Seguridad en apps móviles: riesgos, protección y buenas prácticas

Última actualización: 13 de febrero de 2026
  • La seguridad móvil protege datos personales, financieros y empresariales frente a malware, fraudes y filtraciones.
  • Google Play Protect y las tiendas oficiales aportan una capa clave de defensa, pero requieren buena configuración.
  • Los usuarios deben combinar actualizaciones, control de permisos, 2FA y apps de seguridad especializadas.
  • Los desarrolladores han de aplicar estándares como OWASP MASVS para diseñar apps móviles seguras desde el origen.

Seguridad en aplicaciones móviles

Hoy vivimos pegados al móvil y a sus aplicaciones, pero pocas veces nos paramos a pensar en qué riesgos asumimos cada vez que instalamos una app o nos conectamos a una red Wi‑Fi pública. Desde el robo de datos personales hasta ataques de malware a gran escala, las amenazas siguen creciendo al mismo ritmo que el número de smartphones en circulación.

Si utilizas el teléfono para trabajar, para gestionar tu dinero o simplemente para chatear y subir fotos, te interesa conocer cómo proteger tu dispositivo, qué hacen los sistemas de seguridad integrados como Google Play Protect y qué buenas prácticas deberías seguir tú y los desarrolladores. Vamos a verlo con calma, pero sin rodeos.

¿Por qué es tan importante la seguridad en las apps móviles?

La llamada seguridad móvil engloba todas las medidas destinadas a blindar tu smartphone o tablet frente a problemas como filtraciones de datos, espionaje, malware, ransomware o estafas. No se trata solo de instalar un antivirus y olvidarse, sino de entender que el móvil concentra hoy gran parte de nuestra vida digital: contactos, fotos, credenciales, apps bancarias, trabajo, ocio, etc.

En los últimos años el número de usuarios de smartphones se ha disparado y eso ha hecho que los delincuentes pongan el foco en este tipo de dispositivos. Empresas de ciberseguridad han detectado decenas de millones de ataques de malware, adware y riskware en móviles en un solo año, con incrementos notables de un año a otro. Es decir, el móvil ya no es un objetivo secundario, es el objetivo principal.

Además, hay que tener en cuenta que no es lo mismo proteger el móvil personal de un adolescente que el dispositivo corporativo de alguien que maneja datos sensibles de empresa. Sin embargo, en ambos casos el punto débil suele ser el mismo: instalaciones de apps sin revisar, uso de redes Wi‑Fi abiertas, contraseñas débiles y una falsa sensación de seguridad.

Principales riesgos: qué se puede robar o dañar con una app insegura

Cuando hablamos de seguridad de aplicaciones móviles no solo pensamos en virus clásicos. Una app mal diseñada o malintencionada puede provocar robo de información sensible, pérdidas económicas y daños reputacionales tanto para usuarios como para empresas.

Uno de los peligros más habituales es el robo de datos personales y credenciales de inicio de sesión. Hablamos de nombres, direcciones de correo, números de teléfono, contraseñas de plataformas y redes sociales, etc. Con esos datos se pueden suplantar identidades, abrir nuevas cuentas o acceder a otras aplicaciones donde reutilices contraseñas.

Otro frente crítico son los datos financieros robados: tarjetas de crédito, accesos a banca online, servicios de pago móvil, carteras de criptomonedas o apps de comercio electrónico. Muchas campañas de malware se centran, precisamente, en interceptar códigos SMS, pantallas o formularios de apps financieras para vaciar cuentas o realizar pagos fraudulentos.

En el caso de empresas y profesionales, entra en juego además el robo de propiedad intelectual: código fuente, documentos internos, diseños, estrategias de negocio o información de clientes almacenada o accesible desde el móvil. Un ataque bien ejecutado contra una app corporativa puede volcar años de trabajo en cuestión de minutos.

No hay que olvidar el daño a la reputación. Una brecha en una app oficial (por ejemplo, de un banco, una compañía de seguros o un servicio de mensajería) puede erosionar la confianza de miles o millones de usuarios. A menudo el impacto reputacional y las posibles sanciones regulatorias por mala protección de datos son tan graves como el ataque en sí.

5 motivos por los que las amenazas contra apps móviles no paran de crecer

Los atacantes han aprendido a sacar partido del ecosistema móvil. Hoy en día existen cinco grandes factores que favorecen el aumento de los ataques contra aplicaciones instaladas en smartphones y tablets.

En primer lugar, los ciberdelincuentes aprovechan las propias plataformas de distribución de apps. A través de ataques a la cadena de suministro, pueden comprometer SDK (kits de desarrollo) usados por aplicaciones legítimas muy populares. Así, un único incidente en una librería que utilizan varias apps puede acabar infectando a millones de dispositivos sin que el usuario sea consciente.

Un segundo factor es el almacenamiento inseguro de datos dentro de las aplicaciones. Cuando la información sensible (tokens, claves API, datos personales) se guarda sin la protección adecuada, es mucho más sencillo extraerla mediante ingeniería inversa, dispositivos rooteados o apps maliciosas que se aprovechan del acceso a áreas compartidas.

También pesan las vulnerabilidades en las comunicaciones. Si una app no cifra correctamente el tráfico con el servidor o acepta certificados inseguros, un atacante en la misma red (por ejemplo, en un Wi‑Fi público) puede interceptar y manipular datos en tránsito, desde credenciales hasta información bancaria.

A lo anterior se suman procedimientos de autenticación deficientes. Apps que siguen permitiendo contraseñas débiles, que no aplican bloqueos tras varios intentos fallidos o que no aprovechan sistemas biométricos y autenticación multifactor, facilitan que cualquiera con acceso físico al móvil o con credenciales filtradas pueda entrar sin demasiada dificultad.

Por último, muchas aplicaciones hacen un uso inadecuado del cifrado de datos. Emplean algoritmos obsoletos, gestionan mal las claves criptográficas o mezclan en el mismo lugar datos cifrados y sin cifrar, lo que abre la puerta tanto a ataques locales como remotos contra la confidencialidad de la información.

Google Play Protect: la primera barrera de protección en Android

En dispositivos Android, Google integra un sistema llamado Google Play Protect que funciona como un guardián automático de las apps y del propio sistema. Aunque no sustituye a un buen comportamiento por parte del usuario ni a otras soluciones de seguridad, aporta una capa muy valiosa de protección continua.

Este sistema analiza previamente las aplicaciones disponibles en Google Play antes de que las descargues, buscando comportamientos sospechosos o maliciosos. De este modo, muchas apps peligrosas se bloquean antes de llegar siquiera a los dispositivos de los usuarios, reduciendo el riesgo desde la fuente.

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Además, Google Play Protect revisa de forma periódica el conjunto de apps instaladas en el móvil, incluyendo las que proceden de fuentes externas a la tienda oficial. En su jerga, a estas aplicaciones potencialmente dañinas se las denomina malware y pueden ser detectadas aunque las hayas instalado manualmente desde un archivo APK.

Cuando el sistema identifica una app como peligrosa, puede actuar de varias formas. Puede mostrar una advertencia animándote a desinstalarla, puede inhabilitarla para que deje de funcionar hasta que la quites o incluso eliminarla automáticamente. En la mayoría de los casos, recibirás una notificación explicando qué ha pasado y qué medidas se han tomado.

Google Play Protect también emite alertas de privacidad cuando detecta aplicaciones que ocultan información relevante o abusan de los permisos de usuario, vulnerando las políticas de software no deseado o las normas para desarrolladores. En determinadas versiones de Android, incluso puede restablecer permisos otorgados a apps que apenas utilizas para reducir el acceso innecesario a tus datos.

Por último, este sistema puede impedir que se instalen apps no verificadas que solicitan permisos especialmente sensibles que suelen emplearse para fraudes financieros, bloqueando así muchos intentos de estafa antes de que el daño se materialice.

Cómo comprobar y ajustar Google Play Protect en tu dispositivo

Para sacarle partido a esta capa de protección conviene comprobar que todo está en orden. En primer lugar, puedes verificar si tu dispositivo está certificado para Play Protect. Basta con abrir la app de Google Play Store, tocar el icono de tu perfil en la esquina superior derecha, entrar en la sección de ajustes y buscar el apartado de información, donde aparecerá el estado de certificación.

En condiciones normales, Google Play Protect viene activado de serie, pero es posible deshabilitarlo manualmente. Por motivos de seguridad, es muy recomendable mantenerlo siempre encendido. Si quieres revisar o cambiar este ajuste, entra en Google Play Store, pulsa sobre tu perfil, accede a Play Protect y después a sus ajustes, donde podrás activar o desactivar el análisis de aplicaciones.

Cuando instalas apps desde fuera de la tienda oficial, el sistema puede pedirte permiso para enviar a Google copias de esas aplicaciones desconocidas. Si activas la opción de mejorar la detección de software dañino, Play Protect remitirá automáticamente muestras de esas apps a los servidores de Google para analizarlas en profundidad a nivel de código.

El proceso para gestionar esta función pasa también por Google Play Store y el menú de Play Protect. Desde sus ajustes encontrarás un interruptor para encender o apagar la opción de mejora de detección. Si trabajas como desarrollador, es posible que se te solicite subir manualmente cada nueva versión de tu app para facilitar este tipo de análisis y prevenir falsos positivos o problemas de seguridad.

En versiones de Android entre la 6.0 y la 10, Play Protect incorpora además un mecanismo para resetear automáticamente los permisos de apps que no uses durante tres meses. Recibirás avisos cuando esto ocurra, y desde la propia interfaz de Play Protect puedes entrar en el apartado de permisos de aplicaciones no utilizadas para revisar qué se ha restablecido.

Si no quieres que un permiso concreto se quite de forma automática en una app específica, puedes abrir la lista de aplicaciones, seleccionar la que te interese y desactivar la opción de quitar permisos cuando no se use. Eso sí, una vez Play Protect haya eliminado permisos, no los volverá a otorgar por su cuenta, simplemente dejará de tocar los demás.

Qué hace Google con los datos relacionados con el software malicioso

Para poder detectar amenazas con eficacia, Google necesita cierta información técnica de tu dispositivo. Entre otros datos, puede recopilar información sobre las conexiones de red, las URLs potencialmente peligrosas y las aplicaciones instaladas, tanto si han llegado desde Google Play como desde otras fuentes.

Cuando una app o un enlace web se considera inseguro, es posible que recibas una advertencia explicando que puede suponer un riesgo para el dispositivo, tus datos o tu propia seguridad. En casos más graves, Google puede eliminar automáticamente la aplicación o bloquear la instalación y acceso a esa URL si se sabe que es dañina.

Es frecuente que Play Protect recomiende analizar aplicaciones que no estén en Google Play y que nunca hayan sido evaluadas antes. Durante ese examen se envían detalles técnicos a los servidores de Google, se evalúa el código y, al cabo de poco tiempo, se muestra un resultado indicando si la app parece segura o si se ha clasificado como potencialmente peligrosa.

Algunas de estas funciones se pueden desactivar desde los ajustes del dispositivo si quieres limitar el envío de datos, pero incluso en ese escenario Google puede seguir recibiendo cierta telemetría básica relacionada con las apps que descargues desde su propia tienda para mantener la seguridad general del ecosistema.

Certificación del dispositivo y error “El dispositivo no está certificado”

Conviene tener claro que Google Play Protect y la certificación del dispositivo son cosas distintas. Puede ocurrir que todo parezca correcto en Play Protect y aun así veas el aviso de que el dispositivo no está certificado para Google Play.

Si aparece el mensaje “El dispositivo no está certificado”, no sirve de nada intentar arreglarlo tocando los ajustes de Play Protect. En su lugar, se debe pulsar el botón que indica que hay un problema con el dispositivo y seguir las instrucciones que ofrece Google en pantalla para completar el proceso de verificación o regularización del terminal.

En caso de no localizar la opción, puedes abrir la aplicación de Google Play, tocar tu imagen de perfil, entrar en la configuración, ir al apartado de información y desplazarte hasta el campo de certificación de Play Protect, donde se muestran tanto el estado como la opción para corregir posibles errores y consultar documentación adicional sobre las causas y soluciones más habituales.

Tipos de amenazas móviles más habituales

Más allá de los fallos de configuración, el gran enemigo de la seguridad móvil son las distintas familias de malware y técnicas de ingeniería social que buscan colarse en nuestros dispositivos. Para poder defenderte adecuadamente, conviene reconocer las principales categorías.

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Una de las más frecuentes es el adware, software que muestra publicidad de forma agresiva y que, en muchos casos, sirve como puerta de entrada para amenazas más serias. En algunos análisis recientes, más del 40 % de las amenazas detectadas en móviles se encuadraban en esta categoría, lo que da una idea de su alcance.

También preocupan las filtraciones de datos a través de permisos abusivos en las apps, en especial en aquellas que se presentan como gratuitas. Algunas recopilan más información de la necesaria con fines comerciales o incluso para venderla a terceros. Cambios en los sistemas operativos, como la transparencia en el seguimiento de apps introducida en iOS, han intentado poner freno a esta práctica obligando a pedir un consentimiento más claro.

Otro vector muy explotado son las redes Wi‑Fi públicas o mal configuradas. Al no estar cifradas o hacerlo de forma débil, permiten a un atacante conectado a la misma red interceptar datos en tránsito, manipular el tráfico o incluso montar puntos de acceso falsos que simulan ser redes legítimas para robar credenciales y sesiones activas.

Los clásicos ataques de phishing también se han adaptado al mundo móvil. Correos electrónicos, SMS o mensajes en apps de mensajería que imitan a bancos, servicios de mensajería o plataformas conocidas buscan que introduzcas tus datos de acceso en webs falsas o que descargues adjuntos maliciosos que instalarán malware en tu dispositivo.

En el terreno del espionaje más encubierto encontramos el spyware y el stalkerware, aplicaciones de rastreo que pueden registrar tu ubicación, tus mensajes o tus llamadas sin que te des cuenta. Este tipo de software se ha detectado en decenas de miles de dispositivos en análisis recientes, afectando tanto a víctimas de control abusivo como a usuarios objetivo por su posición profesional.

Dentro del paraguas general del malware móvil entran troyanos bancarios, ransomware que cifra tus archivos para pedir un rescate, herramientas que interceptan códigos de verificación o que roban archivos y credenciales. El vector de entrada suele ser un enlace sospechoso, una app descargada fuera de tiendas oficiales o un archivo adjunto malicioso abierto sin verificar.

Por último, hay que mencionar los ataques de ciberterrorismo y ciberespionaje dirigidos contra altos cargos, empleados de grandes compañías o funcionarios. En estos casos, los móviles personales o corporativos se convierten en puertas de acceso a redes críticas y a grandes volúmenes de información estratégica.

Buenas prácticas básicas para usuarios: cómo proteger tu móvil y tus apps

La tecnología de seguridad ayuda, pero tu comportamiento marca la diferencia. Existen una serie de buenas prácticas que cualquier usuario debería aplicar

Lo primero es mantener siempre actualizado el sistema operativo. Cada nueva versión de Android o iOS incorpora parches de seguridad que corrigen vulnerabilidades descubiertas. Si pospones indefinidamente las actualizaciones, dejas tu dispositivo expuesto a fallos para los que los atacantes ya tienen exploits preparados.

También es muy recomendable desactivar la conectividad remota cuando no la necesites: Bluetooth, AirDrop, Wi‑Fi o puntos de acceso personales. En espacios públicos, cuanta menos superficie de ataque ofrezca tu dispositivo, mejor. Así reduces las posibilidades de conexiones no autorizadas o intentos de envío de contenido malicioso.

A la hora de instalar nuevas apps, acostúmbrate a revisar cuidadosamente los permisos que solicitan. Pregúntate si de verdad una linterna necesita acceder a tus contactos o si un juego requiere tu ubicación permanente. Si encuentras una aplicación desconocida que no recuerdas haber instalado, elimínala de inmediato.

Otro consejo clave es descargar aplicaciones solo desde tiendas oficiales como Google Play, App Store o los repositorios reconocidos de tu región. Dentro de estas tiendas, fíjate en las reseñas, en el número de descargas, en quién es el desarrollador y en sus otras apps. Pocas opiniones todas perfectas o un nombre famoso con muy pocas instalaciones son señales para desconfiar.

Para el bloqueo del propio dispositivo, aprovecha las opciones de acceso biométrico: huella dactilar o reconocimiento facial. Su combinación con un PIN o contraseña robusta hace mucho más difícil que alguien que robe o encuentre tu móvil acceda directamente a tus datos y aplicaciones.

Finalmente, recuerda activar la autenticación de dos factores (2FA) en los servicios importantes. Siempre que sea posible, utiliza aplicaciones de autenticación en lugar de SMS, ya que son menos vulnerables a ciertos tipos de ataques. Un gestor de contraseñas puede ayudarte a crear claves diferentes y complejas para cada servicio sin tener que memorizarlas todas.

Aplicaciones que ayudan a mejorar la seguridad y la privacidad

Además de las funciones integradas del sistema operativo, existen muchas aplicaciones diseñadas específicamente para reforzar la seguridad y la privacidad de tu dispositivo móvil. Conviene conocer los principales tipos y qué aportan.

Los antivirus, antimalware y antirransomware móviles son la primera línea de defensa frente a software malicioso. Analizan en tiempo real las apps, los archivos que descargas y el comportamiento del sistema para detectar patrones sospechosos antes de que el daño sea irreversible. Una solución de confianza añade protección extra a Play Protect o mecanismos nativos similares.

Las aplicaciones antirrobo y de localización de dispositivos aprovechan el GPS para mostrar la posición del móvil en caso de pérdida o robo. Algunas permiten hacer sonar una alarma, mostrar mensajes en pantalla, bloquear el terminal o borrar los datos a distancia. Eso sí, es importante dar acceso a la ubicación solo a apps fiables y revisar estos permisos de vez en cuando.

Herramientas como los bloqueadores de aplicaciones te permiten proteger el acceso a ciertas apps con un PIN adicional, un patrón o la huella dactilar. Así, aunque alguien pueda desbloquear el teléfono, no tendrá tan fácil abrir tu correo, tus redes sociales o tus herramientas de mensajería sin ese segundo nivel de seguridad.

Los gestores de contraseñas almacenan de forma cifrada tus credenciales, permitiéndote crear claves largas y complejas sin necesidad de recordarlas. Muchos generan automáticamente nuevas contraseñas, avisan cuando una ha sido comprometida y sincronizan la información entre dispositivos de forma segura, lo que es especialmente útil si usas el móvil para trabajar.

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Las aplicaciones de verificación en dos pasos o autenticación multifactor generan códigos de un solo uso que refuerzan el acceso a tus cuentas más importantes. Combinadas con un buen hábito de cambiar contraseñas periódicamente, dificultan mucho el trabajo a quien consiga robar o comprar tus claves en la dark web.

En el terreno de la navegación, hay navegadores y apps centradas en la privacidad que bloquean rastreadores, filtran URLs maliciosas, reducen la publicidad invasiva y hacen más difícil que terceros creen un perfil detallado de tus hábitos online. Complementan a los bloqueadores de anuncios y detectores de phishing, que añaden capas adicionales de protección en webs sospechosas.

Por último, algunas organizaciones ofrecen aplicaciones de análisis integral de seguridad del dispositivo que revisan la configuración, detectan apps maliciosas o de riesgo, y recomiendan cambios para mejorar tu nivel de protección. Este tipo de herramientas son especialmente útiles si no te manejas demasiado bien con los ajustes de seguridad del sistema.

Buenas prácticas específicas para desarrolladores de apps móviles

La responsabilidad de la seguridad móvil no recae solo en los usuarios. Los desarrolladores tienen un papel clave a la hora de minimizar riesgos desde el propio diseño de las aplicaciones. La fundación OWASP recopila en su estándar MASVS una serie de requisitos y buenas prácticas que merece la pena tener presentes.

Un aspecto crítico es almacenar de forma segura los datos sensibles y evitar fugas de información. Las apps suelen manejar información personal, tokens de sesión, claves API o credenciales. Todo esto debe protegerse adecuadamente tanto si se guarda en almacenamiento interno como si se ubica en zonas a las que puedan acceder otras aplicaciones.

Está igualmente recomendado usar mecanismos criptográficos robustos para cifrar datos sensibles y gestionar correctamente las claves a lo largo de su ciclo de vida: generación, almacenamiento, rotación y revocación. Una criptografía fuerte mal gestionada puede ser casi tan peligrosa como no cifrar nada.

En el apartado de control de acceso, conviene implementar protocolos de autenticación y autorización sólidos, especialmente en aplicaciones que se conectan a servicios remotos o que realizan operaciones delicadas. Es recomendable separar la autenticación inicial de mecanismos adicionales para acciones de alto riesgo, por ejemplo, reclamando autenticación multifactor para ciertas transacciones.

Las comunicaciones entre la app y sus endpoints deben protegerse mediante protocolos seguros como TLS y una validación estricta de certificados. Además, se aconseja evitar bibliotecas de terceros que debiliten esa protección permitiendo, por ejemplo, certificados autofirmados sin controles adecuados o ignorando errores de validación.

Otro frente importante es la forma en que la app interactúa con la plataforma móvil: mecanismos IPC, WebViews, interfaz gráfica, capturas de pantalla, etc. Una mala gestión de estos elementos puede derivar en exposición de datos críticos, abuso de funciones internas o exfiltración de información mediante técnicas de overlay y otros trucos habituales en malware.

Por último, las buenas prácticas de desarrollo seguro pasan por sanear y validar siempre los datos entrantes, usar únicamente componentes sin vulnerabilidades conocidas, imponer mecanismos de actualización obligatoria cuando se publican parches críticos y limitar el soporte a versiones del sistema operativo que ya no reciban correcciones de seguridad.

Control de permisos, privacidad del usuario y auditorías de seguridad

Además de la parte puramente técnica, los desarrolladores deben tomar muy en serio la protección de datos personales y el cumplimiento normativo. Reglamentos como el RGPD europeo fijan obligaciones estrictas que se trasladan directamente al diseño y funcionamiento de las apps.

Una buena práctica fundamental es minimizar el acceso de la app a datos y recursos sensibles. Solo se deben solicitar los permisos imprescindibles para que la aplicación funcione correctamente, evitando pedir acceso a contactos, ubicación o cámara si no es estrictamente necesario.

También es recomendable aplicar técnicas de anonimización o seudonimización de datos, de forma que la información almacenada o transmitida reduzca al mínimo la posibilidad de identificar directamente a un usuario. Esto ayuda a mitigar el impacto de un posible incidente de seguridad.

La transparencia es clave: el usuario debe tener clara qué información recopila la app, con qué fin y durante cuánto tiempo. Además, tiene que poder gestionar, modificar y borrar sus datos, así como cambiar fácilmente las preferencias de privacidad desde opciones accesibles dentro de la propia aplicación.

Para reforzar estas medidas, resulta muy útil someter periódicamente las aplicaciones a auditorías de seguridad. En estas revisiones, especialistas en ciberseguridad realizan pruebas estáticas y dinámicas para identificar vulnerabilidades en el almacenamiento de datos, en los mecanismos de autenticación, en el uso de WebViews o en las conexiones de red.

Los informes resultantes suelen incluir recomendaciones prácticas para corregir las debilidades detectadas, priorizando las que representan un riesgo más elevado. Incorporar este tipo de auditorías en el ciclo de vida de desarrollo es una de las mejores formas de asegurarse de que las buenas prácticas no se quedan solo en papel.

Al final, combinar sistemas como Google Play Protect, aplicaciones especializadas en seguridad, buenas prácticas de uso por parte del usuario y un desarrollo responsable apoyado en estándares como los de OWASP es la forma más eficaz de disfrutar de las ventajas de las apps móviles sin convertir el smartphone en un quebradero de cabeza permanente.

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