- Dominar la sintaxis básica y los comandos esenciales de Linux acelera cualquier tarea en sistemas de escritorio y servidores.
- Combinar navegación, gestión de archivos, texto y procesos permite automatizar flujos de trabajo complejos desde la terminal.
- Atajos de teclado, historial e alias reducen errores y tiempo de escritura al trabajar en consola a diario.
- Controlar permisos, procesos y red con herramientas como chmod, ps, kill, ping o htop te da control total del sistema.

Si usas ordenadores a diario, tarde o temprano te toparás con Linux. Aunque apenas ronda una pequeña cuota en escritorio, la abrumadora mayoría de servidores, nubes y servicios web se ejecutan sobre este sistema. Eso significa que, quieras o no, conocer los trucos y comandos de Linux marca la diferencia cuando gestionas un VPS, un servidor de producción o simplemente una distro en tu portátil. También es útil consultar recursos web para Linux cuando estás aprendiendo.
Además, Linux es la plataforma preferida de muchos desarrolladores profesionales, administradores de sistemas y usuarios avanzados. No es casualidad: es software libre, estable, seguro y muy potente en la línea de comandos. Con unos cuantos comandos bien aprendidos, atajos de teclado y pequeños trucos, puedes hacer en segundos tareas que en una interfaz gráfica te llevarían muchos minutos y varios clics. Entender la interfaz de línea de comandos te ayuda a sacarle todo el partido.
Qué es un comando de Linux y cómo se estructura
Un comando de Linux no es más que un programa o utilidad que se ejecuta desde la terminal. La terminal o consola es una interfaz de texto donde escribes instrucciones que el sistema interpreta y ejecuta al momento, sin capas intermedias ni ventanas de por medio.
La mayoría de acciones que realizas en una interfaz gráfica son, por debajo, llamadas a comandos. Cuando cierras una ventana, copias un archivo o instalas un programa desde un gestor gráfico, en realidad se están ejecutando órdenes equivalentes en segundo plano.
La sintaxis típica de una orden en Linux tiene tres componentes principales: nombre del comando, opciones y parámetros. Podrías verlo como una frase muy compacta donde el verbo es el comando y el resto matiza lo que quieres hacer.
Las opciones (o flags) modifican el comportamiento del comando. Se escriben normalmente con un guion corto (-l) o doble (--long). Hay flags que activan modos concretos, cambian el formato de salida o piden confirmación interactiva.
Los parámetros o argumentos son la entrada que el comando necesita: rutas de archivo, nombres de usuario, patrones de búsqueda, direcciones IP, etc. En muchos casos el orden de estos argumentos importa, así que conviene fijarse en la sintaxis exacta que muestran las páginas de manual.
Requisitos previos y acceso a la terminal
Para aplicar todos estos trucos necesitas tener a mano una línea de comandos funcional. En un Linux de escritorio puedes abrirla con combinaciones como Ctrl + Alt + T o buscando «Terminal» en el menú de aplicaciones.
Si trabajas con un servidor remoto, normalmente te conectarás vía SSH desde otro equipo, usando clientes como PuTTY en Windows o el propio terminal en Linux y macOS. El acceso suele tener esta forma: ssh usuario@ip_del_servidor. Si no tienes Linux local, otra opción es usar Linux en máquina virtual para practicar.
Quien se inicia en Linux en un servidor VPS puede apoyarse en paneles de control que ofrecen una terminal web integrada, de modo que no hace falta instalar nada en su máquina local. Algunos proveedores añaden asistentes con IA que sugieren comandos según lo que quieras hacer, una ayuda útil si todavía no controlas del todo la sintaxis. Si prefieres practicar en la nube, existen opciones como terminal de Linux online.
Antes de meterte en operaciones más avanzadas, es clave sentirte cómodo moviéndote por el sistema de archivos. La terminal ofrece comandos sencillos para orientarte y cambiar de carpeta con rapidez.
El comando pwd (print working directory) te muestra la ruta absoluta del directorio actual, por ejemplo /home/usuario/Documentos. Es tu brújula cuando no recuerdas dónde estás.
Para listar el contenido de una carpeta utilizas ls, que muestra archivos y subdirectorios. Puedes añadir opciones como -a para ver elementos ocultos o -lh para visualizarlos con tamaños legibles como MB o GB.
Cambiar de directorio se hace con cd. Puedes moverte con rutas absolutas o relativas, y aprovechar atajos como cd .. para subir un nivel, cd - para volver al directorio anterior o simplemente cd / cd ~ para regresar a tu carpeta personal.
Cuando sueles alternar siempre entre las mismas ubicaciones, es muy útil entender que la shell mantiene un historial de rutas anteriores. Combinado con comandos como pushd y popd, puedes gestionar una «pila» de directorios y saltar entre ellos de forma ágil, aunque eso ya es un truco algo más avanzado.
Gestión de directorios y archivos desde la consola
Linux está pensado para que puedas crear, copiar, mover y borrar archivos con enorme rapidez desde la terminal, sin necesidad de abrir un explorador gráfico. La clave es dominar unos pocos comandos.
Para crear carpetas nuevas utilizas mkdir. Puedes indicar una sola ruta o varias, y apoyarte en opciones como -p para generar árboles completos (por ejemplo, mkdir -p Musica/2025/Album creará todas las carpetas intermedias si no existen).
Si te equivocas o ya no necesitas un directorio vacío, el comando rmdir permite eliminarlo siempre que no contenga nada dentro. Si tiene subcarpetas o archivos, tendrás que recurrir a rm -r o reorganizar su contenido antes, o aprender a renombrar una carpeta en Linux cuando lo que buscas es cambiar el nombre.
El borrado de archivos se hace con rm, que es potente pero peligroso. Puedes borrar uno o varios elementos de golpe, combinando opciones como -i para exigir confirmación, -f para forzar sin preguntar y -r para borrar directorios de forma recursiva.
Copiar elementos se consigue con cp. Con una simple combinación puedes duplicar uno o varios archivos en otro directorio, clonar un fichero con nombre distinto o copiar todo un árbol añadiendo -R para que sea recursivo.
Si quieres mover archivos de sitio o renombrarlos, usarás mv. Cuando el destino es otra carpeta, el archivo cambia de ubicación; si el destino es un nombre dentro del mismo directorio, lo que haces es cambiarle el nombre sin desplazarlo. Para más detalles sobre cómo renombrar archivos en Linux tienes guías específicas.
El comando touch sirve tanto para crear archivos vacíos como para actualizar las marcas de tiempo de acceso y modificación. Es muy práctico al generar rápidamente ficheros de prueba o scripts que luego editarás.
Por último, si quieres saber de qué tipo es un archivo (texto, imagen, binario, etc.), el comando file analiza su contenido y describe su naturaleza, lo cual te ayuda a decidir con qué herramienta abrirlo o cómo procesarlo.
Búsqueda y localización de archivos
Conforme crece un sistema, encontrar lo que buscas a mano se vuelve inviable. Linux ofrece varias utilidades para rastrear archivos por nombre, patrón o ubicación con mucha precisión.
El comando find recorre jerarquías de directorios y permite filtrar por nombre, tipo, tamaño, fecha de modificación y muchísimos criterios. Por ejemplo, puedes localizar todos los scripts Python en tu carpeta actual con algo como find ./ -type f -name "*.py".
Al utilizar find puedes indicar la ruta base donde empezar a buscar, varias opciones de filtrado y una expresión final que define qué quieres encontrar. Es habitual combinarlo con acciones para ejecutar un comando sobre cada coincidencia.
Otra herramienta parecida, pero basada en una base de datos indexada del sistema, es locate. Después de actualizar el índice, te permite buscar de forma casi instantánea rutas que contienen ciertas palabras, con opciones como -i para ignorar mayúsculas o patrones con asteriscos para búsquedas más flexibles.
Compresión, archivos y transferencia de datos
En entornos de servidor y desarrollo es muy habitual empaquetar múltiples elementos, comprimirlos y moverlos entre máquinas. Linux integra herramientas clásicas para todo ese flujo, aprovechables directamente desde la terminal.
Para agrupar directorios y archivos en un solo contenedor se suele usar tar. Puedes crear un archivo, comprimirlo en el acto, extraerlo o listar su contenido, todo con opciones específicas. Lo normal es combinar flags para crear archivos comprimidos, por ejemplo tar -cvzf backup.tar.gz carpeta/.
Cuando quieres trabajar con el formato ZIP, muy usado fuera del mundo Unix, los comandos zip y unzip permiten generar y extraer archivos ZIP de forma sencilla. Puedes ajustar el nivel de compresión, elegir qué incluir o dónde descomprimir el contenido.
Si necesitas traer recursos desde Internet de forma no interactiva, wget y curl son tus aliados. Con wget descargas archivos o sitios enteros utilizando HTTP, HTTPS o FTP, ideal para automatizar descargas desde scripts. Con curl, además de bajar datos, puedes interactuar con APIs, cambiar métodos HTTP, enviar cabeceras personalizadas o subir ficheros. Además, para ciertos ajustes de red puede ser necesario editar el archivo hosts.
Para copiar contenido entre máquinas de forma segura se usa scp, que combina la fuerza del protocolo SSH con la comodidad de una orden simple. Puedes enviar o recibir archivos y directorios indicando la ruta origen y destino con formato usuario@servidor:/ruta, y ajustar detalles como puerto o compresión con sus opciones.
Cuando quieras optimizar compresión con alternativas a gzip, conviene conocer utilidades específicas: si trabajas con bzip2, por ejemplo, aprender a dominar bzip en Linux te ayudará a ajustar eficiencia y velocidad.
Visualización, filtrado y edición de texto en consola
En Linux prácticamente todo se representa como texto: configuraciones, logs, scripts, salidas de comandos… Por eso, manejar bien las herramientas para ver, buscar y transformar texto es uno de los trucos más poderosos que puedes aprender.
Para ver rápidamente el contenido de un archivo utilizas cat, que imprime todo a la salida estándar. Es muy útil para comprobar ficheros pequeños al vuelo o concatenar varios en uno solo, redirigiendo la salida a otro archivo.
Cuando el archivo es grande, resulta más cómodo apoyarse en less, que permite desplazarse hacia arriba y abajo, buscar patrones y salir sin modificar nada. Es una mezcla muy práctica entre visor paginado y editor ligero, perfecta para inspeccionar logs extensos.
Si solo te interesa el principio o el final de un fichero, respectivamente head y tail imprimen las primeras o últimas líneas. Con opciones como -n puedes ajustar cuántas líneas ver, lo que va genial para echar un vistazo a la cabecera de un CSV o monitorizar los últimos registros que se van añadiendo.
Para localizar líneas que contienen un patrón concreto, el rey es grep. Con él puedes buscar palabras, expresiones regulares o partes de texto en uno o varios archivos, contar cuántas veces aparecen, filtrar por mayúsculas/minúsculas y mucho más.
Cuando necesitas modificar texto sin abrir un editor gráfico, sed entra en juego. Es un editor de flujo que permite reemplazar, borrar o extraer líneas en base a patrones, y es extremadamente útil para automatizar correcciones en archivos de configuración o grandes volúmenes de datos.
Para tareas más complejas de extracción y procesamiento, awk funciona como un pequeño lenguaje de programación orientado a texto. Te deja trabajar por columnas, aplicar operaciones matemáticas, ejecutar condiciones y generar informes a partir de ficheros estructurados.
Comandos como sort, uniq, comm o la utilidad column ayudan a ordenar, eliminar duplicados, comparar archivos línea a línea y presentar datos de forma más legible, especialmente cuando trabajan en conjunto encadenados con tuberías (|).
Permisos, usuarios y seguridad básica
Uno de los pilares de Linux es su modelo de permisos. Cada archivo tiene asociado un propietario, un grupo y un conjunto de permisos que controlan quién puede leerlo, modificarlo o ejecutarlo.
El comando chmod sirve para cambiar esos permisos. Puedes hacerlo con notación simbólica (r, w, x para leer, escribir y ejecutar) o con valores numéricos como 755 o 644 según lo que quieras conceder. Un uso típico es hacer ejecutable un script con chmod +x script.sh.
Si lo que necesitas es modificar la propiedad de un archivo o carpeta, chown permite asignarlo a otro usuario y/o grupo. Es especialmente importante cuando gestionas servicios que deben correr con cuentas específicas con permisos limitados.
Cuando hace falta realizar acciones administrativas, como instalar paquetes o tocar archivos del sistema, entra en juego sudo. Esta orden ejecuta el comando posterior con privilegios de superusuario, previa autenticación con tu contraseña, y es la forma recomendada de no trabajar permanentemente como root.
El comando passwd, por su parte, te permite cambiar la contraseña de tu cuenta (o de otras si tienes permisos adecuados). Pide primero la contraseña actual y luego la nueva, y conviene usarlo con cuidado para no bloquear el acceso a usuarios críticos. Para control de acceso en red y firewall también conviene conocer iptables en Linux.
Gestión de procesos, recursos y apagado del sistema
Otro bloque esencial de trucos de Linux tiene que ver con vigilar qué se está ejecutando, cuánto consume cada proceso y cómo controlar el sistema en general, sobre todo en servidores que no tienen entorno gráfico.
El comando ps ofrece una instantánea de los procesos activos asociados a tu sesión o a todo el sistema, según las opciones. Verás el identificador (PID), el terminal asociado, el tiempo de CPU consumido y la orden que lanzó cada proceso, lo que facilita localizar programas colgados.
Para una visión en tiempo real más cómoda, top y sobre todo htop muestran procesos, uso de CPU, memoria, carga media y otros indicadores. La versión interactiva te permite ordenar por consumo, filtrar y matar procesos directamente desde la interfaz de texto.
En el momento en que una aplicación deja de responder y no puedes cerrarla por medios normales, kill te permite enviarle señales para que termine. Lo más habitual es usar la señal por defecto (similar a un «cierre limpio») o, si no funciona, una más contundente que fuerza el fin inmediato del proceso, con el riesgo de perder cambios no guardados.
Para saber cuánto espacio en disco estás utilizando, df muestra el uso de cada sistema de archivos, mientras que du sirve para medir el tamaño de directorios y subdirectorios específicos en detalle, con opciones para verlo en KB, MB o GB.
Información más general del sistema la obtienes con uname, que revela detalles del kernel, arquitectura y nombre de host. Utilidades como neofetch presentan esta misma información de una forma más vistosa junto al logo ASCII de tu distribución.
Cuando toque apagar o reiniciar un equipo desde consola, el comando shutdown te deja programar el apagado al instante o a una hora concreta, así como cancelar un apagado pendiente con opciones específicas. En entornos de producción es importante avisar y coordinar bien estas acciones.
Red, conectividad y transferencias
En servidores y estaciones de trabajo conectadas permanentemente, controlar la red es parte del día a día. La línea de comandos ofrece herramientas sencillas para comprobar conectividad y mover datos a través de la red.
El clásico ping envía paquetes a un dominio o dirección IP y muestra tiempos de respuesta y pérdida de paquetes, algo básico para detectar problemas de conexión o latencias inusuales. Combina estos conocimientos con guías sobre cómo hacer ping en Linux para diagnosticar problemas de red.
Ya hemos mencionado wget y curl para descargas y peticiones HTTP, pero también puedes usar scp para transferir archivos y directorios completos entre máquinas cifrando la comunicación. En conjunto, estos comandos forman un kit muy completo de trabajo en red sin necesidad de clientes gráficos.
Cuando quieres ejecutar de manera periódica ciertas comprobaciones o recoger métricas de red, el comando watch resulta muy útil: ejecuta otra orden cada cierto intervalo de tiempo y va mostrando las diferencias de una ejecución a otra, lo que simplifica monitorizar cambios.
Historial, alias y reutilización de comandos
Una de las mejores cosas de la terminal es que no tienes por qué escribir todo desde cero una y otra vez. El sistema y la shell ponen a tu alcance un buen número de atajos para repetir órdenes, corregirlas y reducir errores.
El comando history te saca por pantalla una lista numerada con todas las órdenes ejecutadas recientemente. Puedes usarla para buscar comandos antiguos y volver a lanzarlos sin teclearlos de nuevo, combinando con el símbolo de exclamación (!n) para repetir la entrada número n.
También es posible reutilizar el último comando con !!, una forma rápida de repetir lo que acabas de hacer. Un uso típico es cuando olvidas poner sudo: si ejecutas una orden que falla por permisos, basta reintentar con sudo !! para lanzarla como administrador sin reescribirla entera.
Hay incluso atajos menos conocidos, como !-2 para ejecutar el penúltimo comando, !string para repetir el último que empezaba por cierta palabra, o sustituciones del tipo ^texto_viejo^texto_nuevo para reemplazar una parte de la orden anterior al vuelo y volver a ejecutarla.
Los alias son otra herramienta fantástica: con el comando alias puedes definir abreviaturas para órdenes largas, o ajustar el comportamiento por defecto de algunos comandos. Por ejemplo, definir alias ll="ls -lh" para tener un listado detallado o alias rm="rm -i" para obligar a que siempre pida confirmación.
Todo esto se complementa con el fichero de historial propio de cada usuario, normalmente ~/.bash_history o equivalente, donde se almacenan las órdenes de sesiones anteriores. Configurando cómo se guarda y limpia ese historial puedes afinar cuántos comandos se recuerdan y durante cuánto tiempo.
Atajos de teclado y edición rápida en la terminal
La velocidad en la línea de comandos no viene solo de conocer muchos comandos, sino también de moverte y editar texto a toda pastilla sin levantar las manos del teclado. La mayoría de emuladores de terminal heredan los atajos de Emacs, aunque muchos permiten cambiarlos.
Para navegar por una línea larga, atajos como Ctrl + a y Ctrl + e te llevan al inicio y al final de la línea respectivamente. También puedes avanzar o retroceder palabra a palabra con combinaciones como Alt + f y Alt + b, mucho más rápido que andar con la flecha izquierda y derecha.
Si te equivocas escribiendo, Ctrl + u borra todo lo que hay desde el cursor hasta el principio de la línea y Ctrl + k elimina desde el cursor hasta el final. Son atajos perfectos para limpiar o recortar órdenes largas sin borrar carácter a carácter.
Para gestionar qué se ve en pantalla, clear y su equivalente de teclado Ctrl + l limpian la vista actual empujando el contenido hacia arriba. Si lo que quieres es resetear completamente la sesión del emulador, el comando reset borra incluso el scrollback anterior, como si cerraras y abrieras de nuevo la ventana.
Los cursores ↑ y ↓ te dejan recorrer el historial de órdenes anteriores, y combinaciones como Ctrl + Shift + PageUp o Ctrl + Shift + PageDown sirven para moverte por el contenido ya impreso, sobre todo cuando la salida ha sido muy larga.
Otros detalles que mejoran mucho la comodidad son la posibilidad de bloquear y desbloquear temporalmente la terminal con Ctrl + s y Ctrl + q, o cambiar rápidamente el tamaño de la fuente con atajos tipo Ctrl + Shift + + y Ctrl + Shift + - para ajustar la legibilidad.
Trabajo con pestañas y accesibilidad del emulador de terminal
Cuando pasas muchas horas en consola es muy práctico organizarte en varias pestañas o ventanas, especialmente si estás monitorizando servicios mientras editas archivos o lanzas scripts largos.
En la mayoría de emuladores, combinaciones como Ctrl + Shift + T abren una pestaña nueva, y luego puedes moverte entre ellas con diferentes atajos según el programa concreto (por ejemplo, con Ctrl + PageUp/PageDown o variantes con Shift).
Cerrar una pestaña suele ser tan sencillo como escribir exit o usar atajos como Ctrl + d o Ctrl + Shift + w, que terminan la sesión de shell de esa pestaña. Esto resulta igual que cerrar la ventana, pero te permite mantener abiertas otras sesiones simultáneamente.
Si necesitas concentrarte en una tarea, muchos emuladores permiten poner la terminal a pantalla completa con teclas como F11, escondiendo barras y decoraciones para aprovechar todo el espacio. Configurar un esquema de colores legible y un tipo de letra cómodo también mejora la experiencia y la accesibilidad.
Por último, comandos como column ayudan a presentar salidas más legibles, repartiendo la información por columnas bien alineadas. Esto, combinado con un buen tema de colores, hace que leer la salida de órdenes complejas sea menos cansado y más claro, sobre todo cuando trabajas muchas horas seguidas en la terminal.
Con todos estos trucos de Linux en la mano —desde los comandos básicos para moverte y gestionar archivos hasta las herramientas de texto, red, procesos y los atajos de teclado— tendrás un entorno de trabajo tremendamente flexible, rápido y adaptable a tu forma de trabajar, tanto si administras servidores a diario como si acabas de empezar a trastear con tu primera distro.
Tabla de Contenidos
- Qué es un comando de Linux y cómo se estructura
- Requisitos previos y acceso a la terminal
- Navegación básica por directorios y entorno
- Gestión de directorios y archivos desde la consola
- Búsqueda y localización de archivos
- Compresión, archivos y transferencia de datos
- Visualización, filtrado y edición de texto en consola
- Permisos, usuarios y seguridad básica
- Gestión de procesos, recursos y apagado del sistema
- Red, conectividad y transferencias
- Historial, alias y reutilización de comandos
- Atajos de teclado y edición rápida en la terminal
- Trabajo con pestañas y accesibilidad del emulador de terminal