Servidores DNS: guía completa para sacarles todo el partido

Última actualización: 27 de marzo de 2026
  • Los servidores DNS traducen dominios a direcciones IP y son clave en la velocidad, seguridad y disponibilidad de tu conexión.
  • Usar DNS alternativos a los de la operadora permite ganar rendimiento, evitar bloqueos y añadir capas de privacidad y filtrado.
  • Existen numerosos DNS públicos (Cloudflare, Google, Quad9, OpenDNS, AdGuard, etc.) con enfoques distintos en rapidez, seguridad y control parental.
  • Cambiar y probar DNS en router, PC y móvil es sencillo y, combinado con cifrado (DoH, DoT, DNSCrypt), mejora notablemente tu experiencia online.

servidores DNS

Si alguna vez has notado que Internet va más lento de la cuenta, páginas que no cargan o ciertos sitios bloqueados sin motivo aparente, es muy posible que el problema no esté ni en tu WiFi ni en tu router, sino en los servidores DNS que estás usando sin saberlo.

Qué es un servidor DNS y cómo funciona realmente

DNS son las siglas de Domain Name System, o Sistema de Nombres de Dominio. Su misión principal es traducir nombres como «xataka.com» o «olin.es» en direcciones IP numéricas del estilo 84.56.96.21, que son las que entienden los ordenadores y los routers cuando se conectan entre sí.

En lugar de recordar un puñado de números por cada web, podemos usar nombres fáciles, y el DNS se encarga de hacer de “agenda de contactos” o “guía telefónica” de Internet. Este sistema está construido como una base de datos jerárquica y distribuida repartida por todo el mundo, no es un único servidor gigante, sino miles de ellos trabajando de forma coordinada.

Dentro del ecosistema DNS podemos distinguir varios tipos de componentes con funciones muy concretas, algo clave para entender cómo se resuelve una consulta y dónde pueden aparecer problemas de velocidad o seguridad.

Por un lado están los servidores DNS recursivos o resolutores, a los que tu dispositivo envía la petición cuando escribes una dirección web. Estos resolutores se encargan de ir preguntando al resto de la infraestructura DNS hasta encontrar la IP de la web que quieres visitar. Por otro lado están los servidores de nombres autoritativos, que almacenan los registros oficiales de cada dominio: los de la raíz, los de los dominios de primer nivel (.com, .es, .org…) y los de cada dominio concreto.

Cuando tecleas, por ejemplo, «www.example.com», tu navegador lanza una consulta DNS al servidor recursivo configurado en tu equipo o router. Este, si no tiene la respuesta en caché, va saltando de servidor autoritativo en servidor autoritativo (raíz → TLD → dominio) hasta que encuentra el registro A (o AAAA en IPv6) con la IP correcta, se la devuelve al navegador y se establece la conexión con el servidor web.

Además de los servidores como tal, también podemos hablar de tres “niveles” de nombres DNS: los nombres de usuario (los dominios que ves a diario: .es, .org, .info, etc.), los resolutores de nombres en el propio sistema operativo (como el archivo /etc/hosts en Linux o la caché local de Windows) y los servidores de nombres que mantienen las tablas dominio-IP y atienden las consultas que llegan desde cualquier parte del mundo.

En el día a día, tu sistema operativo mantiene una caché DNS local: si ya has visitado una web hace poco, guarda durante un tiempo la IP correspondiente y así no tiene que preguntar otra vez a los servidores externos, lo que ahorra tiempo y reduce la carga de la red.

imagen sobre servidores DNS

Jerarquía DNS y estructura de los nombres de dominio

El sistema DNS está organizado como un árbol invertido. Cada dominio se compone de etiquetas separadas por puntos, desde la parte más genérica a la más específica: por ejemplo, en «www.profesionalreview.com», «com» es el dominio de primer nivel (TLD), «profesionalreview» es el dominio de segundo nivel, y «www» es un subdominio.

Cada etiqueta del dominio es una cadena de caracteres alfanuméricos donde también se permite el guion «-». El estándar limita cada etiqueta a un máximo de 63 caracteres y el nombre completo del dominio no puede superar los 255 caracteres. Aunque siempre se dice que todo nombre de dominio termina en un punto, este carácter final se suele omitir en la práctica.

Esta jerarquía hace posible que el sistema sea descentralizado y escalable: cada nivel delega parte de la responsabilidad al siguiente, de forma que la carga se reparte y se pueden gestionar millones de dominios sin colapsar.

Ventajas, problemas y evolución de las DNS modernas

El uso de DNS tiene un montón de ventajas: la más evidente es que podemos cambiar la IP de un servidor sin tocar el dominio, así que si una web se muda de hosting o se despliega en una CDN (Content Delivery Network), el tráfico se redirige al nuevo destino sin que el usuario tenga que aprender nada nuevo.

Gracias a esa flexibilidad, tecnologías como las CDN y los balanceadores de carga pueden enviar a cada usuario al servidor más cercano geográficamente o al que esté menos saturado, mejorando velocidad y disponibilidad. A esto se suma que el propio sistema DNS es muy estable: las IP cambian con frecuencia, pero el dominio se mantiene y los cambios se propagan automáticamente a la red.

La cruz de la moneda está en la seguridad y la privacidad. Durante años, las peticiones DNS se enviaban en texto plano, lo que permite a cualquier actor intermedio (tu ISP, un atacante en tu WiFi, etc.) ver qué dominios consultas, e incluso manipular las respuestas para redirigirte a webs falsas (ataques de spoofing o pharming).

Para mejorar esta situación han ido apareciendo varias tecnologías. DNSSEC aporta integridad y autenticidad de los registros mediante firmas digitales, evitando que se modifiquen por el camino. Y, más recientemente, han llegado dos protocolos que cifran las consultas: DNS over HTTPS (DoH), que encapsula las peticiones dentro de tráfico HTTPS estándar, y DNS over TLS (DoT), que usa un canal TLS dedicado. En ambos casos, tu operador ya no puede leer fácilmente qué webs estás consultando.

Conviene tener claro, aun así, que incluso con DNS alternativos y cifrados, no desaparece toda huella de tu actividad online. La IP de destino, otros metadatos de las conexiones y, si no usas VPN, tu dirección IP pública siguen siendo visibles para muchos actores. Los DNS son una capa más de seguridad y privacidad, no la solución total.

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Qué pueden saber de ti los dueños de los servidores DNS

Un servidor DNS estándar, si no se usan DoH/DoT ni capas adicionales, no oculta tu dirección IP ni cifra por defecto el contenido de la consulta. Por eso, el operador del servicio puede ver desde qué IP se realizan las peticiones y qué dominios se están resolviendo.

En la práctica, esto significa que el proveedor del DNS puede registrar tu IP de origen, la fecha y hora de las consultas y la lista de dominios que resuelves. Con esa información se pueden elaborar perfiles bastante precisos de tus hábitos de navegación, incluso si la empresa afirma que los datos se almacenan de forma “anonimizada”.

Servicios como Google Public DNS dejan claro en su documentación que guardan tu IP real durante un periodo limitado (24-48 horas) y que después mantienen ciertos datos agregados o anonimizados con fines estadísticos y de mejora del servicio. Que esto te parezca aceptable o no depende de tu nivel de desconfianza hacia empresas cuyo negocio principal es la publicidad.

Otros proveedores, como Cloudflare (1.1.1.1) o Quad9, se posicionan más claramente a favor de la privacidad, prometiendo que no escriben tu IP en disco o que no conservan logs permanentes de tus consultas. Técnicamente, sin embargo, todos tienen la capacidad de hacerlo, así que es esencial leer las políticas de privacidad y decidir en consecuencia.

Además, hay DNS que utilizan listas negras y fuentes de “inteligencia de amenazas” públicas y privadas para bloquear dominios maliciosos. Esto aumenta tu seguridad, pero implica que el proveedor cruza tu tráfico con múltiples bases de datos externas, algo que no siempre queda claro a nivel de transparencia.

Por qué usar DNS alternativos en lugar de los de tu operadora

Por defecto, si no tocas nada, tu router y tus dispositivos utilizan los DNS del operador (ISP). Eso tiene una ventaja: suelen estar cerca de ti y, en teoría, deberían ir bastante finos. Pero en la práctica hay bastantes motivos para plantearse un cambio.

La primera razón es la fiabilidad y el rendimiento. Muchos operadores montan sus DNS con pocos recursos o sin demasiadas optimizaciones, y cuando hay picos de carga o problemas puntuales, empiezas a notar webs que no resuelven, tiempos de espera eternos o “Internet va mal” sin causa aparente. DNS públicos como Google, Cloudflare u OpenDNS suelen tener mejor infraestructura, más redundancia y tiempos de respuesta más bajos.

En segundo lugar está el tema de la censura y los bloqueos por DNS. Cuando un gobierno ordena a los operadores bloquear el acceso a determinadas webs, la manera más habitual de hacerlo es precisamente filtrando las resoluciones DNS. Si cambias a un DNS alternativo internacional, en muchos casos puedes seguir accediendo sin problema porque ese proveedor no aplica el bloqueo local.

También entran en juego la seguridad y el control del contenido. Distintos proveedores ofrecen capas anti-phishing, anti-malware, control parental o filtros de publicidad a nivel de DNS. Para un hogar con menores o una pequeña empresa, esto resulta mucho más cómodo que instalar software en cada dispositivo: basta con configurar el DNS en el router.

Por último, está la diferencia entre DNS gratuitos y de pago. Los gratuitos cubren la mayoría de necesidades domésticas, pero los de pago suelen incluir mejores SLA, atención al cliente más cuidada, más opciones de personalización, informes avanzados o integración corporativa. Para usuario particular, eso sí, lo normal es moverse con opciones gratuitas de calidad más que suficiente.

Servidores DNS libres, públicos y recomendados en 2025

Existe una auténtica colección de servidores DNS públicos y gratuitos entre los que elegir. Muchos son generalistas, otros se centran en la seguridad, la privacidad o el control parental. Vamos a repasar los más conocidos y los que mejor rendimiento ofrecen a día de hoy.

OpenDNS (hoy propiedad de Cisco) es uno de los veteranos. Sus direcciones básicas son 208.67.222.222 y 208.67.220.220, y ofrece una versión gratuita orientada a uso doméstico con bloqueo de phishing por defecto, muy buena disponibilidad y la posibilidad de activar controles parentales y filtros de contenido si te registras.

Cloudflare DNS, con las IP 1.1.1.1 y 1.0.0.1, apuesta fuerte por la velocidad y la privacidad. Su red global con cientos de puntos de presencia le permite ser uno de los DNS más rápidos del mundo, y su política de logs limita al mínimo el tiempo que conservan identificadores personales. No tiene tantos extras de filtrado, pero precisamente ahí está su atractivo para quienes solo buscan resolver rápido y con discreción.

Google Public DNS (8.8.8.8 y 8.8.4.4) es probablemente el servicio público más conocido. Destaca por su estabilidad, su inmensa red de centros de datos y la abundante documentación para usuarios menos técnicos. No es la opción más privada, porque recoge ciertos datos anonimizados, pero sí muy sólida en rendimiento.

El servicio Quad9, asociado inicialmente a IBM y organizaciones como Packet Clearing House y Global Cyber Alliance, utiliza las direcciones 9.9.9.9 y 149.112.112.112. Su enfoque es la seguridad proactiva: filtra dominios que aparecen en listas negras y bases de datos de amenazas, intentando bloquear el acceso a webs maliciosas antes de que carguen. Afirman no guardar logs de las peticiones, algo muy interesante si priorizas privacidad.

Otra alternativa es Verisign Public DNS (64.6.64.6 y 64.6.65.6), que no siempre encabeza los rankings de velocidad, pero que hace hincapié en la estabilidad y en políticas de privacidad relativamente conservadoras, sin monetizar el servicio mediante publicidad ni redirecciones extrañas.

Servicios como FreeDNS ofrecen resolutores públicos con servidores repartidos por distintas localizaciones (Austria, Alemania, Singapur, Estados Unidos, etc.) y sin necesidad de registro. En este caso, eso sí, no hay capas adicionales de protección frente a malware o phishing, así que es una opción más “limpia” pero también más desnuda en cuanto a seguridad.

NextDNS da un paso más allá y funciona como un DNS en la nube altamente configurable. Permite bloquear rastreadores, anuncios, webs peligrosas y crear políticas adaptadas a cada dispositivo. Necesitas crear una cuenta y, aunque tiene plan gratuito con límite de consultas, es ideal si quieres control casi quirúrgico de qué se resuelve y qué no en tu red.

  Conmutadores de red

AdGuard DNS combina las funciones tradicionales de resolución con un enfoque muy marcado en la privacidad y el bloqueo de publicidad. Sus IP principales (94.140.14.14 y 94.140.15.15) aplican filtros contra rastreadores, anuncios y dominios sospechosos, y dispone de otros perfiles para quienes quieran menos filtrado o bloquear también contenido adulto, todo sin necesidad de instalar extensiones de navegador.

SafeServe, la propuesta de Namecheap, pone el acento en proteger contra ataques como los “Man in the Middle” sobre las consultas DNS. Ofrece servidores en Europa y Estados Unidos, con foco en seguridad, privacidad y alta disponibilidad, utilizando las IP 198.54.117.10 y 198.54.117.11.

Si buscas seguridad de nivel corporativo, IBM Quad9 merece mención aparte. Además de la IP 9.9.9.9, cuenta con variantes como 9.9.9.11 con funciones específicas como EDNS Client Subnet para optimizar la geolocalización en redes CDN. Todas las peticiones se contrastan con el motor de IA IBM X-Force y otras bases de datos para detectar y bloquear amenazas. A cambio de esa protección, la velocidad no siempre es la máxima del mercado, donde suelen liderar Google o Cloudflare.

Más allá de estos grandes nombres, hay una larga lista de resolutores públicos alternativos: Comodo Secure DNS (8.26.56.26 y 8.20.247.20), CyberGhost, UncensoredDNS (91.239.100.100), CleanBrowsing con distintos perfiles de control parental, SafeDNS, OpenNIC, Level3, DNS.WATCH, Yandex.DNS, UltraDNS y muchos más. Bases de datos como Public DNS Server List recopilan miles de servidores públicos repartidos por países, aunque no todos son igual de fiables o respetuosos con la privacidad.

DNS especializados: seguridad, control parental y navegación sin censura

Además de los DNS “generalistas”, existen proveedores que ofrecen funciones avanzadas muy concretas, orientadas a necesidades específicas como proteger a menores, filtrar contenido en entornos corporativos o evitar la censura.

CleanBrowsing, por ejemplo, se centra en el control parental y la seguridad. Sus distintos perfiles permiten bloquear contenido adulto, phishing, malware y aplicar búsqueda segura en Google o YouTube sin instalar nada en cada dispositivo: basta con configurar sus IP en el router para que toda la red quede protegida.

Comodo Secure DNS es otra opción muy orientada a empresas y usuarios que quieren una primera capa de protección ante amenazas avanzadas. Su servicio gratuito ofrece filtrado por categorías (más de 80), protección fuera de la red corporativa y una infraestructura Anycast pensada para redes con muchos puntos dispersos.

Si lo que te preocupa es evitar bloqueos y mantener una Internet sin censura, servicios como UncensoredDNS, gestionado por Thomas Steen Rasmussen desde Dinamarca, se crearon precisamente para eso. Apuestan por protocolos seguros como DNS-over-HTTPS o DNS-over-TLS y rehúyen de proveedores gigantes como Google o Cloudflare por desconfianza hacia su modelo de negocio.

En entornos donde la privacidad es crítica, usar DNS como los de AdGuard, Quad9, NextDNS, UncensoredDNS u OpenNIC, combinados con protocolos cifrados (DoH, DoT) y, en su caso, una buena VPN, puede marcar una diferencia notable frente al esquema típico de “uso todo lo que viene por defecto”.

Cómo saber qué DNS estás usando ahora mismo

Antes de cambiar nada, puede venir bien comprobar qué servidor DNS tienes configurado en tu equipo. En sistemas GNU/Linux, lo habitual es revisar el archivo de configuración con permisos de administrador, por ejemplo con:

# cat /etc/resolv.conf

En Windows, puedes abrir una consola de comandos (CMD) y ejecutar:

ipconfig /all

En la salida verás el adaptador de red en uso y las líneas de “Servidores DNS”, donde aparecerán las IP que estás utilizando, ya sea la de tu router (que a su vez reenvía a los del operador) o servidores públicos como 8.8.8.8. Si prefieres herramientas que te expliquen en detalle para qué sirve cada comprobación, consulta qué es un DNS checker y para qué sirve.

Medir y elegir los DNS más rápidos para ti

No existe un DNS “mágico” que sea el más rápido para todo el mundo. La latencia real depende de tu ubicación, del operador, de las rutas de Internet y del propio estado del servicio. Por eso, si quieres afinar al máximo, lo ideal es probar y medir.

Herramientas como DNS Jumper, DNS Benchmark, NameBench o DNSPerf permiten comparar el tiempo de respuesta de distintos servidores desde tu conexión, devolviendo un ranking personalizado de cuáles son los que mejor se comportan en tu caso concreto y permitiendo analizar la propagación de cambios entre servidores.

Plataformas especializadas como DNSPerf realizan análisis globales continuos y suelen situar a Cloudflare DNS y Google Public DNS en lo más alto a nivel mundial, con otras opciones como ClouDNS ganando terreno. Aun así, su recomendación siempre conviene contrastarla con mediciones locales.

Entre los factores que deberías valorar al escoger un DNS están, además de la velocidad, si el proveedor guarda registros de tu actividad, si implementa DNSSEC, si ofrece DoH/DoT, si tiene control parental o filtrado anti-malware y, por supuesto, su reputación.

Programas y apps para gestionar DNS en PC y móvil

Si no te apetece rebuscar opciones avanzadas en tu sistema, puedes recurrir a aplicaciones específicas que simplifican mucho el cambio de DNS y, en algunos casos, añaden funciones extra.

En Windows, DNS Jumper es una de las herramientas más populares y fáciles de usar. Es portable, está traducida al español y permite en un par de clics elegir el adaptador de red, seleccionar un servidor de una lista o introducir uno personalizado, e incluso buscar automáticamente el DNS más rápido para tu conexión.

En Android, apps como DNS Changer permiten modificar los DNS sin necesidad de root, probar listados preconfigurados o introducir servidores manualmente, y añadir funciones como pruebas de velocidad, navegación algo más privada o mejoras en juegos online al reducir la latencia en la resolución.

Herramientas como Blokada van un paso más allá, combinando el cambio de DNS con un bloqueo de anuncios, rastreadores y malware a nivel de sistema, apoyándose en tecnologías de tipo VPN (como WireGuard) para cifrar el tráfico y filtrar dominios incómodos en todos tus dispositivos móviles.

En la misma línea, proyectos como Nebulo incorporan soporte para DNS-over-HTTPS, DNS-over-TLS e incluso DoH3, encapsulando las consultas para que nadie pueda espiar fácilmente qué dominios resuelves, al tiempo que te permiten seleccionar directamente servidores como Google, Cloudflare u OpenDNS.

Cambiar los DNS en Windows, macOS y Linux

Configurar nuevos DNS en un ordenador de escritorio no es complicado, solo hay que saber en qué menú meterse. En Windows 11, por ejemplo, puedes ir a Configuración > Red e Internet > tu red WiFi actual > Editar configuración DNS y cambiar a modo Manual para introducir los nuevos servidores IPv4.

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Si quieres que el cambio afecte a todas las conexiones de ese PC, otra ruta clásica es usar el Panel de control: Redes e Internet > Centro de redes y recursos compartidos > Cambiar configuración del adaptador, elegir el adaptador en uso, entrar en Propiedades, seleccionar «Protocolo de Internet versión 4 (TCP/IPv4)» y marcar «Usar las siguientes direcciones de servidor DNS» para meter las IP elegidas.

En macOS, se hace desde Preferencias del Sistema > Red, seleccionando la conexión activa (WiFi o Ethernet), pulsando en «Avanzado» y entrando en la pestaña DNS. Ahí puedes añadir o modificar los servidores con el botón «+».

En la mayoría de distribuciones Linux, el camino estándar pasa por el gestor de redes de tu entorno de escritorio: Sistema > Preferencias > Conexiones de red, seleccionar tu red, entrar en el engranaje de configuración y modificar manualmente los campos de servidor DNS en la sección IPv4 (y IPv6 si procede). En servidores sin entorno gráfico, suele tocar editar /etc/resolv.conf o la configuración del gestor de red correspondiente.

Cambiar DNS en iOS, Android, router y consolas

En móviles y tablets también puedes jugar con los DNS, lo cual es especialmente útil cuando te conectas a redes WiFi públicas o compartidas. En iOS (iPhone y iPad), debes ir a Ajustes > Wi-Fi, tocar el icono «i» junto a la red conectada, cambiar la opción de DNS de Automático a Manual y añadir las direcciones del servidor primario y secundario que quieras usar.

En Android, el proceso varía según marca y versión, pero en general pasa por Ajustes > Red e Internet > WiFi, mantener pulsado sobre la red o entrar en ella para elegir «Modificar red», desplegar las opciones avanzadas, cambiar la configuración de IP de DHCP a Estática y editar los campos DNS 1 y DNS 2 con las IP que te interesen.

Si quieres que todos los dispositivos de casa u oficina usen los mismos servidores sin tener que ir uno por uno, lo ideal es configurarlos en el router. Para ello, entras en la interfaz web del aparato tecleando en el navegador su IP (suelen ser 192.168.0.1, 192.168.1.1 o similares), inicias sesión con usuario y contraseña y buscas el apartado de «Configuración de Internet» o «DNS». Ahí podrás sustituir los DNS del operador por los que prefieras.

Las consolas también permiten este ajuste. En PlayStation 5, desde Ajustes > Red > Configurar conexión a Internet, puedes entrar en las opciones avanzadas y fijar las DNS en modo Manual para introducir un servidor primario y otro secundario. En Nintendo Switch, el menú está en Ajustes del sistema > Internet > Ajustes de Internet, eligiendo tu red y cambiando la configuración de DNS a manual.

En Xbox, el camino es desde la guía principal: Perfil y sistema > Configuración > General > Configuración de red > Configuración avanzada, donde encontrarás los campos para poner DNS Manual. En todos los casos, es buena idea probar después la conexión para confirmar que las nuevas DNS funcionan bien y no añaden latencia extra a tus partidas online.

Refuerzo de seguridad: DNSCrypt y monitorización posterior

Si quieres añadir una capa adicional a todo lo anterior, puedes recurrir a DNSCrypt. No es un servicio de DNS en sí mismo, sino un protocolo que cifra y autentica las consultas entre tu equipo y el resolutor, evitando que se puedan falsificar las respuestas o espiar con facilidad tus peticiones.

DNSCrypt funciona mediante firmas criptográficas que garantizan que la respuesta procede del servidor que tú has elegido y no ha sido alterada por terceros. Muchas implementaciones, como dnscrypt-proxy o Simple DNSCrypt, son de código abierto y ofrecen opciones avanzadas: desde bloquear anuncios y rastreadores mediante listas locales hasta forzar el uso de TCP para encapsular el tráfico dentro de túneles o Tor.

Es importante entender que DNSCrypt no sustituye a una VPN, sino que la complementa. Protege una parte muy concreta de la comunicación (las consultas DNS), mientras que una VPN redirige y cifra todo el tráfico de red. Combinarlas tiene sentido si quieres minimizar la filtración de metadatos.

Después de cambiar tus DNS —con o sin cifrado— conviene dedicar unos días a monitorizar el comportamiento de la conexión. Puedes usar tests sintéticos (DNSPerf, herramientas de benchmark, speedtests) y, sobre todo, fijarte en tu uso real: si las webs cargan más rápido, si desaparecen errores esporádicos, si el streaming llega con menos parones o si los juegos reducen algo el lag.

Si notas que la velocidad o la estabilidad empeoran, no pasa nada por probar con otro proveedor de la lista. Hay tantos resolutores públicos y privados hoy en día que lo razonable es experimentar hasta encontrar el equilibrio entre rendimiento, privacidad y funciones extra que mejor encaje con tu forma de usar Internet.

Al final, entender qué hacen los servidores DNS, qué información manejan sobre ti y qué opciones tienes para cambiar de proveedor —desde un simple 8.8.8.8 o 1.1.1.1 hasta soluciones más avanzadas con control parental, bloqueo de publicidad o cifrado extremo a extremo— te da un margen enorme para optimizar tu navegación, sortear bloqueos innecesarios y reforzar la seguridad de todos tus dispositivos con un ajuste que, en la mayoría de casos, solo te llevará unos minutos.

cambiar DNS en router
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