una librería visual coherente y fácilmente testeable.

Y, de nuevo, Git es fundamental para el trabajo en equipo. Seguir estrategias como Git Flow, escribir mensajes de commit descriptivos y hacer pull requests bien explicadas mejora la calidad del código y reduce roces en el equipo.

Entorno de desarrollo y hábitos que marcan la diferencia

Más allá de los trucos concretos, tu entorno de trabajo influye mucho en lo rápido y cómodo que programas o trabajas con cualquier herramienta ofimática o profesional.

Un buen editor de código con las extensiones adecuadas puede ahorrarte muchísimas horas. En Visual Studio Code, por ejemplo, extensiones como Prettier para formatear código, Live Server para ver cambios en tiempo real en el navegador y GitLens para entender el historial de cada línea son casi imprescindibles en proyectos medianos y grandes.

Conocer bien los atajos de tu IDE (ya sea VS Code, IntelliJ, PyCharm u otro) es igual de importante que conocer los de Windows. Duplicar líneas, refactorizar nombres, moverte entre archivos y símbolos, abrir la paleta de comandos o usar la búsqueda global son acciones que vas a hacer constantemente, y hacerlas con teclas en lugar de ratón marca una gran diferencia.

Invertir tiempo en configurar el entorno a tu gusto no es perder el tiempo, es una inversión. Temas claros y oscuros bien elegidos, tamaño de fuente cómodo, atajos personalizados y una estructura clara de proyectos hacen que tu cerebro se centre en el problema, no en la herramienta.

Por último, no olvides que este mundillo cambia cada dos por tres. Mantener una actitud de aprendizaje continuo, ir probando nuevas ideas con moderación, seguir buenas fuentes de información y compartir tus propios trucos con otros usuarios te ayudará a seguir mejorando sin quemarte.

Aplicando poco a poco estos trucos para programas informáticos —desde atajos de Windows y navegadores hasta principios de programación, depuración, pruebas, seguridad web y configuración del entorno— conseguirás que tu día a día frente al ordenador sea más ágil, más fiable y bastante menos frustrante, y notarás cómo cada pequeña mejora se acumula hasta transformar por completo tu forma de trabajar.

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